Poema marciano

William Coblentz es recordado por ser el pionero en diversos tipos de tecnología y es considerado uno de los padres de la radiometría en infrarrojos y la espectrometría. Era un tipo inquieto que siempre tenía nuevas ideas que llevar al laboratorio. Logró patentar diversos aparatos en los que aplicaba las propiedades que exhiben algunos minerales al ser sometidos a la acción de la luz y la corriente eléctrica, siendo así un adelantado en el tiempo, pues contempló la posibilidad de construir generadores de energía solar utilizando las propiedades de la molibdenita, una idea precursora de las actuales células fotovoltaicas.

Sin embargo, su trabajo más sobresaliente se desarrolló en el campo de las astronomía infrarroja. Hacia 1913 ya había desarrollado detectores con los que midió la radiación infrarroja procedente de varias estrellas, además de haber estudiado planetas como Venus, Marte o Júpiter. Polifacético y algo “raro”, Coblentz también se interesó en investigar asuntos relacionados con la radiación ultravioleta o la bioluminiscencia.

En 1924, cuando William publicó sus datos acerca de la temperatura de Marte, obtenidos a través del estudio de radiación infrarroja en el Observatorio Lowell, su mujer, Catherine Cate Coblentz, que con el tiempo llegaría a ser una escritora de obras infantiles de cierto renombre, publicó el siguiente poema en Popular Astronomy, inspirada por tal descubrimiento marciano1:

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Lo que, traducido muy libremente, vendría a ser algo así:

MARTE

Hacia el este oscurecido
Al crepúsculo de un día de verano,
Marte, carbón ardiente, asciende,
Asciende lentamente en los cielos.

Feroz brilla más allá de los pinos,
Todo él enrojecido,
Asciende solitario, mientras la brisa nocturna
Mece las ramas con un gemido.

Sobre él se fijan muchos ojos,
El hombre busca la llave,
La llave de la verdad de extensas fronteras,
Marte, la estrella misteriosa.

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1 Popular Astronomy, Vol. 32, p.600 Véase el documento original en PDF. (NASA Astrophysics data system).