Desde comienzos del siglo XX se extendió por las cuencas mineras del noroeste español un término curioso para referirse a cierto tipo de carbón pulverulento o, más precisamente, residuo del lavado del carbón, sobre todo de la antracita. Hace poco me consultaron en Guardo (norte de Palencia) sobre cierto término que llevo oyendo desde que era un guaje*, a saber carbón de «islán». Recuerdo haber escuchado de pequeño ese término de muchas maneras diferentes: «carbón de islanera», «aislam» y similares. Bien, respondiendo a la cuestión sobre el origen del término, que nada tiene que ver con algo islámico, cabe mirar a la documentación minera añeja.

En los viejos «vales de carbón» se nombraba el tal «islán» como «schlamm». Y de ahí sale todo, es una evolución coloquial de un término técnico. Mientras escribo esto tengo al lado un grueso manual sobre tecnología de las minas de carbón, obra de los ingenieros Fernando Díaz-Caneja Pando y José Pérez López, editado en Oviedo en 1960 bajo el título Preparación del carbón**. Este manual describe a lo largo de casi quinientas páginas la tecnología dedicada al procesado, lavado y clasificación del carbón. En ese libro se menciona lo que sigue:
La eliminación de los finos en los productos superiores cuando se hace por vía húmeda se designa con el nombre de deslamado. Esia clasificación, que no es más que la separación de las partículas menores de 0,3 mm, 0,5 mm, 0,7 mm o 1 mm, plantea una serie de problemas y dificultades que es necesario resolver en cada caso particular, si se quieren conseguir unos máximos rendimientos en los aparatos de lavado. Siguiendo las normas propuestas por el INRT y la designación muy extendida en nuestras cuencas, vamos a llamar finos o schlamms al género inferior a 0,5 mm, estudiando en lo que sigue la eliminación del 0-0,5 mm…
Queda claro que el «islán» es realmente el carbón de partícula fina de tipo «schlamm» pero, ¿de dónde viene esa palabra? Parece ser que llegó desde Francia, donde lo llaman también «schlamm» pero que el origen es el alemán, de igual escritura, que vendría a significar «lodo» o «fango». Y, de ahí que al residuo minero compuesto por partículas finas terminó por llamarse popularmente en el noroeste español como «islán», por similitud de la pronunciación del original «schlamm». En los lavaderos de carbón, este residuo se presentaba en forma de lodo negro que se almacenaba en en grandes balsas a cielo abierto donde se decantaba. En algunas cuencas francesas llamaban a esas balsas como «bacs à schlamm».***
Como comentario final a este asunto, he aquí algo curioso que me llega de mano de Javier Castrillo Salvador:
Se le conocía como “el carbón de los pobres”. Recuerdo a la gente mezclarlo con agua en un caldero antes de meterlo hecho barro a la estufa. Ardía muy mal y fue uno de los mayores culpables de que muchas personas murieran “atufadas” [intoxicadas por inhalación con monóxido de carbono]. También recuerdo las “balsas de islán” del Camino de la Renta [en Guardo], enfrente del Parque Fuentes Carrionas, perfectamente accesibles, y donde, que yo sepa, no ocurrió ninguna tragedia de milagro, pues eran de arena movediza en muchas zonas. A mí, que había visto morir a mucha gente en ellas en las películas de Tarzán, me daban un canguelo del quince y me asomaba lo justo.
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*El término «guaje» (originalmente aprendiz de minero o «rampero») se utiliza en las tierras de las cuencas mineras asturianas, leonesas y de Palencia para referirse a niño, muchacho o chaval. Curiosamente, en Palencia, al sur de Guardo camino de Saldaña, se marca la frontera entre el uso de «guaje» y «chiguito» (con G, no con Q).
**Ficha del libro en la BNE: https://datos.bne.es/edicion/bimo0000779774.html
***Véase https://fr.wikipedia.org/wiki/Schlamm
La imagen que ilustra este texto es mía, la tomé en Guardo allá por el año 2005.
