Tecnología Obsoleta https://alpoma.net/tecob Ciencia, tecnología y cultura Sat, 18 Aug 2018 13:51:43 +0000 es-ES hourly 1 https://i1.wp.com/alpoma.net/tecob/wp-content/uploads/2018/04/cropped-alpoma_avatar.jpg?fit=32%2C32&ssl=1 Tecnología Obsoleta https://alpoma.net/tecob 32 32 133852669 Cuando Tesla buscaba a E.T. https://alpoma.net/tecob/?p=13573 Sat, 18 Aug 2018 13:51:43 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=13573 Leer más]]> Como comenté en mi último artículo, he aquí mi traducción de un texto de Nikola Tesla acerca de la comunicación entre la humanidad y civilizaciones extraterrestres. A comienzos del siglo XX publicó Tesla varios artículos sobre este asunto, siendo el más conocido el que vio la luz en la revista Collier´s. Ahora bien, existe un amplio texto similar, menos conocido, en el que Tesla nos habla sobre comunicación extraterrestre, que vio la luz en 1902 como apéndice del libro de Silvanus P. Thompson titulado Polyphase Electric Currents (era el sexto volumen de una enciclopedia sobre electricidad y ciencia). Lo que sigue es mi traducción personal de ese apasionante texto…

COMUNICACIÓN ELÉCTRICA CON LOS PLANETAS
Por Nikola Tesla

La idea de comunicarse con los habitantes de otros mundos es muy antigua. Pero durante siglos ha sido considerada como el sueño de un poeta, irrealizable por siempre. Y, sin embargo, con la invención y la perfección del telescopio y el conocimiento cada vez más amplio de los cielos, su influencia en nuestra imaginación se ha incrementado, y los logros científicos de la última parte del siglo XIX, junto con el desarrollo de la tendencia hacia el ideal de la naturaleza de Goethe, lo han intensificado a tal grado que parece como si estuviera destinado a convertirse en la idea dominante del siglo que acaba de comenzar. El deseo de conocer algo de nuestro prójimo en las inmensas profundidades del espacio, no nace de la curiosidad vana ni de la sed de conocimiento, sino de una causa más profunda, y es un sentimiento firmemente arraigado en el corazón de todo ser humano capaz de pensar.

¿De dónde viene ese deseo? Quién sabe. ¿Quién puede poner límites a la sutileza de las influencias de la naturaleza? Tal vez, si pudiéramos percibir claramente todo el intrincado mecanismo del glorioso espectáculo que se despliega continuamente ante nosotros, y pudiéramos, también, rastrear este deseo hasta su lejano origen, podríamos encontrarlo en las dolorosas vibraciones de la tierra que comenzaron cuando se separó de su padre celestial. Pero en esta era de la razón no es asombroso encontrar personas que se burlan de la idea misma de comunicarse con un planeta. En primer lugar, se argumenta que sólo hay una pequeña probabilidad de que otros planetas estén habitados. Este argumento nunca me ha atraído. En el sistema solar, parece que sólo hay dos planetas (Venus y Marte) capaces de sostener vida como la nuestra. Pero esto no significa que no haya en todos ellos otras formas de vida. Los procesos químicos pueden ser mantenidos sin la ayuda de oxígeno, y todavía es una cuestión debatida si los procesos químicos son absolutamente necesarios para el sustento de los seres organizados. Mi idea es que el desarrollo de la vida debe conducir a formas de existencia que sean posibles sin alimento y que no se vean encadenadas por las consecuentes limitaciones materiales. ¿Por qué un ser vivo no puede obtener toda la energía que necesita para el desempeño de sus funciones vitales del medio ambiente, en lugar de a través del consumo de alimentos, y transformando, mediante un proceso complicado, la energía de los compuestos químicos en energía capaz de sostiener la vida?

Si hubiera seres así en uno de los planetas, no sabríamos casi nada de ellos. Tampoco es necesario ir tan lejos en nuestras suposiciones, porque podemos fácilmente concebir que, en el mismo grado en que la atmósfera disminuye en densidad, la humedad desaparece y el planeta se congela, la vida orgánica también podría sufrir las correspondientes modificaciones, conduciendo finalmente a formas que, de acuerdo con nuestras ideas actuales de la vida, son imposibles. Admitiré fácilmente, por supuesto, que si se produjera una catástrofe repentina de cualquier tipo, todos los procesos de la vida podrían ser detenidos; pero si los cambios, no importa cuán grandes fueran, se desarrollan a lo largo de extensas eras en el tiempo, los resultados finales llegarían a ser los inteligentemente previstos. No puedo dejar de pensar que los seres pensantes encontrarían medios de existencia. Se adaptarían a sus constantes entornos cambiantes. Así que creo que es muy posible que en un planeta congelado, como se supone que es nuestra Luna, los seres inteligentes todavía puedan morar, en su interior, si no en su superficie.

Entonces, se sostiene que está más allá del poder y el ingenio humanos poder transmitir señales a las distancias casi inconcebibles de cincuenta millones o cien millones de millas. Este podría haber sido un argumento válido hace tiempo. No es así ahora. La mayoría de los que están entusiasmados con el tema de la comunicación interplanetaria han depositado su fe en los rayos de luz como el mejor medio posible para tal comunicación. La luz, debido a su inmensa rapidez, puede penetrar en el espacio más fácilmente que las ondas menos rápidas, pero una simple consideración mostrará que un intercambio de señales entre la Tierra y sus compañeros en el sistema solar es, al menos ahora, imposible. A modo de ilustración, supongamos que una milla cuadrada de la superficie de la tierra, el área más pequeña que posiblemente esté al alcance de la mejor visión telescópica de otros mundos, estuviera cubierta con lámparas incandescentes, empaquetadas muy cerca unas de otras para formar, al ser iluminadas, una hoja continua de luz. Se necesitarían no menos de cien millones de caballos de fuerza para iluminar esta área de lámparas, y esto es muchas veces la cantidad de fuerza motriz que ahora está al servicio del hombre en todo el mundo.

Pero, con las nuevas técnicas propuestos por mí, puedo demostrar fácilmente que, con un gasto que no excede los dos mil caballos de fuerza, las señales pueden ser transmitidas a un planeta como Marte con tanta exactitud y certeza como ahora enviamos mensajes por cable desde Nueva York a Filadelfia. Estas tecnologías son el resultado de un continuo proceso de experimentación, de una mejora gradual.

Hace unos diez años reconocí el hecho de que para transportar corrientes eléctricas a cierta distancia, no era en absoluto necesario emplear un cable de retorno, sino que cualquier cantidad de energía podía transmitirse utilizando un solo cable. Ilustré este principio por medio de numerosos experimentos que, en ese momento, despertaron considerable atención entre los científicos.

Como esto quedó demostrado en la práctica, mi siguiente paso fue utilizar la Tierra misma como medio para conducir corrientes, prescindiendo así de los alambres y de todos los demás conductores artificiales. Esta idea me llevó al desarrollo de un sistema de transmisión de energía y de telegrafía sin el uso de cables, que describí en 1898. Las dificultades que encontré al principio en la transmisión de corrientes a través de la tierra fueron muy grandes. En ese momento sólo disponía de aparatos ordinarios, que me parecían ineficaces, y concentré mi atención inmediatamente en el perfeccionamiento de las máquinas para este propósito especial. Este trabajo consumió varios años, pero finalmente superé todas las dificultades y logré producir una máquina que, para explicar su funcionamiento en un lenguaje sencillo, se asemejaba a una bomba en su acción, que atrae la electricidad de la tierra y la conduce de vuelta a la misma a un ritmo enorme, creando así ondulaciones o perturbaciones que, extendiéndose a través de la tierra como a través de un cable, pueden ser detectadas a grandes distancias por circuitos de recepción cuidadosamente sintonizados. De esta manera pude transmitir a distancia, no sólo efectos débiles para señalización, sino cantidades considerables de energía, y los descubrimientos posteriores que hice me convencieron de que en última instancia tendré éxito en la transmisión de energía sin cables, para fines industriales, de forma económica, y a cualquier distancia, por grande que sea.

