La zanahoria silvestre y su «truco» evolutivo

Esta mañana, caminando en las cercanías del hospital de Ciudad Real, fotografié estos bellos ejemplares de Daucus carota (hay montones de subespecies y no viene al caso afinar) o, lo que es igual, zanahoria silvestre. Había ejemplares por todas partes y, entre ellos, aquí van varios que tenía a mano, justo al borde de la acera.

El caso es que esta planta tiene cierto detalle que siempre me ha llamado la atención. Si se mira en el centro del conjunto de florecillas, aparece una flor central más oscura (en realidad suele tratarse de varias florecillas pequeñas pigmentadas con antocianos, aunque habitualmente las percibimos como un solo «botón» llamativo), ya puede ser negra, oscura o rojiza. Aquí se puede ver con más detalle.

Las zanahorias silvestres muestran ese llamativo «botón» oscuro o colorido como reclamo para insectos, o al menos eso es lo que tradicionalmente se ha dicho. En una de las fotografías se puede ver un ejemplar inmaduro o de transición, que muestra los característicos tonos rosados antes de que la umbela se abra del todo y se vuelva blanca. Pero, vamos al tema curioso: la florecilla central tan llamativa, que suele ser estéril. Su posible función ha sido objeto de debate desde hace mucho tiempo. Obviamente es una estructura fruto de un proceso evolutivo, pero su finalidad no está del todo clara. Se ha sugerido que podría tener una función adaptativa para imitar a los insectos (aunque algunos estudios apoyan esta idea, otros sugieren que su efecto depende del contexto ecológico local), lo que puede disuadir a posibles herbívoros y atraer a insectos polinizadores. Esta función «atractiva» sería como una especie de cebo capaz de indicar la presencia de alimento, de buen lugar para posarse, o de oportunidades para el apareamiento.

Por cierto, la Daucus carota guarda cierto parecido con la cicuta, que es venenosa, y además sus hojas pueden causar problemas en algunas personas de irritación en la piel al contacto, así que es mejor mirar y no tocar, o hacerlo con precaución. Lo de manipular este tipo de plantas viene al caso, por ejemplo, del clásico experimento de las flores blancas en agua coloreada. Con las zanahorias silvestres funciona bien porque su “cabeza” floral es una gran umbela blanca formada por centenares de florecillas muy pequeñas. Esa superficie clara hace visible el tinte, tal como sucede con los claveles blancos. No se trata de un cambio de color «biológico», porque la planta no crea nuevos pigmentos ni “elige” el color. Lo que sucede es una sencilla tinción pasiva del tejido de las flores. El colorante soluble sube con el agua por el xilema, llega hasta las flores y el agua se evapora por transpiración, con lo que parte del colorante queda acumulado en las pequeñas flores. En el caso de Daucus carota el efecto se ve sobre todo en la “cabeza” porque ahí se tiene una enorme superficie blanca, fina y evaporante. El tallo también conduce agua teñida, pero el efecto no es vistoso porque es verde y más opaco. Si se corta transversalmente el tallo tras varias horas, pueden verse puntos o anillos coloreados correspondientes a los haces vasculares. Ah, en el experimento, el botón central oscuro generalmente no cambiará mucho, porque ya contiene pigmentos naturales oscuros, así que un tinte rojo, azul o verde quedará enmascarado.