La tapa de alcantarilla que se convirtió en el primer objeto humano en entrar en órbita… ¿o no lo fue?

Obsolescencia | 31 marzo 2020

Hay historias que tienen encanto y que, de tanto repetirse, hay quien las toma como ciertas. No deja de tener gracia pensar que una “tapa de alcantarilla” lanzada a gran velocidad por una explosión nuclear se hubiera convertido en el primer objeto humano en orbitar nuestro mundo, solo que es algo que, muy posiblemente, nunca sucedió. He escuchado esta historia varias veces, y pocas veces era puesta en duda, pero ayer por la noche me crucé en televisión con un documental en el que se afirmaba que era algo cierto. Pues no, por mucho que sea una historia divertida, no hay caso.

En octubre de 1957 el Sputnik 1 se convirtió en el primer satélite artificial en entrar en órbita baja terrestre. Ahora bien, la leyenda nos cuenta que en el verano de ese mismo año una tapa de alcantarilla estadounidense se adelantó a los soviéticos. Fue durante la Operación Plumbbob, una serie de pruebas de armamento nuclear en territorio de los Estados Unidos que se llevaron a cabo entre mayo y octubre de 1957. Los científicos del laboratorio de Los Álamos se encontraban probando todo tipo de configuraciones para el armamento nuclear, incluyendo explosiones subterráneas, así como estudios sobre resistencia de materiales y propuestas para el uso de este tipo de ingenios más allá de lo militar.

Imagen de una de las pruebas de la Operación Plumbbob.

Durante una de aquellas pruebas, la conocida como Pascal-A del 26 de julio, se llevó a cabo una explosión nuclear subterránea que superó con creces los efectos calculados inicialmente. La cobertura de tierra y hormigón desapareció casi por completo, por lo que el 27 de agosto se probó de nuevo la misma configuración (prueba Pascal-B) pero multiplicando enormemente el tamaño del “escudo” de superficie (en total fueron unas 300 toneladas de material compactado y un sello de hormigón). Pensaban que la pesada tapa de metal y hormigón que cerraba el sello (de al menos media tonelada) se iba a vaporizar, como casi todo el material de relleno, pero en las tomas de alta velocidad de la cámara de registro se veía cómo salía volando (realmente sólo se veía una traza en uno de los fotogramas, pero asumieron que salió volando a muy alta velocidad).

Tiempo después, la historia de la “tapa de alcantarilla espacial” se convirtió en toda una leyenda. Los cálculos realizados por el diseñador del experimento, el doctor Robert Brownlee, indicaban que podría haber alcanzado hasta seis veces la velocidad de escape de la Tierra ( que es de 11,19 km/s de media a nivel del mar). Ahora bien, el cálculo se había realizado apresuradamente a mano, sin ordenadores ni sofisticadas simulaciones y sin tener en cuenta la atmósfera y lo poco aerodinámica que era la tapa, como bien comentó el propio Brownlee1. De la tapa nunca más se supo, pero se supone que se fragmentó y terminó hecha añicos, pero no en el espacio. Lo que sí voló muy alto fue la leyenda.