Para desarrollar aún más estos inventos, fui a Colorado en 1899, donde continué mis investigaciones a lo largo de estas y otras líneas de trabajo, una de las cuales en particular ahora considero de mayor importancia que la transmisión de energía sin cables. Construí un laboratorio en la zona de Pike’s Peak. Las condiciones de aire puro de las Montañas de Colorado resultaron extremadamente favorables para mis experimentos, y los resultados fueron muy gratificantes para mí. Me di cuenta de que no sólo podía llevar a cabo más trabajo, física y mentalmente, del que podía realizar en Nueva York, sino que los efectos y cambios eléctricos se percibían con mayor facilidad y claridad. Hace unos años era virtualmente imposible producir chispas eléctricas de veinte o treinta pies de largo, pero sin embargo produje chispas mucho más grandes, y esto sin dificultad. Los aparatos eléctricos de inducción involucrados habían utilizado sólo unos pocos cientos de caballos de fuerza, y produje movimientos eléctricos derivados con valores de ciento diez mil caballos de fuerza. Antes de esto, sólo se habían obtenido valores insignificantes, mientras que yo he alcanzado los cincuenta millones de voltios.

Muchas personas en mi propia profesión se han preguntado qué es lo que estoy tratando de hacer. No falta mucho para que, cuando los resultados prácticos de mis trabajos sean presentados ante el mundo, su influencia sea percibida en todas partes. Una de las consecuencias inmediatas será la transmisión de mensajes sin cables, por mar o tierra, a una distancia inmensa. Ya he demostrado, a través de pruebas cruciales, la factibilidad de enviar señales con mi sistema desde un punto a otro del globo, no importa cuán remoto sea, y pronto convenceré a los incrédulos.

Tengo todas las razones para felicitarme por el hecho de que, a lo largo de estos experimentos, muchos de los cuales fueron extremadamente delicados y peligrosos, ni yo ni ninguno de mis asistentes sufriéramos lesiones. Cuando se trabaja con estas potentes oscilaciones eléctricas, a veces se producen fenómenos extraordinarios. Debido a alguna interferencia de las oscilaciones, verdaderas bolas de fuego son propensas a saltar a gran distancia, y si alguien estuviera dentro, o cerca de sus trayectorias, sería destruido instantáneamente. Una máquina como la que he utilizado, podría matar fácilmente, en un instante, a trescientas mil personas. Observé que la tensión entre mis ayudantes era evidente, y algunos de ellos no podieron soportar los nervios. Pero con el perfeccionamiento del funcionamiento de tales aparatos, por poderosos que sean, ahora ya no implican ningún riesgo.

Mientras mejoraba mis máquinas para la producción de las intensas fuerzas eléctricas, también perfeccionaba los medios para observar sus efectos débiles. Uno de los resultados interesantes, también con gran importancia práctica, fue el desarrollo de ciertos artificios para detectar a una distancia de muchos cientos de millas, una tormenta que se acercaba, su dirección, velocidad y distancia recorrida. Es probable que estos aparatos sean valiosos para futuras observaciones meteorológicas y levantamientos topográficos, y se prestarán particularmente para muchos usos navales.

Fue en la continuación de este trabajo que por primera vez descubrí aquellos misteriosos efectos que han despertado un interés tan inusual. Había perfeccionado el aparato al que me refería, hasta tal punto que, desde mi laboratorio en las montañas de Colorado, podía sentir el pulso del globo, por así decirlo, notando cada cambio eléctrico que ocurría dentro de un radio de mil cien millas.

Nunca podré olvidar las primeras sensaciones que experimenté cuando me di cuenta de que había observado algo posiblemente de consecuencias incalculables para la humanidad. Me sentí como si estuviera presente en el nacimiento de un nuevo conocimiento o en la revelación de una gran verdad. Incluso ahora, a veces, puedo recordar vívidamente el incidente y ver mi aparato como si realmente estuviera ante mí. Mis primeras observaciones me aterrorizaron, ya que había en ellas algo misterioso, por no decir sobrenatural, y me encontraba solo en mi laboratorio, por la noche; pero en ese momento la idea de que estas perturbaciones fueran señales inteligentemente controladas aún no se me había ocurrido.

Los cambios que percibí ocurrían de forma periódica, y con un esquema tan claro en cuanto a número y orden, que no eran atribuibles a ninguna causa entonces conocida por mí. Conocía, por supuesto, las perturbaciones eléctricas producidas por el sol, la aurora boreal y las corrientes terrestres, y estaba tan seguro como podía estarlo de que estas variaciones no se debían a ninguna de estas causas. La naturaleza de mis experimentos excluyó la posibilidad de que los cambios se produjeran por las perturbaciones atmosféricas, como algunos han afirmado precipitadamente. Fue algún tiempo después cuando me vino a la mente la idea de que las perturbaciones que había observado podrían deberse a control inteligente. Aunque no pude descifrar su significado, era imposible para mí pensar que habían sido totalmente accidentales. La sensación de haber sido el primero en escuchar el saludo de un planeta a otro, crece constantemente en mí. Un propósito estaba detrás de estas señales eléctricas; y fue con esta convicción que anuncié a la Red Cross Society, cuando me pidieron que indicara uno de los grandes logros posibles de los próximos cien años, que probablemente uno de esos logros sería la confirmación e interpretación de este saludo planetario.

Desde mi regreso a Nueva York, el trabajo más urgente ha consumido toda mi atención; pero nunca he dejado de pensar en esas experiencias y en las observaciones hechas en Colorado. Me esfuerzo constantemente por mejorar y perfeccionar mi tecnología, y tan pronto como me sea posible, retomaré el hilo de mis investigaciones en el punto en que me he visto forzado a dejarlo por un tiempo. En la etapa actual de progreso, no habría ningún obstáculo insuperable en la construcción de una máquina capaces de transmitir un mensaje a Marte, ni habría ninguna gran dificultad en registrar las señales que nos transmitan los habitantes de ese planeta, si es que son electricistas expertos. Una vez establecida la comunicación, incluso de la manera más simple, como por un mero intercambio de números, el progreso hacia una comunicación más inteligible sería rápido. La certeza absoluta en cuanto a la recepción e intercambio de mensajes sería alcanzada tan pronto como pudiéramos responder con el número “cuatro”, digamos, en respuesta a la señal “uno, dos, tres”. Los marcianos, o los habitantes de cualquier planeta, comprenderían de inmediato que habríamos captado su mensaje a través del del espacio y que habríamos enviado una respuesta. Transmitir conocimiento por tales medios es, aunque muy difícil, no imposible, y ya he encontrado una manera de hacerlo.

¡Qué tremenda conmoción causaría esto en el mundo! ¿Cuándo llegará? Será algún día, eso debe estar claro para cualquier persona inteligente. Mientras tanto, algo, al menos para la ciencia, se ha ganado. Espero que se demuestre pronto que en mis experimentos en no eran simplemente ilusiones, sino una gran y profunda verdad.

Nota: Para quien no conozca en detalle la biografía de Nikola Tesla, habrá que indicar que, el que fuera padre de nuestra tecnología de energía eléctrica alterna actual, se refiere en este texto a sus intrigantes experimentos llevados a cabo en Colorado Springs entre 1899 y 1900. Se considera que, entre otras, llevó a cabo en ese lugar las que fueron las primeras experiencias de radio y, acerca de esas “señales inteligentes” que dijo haber percibido, se considera hoy día que se trató de interferencias naturales, muy posiblemente de origen radioastronómico.

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Al habla con el planeta rojo… en 1924 https://alpoma.net/tecob/?p=13547 Fri, 10 Aug 2018 17:08:26 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=13547 Leer más]]> En el verano de 1924, hace ahora 94 años, se vivió una auténtica fiebre marciana, aunque no tan fuerte como la vista años antes con el tema de los presuntos canales de Marte y, también, con la publicación de La guerra de los mundos (1898) de H. G. Wells (la fiebre se repetiría en 1938 con la dramatización radiofónica de esa novela por parte de Orson Welles). En 1924 el motivo fue astronómico: el planeta Marte se encontraba en una de sus máximas aproximaciones a la Tierra, como ha sucedido en este verano de 2018. Por ese motivo, Marte aparecía en la prensa casi a diario, por lo general en tono jocoso y preguntándose por los marcianos y sus quehaceres.

Marte 1924
Trayectoria terrestre en retrogradación del planeta Marte, tal como se pudo contemplar en el verano de 1924. Fuente: Nuevo Mundo, 29 de agosto de ese año.

