Tecnología Obsoleta https://alpoma.net/tecob Ciencia, tecnología y cultura Sat, 15 Dec 2018 10:47:51 +0000 es-ES hourly 1 https://i1.wp.com/alpoma.net/tecob/wp-content/uploads/2018/04/cropped-alpoma_avatar.jpg?fit=32%2C32&ssl=1 Tecnología Obsoleta https://alpoma.net/tecob 32 32 133852669 Lo mejor de #TecOb en 2018 https://alpoma.net/tecob/?p=14063 Sat, 15 Dec 2018 10:47:51 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=14063 Leer más]]>
Gijón 2018
Sin duda, mi mejor foto de este año 2018.
El año se acaba y estoy con el típico cierre de proyectos y balances por lo que tengo la sensación de que no voy a poder publicar nuevos artículos hasta enero. Por eso, aprovecho hoy para hacer el habitual resumen anual a lo que, en mi opinión, han sido los artículos más curiosos o interesantes que he publicado a lo largo de 2018. Vamos allá…

]]>
14063
Cohete “fotográfico” de 1911 https://alpoma.net/tecob/?p=14051 Wed, 05 Dec 2018 14:39:54 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=14051 Leer más]]> Me apetecía hoy añadir una pequeña nota jocosa a TecOb. Tenía por ahí la historia de cierto automóvil a hélice que armó revuelo hace ya más de un siglo pero, por sorpresa, resultó que la historia tenía mucha más miga de lo que parecía. Y es que, en muchas ocasiones, lo que son simples anécdotas aparentemente intrascendentes, terminan por destapar apasionantes historias. Aparcado el tema de ese coche-avión (en realidad varios modelos), he pasado a revisar la siguiente nota divertida. En este caso, no parece haber mucho más donde rascar. Es más, ni siquiera tengo el dato seguro de la procedencia de la imagen. Aquí está, saludemos a estas gentes del año 1911…

¡Patataaaaaaaa!

La imagen, por la agencia de procedencia tal y como aparece en la mención de la época1, fue tomada en Alemania. Cuando hoy día se necesita hacer una toma fotográfica a cierta altura (al margen de imágenes aéreas), se suele recurrir a pértigas especiales o, como mucho, a un dron o incluso un pequeño globo. Pero hace ya más de un siglo que se tomó esta imagen (es de suponer que sería la única foto buena de una larga serie de fracasos, dada la técnica empleada), realizada lanzando una cámara al aire impulsada por un cohete de feria. Veamos la tecnología empleada…

Cuidado, ¡que prendo la mecha!

Pues sí, cámara en lo alto, soporte, cohete, mecha, cerilla y… ¡pum! Tal como se mencionaba entonces:

El último éxito en materia fotográfica lo constituye el “Cohete fotográfico”. El aparato consta de un soporte ligero, sobre el cual se coloca el cohete y encima de éste la cámara, que al producirse la explosión sale lanzada a 50 o 60 metros de altura, donde automáticamente se impresiona la cámara fotográfica.

¿Dónde narices ha ido a parar la cámara?

En fin, no queda claro si realmente era una broma y la imagen inicial se tomó con pértiga (yo apuesto a que era broma). Además, no se menciona nada acerca de un posible paracaídas para evitar que la cámara se estampara contra el suelo, pero teniendo en cuenta que por entonces esos artilugios eran poco fiables, lo más seguro es que tendríamos una cámara rota en mil pedazos. El caso es que, puestos a experimentar con cohetes, todo valía… 😉

____________
1 Véase La ilustración española y americana, edición del 22 de febrero de 1911.

]]>
14051
Jesús Fernández Duro y el asalto a los Pirineos en globo https://alpoma.net/tecob/?p=14043 Sat, 01 Dec 2018 17:16:31 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=14043 Leer más]]> Versión para TecOb del artículo que publiqué en la revista Historia de Iberia Vieja, edición de noviembre de 2018.


Una muralla desafiante

Jesús Fernández Duro en 1906
No tiene misterio volar de Madrid a París hoy día, en avión de línea regular, disfrutando de los paisajes que discurren allá abajo, a miles de metros bajo las alas, sobre todo cuando son montañosos como los imponentes Pirineos. Muy diferente se veía la cuestión hace poco más de un siglo, cuando superar esa barrera pétrea volando en globo se antojaba como algo suicida.

Los aeroplanos estaban naciendo y poco se podía hacer con ellos. Nos hallamos a principios del siglo XX y la aerostación iba superando retos rápidamente. Saltar sobre los Pirineos se contemplaba como uno de los más complicados retos que, en ese sentido, se podían plantear desde España. Y no es para menos, porque esta cordillera que se extiende a lo largo de más de 430 kilómetros desde el Mediterráneo hasta la corrillera Cantábrica y que separa Francia de la Península Ibérica cuenta con imponentes cumbres de más de 3.000 metros de altitud, como el Aneto (3.404 metros) o el Monte Perdido (3.355 metros). ¿Se podría superar tal muralla en globo?

Viajemos al año 1907, cuando dos aeronautas aventureros, los señores Salamanca y Romero, están a punto de iniciar una travesía muy peligrosa en secreto. No lo habían hecho público, pero su intención era la de saltar sobre los Pirineos desde España y aterrizar en territorio francés. Iban a partir desde el Parque aerostático de Madrid a bordo de un globo con el muy adecuado nombre de Norte.

Lunes 5 de agosto de ese año, estamos ante dos tipos resueltos a superar un reto muy peligroso, se arman de valor y de 28 sacos de lastre y salen volando en su globo. El viento es flojo, no parece que vayan a llegar muy lejos, cruzan sobre Vicálvaro, Loeches, Alcalá de Henares y Pezuela de las Torres. La cosa no pinta bien, llega una gran calma y apenas logran alejarse de Pastrana, en Guadalajara. Es hora de tirar dos sacos de lastre, con lo que el Norteconsigue elevarse a 1.200 metros de altitud. Allá arriba encuentran una corriente de aire que los lleva con cierta rapidez hasta la aragonesa Calatayud. Poco a poco el calor del sol dilata el gas del globo, con lo que van ganando en altura. Superan la provincia de Zaragoza y llegan a la de Lleida, luego giran hacia Huesca y, ahí está, ya tienen frente a ellos la oscura sombra de los Pirineos:

Sin decirnos nada (…) nos miramos uno a otro, y tras una mirada de inteligencia nos pusimos a contar los sacos de lastre que nos quedaban. Eran 13. Número escaso y un tanto de mal agüero, pero… Pirineos es una palabra mágica para cualquier aeronauta; reflexionamos que hay ocasiones que no se vuelven a presentar en la vida y… a los pocos minutos nos habíamos elevado a 2.000 metros sobre la Sierra de Guara, primera estribación del Pirineo, con sus imponentes desfiladeros. (…) Entramos francamente en el Pirineo a las siete y media de la mañana. Rozando el Cotielle a 2.900 metros nos dimos cuenta exacta de la empresa acometida. Por encima de Benasque (…) se nos interpuso ante el sol una nube densa y de gran tamaño. Estando a 3.800 metros sobre el nivel del mar empezamos a descender velozmente. El momento fue crítico. Soltamos dos sacos de lastre, sin poder contener la caída, y cuando nuestra emoción aumentaba en intensidad, logramos ver los rayos del sol…

 De esta forma narraban los protagonistas de aquella aventura en Mundo Científico, número 568 de 1907, cómo la salida del sol les había salvado de un incierto final entre las imponentes montañas pirenaicas. Al poco habían logrado alcanzar una altitud segura, remontando el pico Maladeta con el que habían estado a punto de estrellarse. Ya en territorio francés, ante el riesgo de cambio de las corrientes en la atmósfera, deciden descender con rapidez, abriendo la válvula del globo, tirando el resto del lastre, el ancla, las cuerdas y hasta la funda del aerostato. Fueron a caer sobre un arbolado de la localidad de Urau, en el Alto Garona. Eran las diez y cuarto de la mañana del día 6 cuando tocaron tierra francesa, tras haber permanecido en vuelo más de quince horas. Sin duda, fue una aventura asombrosa, pero no pudieron llevarse el mérito de ser los primeros en lograrlo, aunque quedar segundos en tan sobresaliente epopeya no es algo que se pueda desdeñar. No, el primero que logró tal gesta fue un tipo singular, genial y digno de protagonizar una película. Se trató del gran Jesús Fernández Duro.

