Hoy, una breve nota sobre algo jocoso que me ha llamado la atención esta tarde de domingo, acerca del sutil arte del insulto con enjundia. Acabo de leer esta delicia en el libro The Indo-Europeans Rediscovered, de J. P. Mallory, al hilo de gentes que dedican una vida entera a crear teorías sin pies ni cabeza sobre todo tipo de cuestiones (orígenes de ciertas lenguas, en este caso):
Un buen ejemplo es el lingüista y médico holandés Jan Gerartsen van Gorp (1519-1572), más conocido por su nombre latino Johannes Goropius Becanus, quien argumentaba que, dado que la lengua más antigua también debía ser la más primitiva, esta lengua fuente debía ser la que tuviera las palabras más cortas. Encontró el mejor candidato para la lengua original de la humanidad en (¡sorpresa!) su propia lengua, el flamenco, y pensó que el Jardín del Edén probablemente se encontraba cerca de la actual Amberes, en Bélgica. Reforzó su extraña teoría con etimologías imaginativas que remontaban las palabras de otros idiomas «al neerlandés». Descrito por un crítico del siglo XVII como «inútilmente sutil y laboriosamente inepto»*, su legado es el término peyorativo «goropianismo», que los primeros lingüistas aplicaban a cualquiera que se dedicara a intentos igualmente descabellados de recuperar una lengua original.
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*Skinner 1671, inaniter subtilem & operose ineptum.