Repasemos algunas de las notas “marcianas” publicadas en ese tiempo, a modo de divertimento para esta tarde de viernes. En el número del 20 de agosto de la revista Nuevo Mundo, se comentaba que…

EL planeta Marte, cuya órbita envuelve a la de la Tierra, se ha acercado a nosotros hasta el punto de no existir entre ambos cuerpos celestes más de cincuenta y seis millones de kilómetros. Como esta distancia constituye un mínimo, todos los observatorios han dirigido sus más poderosos instrumentos, maravilla de la óptica y la mecánica, al astro rojizo que tanto preocupa a los humanos. (…) Sobre la superficie marciana, vista en el campo de potentes telescopios, se aprecian los casquetes polares, análogos a los de nuestro globo, a cuyas interesantes transformaciones asistimos a través del amarillento velo de una atmósfera tan tenue que no basta para mitigar los rigores de la temperatura. Como en nuestro planeta, se observan en Marte las tres zonas: tórrida, templada y glacial y se ha comprobado la existencia de agua, si bien en escasas cantidades, en el fondo de los que antes fueron extensos mares, o condensada en los helados casquetes polares, desde los cuales, al comenzar la fusión primareval, va a repartirse por la superficie del planeta ya, como creía Lowell, por esos misteriosos canales, gigantesca obra de seres de gran inteligencia, ya por la acción natural del viento que traslada la condensación nubosa para devolverla como benéfica lluvia sobre los valles donde se refugió la vida, tras la desaparición, por un lento y seguro trabajo de erosión, de las altas montañas y las prolongadas cordilleras.

La época de la pasión, y el terror, por los marcianos, había pasado ya hacía tiempo (aunque, como he comentado, todavía quedaba el “susto” de Orson Welles), por eso el tema se veía con bastante cautela por la mayor parte de los medios. He aquí, por ejemplo, lo que comentaba la revista Alrededor del Mundo el 24 de septiembre de 1924:

La palma de todas las fantasías forjadas con el planeta Marte, pertenece a los periodistas americanos, que en días memorables sorprendieron al mundo con la noticia de que los marcianos habían enviado a la Tierra innumerables señales por telegrafía sin hilos, señales misteriosas e incomprensibles que habían quitado el sueño al propio Marconi. Según los informes de esos periodistas, los habitantes de Marte debían estar sumamente adelantados en el conocimiento de las ciencias aplicadas, ya que no se contentaban con cruzar su suelo con grandes canales de comunicación entre sus mares interiores, sino que habían descubierto antes que nosotros las ondas hertzianas…

Al hilo de cierta obra del zóólogo francés Edmond Perrier, el cronista continúa sus comentarios marcianos:

Se puede imaginar que los habitantes de Marte son grandes, y al mismo tiempo con más gráciles miembros que nuestros escandinavos. Tendrán, o deben tener, el cráneo relativamente más ensanchado, porque los músculos masticadores tienen que elevarse sin cesar sobre su asiento. Un cráneo tan desarrollado tiene que encerrar un cerebro muy desenvuelto, y con sentidos muy sutiles; es probable que la frente de los marcianos sea más alta y más larga que la nuestra y su cráneo más voluminoso. Su enorme cabeza, su vasta caja torácica, sis miembros largos y delgados, les darán un aspecto general bastante diferente al que ofrecemos nosotros. Su nariz potente, con ventanas móviles, sus ojos grandes, sus largas orejas, etc., les harán constituir un tipo de belleza que nosotros no apreciaríamos mucho, a menos que nos cautivaran con una inteligencia extraordinaria que más que nada fuera sobrehumana…

Kelly–Hopkinsville-Andrew-Ledwith
Los “duendes” de Kelly–Hopkinsville, dibujo de Andrew Ledwith.
Es curioso comprobar cómo ese “modelo” de marciano, o extraterrestre en general, se ha mantenido en la fantasía popular con el paso del tiempo. Al leer la descripción de 1924 del “marciano típico”, no he podido dejar de acordarme de esos “grises” del supuesto incidente de Kelly–Hopkinsville de 1955, solo que en este caso eran bastante pequeños, pero igualmente cabezones.

El caso es que, con la cercanía de Marte de ese verano, experimentadores de “telegrafía sin hilos”, astrónomos aficionados y profesionales y, en general, todo el mundo, volvió la vista, los telescopios, prismáticos y antenas hacia el planeta rojo, por si fuera posible vislumbrar alguna huella de la supuesta civilización marciana. Hay quien se lo tomó de forma divertida y calculó el coste de un vuelo a Marte en aeroplano, tal como fue publicado en El Imparcial, edición del domingo 24 de agosto de 1924:

…suponiendo que lo hiciéramos en aeroplano, sin aterrizajes forzosos, en marcha continua, con una velocidad media de 130 kilómetros por hora y que nuestra llegada coincidiera con la oposición del astro, que es cuando está a 56 millones de kilómetros de la Tierra, tardaríamos cuarenta y nueve años y dos meses. (…) Como nadie puede garantizarnos que haya cantinas en nuestra etérea ruta, suponiendo que en nuestra compañía no fueran más que tres pilotos, para conducir por turno el aparato, con arreglo a la jornada legal, tendríamos que llevar unas 215 toneladas de viandas, a razón de tres kilos por día y persona. Como la comida es menester remojarla, calculando que no bebiéramos diariamente entre todos nada más que ocho litros de vino y cuatro de agua, precisaríamos 2.150 hectolitros. Cigarrillos, a base de 30 por persona y día, unos dos millones y medio, y cajas de cerillas, a razón de tres diarias, 53.500. Únase a esto tres millones de litros de gasolina y uno de aceite. (…)

El tono de broma era general, pero había quien se lo tomaba muy en serio, como no podía ser de otro modo. He aquí un recorte del suplemento de La escuela moderna, del 19 de julio de 1924 en el que, por cierto, se discreta erróneamente en cuanto a la distancia al planeta Marte respecto a otros medios de la época…

El tema de los presuntos mensajes de radio desde Marte venía dando de qué hablar desde finales del siglo XIX.

Próximamente publicaré aquí mi traducción de un artículo de Nikola Tesla al respecto del tema de las comunicaciones de radio con otras civilizaciones. Mientras, queda recordar que muchos pioneros de la radio se mantuvieron atentos ese verano, intentando escuchar señales marcianas. Tal como comentaba Thomas H. White en un artículo al respecto en el año 2000:

Hoy en día, siempre que alguien oye una estación de radio, es seguro asumir que las señales se originaron en la Tierra. Sin embargo, en el verano de 1924 no se tenía la misma certeza. En agosto algunos estaban haciendo cuidadosamente ajustes de última hora en sus aparatos de radio, esperando escuchar señales de Marte. Algunos, gracias a estaciones como WHAS, reclamarían temporalmente el éxito. (…) Un editorial del New York Times respaldó la sugerencia de que una prueba del teorema de Pitágoras fuera tallada a gran escala en las estepas siberianas. Esto no sólo sería lo suficientemente grande como para ser visto fácilmente, sino que los marcianos excavadores de canales estarían impresionados con nuestras propias habilidades de ingeniería y matemáticas. Un profesor poco conocido de la Universidad Clark, llamado R. H. Goddard, estaba experimentando con cohetería, la cual, según él, algún día vincularía los planetas, pero su trabajo apenas estaba despegando [Goddard llegaría a ser uno de los pioneros más célebres de la astronáutica].

(…) Los terrestres ahora tenían la tecnología necesaria para recibir señales a través de vastas extensiones del espacio. El 23 de agosto Marte y la Tierra estarían a 55,7 millones de kilómetros uno del otro, su acercamiento más cercano desde 1804. Quizás por primera vez los marcianos nos encontrarían escuchando. A pesar del escepticismo (Marconi lo denominó “absurdo fantástico”), se organizaron planes en varios frentes. Aparentemente no se intentaron transmitir señales a Marte. Las potencias de transmisión eran demasiado limitadas, y se sabía que la recién descubierta ionosfera absorbería y dispersaría cualquier señal enviada desde la Tierra en las frecuencias entonces en uso. Aunque sin duda algunos locutores no pudieron resistir la tentación de saludar “a nuestros oyentes marcianos”. Se esperaba que las transmisiones marcianas más poderosas fueran capaces de cerrar la brecha. Por lo tanto, la tarea en la Tierra sería interceptar estas transmisiones. Y cada casa con radio era un detector potencial.