Duro, un genio malogrado

Jesús Fernández Duro, nacido en la Felguera (Asturias) en 1878, era nieto de Pedro Duro Benito, fundador de la primera gran empresa siderúrgica española. Entre otros honores, fue condecorado con la Cruz de Caballero de la Legión de Honor Francesa, contaba con la Medalla del Automobile Club de France, la Medalla del Aeroclub de Berlín y la del Aeroclub de Francia. Y, eso sólo es el principio: fue la primera persona en volar sobre Asturias, había participado en pruebas automovilísticas, había sido cofundador de la FIA, la Federación Aeronáutica Internacional y, también, había fundado tras muchos esfuerzos el RACE (Real Aero Club de España). Y, por si fuera poco, se convirtió en 1906 en ser la primera persona en volar sobre los Pirineos, ganando la legendaria Copa de los Pirineos.

El paso Pirineos por Fernández Duro. Revista “Nuevo Mundo”, 15 de febrero de 1906.

Si he querido añadir todos estos méritos de una vida intensa y asombrosa ha sido porque, justo el año antes en que Salamanca y Romero volaran sobre los Pirineos, el genial Duro ya lo había logrado en solitario, pero la suerte le abandonó ahí. Tras lograr esa gesta, contrajo fiebres tifoideas y falleció en la francesa localidad de San Juan de Luz, justo mientras estaba armando el que iba a ser el primer aeroplano construido en Europa que, por desgracia, no pudo probar. Siempre me he preguntado dónde hubiera podido llegar un tipo tan resuelto y genial como Jesús Fernández Duro que, ¡falleció a los 28 años de edad!

Fernández Duro ya contaba con mucha experiencia en vuelos aerostáticos cuando decide enfrentarse al reto de la Copa de los Pirineos. Es el año 1906, pocos meses antes de su muerte, cuando vuela en solitario desde Pau a Guadix, en Granada, sorteando la muralla montañosa. La Copa había sido creada para premiar a la expedición aerostática que lograra sobrepasar los Pirineos y recorrer la Península Ibérica. Tal como se menciona en El Siglo futuro, edición de 27 de enero de 1906:

Conforme con el reglamento de la Federación Aeronáutica Internacional, la sección aerostática del Automóvil-Club de Burdeos ha instituido una prueba llamada Copa Aerostática de los Pirineos, reservada a los pilotos del Aero Club de Francia y a los socios de los Clubs afilados a la Federación. Consiste en un objeto de arte, valorado en 5.000 francos, ofrecido por M. Deutch de la Meurthe.

La Copa la ganaría quien, saliendo de Francia, descendiera sobre territorio español o portugués, volando sobre los Pirineos, en vuelo sin escalas. En caso de que varias expediciones lograran el reto, se daría como ganadora a la que hubiera logrado más distancia total. Duro ya había volado en otras competiciones, pero no se podían comparar al reto de enfrentarse a los Pirineos, cosa que nadie había osado hacer antes. Tres franceses y el español Fernández Duro intentaron hacerse con la Copa.

Era la tarde del 22 de enero de 1906 cuando Duro partió a bordo de su globoCierzodesde las cercanías de la fábrica de gas de Pau. Pronto llega la noche y la gran barrera de los Pirineos se halla frente a él, pero con pericia logra volar a 3.500 metros de altitud, mientras la oscuridad y las temperaturas bajo cero se convierten en un grave problema. En esta ocasión la falta de viento no era escollo, sino que era demasiado impetuoso. Un viento del norte que no sólo impulsaba al aerostato, sino que lo hacía descender peligrosamente. Soltando lastre y vigilando la altitud con cuidado, llegan las luces del amanecer que le muestran que ya ha recorrido un largo trecho de la Península Ibérica. Llega temprano a Guadix, tras 14 horas de vuelo. El propio Duro narraba lo que sigue en la mencionada edición de El Siglo futuro. A pesar de haber pasado más de un siglo de aquella aventura, su forma de narrarlo sigue siendo vibrante y transmite una emoción incontenible sobre su vuelo de 855 kilómetros:

Todo lo tenía dispuesto. El 22 a las nueve de la mañana, había dado órdenes para que empezara la inflación del “Cierzo”. El ayudante que llevaba quedose dormido aquella mañana y cuando fui al lugar donde había de verificar la ascensión, me encontré con la desagradable sorpresa de que nada había preparado. Di nuevas órdenes, y se comenzó a llenar el globo de gas. A las tres y media de la tarde estaba a falta de colocar la barquilla y subir en ella; pero como no era muy fuerte el viento que abajo había, decidí suspender la ascensión. En esto me fijo en que la corriente superior era algo fuerte y sin pensarlo más entro en la barquilla y me lanzo a los aires. Eran las cuatro en punto. El tiempo estaba algo brumoso y el viento no era muy grande, y así anduve un gran rato. Me metí entre nubes y cuando creí que la dirección del viento no me era del todo favorable y que pudiera correr el riesgo de ir hacia el Cantábrico, tiré de válvula, dispuesto a bajar y dejar para otra ocasión el viaje. ¡Qué sensación tan inmensa experimenté! Al llegar a ver tierra, ya era algo tarde, las cinco, me encontré en el Centro del Pirineo. Nieve por todas partes, los altos picos de la cordillera coronados de inmensa blancura; los profundos valles, las escarpadas laderas. (…) Y un viento formidable que llevaba al globo a pasmosa velocidad. De pronto, siento un estremecimiento en la barquilla (…) me había quedado enganchado a algún obstáculo. (…) Otra fuerte sacudida me deja libre el globo y aprovechando el momento para arrojar lastre, me remonto nuevamente para evitar otro tropiezo. (…) El frío que había experimentado era intensísimo, la temperatura no subiría de los 14 grados bajo cero. Anduve otro momento sobre las nubes, y al descender una de las veces ya veo una planicie muy grande y lucecillas diseminadas sobre ella. No había duda, estaba a la otra parte del Pirineo. Ya estaba satisfecho. (…) Franqueé el Moncayo y pasé por Soria. Al llegar a Somosierra, el viento me empuja hacia el sur. (…) Divisé una gran ciudad iluminada, era Madrid. Sería la una y media de la noche. Al pasar por Aranjuez decidí marchar a la cuerda-freno, pues dada la velocidad que llevaba, en pocas horas podía verme en el mar y de noche todavía, que es peor. (…) Elevéme de nuevo y así pasé Sierra Morena y la Sierra de Cazorla. (…) Decidí bajar, y así lo hago, encontrándome en las cercanías de Guadix, ya en las estribaciones de Sierra Nevada. (…) Eran las seis y media de la mañana. (…) En Guadix tuvieron conmigo toda clase de atenciones y tanto el alcalde como los vecinos me prestaron todo género de auxilios. Para dar una idea del frío tan grande que hacía al pasar el Pirineo, basta decir que, al intentar arrojar lastre, me encontré con que la arena estaba helada y formando una dura peña, teniendo que romperla con la navaja. El agua mineral que llevaba no la pude beber por estar congelada.

 Como dato curioso que el propio Duro refirió sobre su vuelo, al no haber podido encontrar lámparas eléctricas en Pau para iluminarse en la noche y poder así observar adecuadamente los instrumentos de vuelo, decidió darse luz con “la lumbre de un cigarro”. Eso me recuerda que en 1905 Fernández Duro había logrado la patente española número 35.457 para un artilugio realmente singular: Un aparato para fumar que garantiza contra todo riesgo de incendio en minas, buques, globos, polvorines, depósitos de materias inflamables y en general en todos aquellos sitios en donde no se puede fumar por temor a un accidente producido por la llama de una cerilla o el calor desarrollado por un cigarro o cigarrillo que denomino “Boquilla Duro”.