El profesor David Todd, ex jefe del departamento de astronomía del Amherst College, trabajó para organizar períodos de silencio en la radio, para ayudar a la recepción de cualquier señal interplanetaria. El General de División Charles Saltzman respondió ordenando a todas las estaciones militares estadounidenses que controlaran y reportaran cualquier señal inusual, pero no ordenó ningún recorte en las transmisiones normales. El Almirante Edward W. Eberlen, Jefe de Operaciones Navales, hizo lo mismo en su rama militar. El profesor Todd había pedido que cada estación de radio mantuviera un silencio de cinco minutos cada hora durante un período de dos días. Sólo la CMR en Washington DC parecía haber cumplido con esta solicitud, aunque se informó de que funcionarios de otros países estaban “interesados”.

La interpretación de las señales también merecía atención. Una transmisión en marciano podría ser en la forma de un discurso pronunciado en una lengua alienígena, o la Tierra podría ser invadida por una melodía marciana cantarina. Pero la mayoría esperaba que cualquier transmisión usara un código basado en alguna clave matemática. William F. Friedman, Jefe de la Sección de Código en la Oficina del Oficial Jefe de Señales del Ejército, anunció que estaba disponible para interpretar cualquier código de otro mundo. Friedman ya se había ganado el reconocimiento descifrando una serie de mensajes entre dos acusados en el escándalo de Teapot Dome.

El rastreo se centró en la noche del sábado, cuando los dos planetas estaban más cerca. Sin embargo, se reportaron señales extrañas incluso antes. Los operadores de radio de Vancouver informaron el jueves que estaban recibiendo una serie de “cuatro grupos de guiones en grupos de cuatro”. Tanto la forma como el origen de las extrañas señales no fueron identificados, y se prometió una estrecha vigilancia. En Londres, un sistema de 24 tubos especialmente construido recogió “notas duras” de origen desconocido. Los ingenieros de WOR en Newark, New Jersey, reportaron sonidos similares en casi la misma longitud de onda. Un bostoniano informó de un extraño zumbido, que terminó con un abrupto “zzip”.

En medio de toda esta actividad se encontraba la estación WHAS en Louisville, Kentucky. Por coincidencia, las maniobras militares cerca de Louisville fueron programadas para el viernes, el día antes de la aproximación más cercana de Marte. Se consideró que las maniobras eran una oportunidad para (…) transmitir en vivo el progreso de la batalla simulada. (…) El innovador programa de WHAS presentaba una transmisión remota transmitida por líneas telefónicas directamente desde el “frente”. (…) Al parecer, el segmento final del programa de radio fue pensado por algunos oyentes como originario de Marte. Imaginen la reacción de una persona desprevenida, buscando evidencia de vida en Marte, encontrándose con este extraño programa. Cada quince segundos se escuchaba un fuerte “bong”, mientras que los ruidosos informes de la artillería abrumaban el micrófono. Mientras las armas pequeñas sonaban como un código extraño, claramente no Morse…

Finalmente se resolvieron los diversos informes misteriosos. Los operadores del set de 24 tubos decidieron que no habían oído nada más exótico que “una combinación de ruidos de la atmósfera y heterodinámica”. (Los ingenieros de la RCA calcularon que, para que las señales se originaran en Marte, se requería un transmisor de un millón de megavatios, consumiendo el equivalente a 2,7 millones de toneladas métricas de carbón por hora. Los ingenieros sugirieron que los marcianos tendrían mejores usos para sus talentos y recursos). Las señales de Vancouver fueron identificadas como un nuevo tipo de baliza que se estaba desarrollando para ayudar a la navegación en las vías navegables interiores del estado de Washington. (…)

El consenso final fue que no había evidencia de que el planeta rojo hubiera mostrado ningún interés en hablar con nosotros, aunque, como señaló el New York Times, “…los hombres nunca dejarían de intentar establecer comunicación con Marte”. Camille Flammarion, astrónomo francés de 82 años, confiaba no sólo en que los marcianos serían muy superiores a los terrícolas, sino que en última instancia se pondrían en contacto con nosotros a través de los medios de la telepatía mental. (Catorce años después, el famoso programa de Orson Welles “La Guerra de los Mundos” convencería a muchos de que los marcianos estaban haciendo un contacto directo inesperado y muy desagradable).

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Un cañón magnético de 1902 https://alpoma.net/tecob/?p=13519 Thu, 09 Aug 2018 18:15:18 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=13519 Leer más]]> El uso de cañones electromagnéticos ha sido contemplado en las últimas décadas tanto para usos militares como para el lanzamiento de vehículos espaciales desde la Tierra, la Luna o incluso Marte. Pero la idea no es nueva y, hoy, quiero comentar uno de los primeros casos de estudio acerca de este tipo de “catapultas” electromagnéticas (en algunos portaaviones actuales se han ensayado las catapultas de este tipo para substituir a las de vapor).

Kristian Birkeland
Kristian Birkeland hacia 1900.
El 15 de junio de 1917, en una habitación de hotel de Tokio, apareció muerto en extraña situación (parecía un suicidio por abuso de barbitúricos) el científico noruego Kristian Birkeland, famoso por sus investigaciones geofísicas. Triste final para un curioso personaje que, además, había destacado como inventor de una tecnología que había revolucionado el uso de fertilizantes nitrogenados.

En 2008 publiqué un artículo en que describí el célebre “experimento terrella”, llevado a cabo por Birkeland para crear un modelo experimental de las auroras boreales. Hoy, toca repasar su idea del “cañón electromagnético” (patentado en varios países en 1902, por ejemplo en España con la patente 29.460 para “Un procedimiento para lanzar proyectiles por medio de la fuerza electromagnética en un cañón ad-hoc”).

Diseño de cañón electromagnético de 1902, gráfico de la patente de Birkeland.

Modernas brujerías de las ciencias, 1920, del Coronel Ignotus. Ejemplar adquirido en Gijón en julio de 2018.
Y, para ello, acudo a la descripción que de esta invención hizo el geógrafo y divulgador científico, además de ser uno de los padres de la ciencia ficción española, José de Elola, conocido por su seudónimo de “Coronel Ignotus”. Recientemente compré en Gijón una edición de 1920 de su libro divulgativo “Modernas brujerías de las ciencias”, de donde extraigo libremente lo que sigue…

Lo más sorprendente en estos cañones es que no emplean explosivos (…). Los proyectiles son lanzados por el cañón sin pólvora ni explosión, sin ruido, ni fogonazo, ni deterioro en la pieza ocasionado por las tremendas presiones que, rápidamente, inutilizan las bocas de fuego actualmente usadas: ventajas a las cuales se suma la de que la ausencia de fogonazo impide al enemigo determinar la posición de la artillería que lo cañonea. (…) Felizmente, la electricidad ha creado los electroimanes, que con peso y volumen menores que los imanes permanentes desarrollan fuerzas magnéticas mucho mayores que éstos, y susceptibles de ser engendradas y anuladas, a voluntad, casi instantáneamente. (…) El ánima o tubo interior del cañón no está constituida, como en los cañones usuales, por un cilindro hueco de una pieza de un metal, sino por varios cilindos cortos de hierro dulce, entre los cuales van soldados anillos de igual anchura, interna y externa, que los cilindros. Dichos anillos son de un metal no magnético, como el bronce. La sucesión de cilindros y anillos forma el cañón, semejante exteriormente a otro cualquiera.

Cada uno de estos cilindros queda rodeado por alambres gruesos de cobre, formando carretes de donde resulta que cada carrete y cada cilindro de hierro dulce constituyen un electroimán. Y cuando por aquéllos pasa una corriente eléctrica, cada cilindro se convierte en un imán con sus dos polos Norte y Sur.(…) Al introducir el proyectil en la recámara, avanza atraído por el primer electroimán, oprime un circuito de alimentación hasta cortar la corriente mientras sigue su avance, desconectando el campo magnético. (…) Con velocidad comunicada por la atracción que de recibió al principio, y que ya no experimenta, sufre nuevo tirón, procedente de los siguientes electroimanes. (…) cuando llegue al último electroimán, situado en la boca del cañón, saldrá despedido con velocidad resultante de la acumulación de todos los impulsos recibidos.

Mención a los experimentos noruegos publicada en “Resumen de la prensa militar extranjera y de la técnica nacional”, febrero de 1902, n.º 2, página 65. Biblioteca Nacional.

En el proyecto [de Birkeland], el proyectil pesa tres toneladas, tiene nueve pies de longitud y calibre de 19 pulgadas (47,5 centímetros). El cañón, verdadero monstruo, alcanza una longitud de 90 pies. La velocidad inicial del proyectil al salir de la boca de la pieza es de 1.000 metros por segundo, con alcance superior a 35 kilómetros. La velocidad de disparo oscilaría entre 60 y 80 disparos por minuto. Este resultado se obtiene mediante 3.000 tremendos impulsos magnéticos, comunicados por otros tantos electroimanes muy cortos y gruesos, con 72 vueltas de alambre cada uno. (…)

No hay que recordar que, obviamente, todo aquello quedó en una serie de experimentos con pequeños modelos y la idea no se retomó, pensando sobre todo en lanzamiento de sondas espaciales o proyectiles intercontinentales, muchas décadas más tarde.

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Sin anestesia, pero con una sonrisa https://alpoma.net/tecob/?p=13507 Wed, 08 Aug 2018 17:41:36 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=13507 Leer más]]>
Ferdinand Sauerbruch
El cirujano Ferdinand Sauerbruch hacia 1932, por Max Liebermann (Imagen anagoria/Wikimedia Commons).
Repasando algo de bibliografía médica relacionada con cierto proyecto, me acabo de chocar con una anécdota de lo más interesante. De momento no tengo datos adicionales (quiero confirmar los detalles, aunque la fuente es de total confianza), y por falta de tiempo será algo que dejo anotado en la lista de temas pendientes, pero no me he resistido a traerlo a TecOb. Veamos, el protagonista del asunto fue el célebre cirujano alemán Ferdinand Sauerbruch.

¿Quién fue el tal Ferdinand? En la Historia de la medicina se ha grabado su nombre a fuego por diversos motivos, tanto positivos como negativos. Sauerbruch, nacido en 1875, se convirtió desde su juventud en uno de los cirujanos más famosos del mundo, llegando a ser uno de los más influyentes de las primeras décadas del siglo XX. Cirujano del hospital berlinés de Charité durante más de veinte años, desarrolló la conocida como “cámara de Sauerbruch”, que mencionaré más adelante. A pesar de haber logrado éxitos indudables, siendo precursor de nuevas técnicas quirúrgicas, su reputación se vio dañada por mantenerse en activo incluso cuando comenzó a padecer problemas de demencia, llevando a cabo operaciones sin sentido y con resultados terribles. Su prestigio hizo que, a pesar de aquellos desastres, casi nadie moviera un dedo contra él. Además, su posición durante el nazismo había sido, como poco, bastante ambigua, cosa que le colocó al final de la Segunda Guerra Mundial en una posición delicada, aunque logró mantenerse en lo alto de su profesión todavía bastante tiempo.

Hacia 1903 Sauerbruch había inventado una cámara neumática de presión negativa para evitar el neumotórax en las operaciones pulmonares. Con ese aparato se pudieron realizar operaciones a tórax abierto, con lo que se revolucionó ese tipo de cirugía (la máquina perdió utilidad más tarde, con la introducción de la intubación traqueal, donde se emplea ventilación con presión positiva).

Cámara de Sauerbruch
Modelo primigenio de cámara de Sauerbruch, 1903.

Bien, ahora que el personaje ha quedado presentado, vamos con la anécdota. Lo refería el insigne profesor de farmacología Benigno Lorenzo-Velázquez en su Formulario-Guía terapéutica de urgencia (he manejado la decimoséptima edición, de 1981):

Nunca olvidaré el caso que refirió el profesor Ferdinand Sauerbruch de haber amputado un brazo a un militar en la primera guerra europea, sin anestesia y sin dolor, quien llegó al quirófano en un estado de gran excitación y euforia por haber ganado la batalla en que intervino. Una liberación masiva y constante de endorfinas encefálicas explican hoy el fenómeno.

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Chispas en el cielo (Festival Aéreo Gijón 2018) https://alpoma.net/tecob/?p=13442 Sun, 22 Jul 2018 18:44:24 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=13442 Leer más]]> Ya va siendo hora de retomar la publicación de nuevos artículos en mis blogs. He pasado varias semanas preparando nuevos proyectos que iré comentando próximamente. Mientras tanto, y como viene siendo ya tradición, he aquí algunas de las imágenes que he tomado en el Festival Aéreo de Gijón, edición 2018 (algunas tomas son de ayer, de los ensayos). Ah, y lo más especial: dos tomas nocturnas con gran angular y de larga exposición (de 20 a 30 segundos) del vuelo ayer por la noche de la increíble patrulla pirotécnica británica Aerosparx. 😉

Aerosparx – Gijón 2018
Aerosparx – Gijón 2018
Aerosparx – Gjión 2018
Aerosparx – Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
Festival Aéreo Gijón 2018
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Crea tu propia calculadora Curta (sólo para los más osados de la impresión 3D) https://alpoma.net/tecob/?p=13435 Fri, 06 Jul 2018 15:59:30 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=13435 Leer más]]> ¡Qué recuerdos me trae esto! Desde hace muchos años, las calculadoras mecánicas Curta son uno de mis artilugios favoritos. Por eso, el 24 de febrero de 2005, esos ingenios fueron protagonistas del primer artículo que publiqué en este blog. Con el tiempo he ido publicando más detalles sobre la increíble historia de su inventor, Curt Herzstark, y sobre cómo diseñó esta maravilla mecánica siendo prisionero de un campo de concentración. En uno de esos artículos comenté sobre la Curta…

Imagina un pequeño cilindro negro, construido con materiales de alta calidad, con aspecto de molinillo de pimienta de alta tecnología, de unos 10 centímetros de alto por 5 de diámetro. Ahora, sueña que, moviendo varios diales y girando una rueda con manivela, puedes realizar diversos cálculos con suma precisión, cuyo resultado se presentará ante nosotros a través de un cuadro numérico analógico.

Aquella maravilla cabía en la palma de la mano. Con ella se podía sumar, restar, multiplicar, dividir y, con un poco más de práctica, realizar operaciones matemáticas más complejas. Se trataba de la Curta, una calculadora mecánica portátil realmente asombrosa. (…) Detrás del pequeño artilugio, hay toda una historia asombrosa y una tecnología que, cuando las calculadores electrónicas todavía no existían, nos llevó muy lejos.

Ingenieros, arquitectos, científicos y economistas utilizaron las calculadoras Curta desde su aparición en 1948 hasta que fueron olvidadas ya en los años 70, cuando la electrónica desterró su uso de la práctica habitual, convirtiendo a estas joyas de las calculadoras mecánicas en objeto de coleccionismo.

Lo más asombroso es que la Curta fue diseñada en el peor de los escenarios imaginables. Comentaba entonces

Tras el paso por una terrible celda, Herzstark fue enviado al campo de concentración de Buchenwald, donde su destino estaba sellado. Pero todo cambió de repente cuando un oficial de las SS le ofreció continuar viviendo a cambio de trabajar en la creación de piezas de precisión destinadas a aviones de guerra y misiles como los célebres V2. Herzstark fue puesto al mando de las operaciones para la fabricación de maquinaria en Buchenwald, eso le facilitó la tarea de “contratar” a otros prisioneros, salvándoles así la vida. Todo era terror y miedo, cualquier día podía ser el último.

Sin embargo, el destino sonrió a Herzstark. Los nazis se enteraron de los esfuerzos del ingenieros, anteriores a la guerra, para dar vida a una calculadora portátil. Le ofrecieron un trato, a saber, poder vivir a cambio de construir una de esas máquinas como “regalo de la victoria” para Hitler. (…) Herzstark continuó trabajando como preso forzado, pero se le permitió dedicar tiempo en la tarea de diseñar la máquina de calcular portátil. Iba dando forma poco a poco a los planos, con detalle, mientras la guerra continuaba su curso y sus compañeros de cautiverio iban cayendo. Creyó que nunca iba a salir vivo de aquel infierno, pero llegada la primavera de 1945 el campo fue liberado por los aliados.