Enlaces de interés:

]]>
14043
Un viernes negro añejo (ordenadores de los 80) https://alpoma.net/tecob/?p=14002 Thu, 22 Nov 2018 16:59:09 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=14002 Leer más]]> Hay muchas versiones que tratan de explicar la historia del “Viernes negro“, el día de las compras masivas de rebajas o “Black Friday” en inglés (muchas de ellas son ficticias, sobre todo una que aludía al mercado de esclavos). Con esta jornada, la siguiente al Día de Acción de Gracias, comienza en los Estados Unidos (y en prácticamente medio mundo) la campaña de Navidad. Pero, lo que comenzó a ser una tradición comercial norteamericana, se ha convertido en España en un día, una semana, un mes… de rebajas. Llegan correos electrónicos con ofertas por doquier y catálogos con rebajas de todo tipo se acumulan en el buzón. Y, que conste, una de las cosas que más me gustan son los catálogos comerciales (fuente inagotable de ideas gráficas y de contenidos), pero que todo el mundo se apunte a la misma corriente, puede llegar a aburrir al mayor fanático de las compras.

El bombardeo publicitario de estos días me ha recordado aquellos añorados tiempos en los que buscaba todo tipo de cacharros rebajados en catálogos impresos, de aquellos que cuando los tocabas te dejaban las manos manchadas de tinta. O bien, en muchas otras ocasiones, esperabas con ilusión la revista de informática que comprabas cada mes, para ver qué ofertas podías encontrar. Aquella odisea para encontrar los mejores ordenadores de sobremesa a precios accesibles (lo de tener un portátil era un sueño todavía), o los aparatos de audio, los juegos electrónicos y chismes de todo tipo en rebajas, podía ser toda una aventura. Recuerdo con añoranza aquél mes de diciembre de 1991 en el que compré mi primer ordenador (antes había accedido a otros prestados, pero tener uno en propiedad era “lo más de lo más”). Era un impresionante Packard Bell con microprocesador 386SX a 25MHZ… ¡con 40 MB de capacidad de disco duro, Windows 3.1 y MS-DOS 5! La leche, vamos, porque aunque no era ni de lejos lo más potente de la época, a mí me parecía estar entrando en otro mundo. Así que, dejando de marear las palabras, a modo de pequeño homenaje de aquellos tiempos, cuando Internet no le sonaba a nadie y como mucho te conectabas a una BBS con un ruidoso módem (me encantaba aquello), he aquí una pequeña selección personal de anuncios de los años 80 que nos predicaban un feliz mundo futuro a golpe de ordenador…

A principios de los años 80 en las revistas “serias” se podían encontrar anuncios de ordenadores para empresa que hoy nos pueden sorprender. En este caso, un Secoinsa Serie 40 de 1981 (el recorte procede e un ejemplar de “Investigación y Ciencia” de la época).
De la misma época y publicación procede este recorte de publicidad de Apple con destino al mercado profesional (en este caso lo que más me “mola” son los periféricos que aparecen en la imagen).
También en 1981 Canon nos “presentaba el futuro” con esta calculadora. Una de mis debilidades: los punteados fosforescentes de los displays de algunas calculadoras de la época (me gustan casi tanto como los tubos Nixie, ahí es nada).
Modelos para empresa de la casa DIODE, del 81. Lo mejor, sin duda, es leer las especificaciones de la imagen.
A comienzos de los ochenta numerosas empresas tradicionales de electrónica de consumo se lanzaron a conquistar el mercado de los ordenadores personales o para medianas y pequeñas empresas, un terreno donde IBM era el rey. He aquí Philips, con un lema publicitario ya gastado incluso entonces. La palabra “futuro” da para mucho.
He aquí la apuesta de Xerox para el año 82…
…y la publicidad “comparativa” de Olivetti para ese mismo año.
Otra de las eternas promesas del sector: “…por mucho que cambien las cosas, seguirá actualizado”. Ay, de ilusión también se vive. Curioso ejemplar de TeleVideo del año 82.
Los juegos de ajedrez de la época eran una auténtica delicia. Este ejemplo de SciSys, del 85, costaba la friolera de 54.500 pesetas y se anunciaba de esta manera en la revista “Atari Explorer”.
Ordenador “doméstico” de Sony para el año 1985. El original estaba bastante dañado, pero merecía la pena la imagen por el despliegue de periféricos. 😉
AMSTRAD, todo un clásico de la segunda mitad de los ochenta. Soñaba con tener uno de estos cuando estaba a finales de la EGB… pero nunca llegó el día. (Pincha en la imagen para ampliar).
El Telemach, con patente española creo recordar, era un accesorio para convertir el ordenador y sus periféricos en un centro multimedia. Todo un sueño de futuro a finales de los ochenta. Nunca llegué a ver uno en el mundo real, pero la publicidad era muy llamativa.
Investronica, un nombre que me trae muchos recuerdos.
Uno de los emperadores de la época, el Spectrum (pincha en la imagen para ampliar).

El repaso podría ser eterno, porque aparecieron multitud de máquinas, sobre todo en la segunda mitad de los años ochenta, pero como pequeño repaso personal creo que es suficiente, porque el ataque de nostalgia puede ser peligroso si aumento la dosis. Eso sí, antes de terminar, os dejo con mi favorito por los recuerdos que me trae. Con ustedes, el Commodore AMIGA 500 de 1987.

Commodore Amiga 500 de 1987 (Imagen del manual de inicio original).

_____________
Nota: Hablando de viernes negro, aprovecho para comentar que este artículo contiene un enlace patrocinado. 😉

]]>
14002
La Gran Guerra en 100 imágenes poco conocidas https://alpoma.net/tecob/?p=13773 Sun, 11 Nov 2018 18:43:00 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=13773 Leer más]]> Hace ahora un siglo que finalizó la Primera Guerra Mundial o, como decían entonces la “Guerra Europea” o “Gran Guerra“. Muchos medios están publicando estos días galerías con imágenes del conflicto, pero a mí me apetecía ofrecer algo diferente. Desde el comienzo de la guerra en 1914, hasta meses después de su finalización en 1918, se publicó en la neutral España una curiosa revista de periodicidad caótica llamada “La guerra ilustrada” (Biblioteca Nacional). A pesar de que se observa un claro sesgo hacia los aliados y la mayor parte del material gráfico con el que se alimentaba procedía de agencias británicas, siempre lo he considerado como una publicación gigantesca tanto por su tamaño como por su contenido. He filtrado los cientos de números de esa publicación para intentar reunir una colección de imágenes poco conocidas de la Gran Guerra.

Me gustaría que mis lectores las revisen con cuidado, que miren el rostro de las gentes, personas que vivieron hace cien años, en tiempos de nuestros abuelos, gente como nosotros que se vieron arrastradas al infierno por culpa de los más estúpidos sentimientos humanos. El veneno inoculado en la Europa posterior a la guerra Franco-Prusiana en 1871 terminó por estallar en un conflicto mundial que se convirtió en un chiste macabro. Millones de muertos por culpa de un plan de combate infantil (el Plan Schlieffen era una auténtica estupidez trasnochada), de una ambición colonial sin límites y de ese cáncer abominable que es el nacionalismo en todas sus variantes. Durante cuatro años de infierno entre trincheras, enfermedades e imbecilidad, con generales enviando a morir a miles de jóvenes cada día sin la más mínima esperanza de ganar ni un metro de terreno, se alimentaron las semillas de lo que, más tarde, fue la Segunda Guerra Mundial, una simple continuación a modo de venganza de la Gran Guerra. El Tratado de Versalles se redactó con simple afán de hundir al enemigo, sin el más mínimo sentido de la responsabilidad y, ya se sabe lo que sucedió apenas dos décadas más tarde. Hoy, todavía estamos sufriendo todo aquello. Echemos una mirada a aquellas gentes y a su vida en medio de la guerra a través de esta muy personal selección de 100 fotografías de la época (no indico fechas ni se incluyen personajes históricos, sólo aparecen gentes normales en situaciones cotidianas, o de combate, en un tiempo excepcional y terrible)…

Despedida de soldados italianos que marchan al frente.
Grupo de transmisiones telefónicas alemán.
Soldado inglés dormitando en un depósito de munición de los Dardanelos.
El horror en una trinchera alemana.
Soldados cretenses en la guarnición de Atenas.
Enfermeras camino del frente Belga.
Aprendices de conducción de tranvías en Glasgow.
Jóvenes auxiliares del ejército inglés (Inspección general de suministro de forrajes).
Algunas de las históricas estatuas de bronce localizadas en Innsbruck que, según la prensa de la época, iban a ser fundidas para la fabricación de armas.
Aeroplano “Albatros” capturado por los rusos.
Grupo de artilleros austriacos.
Grandes hornos italianos para cocer pan cerca del frente.
Soldados italianos recibiendo despachos telefónicos en los Alpes.
Juego de cartas en un hospital de campaña del frente oriental.
Terror tóxico en Verdún.
Soldados escoceses abriendo trincheras en Salónica.
Preparando un globo de observación francés.
Cocina móvil de campaña.
Persiguiendo ratas que infestan las trincheras.
Hundimiento del dirigible alemán Zeppelin L-15 en aguas del Canal de la Mancha.
Preparando un grupo de cometas para tareas de reconocimiento en el frente.
Tanque de ensayos para aprendizaje del uso de trajes de buzo del ejército inglés.
Remolcador inglés dotado con un globo explorador.
Restos de un dirigible alemán caído en Salónica.
Mina alemana, desarmada y reconvertida en boya de navegación en el río Tigris.
Cúpula blindada móvil alemana.
Buzón de correos en un campamento cerca del frente occidental.
Periscopio de trinchera. Asomar la cabeza no era buena idea.
Un mensaje mortal para la trinchera vecina.
No hay finales felices…
Un nuevo disco llega al frente para alimentar a un gramófono en un momento de tranquilidad.
El terror de los gases mortíferos llega incluso hasta las trincheras de Salónica.
Un instante en una trinchera perdida en algún lugar del norte de Francia.
Un momento de tranquilidad.
Los cráteres producidos por los obuses se convierten en efímeros lagos con las lluvias.
Llegada del correo al frente del norte francés.
Grupo de soldados británicos equipados con motos artilladas.
Bomba doble lanzada por un mortero alemán que no estalló al caer al terreno fangoso entre trincheras.
Un refugio en medio de los Vosgos.
Entre barro hacia el infierno.
Automóvil blindado estadounidense armado con ametralladoras.
Fábrica estadounidense de aeroplanos de guerra Curtiss.
Patrulla india en el norte de Francia.
Soldados austro-húngaros atacando con un nuevo modelo de lanzallamas.
Cohetes para iluminar el campo de batalla y para el envío de señales en una trinchera francesa.
Soldados canadienses limpiando una pieza de artillería de gran calibre.
Globo francés de observación.
Prisioneros austro-húngaros en los Alpes italianos.
En la barquilla de un dirigible de vigilancia británico.
Conductora de ambulancia en el frente belga.
Soldado de caballería alemán camino del frente.
Transporte de heridos en ambulancia automóvil.
Triciclo antiaéreo estadounidense.
A la guerra en bicicleta.
Defensa antiaérea improvisada preparada por voluntarios en Venecia.
Una mujer visita los restos de lo que había sido su hogar en un pueblo del norte de Francia.
Transportadores italianos de munición en las cumbres de los Alpes.
Laboratorio para producción de vacunas contra el tifus en un hospital de campaña francés.
Prisioneros alemanes y soldados canadienses compartiendo el té a escasos metros de la línea del frente.
Mujeres carboneras en una barcaza en el Támesis.
Soldados portugueses aprendiendo el uso de máscaras antigás.
Sección de artillería costera alemana equipada con máscaras antigás.
Interior de una fábrica de municiones británica.
Aparato de rayos X en un hospital de campaña francés.
Artillería silenciada.
Transporte de piezas de artillería en Bagdad.
Congresistas de los Estados Unidos invitados por los británicos a conocer un novísimo artilugio para la guerra llamado “tanque”.
Golosinas y bombones en medio del desastre.
Soldado equipado con un casco-escudo alemán.
Hotel de París convertido en espacio para el ocio de los soldados destinados al frente.
Esta imagen tomada en Lens, Francia, resume todo lo que fue la Primera Guerra Mundial.
Pasando el rato en un refugio de París durante un bombardeo.
Puesto de combate en el frente Serbio.
Suscripción publica para la compra de un aeroplano con destino al frente.
Escaparates de París, con los cristales reforzados con bandas de papel para prevenir roturas ante los estruendos de la artillería que llegaban del frente.
Mutilados de guerra aprendiendo el oficio de peluquero.
Ferrocarril de vía estrecha para transporte de municiones en el frente de Flandes, en medio de un paisaje desolado.
Protección ante las mortales nieblas de la guerra química.
Mujeres inglesas trabajando en una factoría de aeroplanos de guerra.
Generador de niebla artificial de camuflaje en un buque inglés.
Palomar móvil para mensajes militares.
Acorazado de madera convertido en una oficina de reclutamiento en Nueva York.
Un hogar destrozado en el norte de Italia.
Ambulancias de la Cruz Roja mientras son lavadas en un riachuelo francés cercano al frente.
Mujeres estadounidenses destinadas al trabajo en granjas durante el conflicto.
Mujeres empleadas en la limpieza y vigilancia de las líneas férreas británicas.
Interrogatorio a un soldado alemán en el frente de Flandes.
Una de las clases para los aspirantes del cuerpo británico de telegrafía.
Oficina del Banco de Inglaterra para la gestión de empréstitos de guerra.
Vida en las trincheras.
Equipamiento de combate contra guerra química. De izquierda a derecha: estadounidense, inglesa, francesa y alemana.
Soldados serbios durante una representación teatral al aire libre en el frente de Macedonia.
Miembros de las tripulaciones de lanchas británicas para rescate de náufragos.
Enfermeras y soldados ingleses recogiendo “recuerdos” de una aeroplano alemán derribado cerca de un hospital de campaña.
Cañón alemán de largo alcance capturado por soldados australianos y expuesto en París.
Restos de un aeroplano alemán caído tras las líneas británicas.
Submarino alemán, uno de los entregados a los británicos tras el fin de la guerra, entrando en Londres.
Trabajadoras inglesas de una factoría de armas que pasan a fabricar aviones, coches y muebles de juguete al final de la guerra.
Submarino alemán entregado a los británicos durante una inspección en un muelle de Londres.
Submarinos alemanes entregados a los Estados Unidos tras el conflicto.
Las calles de Berlín bajo toque de queda tras los disturbios en los que estalló al final de la guerra, en los albores del nacimiento de la República de Weimar.
Soldados canadienses en el puerto de Southampton. embarcando hacia América a bordo del transatlántico RMS Olympic.
Alegría por el final de la “guerra que acabará con todas las guerras”. No imaginaban lo que en poco tiempo iba a volver a suceder.
Piezas de artillería alemanas empleadas como elemento decorativo, con gallo dorado incluido, en los desfiles de la Victoria celebrados en París.
]]>
13773
El “telekino”, la invención que revolucionó el control a distancia https://alpoma.net/tecob/?p=13766 Thu, 01 Nov 2018 09:41:29 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=13766 Leer más]]> Versión para TecOb del artículo que publiqué en la revista Historia de Iberia Vieja en su edición de octubre de 2018.


La prensa española y la francesa se han ocupado recientemente de un nuevo aparato que su autor, el notable Ingeniero español, Sr. Torres Quevedo, llama telekino. (…) El objeto del telekino es el de dirigir a distancia la marcha de una máquina cualquiera empleando a este fin las ondas hertzianas de telegrafía sin hilos. (…) En cuanto a las aplicaciones del telekino, son realmente importantísimas y transcendentales. Las principales son: la dirección de las máquinas industriales con ventaja sobre los servomotores, el lanzamiento de los torpedos submarinos, el envió de un cable de salvamento a un barco próximo a naufragar sin que sean precisos tripulantes, la dirección de los buques, maniobrando a este efecto el telekino sobre el timón y, por último, la dirección de globos aerostáticos, que será́ seguramente la aplicación más transcendental del telekino.

Mención sobre el telekino de Torres Quevedo realizada por Juan Rizzo, Revista Electrón, número 233, de 20 de diciembre de 1903.