Libre, por fin, viajó con unos prototipos primitivos hasta Viena, donde comprobó que su fábrica ya no existía. Patentó la máquina con la esperanza de llamar la atención de algún fabricante, pero nadie le hizo caso hasta que la noticia acerca de un genial ingeniero y una calculadora de mano fascinó al príncipe de Liechtenstein. Y, allá en las montañas, perdidos en aquel rincón alpino, encontró todo el apoyo que necesitaba. Nació de esa forma la empresa Contina, que comercializó en 1948 el primer modelo de Curta. El éxito fue inmediato y, aunque hubo ciertos conflictos con los inversores, el superviviente de Buchenwald mantuvo su posición y vivió rodeado de éxitos hasta el fin de sus días. Autopistas, industrias, líneas eléctricas y hasta satélites y naves espaciales fueron construidos gracias al auxilio de las máquinas de calcular portátiles Curta…

Si hoy he recordado todo esto es porque he seguido un hilo de BricoGeek (aunque lo pueda parecer, no es un enlace patrocinado ni mucho menos, el hilo es muy breve pero sirvió para despertar mi curiosidad, que no es poco) en el que se muestran dos curiosidades al respecto. Me ha llamado mucho la atención ver que hay gentes que siguen fascinadas por esta genial máquina. La primera curiosidad es este vídeo que nos muestra el funcionamiento de la calculadora mecánica Curta (el vídeo tiene sus años, pero merece la pena disfrutarlo porque explica con detalle las entrañas de la máquina).

Pero, sobre todo, lo que más me ha llamado la atención es la posibilidad de poder crear una Curta por uno mismo. Hasta hace relativamente poco tiempo, la única forma de tener en nuestras manos una calculadora de este tipo era acudir al mercado de los coleccionistas, donde las piezas se cotizan a precios de susto. Ahora bien, aunque no sea lo mismo y los materiales no se parezcan, siempre queda otra opción: ¡imprime en 3D tu propia calculadora Curta! Vale, no es un proyecto sencillo, requiere mucha paciencia y la complejidad del empeño es muy alta, pero nadie dijo que iba a ser sencillo. Los planos se pueden localizar, cómo no, en Thingiverse. El modelo (1:3) es algo tosco y mucho más grande que el original (que era de metal, realizado con piezas de precisión), pero no importa si lo que se quiere es tener entre manos el modelo funcional de ingenio sin igual y, de paso, meternos de lleno en un proyecto de impresión 3D capaz de darnos muchos dolores de cabeza. 😉

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Equevilley: El ingeniero que diseñó los submarinos alemanes de la Primera Guerra Mundial https://alpoma.net/tecob/?p=13413 Fri, 01 Jun 2018 16:32:31 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=13413 Leer más]]> Versión para TecOb del artículo que publiqué en la revista Historia de Iberia Vieja, edición de mayo de 2018.

En ocasiones, un personaje histórico vive entre tantas sombras que, al poco, incluso su procedencia termina por ser puesta en duda. He aquí el caso de un genio casi olvidado que exploró diversos campos de la tecnología y que fue un apasionado de la navegación submarina y aérea, pero que apenas ha sido mencionado en la Historia y, sobre todo, casi nunca como español.

¿Un ingeniero francés?

En plena Primera Guerra Mundial, cuando los submarinos alemanes habían ya mostrado el terrible potencial bélico de ese tipo de embarcaciones, publicaba la revista Madrid científico, en su número 850 de 1915, la siguiente nota:

“En el momento de estallar la guerra dispone Alemania de 28 submarinos, cifra dada por un anexo al anuario de Veyer, publicado por este oficial de la Marina alemana en 1914. (…) Los primeros submarinos alemanes datan de 1904 y figuran en el presupuesto de 1905. El autor de sus planos es, por cierto, un francés: M. de Equevilley, que por aquella época entraba a prestar sus servicios como ingeniero en los astilleros particulares «Germania», de Kiel. Así logra Alemania utilizar los ensayos y tanteos realizados en Francia, y desde el primer momento obtiene un modelo excelente y práctico.”

Submarinos clase Karp.

Esta anotación no fue única, sino que se repitió a lo largo de todo el continente, dando por hecho que los alemanes habían “copiado” la tecnología de los submarinos a Francia, dado que el diseñador principal de esos novísimos aparatos era francés. También hubo quien mencionó que se había copiado algo de la tecnología del malogrado Isaac Peral y, sin embargo, la realidad era bastante diferente porque detrás de todo aquello se encontraba un joven ingeniero español del que apenas se conocía nada y que, muy pronto, cayó en el olvido.

Muchos nombres para un mismo personaje

Ha tenido que pasar casi un siglo para que la figura del ignoto ingeniero empiece a brillar de nuevo. La gran cantidad de nombres por los que Equevilley ha sido conocido, rivalizan con las naciones a las que se ha atribuido su nacionalidad. La mayoría comentaba que era francés, otros que austriaco o prusiano, pero sólo mucho después se difundió su origen español. En efecto, atendiendo a obra de Diego Quevedo, junto a otros autores, titulada “Los desconocidos precursores españoles de la navegación submarina” (2013), nunca suficientemente ponderada, queda iluminada de una vez el asunto del origen de nuestro protagonista. Nacido en el verano de 1873, en Viena, Raimundo Lorenzo de Equevilley Montjustín fue el hijo menor de Victor Vicente de Equevilley Montjustín, marqués de Equevilley. A lo largo de su vida, cuando aparece citado en la prensa europea, su nombre fue escrito de múltiples maneras, casi siempre con un toque francés, al modo Raymond-Laurend d´Equevilley, por lo que fue considerado como francés por muchos.

El padre de Raimundo procedía de la aristocracia del Franco-Condado y había combatido del lado de los isabelinos en la Primera Guerra Carlista, participando en las batallas de Mendigorría y de Barbastro, lo que le hizo merecedor de la Cruz de San Fernando. Miembro del Ejército Español, pasó de ser Alférez de Caballería en 1838 a Capitán de Milicias Provinciales en 1843 (con el tiempo llegó a ser Coronel y, por sus méritos, le fue concedida la ciudadanía española, lo que no deja dudas de la nacionalidad de su futuro hijo, nuestro ingeniero de submarinos). El caso es que el tal Victor Vicente vivió una existencia llena de aventuras y acciones militares que le valieron diversos reconocimientos (por ejemplo, en 1879 obtuvo el título nobiliario de Marqués de Equevilley). Licenciado del ejército, pasó a ser en 1869 Cónsul de España en los Ducados del Danubio. Al poco nació su hijo Raimundo Lorenzo quien, pese a haber venido al mundo en Viena, tuvo la nacionalidad española desde el primer momento.

Raimundo demostró ser un joven con gran genio para las ciencias desde muy temprano. Por mediación del Embajador de España en Francia logró estudiar ingeniería en París, el centro del conocimiento de su tiempo, para terminar convirtiéndose en un cotizado ingeniero naval. Fue por entonces, cuando el siglo XIX estaba a punto de finalizar, cuando el joven ingeniero sintió fascinación por los submarinos, pasando a colaborar con el ingeniero naval francés Máxime Laubeuf que estaba construyendo el sumergible Narval. La cuestión del arma submarina flotaba en el ambiente, pues en muchas naciones se percibía como la única forma de combatir al poderío naval británico. De aquella pasión por parte de Equevilley nació en 1901 un libro divulgativo sobre el tema y un proyecto de nuevo submarino que presentó en Francia y que fue rechazado. En su libro, Raimundo describe con detalle los submarinos de su tiempo y elogia la figura de Isaac Peral, lamentando la pérdida que supuso para España no haber cultivado de forma adecuada aquel proyecto submarino.

submarino-equevilley

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Fue entonces cuando le llegó la oportunidad laboral de su vida, estableciéndose en Kiel, capital naval del Imperio Alemán. Al principio tampoco logró que sus ideas sobre naves submarinas tuvieran mucho eco, allá lo que predominaba era la construcción de buques de guerra convencionales pensando en rivalizar con los británicos en su propio terreno, hasta que el magnate de la industria del acero Friedrich Krupp se cruzó en su camino. El empresario había comprado en 1882 el astillero Germania de Kiel, y estaba decidido a financiar él mismo el desarrollo de nuevos submarinos, incluso a pesar de que no había logrado despertar el interés de su gobierno.

Nuestro ingeniero consigue así un empleo en el proyecto secreto de Krupp para diseñar un nuevo tipo de submarino avanzado. La primera nave experimental nacida de aquel encargo, que vio la luz en 1903, contaba con 13 metros de eslora y propulsión eléctrica, así como con lanzatorpedos experimentales y un desempeño realmente limitado pero que fue mejorando con el paso del tiempo y las diversas pruebas a las que fue sometido. Fue llamado como Forelle (trucha en alemán) y levantó tanto interés que incluso fue visitado en el astillero por el Emperador Guillermo II, y eso a pesar de que hasta entonces no parecía haber ningún tipo de interés oficial en ese tipo de buques. El Forelle cambió aquella opinión, aunque costó tiempo, y el Imperio Alemán se percató de que con naves mejoradas de aquel tipo sí podrían hacer frente al poderío británico. El cambio de parecer fue impulsado por el encargo comercial que llegó en 1904 de Rusia, que deseaba hacerse con submarinos modernos, bajo la supervisión del ingeniero español, para su lucha contra Japón. El encargo fue tan importante que Krupp decidió enviar en el mismo encargo al submarino Forelle a los rusos, que lo incorporaron a la que es considerada como la primera flotilla de submarinos operativa de la historia, con naves de diversas procedencias.

El nuevo diseño creado por De Equevilley para los rusos, unas naves conocidas como tipo “E” por los alemanes (clase Karp), era lo más avanzado visto hasta entonces en materia de submarinos, con casi 40 metros de eslora, doble casco con disposición avanzada y motores de queroseno para navegación en superficie (más adelante emplearon novísimos motores diésel) y eléctricos para navegación submarina, toda una maravilla de su tiempo. El éxito del encargo ruso hizo que las reticencias oficiales alemanas se diluyeran y se plantearan a su vez crear una flota propia de submarinos. Fue así como el ingeniero español recibió el encargo de diseñar el primer Unterseeboot, el U1, con más de 42 metros de eslora. Aquella nave supuso el primer paso en la creación de la flota de submarinos alemana y, aunque pronto fue superada por modelos mejorados, es considerada la precursora de todos ellos.

Curiosamente, al ser español y su familia de origen francés, nuestro ingeniero siempre tuvo problemas de confianza con sus superiores, sobre todo con los militares, por lo que algunos años antes del comienzo de la Gran Guerra, en 1907, se ve obligado a abandonar su trabajo en Kiel. Incluso tras haber trabajado en diseño de los modelos U3 y U4, decidieron prescindir de él por ser extranjero. Había puesto la semilla de los submarinos modernos, pero algo tan impresionante no mereció apenas reconocimiento. Los siguientes meses De Equevilley patentó nuevos sistemas de propulsión submarina y de navegación (esas patentes se pueden consultar en el Archivo Histórico de Patentes de Madrid).

Un avión de extrañas formas

A pesar del gran logro de ser el diseñador de los primeros submarinos modernos alemanes, el español De Equevilley apenas es recordado por ello. Sin embargo, si se busca su nombre en enciclopedias de historia de la técnica, aparecerá siempre, mencionado como francés en la mayor parte de las ocasiones, asociado a un proyecto que llevó a cabo hacia 1910 sobre una máquina volante. Las imágenes de ese “avión” son hoy una de las escasas muestras visuales que nos han llegado de su trabajo en este otro campo naciente de la tecnología que también le llamó la atención: las naves volantes.

El avión de don Raimundo, construido en Francia, era un multiplano de extraño aspecto con formas elípticas que llama la atención al verlo (también desarrolló un modelo completamente circular). Dotado de un pequeño motor de gasolina y de materiales avanzados para su tiempo, como el uso de estructura de tubos de acero, nunca levantó el vuelo. Es curioso que el ingeniero naval de submarinos más celebrado de su tiempo sea recordado hoy día casi exclusivamente por esa imagen de un avión extravagante y nada práctico.

Y, es triste, sobre todo porque la pista de este ingeniero se pierde en la Primera Guerra Mundial. Cuando Raimundo abandona Alemania, es considerado allí poco menos que alguien indeseable (no se podría gritar a los cuatro vientos que el padre de su flota submarina era extranjero). En Francia, a pesar de que solicita la ciudadanía francesa y decide entrar en el ejército de ese país, es repudiado por el trabajo llevado a cabo en Alemania años antes. Los británicos lo consideraban casi un criminal por haber creado los submarinos que estaban destruyendo su flota y, en España, nadie le hacía caso, a pesar de que sus patentes más novedosas las registró en Madrid con la esperanza de que la Armada las tomara en cuenta. Al final, desaparece de la Historia sin hacer ruido y se desconoce qué pudo ser de este genio olvidado (algunas fuentes afirman que falleció en septiembre de 1925).

Las patentes de don Raimundo

 Un repaso a las patentes españolas otorgadas a don Raimundo Lorenzo de Equevilley Montjustín nos descubre a un osado ingeniero especializado en el diseño de submarinos de vanguardia para su tiempo. De las catorce patentes de De Equevilley conservadas en el Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas, concedidas entre 1907 y 1909, todas corresponden a tecnología aplicable a naves submarinas (en otros países, como Estados Unidos o Gran Bretaña también patentó, además de aplicaciones de navegación submarina, sus propuestas sobre aviones multiplano).

Las descripciones de esas patentes nos muestran el vivo interés de don Raimundo por mejorar el diseño de todos los componentes de un submarino. Así, podemos encontrar diseños desde ingenios para nuevos tipos de motores, como por ejemplo su “procedimiento de funcionamiento de las máquinas de vapor, cuyo vapor motriz está producido en una caldera de sosa, y máquinas de vapor para realizar este procedimiento (patente 44913)”, hasta patentes de sistema de lastre: “barco submarino de compartimentos en los cuales se puede hacer entrar agua y de los cuales se la puede expulsar (patente 43088)”, e incluso sistemas de control de navegación: “un sistema para gobernar los buques submarinos en el estado de inmersión (41238)” y de utillaje: “un pozo de entrada para barcos submarinos provisto de chupetas de cierre en sus extremidades superior e inferior (patente 42972).”

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“Lost Worlds”, un mapa de fantasía https://alpoma.net/tecob/?p=13405 Wed, 30 May 2018 14:39:01 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=13405 Leer más]]> Hoy toca una nota muy breve sobre un proyecto personal. Tengo nueva campaña en Kickstarter, en esta ocasión con un mapa en el que he reunido todo tipo de elementos mitológicos y fantásticos, desde continentes perdidos e islas fantasma, hasta animales criptozoológicos. He publicado una nota más amplia sobre ello en La Cartoteca, así que remito a ella a quien tenga interés en este tipo de temas. En viernes, si todo va bien, publicaré un nuevo artículo en TecOb retomando la línea habitual. 😉

Por cierto, para quien quiera entrar en la campaña

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El día que se simuló un bombardeo atómico sobre Badajoz https://alpoma.net/tecob/?p=13372 Sat, 26 May 2018 16:10:16 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=13372 Leer más]]> El pasado 12 de febrero de 2018 publiqué en este mismo blog un artículo sobre el proyecto japonés de la Segunda Guerra Mundial que pretendía bombardear los Estados Unidos con cientos de globos cargados con explosivos incendiarios. Aquellos globos, que cruzaban el Océano Pacífico aprovechando las recién descubiertas “corrientes en chorro” (jet stream) atmosféricas, causaron generalmente pocos daños en territorio norteamericano (remito a ese artículo para más información).

Bien, vamos con una segunda parte de aquel asunto que tiene que ver con España, por muy raro que pueda parecer. El caso es que, como no podía ser de otro modo, mencioné entonces que los Estados Unidos tomaron en serio el bombardeo de los globos japoneses, decidiendo investigar tras la guerra si ellos mismos podrían utilizar esa idea pero mirando hacia Rusia (durante la guerra los aliados ya habían estudiado el tema intentando bombardear Alemania con globos incendiarios en el marco del la Operación Outward, mucho más modesta y tosca que su equivalente japonesa). Revisando algunos viejos papeles encontré con cierta referencia a un globo y la provincia española de Badajoz, y no pude resistir la tentación de tirar del hilo. Lo que sigue es un repaso sobre algunos detalles que he recopilado al respecto, aunque ya adelanto que la investigación sigue en marcha.