Al acercarnos con nuestro automóvil a la cochera, pulsamos el botón de un mando-llavero, una acción que se abre el portón del garaje, sin tener que hacer nada más. Nos aburre un canal de televisión y, acto seguido, picamos un número tras otro en el mando a distancia buscando algo más interesante (por lo general, tras un rato muy largo, no aparece nada de interés). Los aparatos de control a distancia nos acompañan en la vida diaria desde hace ya muchos años y no nos damos cuenta de que están ahí. Algunos actúan por medio de radiofrecuencias, otros a través de rayos infrarrojos, o incluso gracias a una conexión a Internet. Los hay en las casas, industrias, sensores, vehículos, aviones, barcos… no hay lugar en el que no podamos encontrar algún tipo de mando a distancia.

El poder controlar una máquina o vehículo a distancia, sin tener que llevar a cabo la correspondiente acción por nosotros mismos, siempre fue un sueño que acompañó al ser humano (y no sólo por ser algo práctico, sino sobre todo por comodidad). El caso es que Nikola Tesla, el genial padre de la tecnología de corriente eléctrica alterna, que es la que alimenta al mundo moderno, había experimentado de forma muy sencilla con el control a distancia (radiocontrol) de un pequeño modelo de barco en Nueva York allá por 1898. Algunos testigos pensaron que aquello se trataba de magia, ¡no existía ni siquiera un cable entre el modelo radiocontrolado y los mandos! Tesla quiso vender su idea a los militares para el control a distancia de torpedos, pero no encontró interés por su parte. La llegada de la Primera Guerra Mundial les hizo cambiar de idea.

Leonardo Torres Quevedo
El británico Oliver Lodge había llevado a cabo también experiencias en este campo hacia 1894, así como también lo hicieron más tarde Guglielmo Marconi, William Henry Preece y Ernest Wilson. Sin embargo, fueron las experiencias del español Leonardo Torres Quevedo, iniciadas en torno a 1903, las que se consideran como auténticas precursoras de la tecnología del “mando a distancia” (las patentes españolas para su “telekino”, como llamó a esa tecnología de radio control, son la patente número 31.918 de junio de 1903, y la ampliación de la misma por medio de certificado de adición, número 33.041, de diciembre de ese mismo año). La internacionalmente respetada institución del IEEE (Institute of Electrical and Electronics Engineers) reconoció en 2006 que el telekino había sido todo un hito mundial en la historia de la ingeniería y la tecnología. Torres Quevedo había presentado esta tecnología el mismo año en que logró su patente, ante la Academia de Ciencias de París. Fue el mismo año en el que llevó a cabo experiencias de control por radio en Francia y, a la vez, conseguía patentes en nuestro país vecino, así como en Gran Bretaña. El éxito de los experimentos hacía que el futuro de aquella idea pareciera asegurado. En 1905 Torres Quevedo llevó a cabo experimentos con el telekino en Bilbao, cosa que repitió al año siguiente, de nuevo en Bilbao y también en Madrid. De hecho, fue el 6 de septiembre de 1906 cuando el rey Alfonso XIII presenció una multitudinaria experiencia en el puerto de Bilbao, donde demostró que se podía controlar una embarcación a distancia, utilizando únicamente señales de radio para gobernarlo. Sin embargo, nadie pareció ver la utilidad comercial de la invención, ni siquiera los militares, y Torres Quevedo decidió pasar página y dedicarse a innovar en otros campos.

Pruebas del Telekino. Nuevo mundo, 13-9-1906. Biblioteca Nacional.

Fue una decepción, sin duda, pero el bueno de don Leonardo, polifacético y siempre inquieto, tenía muchos frentes abiertos con los que continuar con su labor inventiva. El genial ingeniero cántabro Leonardo Torres Quevedo (1852-1936) destacó internacionalmente por sus aportaciones a la navegación aérea con el diseño de nuevos tipos de dirigibles, como también en el campo de la ingeniería civil con sus transbordadores, funiculares y teleféricos (su obra maestra, el Spanish Aerocar, sigue haciendo disfrutar a muchos turistas cada año atravesando las cataratas del Niágara, tras más de un siglo de funcionamiento sin un solo incidente de mención). Torres Quevedo también fue un pionero de la cibernética y la automática, diseñando y construyendo avanzadas máquinas analógicas de cálculo, como su célebre ingenio ajedrecista, así como asombrosos computadores electromecánicos. Poco antes de cumplir 84 años de edad fallece en Madrid, pasando el deceso prácticamente desapercibido porque España se encontraba en ese entonces, diciembre de 1936, metida de lleno en la horrible Guerra Civil. Sin embargo, fuera de nuestras fronteras, el hecho tuvo cierto eco, porque Torres Quevedo había logrado a lo largo de su vida ser un ingeniero muy conocido en muchos ámbitos en diversos países.

Esquema del Telekino. La Ilustracion Española y Americana, 15-12-1905.

Fue un inventor sin par, por todo lo descrito ya y más, porque las patentes de Torres Quevedo nos muestran un hombre inquieto que exploró infinidad de campos, desde las máquinas de cálculo hasta ingenios para mejorar la vida de los profesores (se le considera inventor del precursor del puntero láser, ahí es nada). Sin ánimo de exagerar, estamos ante uno de los más grandes genios de la historia de nuestra tecnología. Comprendida la importancia del ingeniero, vayamos de nuevo a las pruebas del telekino, que asombraron a todos los presentes. El ingenio venía a ser similar a un sistema de radiocontrol actual, salvando las lógicas distancias. Un bote o pequeño navío había sido modificado para albergar un receptor de señales de radio que, por medios electromecánicos, accionaba un servomotor que controlaba la dirección del timón y la propulsión, sin necesidad de contar con ningún tipo de control humano. Los juegos de electroimanes, brazos articulados, palancas y engranajes de ese servomotor (y también del distribuidor que permitía gobernar varios aparatos diferentes) eran toda una obra maestra, a modo de “robot” controlado a distancia. Y, precisamente, ese control se llevaba a cabo gracias a un juego de transmisor-receptor por radio que, por medio de un lenguaje de señales, permitía controlar la nave a gusto del operador, así como también permitía un modo que podría asemejarse a un “piloto automático”.

Todo el conjunto estaba pensado para funcionar de forma asombrosamente precisa, nada que ver con todas las anteriores experiencias llevadas a cabo en otros lugares. Nos encontramos ante una tecnología que iba muy por delante de cualquier otro competidor en el campo del control a distancia por señales de radio. Tal como se menciona en La energía eléctrica, edición del 10 de diciembre de 1905, lo resultados eran impresionantes para tratarse de una compleja tecnología recién nacida:

Realizadas en Bilbao nuevas pruebas parciales y generales de carácter privado, y de acuerdo la Comisión con el inventor del telekino, se convino en realizar las públicas en la tarde del 7 de noviembre. Consistieron estas en dar al bote eléctrico Vizcaya, en el que se instaló́ el telekino, una dirección determinada hasta el centro de la desembocadura de la ría; hacerle virar hacia Algorta; pararse; marchar hacia atrás; obligarle, en una palabra, a obedecer, con regularidad y precisión, las indicaciones de marcha que se les transmitían desde la estación transmisora, instalada en la terraza del Club marítimo del Abra. El éxito fue completo: el bote Vizcaya, a cuyo bordo iban ocho personas, maniobró con precisión matemática, a distancias que pasaron algo de dos kilómetros de la estación transmisora, donde estaba el Sr. Torres Quevedo.

]]>
13766
Las aventuras del Coronel Ignotus https://alpoma.net/tecob/?p=13730 Tue, 02 Oct 2018 16:43:13 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=13730 Leer más]]> Versión para TecOb del artículo que publiqué en la revista Historia de Iberia Vieja, edición de septiembre de 2018.


La lectura del Coronel Ignotus nos deleita con la amenidad de Echegaray, con la trama y humorismo de Conan Doyle (…) y nos hace admirar descripciones grandiosas, como la primera subida del Autoplanetoide, que nos recuerdan las soberbias y magníficas obras de Julio Verne. (…) El Coronel Ignotus es un verdadero Quijote aventurero, más no de los campos de Montiel, sino de los astros, obligándonos a seguirle con la imaginación a través de los espacios, por los que nos lleva explicando fenómenos, descifrando enigmas y haciéndonos percibir en todo los grandes atractivos de las ciencias.

España y América, 1 de octubre de 1923.


Pionero de la ciencia ficción española

Érase una vez un tiempo en el que la palabra “progreso” hacía que se desataran las más descabelladas mentes imaginativas. Casi todo estaba por hacer y el universo parecía completamente conquistable. Para una humanidad que se encontraba en plena fiebre industrializadora, pero todavía con un pie sobre las tierras de las antiguas sociedades agrarias, el soñar con héroes capaces de poder volar o incluso viajar a lejanos planetas, o al fondo del mar, se convertía en alimento de sus propios anhelos por mejorar la vida cotidiana. Hoy, cuando vivimos en lo que por aquel entonces llamaban “El Futuro”, con mayúsculas, estamos saturados de utopías, ucronías, antiutopías y aventuras robóticas y espaciales. Es más, a nadie le llaman la atención ya todos estos temas pero, para nuestros abuelos y sus padres, supusieron toda una válvula de escape en medio de una vida mucho más dura de lo que recordamos.

La fantasía científica, los romances científicos, aquellas obras que, a modo de semilla, dieron vida a las historias de anticipación que terminaron por conformar la ciencia ficción como género, se alimentaron de genios por todos conocidos. El inmortal Julio Verne compartía espacios con las más osadas obras de divulgación de Flammarion, mientras otros soñaban con terribles peligros marcianos de la mano de H. G. Wells o imaginaban princesas marcianas leyendo alguna de las revistas editadas por Hugo Gernsback.

Ya desde los primeros años del siglo XX el género de la ciencia ficción, aunque no era conocido como tal, fue mostrando su división (muchas veces artificiosa y poco clara) en varias corrientes que se han ido manteniendo con el paso de las décadas. Por un lado, se encontraban las narraciones más próximas al género fantástico y, por otro, ese tipo de historias con elementos tecnológicos o divagaciones sociopolíticas más o menos fundadas en teorías científicas que terminaron por dar forma a la ciencia ficción “dura”. En medio de todo ello, cómo no, se sumaba el componente espectacular a las elucubraciones científicas en eso que ha sido conocido como space opera, aventuras clásicas que tienen lugar en el espacio y que terminaron por evolucionar en franquicias de impresionante poder como Star Trek o Star Wars.

Bien, vivimos en una época en la que la televisión y el cine, las plataformas de vídeo en streaming y, en realidad, prácticamente cualquier oferta de entretenimiento contienen algún que otro elemento relacionado con la ciencia ficción, mayormente en forma de space opera. Pero, si miramos a la España de principios del siglo XX, cabe imaginar que de eso, por aquí, no habría nada de nada. Eso era cosa de algunos “locos” estadounidenses, británicos, franceses y poco más. Sin embargo, el panorama era muy diferente. En la España de la primera mitad del pasado siglo aparecieron algunos autores dignos de ser considerados en el gran marco de la historia de la ciencia ficción y, sobre todo, uno de ellos brilló con luz propia tanto por su inventiva como por la calidad de las ideas que plasmaba. No hay duda que puede ser considerado como uno de los precursores de la space operay sus historias no desentonarían ni lo más mínimo desarrolladas y adaptadas como episodios de alguna serie de televisión actual. Además, puede que su estilo no fuera muy “literario”, pero la ciencia ficción siempre ha sido una literatura de ideas, no de artificios, y en eso nuestro personaje fue todo un precursor, porque su sólida formación científica le hacía otear sobre los horizontes del futuro con bastante acierto.

El geógrafo que nos mostró el camino hacia el espacio

Isaac Asimov, Ray Bradbury, Philip K. Dick o Arthur C. Clarke son nombres reconocidos en el panorama de la ciencia ficción clásica pero, ¿quién recuerda al intrépido Coronel Ignotus? Cierto es que, si nuestro personaje hubiera publicado sus obras en Norteamérica, por ejemplo, muy posiblemente hoy día sería considerado como uno de los grandes precursores del género, pero por desgracia hoy apenas es recordado. Por fortuna, en estos primeros años del siglo XXI, su figura ha sido redescubierta y hasta ha dado su nombre a un premio literario pero, ¿quién era la figura que se encontraba detrás de tan extraño nombre?

El Coronel Ignotus, pionero de la ciencia ficción española, y del género de la space operaen concreto, fue un geógrafo e inventor de intachable trayectoria profesional. Nos encontramos ante José de Elola y Gutiérrez, que utilizó el mencionado seudónimo para muchas de sus obras de ficción. Nacido en Alcalá de Henares en 1859 y fallecido en 1933, fue un hombre polifacético que exploró los campos de la geografía, la topografía, la cartografía, fue militar, inventor y, de paso, alumbró obras de teatro y dio vida a algunas de las obras seminales de la ciencia ficción española.

Recientemente, en una librería de viejo en Gijón, me abalancé literalmente sobre una estantería en la que aparecía un ejemplar de Modernas brujerías de las ciencias, obra del Coronal Ignotus que vio la luz en 1921. Y no es para menos, porque para cualquier apasionado de la divulgación científica, ciertas obras José de Elola son joyas sin igual, como si de un Flammarion español se tratara. El Coronel Ignotus no sólo escribía narraciones fantásticas con componentes científicos, sino que publicó obras de divulgación, con gran calidad pero siempre amenas, como la ya mencionada.

En su faceta como inventor, Elola nunca dejó de lado su pasión por lo que era su oficio, lo que le daba de comer: su trabajo como militar especialista en topografía y geografía, además de docente en estos campos. Un vistazo a sus patentes de invención nos mostrará esa pasión sin ninguna duda. En 1899 patentó un procedimiento para impermeabilizar terrenos con el fin de recoger aguas pluviales en los campos y, de paso, potabilizarlas para abastecer poblaciones.

Entre 1907 y 1911 consiguió diversas patentes sobre aparatos topográficos, como su conocida como “brújula taquímetro auto-reductora”. Toda esta acción inventiva nacía de su trabajo como militar y geógrafo. Llegó a ser general del Estado Mayor del Ejército (siendo anteriormente coronel) y, muy posiblemente, de ahí nace su “broma” en forma de seudónimo. Había participado en la guerra con los Estados Unidos de 1898 y, posteriormente, se dedicó a la docencia de la topografía, matemáticas y geometría en varias instituciones militares. Era tan estimada su labor como teórico de la topografía que algunos de sus manuales y tratados sobre dicha ciencia se utilizaron como base para cursos de ingeniería durante años.

Durante mucho tiempo el militar con sueños fantásticos iba publicando obras de teatro por entregas y algunas comedias. Sin embargo, fue en la naciente ciencia ficción donde comenzó a encontrarse a gusto y, lo que comenzó como un simple ejercicio de imaginación, terminó por convertirse, a lo largo de la década de los años veinte, en la imponente Biblioteca Novelesco-Científica del Coronel Ignotus con 17 títulos en su haber. Toda una proeza para la que fue la primera colección monográfica de ciencia ficción de la Historia de España. Las novelas del Coronel Ignotus están repletas de aventuras asombrosas pero siempre atemperadas con infinidad de datos de divulgación científica y tecnológica.

Como he comentado, literariamente no son una joya, pero son toda una mina de información acerca del estado de la ciencia y de lo que se soñaba que iba a ser el futuro de la tecnología. Verdaderas delicias ( a veces muy ingenuas) que nos muestran un mundo, allá por el siglo XXII, en el que mujeres ingeniero diseñan naves epaciales, y las pilotan, viajando por el Sistema Solar (por cierto, de tiempos de la guerra con los Estados Unidos, le venía a Elola cierta manía por los norteamericanos y británicos, convertidos en los “malos” de sus narraciones bajo la forma de cierto imperio futuro).

Los viajes planetarios del siglo XXII de Elola, nos muestran mundos-océano como Venus (lástima que hoy sepamos que en realidad es un infierno ardiente poco acogedor), historias de amor espacial, tecnologías de comunicación increíbles que recuerdan lejanamente a nuestros actuales teléfonos móviles… Las diversas sagas espaciales del Coronel Ignotus descubrían a los lectores españoles un universo nunca antes descrito, y nada tenían que envidiar a muchas narraciones de fantasía científica que se publicaban en los Estados Unidos (hay que decir que Elola, a pesar de sus fobias, conocía muy bien la cultura anglosajona y se movía como pez en el agua entre las publicaciones en inglés). Ciertos elementos de las principales narraciones de Elola llaman mucho la atención. Entre ellas, la presencia de mujeres como protagonistas, como en el caso de la capitana María Josefa Mureba, auténtica heroína que tenía su contrapartida en una espía norteamericana. Los personajes femeninos fuertes, algo inusual en la época, se unían a descripciones de gran extensión acerca de todo tipo de conceptos científicos, creándose extrañas narraciones que dejaron asombrados a los lectores, tanto por la arriesgada propuesta en sus narraciones de viajes a Venus (parece que era el planeta en el que fijó sus ojos, al contrario que el concurrido Marte tan de moda por entonces), como por la asombrosa erudición de la que hacía gala a lo largo de sus textos.