Globo Moby Dick
Gran globo de polietileno del Proyecto Moby Dick de los Estados Unidos, siendo inflado el 3 de junio de 1952. Fuente: Holloman Air Force Base, por Joseph T. Page II.

Camille Rougeon (1893-1980) fue un ingeniero naval francés que es recordado sobre todo por sus trabajos de divulgación sobre ciencia y tecnología de mediados del siglo XX. Su experiencia en la construcción de buques de guerra, así como en aeronáutica y tecnología nuclear, le convierten en un testigo excepcional de los primeros años de la Era Atómica. Tengo desde hace años en mi biblioteca un libro suyo que es fascinante y del que he comentado algunos datos aquí, en TecOb, pero por sorpresa descubrí un dato que se me había pasado por alto anteriormente, precisamente cuando estaba redactando la nota sobre los globos japoneses. He aquí un extracto de lo que me llamó la atención en ese libro, que lleva por título Aplicaciones industriales y militares de la explosión termonuclear, publicado en versión en castellano en 1956:

El globo libre es otro medio de transporte para bombas atómicas y soluciona igualmente el problema propuesto por Edward Teller (…). En la primavera de 1954 un globo meteorológico fue lanzado en Vernalis (California); después de cincuenta y dos horas de trayecto a la altura predeterminada de 11.300 metros, aterrizó en Badajoz (Extremadura), habiendo recorrido 10.000 kilómetros. “El contacto con el globo —declaró el general de brigada Floyd B. Wood ante la American Meteorological Society— no fue perdido en ningún momento. Pudimos determinar su vuelo en todo instante, y con una precisión razonable elegir su punto de llegada”. Con respecto a tal posibilidad, la publicación Aviation Week, del 24 de mayo de 1954, recordaba los intentos japoneses durante la Segunda Guerra Mundialpara, por medio de globos incendiarios, cruzar el Pacífico y tratar de destruir las cosechas y los buques americanos.

Supongamos —agregaba el articulista— que un globo estratosférico de grandes dimensiones navegue a 20.000 o 30.000 metros y fuera cargado con una bomba atómica, ¿qué es lo que podría hacer?; su explosión podría ser mandada con el mismo grado de “precisión razonable” que la que el general Wood atribuía a su globo meteorológico, sin que, por otra parte, los radares del país amenazado estuvieran en condiciones de detectar tal modelo de ingenio intercontinental. La zona de destrucción, bastante limitada, de una bomba atómica se acomoda bastante mal con la modesta precisión de un globo. La explosión a muy gran altura de una bomba termonuclear se adapta mucho mejor a tal medio de transporte, y particularmente el modelo de 1955, de 60 MT., anunciado por M. Val Peterson, cuyos efectos incendiarios se extenderían a lo largo de zonas de unos 300 a 600 kilómetros de diámetro, según se lancen tales proyectiles aisladamente o en grupo. Pero el verdadero triunfo del globo sería el cargarle con una bomba atómica de unos kilos de peso, transposición aérea de los proyectiles de 90 mm. o de menor calibre, con los cuales quieren dotar a la artillería de campaña.

Hasta aquí, el extracto del estudio de Camille Rougeon sobre el uso de globos para realizar bombardeos atómicos (la cosa sigue a lo largo de varias páginas, pero no tiene caso detallar más). Antes de nada, y para quien extrañe la mención sobre bombas atómicas como proyectiles de artillería, recomiendo leer otro de mis viejos artículos al respecto (de junio de 2010): Davy Crockett, dispositivo nuclear portátil.

Lo escrito por el ingeniero francés era intgrigante, a saber: Los Estados Unidos experimentaron con globos meteorológicos de gran altitud (cosa muy conocida) y, en algunas de sus experiencias, simularon bombardeos atómicos empleando esos globos (cosa no tan conocida). El vuelo del globo “lanzado” hacia España para simular el bombardeo, era de por sí lo suficientemente atractivo como para ir un poco más allá. El primer paso lógico era localizar la fuente original mencionada por Rougeron. Un vez revisado el número del 24 de mayo de 1954 de la revista Aviation Week podemos comprobar, como se ve en la siguiente imagen, que las afirmaciones se ajustaban a lo allí publicado.

Globo atómico

Buscando fuentes similares, llego a Revista de Aeronáutica, publicación del Ministerio de Defensa de España, en su número 188 de 1956. La siguiente imagen es un extracto de un artículo sobre “globos libres como ingenios de bombardeo intercontinental” procedente de esa publicación y, como se puede ver, contiene todos los ingredientes de la historia que nos ocupa.

Globo atómico 2

Los elementos básicos de aquella aventura están claros, pero con recortes de prensa poco más lejos se puede llegar. Si acaso, ¿habrá algún rastro de la llegada del globo a Badajoz? Es aquí donde la cosa se oscurece, porque revisando la prensa de 1954 no aparece ni rastro de tal ingenio sobre Badajoz (habrá que seguir indagando). Se pueden leer notas sobre un objeto inusual que descendió en Badajoz, en Granja de Torrehermosa, para ser exactos, posiblemente también un globo meteorológico, pero se trata de noticias posteriores al mes de mayo.

Globo proyecto Moby Dick
Globo del Proyecto Moby Dick. Fuente: Holloman Air Force Base, por Joseph T. Page II.

Para tener datos más fiables, pensé, lo mejor será revisar los listados de vuelos de globos de investigación de esa época en los Estados Unidos que, por fortuna, se encuentran desclasificados. Lo malo es que, después de revisar esos listados (incluyendo no sólo 1954 sino todas las series históricas y bases de partida, pues hay algunas notas de prensa que se refieren al año 1952), no aparece constancia de ese vuelo en concreto desde la Vernalis Naval Auxiliary Air Station, aunque varios podrían coincidir aproximadamente pero no aparecen los detalles completos (véase aquí la cronología completa).

Nota de prensa sobre el caso, publicada en Popular Science, julio de 1954.

Desde los años cuarenta los Estados Unidos venían desarrollando diversos programas de investigación científica, técnica y militar con globos de grandes proporciones, sobre todo a través de programas como el Project Genetrix (conocido también como WS-119L), Project Mogul o el Project Moby Dick. A lo largo de más de más de una década y media, en el marco de esos y otros proyectos similares, se lanzaron cientos de gigantescos globos estratosféricos con diversas cargas útiles y, ciertamente, algunos de ellos cruzaron de forma “controlada” el Atlantico para simular un bombardeo atómico de la Unión Soviética, pero no he dado con los datos concretos del vuelo al que se refería el general Floyd B. Wood… de momento. 😉

Nota publicada en Popular Mechanics, junio de 1955.
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Blas de Lezo, el cómic… https://alpoma.net/tecob/?p=13352 Wed, 23 May 2018 09:02:44 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=13352 Leer más]]> Hace unos días me escribió Ramón Vega para comentarme que había iniciado, junto con varios compañeros, un proyecto de crowdfunding para dar vida a un cómic espectacular sobre Blas de Lezo y la épica Batalla de Cartagena de Indias que tuvo lugar en 1741. El proyecto no sólo contempla el propio cómic sino también mucho material adicional como mapas o datos de la tecnología de la época y, claro… ¡me resultó irresistible! Por eso me he decidido a comentarlo aquí, para que quien esté interesado, como yo, en estos temas entre la historia y la cartografía, no dude en asomarse a la web del proyecto y, si así lo estima, colabore en llevarlo a cabo. [Ver web del proyecto]

En 1741 España se encontraba en guerra contra Inglaterra, una contienda auspiciada por el control de las aguas del nuevo continente. La llamada Guerra del Asiento llegó a su punto álgido cuando el pueblo inglés se alzó en busca de venganza y materializó su ira en una temible flota bajo el mando del almirante Edward Vernon. Tras tomar con facilidad Portobelo, se lanzaron con 186 navíos y 30.000 hombres sobre la bahía de Cartagena de Indias. Allí les esperaba otro almirante de agallas probadas: Blas de Lezo, que a pesar de carecer de un ojo, una pierna y la movilidad de un brazo… decidió plantarles cara junto a una exigua fuerza de 6 barcos y 3.000 hombres…

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