 


Los viajes en el tiempo de Enrique Gaspar

En la literatura decimonónica española pueden encontrarse algunos casos de pioneros de la ciencia ficción realmente sorprendentes. He ahí, por ejemplo, la obra sobre viajes en el tiempo titulada El anacronópete. H. G. Wells es considerado tradicionalmente como el padre de este tipo de obras de ciencia ficción con su libro de 1895 La máquina del tiempo. En 1888 este autor ya había publicado alguna narración en la que esbozaba su idea original y, sin embargo, el diplomático y escritor español Enrique Lucio Eugenio Gaspar y Rimbau, Enrique Gaspar para los amigos, se le adelantó.

El anacronópete fue publicado por Gaspar en Barcelona en 1887 y gozó de cierto éxito en su época. Sin duda, es una de las primeras obras sobre viajes en el tiempo que se conocen y, posiblemente, fue la primera en la literatura moderna, al menos con el esquema clásico de la “máquina” como elemento central con el que viajar a través de los mares temporales. La máquina, que da título al libro, permite al excéntrico inventor español Sindulfo García, viajar por el tiempo y vivir mil y una aventuras. Por desgracia, el propio tic tac del reloj se encargó de borrar las huellas de esta obra pionera del género, que por fortuna ha sido reivindicada en este comienzo del siglo XXI.


Sobre Enrique Garpar, publiqué en TecOb un artículo en 2009.


Las imágenes que acompañan a este artículo corresponden a láminas o portadas de diversas obras del Coronel Ignotus. (De mi biblioteca personal y de la Biblioteca Nacional de España).

]]>
13730
Elcaset, la cinta gigante de Sony https://alpoma.net/tecob/?p=13721 Sun, 30 Sep 2018 15:16:55 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=13721 Leer más]]> En un ejemplar de La Vanguardia, concretamente en el correspondiente a la edición del viernes 8 de julio de 1977 (página 7), encontramos un artículo titulado “Situación actual de la Alta Fidelidad”. Bien, el repaso a la tecnología de audio doméstica de la época es realmente interesante. Se menciona en el artículo el asunto de las grabaciones “de referencia”, los nuevos avances en cápsulas magnéticas, giradiscos, cambiadiscos, sintonizadores, amplificadores, cuadrafónía, pantallas acústicas y… equipos de cinta. He ahí lo más curioso, porque leyendo el párrafo correspondiente a las casetes me he encontrado con una vieja amiga de efímera vida: la cinta gigante de Sony. Veamos lo que J. M. Astorga, autor de ese artículo, nos comentaba hace ya más de cuatro décadas:

El descubrimiento de nuevos materiales para las cintas magnéticas (favorecidas en cierto modo por los esfuerzos de investigación para la grabación en video), unido al perfeccionamiento en la tecnología en la fabricación de cabezas magnéticas ha supuesto un avance revolucionario, sobre todo en lo relativo a las cintas cassette, que se han colocado a unos niveles de calidad francamente insospechados hace relativamente poco. Los sistemas de transporte se han mejorado igualmente. Los equipos a cassette se han beneficiado de avances tales como el sistema Dolby de reducción de ruido, la mejor calidad en cintas magnéticas y la existencia de cabezas con entrehierros cada vez más finos. En cuanto a las cabezas en si, tras los pasos del permalloy y a ferrita, se están depositando grandes esperanzas en una nueva formulación, investigada por los japoneses, llamada “Sendust”. Equipos de alto refinamiento incluyen diversos sistemas de reducción de ruido aparte del Dolby, señales de prueba para calibraciones internas, y otras facilidades adicionales. Conocidas las limitaciones de la cassette, diversas compañías buscan un nuevo modelo de cinta compacta que sea más apropiada a los fines de la alta fidelidad.

Algunas firmas europeas propugnan el lanzamiento de la “Unisette”, especie de cassette de mayor tamaño, que no tuvo demasiada aceptación durante su introducción hace años. La industria Japonesa, por su parte, intenta la aceptación de un nuevo sistema denominado “Elcaset”, que usa el mismo principio que la cassette, pero en un formato mayor (152 x 106 x 18 mm), con cinta de 1/4 de pulgada (6,35 mm) y velocidad de 9,5 cm/s. Durante la grabación o lectura de la cinta, ésta sale de su estuche, formando un bucle, pasa por las cabezas del equipo y vuelve a entrar para ser bobinada en el carrete correspondiente. En la caja existen una marcas codificadas de acuerdo con el tipo de cinta incluida, que permiten a selección automática en el equipo. La distribución de pistas es idéntica a la cassette, por lo que no se presentan próblemas de compatibilidad estereo-mono. Este formato permite la utilización de una cuarta cabeza para propósitos de control. Si esta idea progresa (lo que no parece difícil teniendo en cuenta los nombres de las compañías japonesas envueltas en ello), y considerando las ventajas de “Elcaset” sobre la cassette (mejor respuesta en frecuencia, mayores dinámica y relación señal-ruido, podría ocurrir que en unos años ambos formatos ocuparan campos distintos, solapándose, enfocado “Elcaset” hacia sistemas de mayor calidad y la cassette para aplicaciones que, aún dentro de unas prestaciones excelentes, requieren menos exigenclas (equipos Hl-Fi más económicos, grabaciones no demasiado criticas, etcétera)…

La descripción de la cinta gigante de Sony (en la imagen inferior ser verá la explicación a tal sobrenombre), era de lo más optimista. Se trataba de crear dos mercados: uno ya estaba establecido y durante finales de los setenta y durante todos los ochenta creció espectacularmente. Eran las cintas de casete de toda la vida (compact cassette). Para melómanos, audiófilos y para grabaciones exigentes, Sony y otras compañías pensaron en crear esta nueva casete, que ofrecía más calidad, selección automática de pista y otras ventajas.

Elcaset, la cinta gigante de Alta Fidelidad, tal y como le sucedió a multitud de otros formatos, no llegó muy lejos. Lanzado comercialmente en 1976, fue retirado en 1980 sin haber despertado gran interés, más allá de unos pocos apasionados.

Referencias:
– Ars Technica. Forgotten audio formats: Elcaset.
– Atlas Obscura. The Quiet Failure of Sony’s Giant Cassette Tape.

]]>
13721
El cleptógrafo, detective automático https://alpoma.net/tecob/?p=13711 Tue, 25 Sep 2018 16:16:17 +0000 https://alpoma.net/tecob/?p=13711 Leer más]]> Precisamente con el título que he empleado como cabecera de este post, comenzaba una pequeña nota en la edición del 20 de noviembre de 1909 de la revista Mundo Científico, publicada en Barcelona:

…se trata de un aparato destinado a registrar los robos, produciendo una fotografía del culpable inscribiendo, a la vez, la hora exacta del atentado. La sala donde está instalado el cleptógrafo encierra un sistema de puntos de contacto, ingeniosamente distribuidos por las puertas, ventanas, muebles, cajas de caudales, cajones, etc… Tan pronto como una persona extraña se introduce en la sala, una cámara fotográfica, obedeciendo al impulso de los puntos de contacto tocados involuntaria e inconscientemente por el intruso, dirige automáticamente el objetivo hacia la parte donde radica el punto de contacto herido, es decir, hacia el malhechor y, después de abrir el objetivo, enciende el polvo de magnesio destinado a proporcionar la luz instantánea para la impresión del negativo y obtura el objetivo, cambia la película y prepara una nueva porción de magnesio, registrando la hora exacta del suceso. El conjunto de estas diversas operaciones será evidentemente realizado en menos tiempo del necesario para describirlo, y el aparato quedará preparado inmediatamente para tomar una nueva toma, lo que se efectuará tan pronto como el ladrón toque un nuevo contacto y así sucesivamente. El cleptógrafo, comparable a un detective invisible, habrá seguido y dibujado las idas y venidas del ladrón, proporcionando a la policía datos auténticos y de un valor extraordinario para la busca del autor del robo…

Recordemos que se trata de un artilugio ideado en 1909, por lo que era algo muy osado para su tiempo y se adelantaba bastante a otros sistemas de seguridad y registro creados décadas más tarde (desconozco si se llegó a utilizar en la práctica o sólo quedó en un modelo de demostración). En La Ilustración Española y Americana, edición del 8 de noviembre de 1909, se comenta que la invención partía de un empleado de banca italiano, un tal Camusso, director de una sucursal bancaria del Piamonte. De esa publicación he extraído la mejor imagen que he encontrado del mencionado cleptógrafo, que reproduzco a la vera de estas letras.

]]>
13711
Un dispositivo nuclear perdido en el Himalaya https://alpoma.net/tecob/?p=2389 https://alpoma.net/tecob/?p=2389#comments Thu, 20 Sep 2018 11:45:38 +0000 http://www.alpoma.net/tecob/?p=2389 Leer más]]> Rescato este artículo publicado originalmente el 22 de marzo de 2010 para incluir varias actualizaciones
El asunto descrito a continuación sigue oscurecido, sin embargo fue en el Nanda Devi  y no en el Nanda Kot, como aparecía en mi texto original, donde se perdió un pequeño dispositivo de energía nuclear. Resumen: En 1965, un equipo indoamericano envió una misión encubierta con el objetivo de instalar un dispositivo de vigilancia en la cima de la montaña Nanda Devi para controlar la actividad nuclear de China en el Tíbet. El generador nuclear que iba a alimentar a los sensores de radiación se perdió durante una tormenta. Después se llevaron a cabo varios intentos de rescate, entre 1966 y 1968, para localizar y recuperar el dispositivo. Se afirma que hacia 1968 fue desmantelado un aparato similar que había sido colocado sobre Nanda Kot. Se desconoce el estado actual del dispositivo perdido.

En el Himalaya indio, cerca de la frontera con China, encontramos dos imponentes masas pétreas: el Nanda Devi y el Nanda Kot. El Nanda Devi (montaña sagrada para los lugareños) cuenta con dos cimas gemelas (la cima situada al oeste tiene una altitud de 7.816 metros y la del este 7.434 metros) y es la segunda montaña más alta de la India.

El Nanda Devi. Imagen de Michael Scalet

Por su parte el Nanda Kot cuenta con 6.861 metros de altitud.

El Nanda Kot. Imagen de Capnraib

El siguiente mapa ayudará a la hora de comprender mejor el interés que tienen estas montañas en cuanto a lo geoestratégico se refiere.


Ver mapa más grande


UN LUGAR ESTRATÉGICO

Visto este mapa, se comprenderá algo importante: se trata de un lugar privilegiado para vigilar la actividad de tres potencias nucleares. Es un área muy conflictivo. Ahí está la India al sur, China al norte y Pakistán al oeste, tres jugadores en una peligrosa partida militar en la que los artilugios nucleares son un ingrediente fundamental. Esta historia permanece todavía en la oscuridad y muchos de sus detalles se desconocen, pero ya hay bastantes indicios de lo que podría haber sucedido.

En el año 1965 un equipo conjunto formado por técnicos (agentes de la CIA mayormente) y escaladores de la India y de los Estados Unidos, emprendieron una complicada misión con el objetivo de instalar un sistema de vigilancia sobre el Nanda Devi. La función del aparato consistía en monitorizar el Tíbet, buscando todo tipo de señales sobre detonaciones nucleares de prueba o actividades con misiles por parte de China. Para alimentar la estación de rastreo se diseñó un pequeño generador termoeléctrico radioisotópico capaz de dar vida a los circuitos de los sensores durante años. Por desgracia, durante una gran tormenta, al poco de llegar a su destino, el generador fue confinado y posteriormente se perdió su pista en los valles de la monumental montaña. En años posteriores se enviaron diversas misiones para rescatar el peligroso artilugio, pero es poco lo que se conoce acerca del éxito de tales intentos. La pregunta que preocupa a muchos en la India es si lograron, o no, recuperar el generador nuclear intacto, pues se sospecha que la pequeña carga de plutonio-238 que contenía podría diseminarse por la montaña, aunque se desconoce su estado real (al menos de forma pública).

Parece una película de espías, y no es para menos. El emplazamiento de los sensores puede parecer extraño, pero teniendo en cuenta la incertidumbre que reinaba en la India y, sobre todo, en la inteligencia de los Estados Unidos tras las pruebas nucleares chinas en el Tíbet, no debe resultar raro que no se reparara en gastos a la hora de contar con una atalaya sin igual para vigilar las actividades nucleares chinas, sobre todo en un momento en el que todavía no se contaba con satélites capaces de realizar tareas similares. Existen indicios de que, tras la pérdida del primer generador, se instaló otro con éxito. Estas expediciones secretas sólo se comenzaron a conocer parcialmente gracias a diversas filtraciones a periódicos indios a partir de finales de los años setenta, cuando se supo que varios de estos dispositivos habían sido empleados para monitorizar actividades nucleares, siendo el de Nanda Devi el único supuestamente perdido.


UNA “BATERÍA” MUY ESPECIAL

El dispositivo nuclear empleado en las operaciones de Nanda Kot y Nanda Devi era un Sistema Nuclear de Potencia Auxiliar (System Nuclear Auxiliary POWER o SNAP, en inglés). Se trataba de generadores termoeléctricos de radioisótopos, similares a los empleados en varias misiones de sondas espaciales. En concreto, se utilizó el modelo SNAP 19-C, alimentado con Plutonio 238. La operación de monitorización de la actividad nuclear de China había comenzado en el mismo momento en que se conoció la detonación de prueba del proyecto 596, esto es, la explosión el 16 de octubre de 1964 de la primera arma nuclear china.

Después de realizar simulaciones y pruebas en el Monte McKinley (el célebre Denali de Alaska), los escaladores estadounidenses e indios establecieron un campamento en la cara sur del Nanda Devi en otoño de 1965. La estación de sensores de monitorización se llevó allí desmontada, junto con el generador SNAP que tenía forma de cono.

Imagen de la expedición de entranamiento al Denali (Alaska), julio de 1965. Fuente: Spies in the Himalayas, secret missions and perilous climbs (ver sección de referencias).

La ya mencionada tormenta hizo que la expedición tuviera que regresar, dejando el generador y el resto del equipo convenientemente almacenado en el campamento base. Resultó que en la primavera de 1966, cuando la expedición volvió para instalar definitivamente el equipo, se encontraron con que una gran avalancha había sepultado todo rastro de la estación. Ante eso, siendo imposible rescatar el generador, ¿qué se podía hacer? Debe tenerse en cuenta que la cara sur del Nada Devi es uno de los lugares de nacimiento del río Ganges. Se decidió enviar más expediciones de rescate, pero no pudieron localizar el generador. Como no se detectó radiactividad anómala en las aguas del Ganges en los meses posteriores, se decidió olvidar el asunto. Se sabe que el generador instalado posteriormente en el Nanda Kot, hacia 1967, funcionó correctamente y fue retirado posteriormente. Lo que nadie sabe es qué habrá sucedido con el SNAP que, se supone, sigue allá arriba, enterrado bajo toneladas de nieve.

Imagen de la expedición al Nanda Kot. Al fondo se pueden ver las cumbres gemelas del Nanda Devi. Fuente: Spies in the Himalayas, secret missions and perilous climbs (ver sección de referencias).

Referencias:
Spies in the Himalayas: Secret Missions and Perilous Climbs. M. S. Kohli y Kenneth Conboy.
The Times Of India, 5 jun 2003. CIA nuclear device atop Himalayas.
Outlook India, 28 abril 2003. Those Nuclear Ice Spies.
Eternal vigilance?: 50 years of the CIA. Rhodri Jeffreys-Jones y Christopher M. Andrew.

]]>
https://alpoma.net/tecob/?feed=rss2&p=2389 9 2389