Ecos de un viejo módem

Hace unos días publiqué en redes sociales una fotografía con la configuración en que ha quedado el que fue mi primer ordenador, comprado allá por el lejano mes de diciembre de 1992. Todavía no lo he conectado, más que nada porque tengo que reinstalar el disco duro de… ¡40 MB! y, sobre todo, tengo que revisar todo, cambiar la pila en la placa y llevar cuidado paso a paso porque cuando una máquina de estas lleva tantos años parada, suelen suceder cosas malas al volver a enchufarlo. Algún día comentaré sobre el cacharrillo en cuestión, que ahora luce tal como se ven en la foto.

He aquí el primer ordenador que tuve, rescatado del trastero y vuelto a montar. Ya desde 1985 había utilizado ordenadores, pero éste fue el primero que considero mío (me lo regaló mi padre en diciembre del 92). Se trata de un Packard Bell 386 SX. Con el tiempo le cambié la bahía de discos de 5 1/4 por un lector de CDROM. Ahora, he vuelto a dejarlo tal como estaba en un comienzo.

El caso es que, allá por el 98 creo recordar, amplié la máquina con un módem para acceder a Internet. Aquello era la lentitud más absoluta, porque a los problemas de conexión se unía que un 386 no era precisamente adecuado para navegar por la red. Al poco de aquello cambié a otro ordenador y éste quedó aparcado en el trastero. Solía utilizar Internet en los ordenadores de la Universidad de Valladolid desde el 93, pero acceder desde casa tenía una épica especial. La conexión, por línea telefónica convencional, se cortaba si alguien llamaba por teléfono o si realizaba una llamada. Las tarifas eran caras y se solían comprar bonos en forma de tarjeta para usar mensualmente en franjas horarias determinadas, por ejemplo a partir de las seis de la tarde. Para correos electrónicos y tareas sencillas servía, pero a la hora de entrar en la primitiva web, o bien para descargar cosas vía FTP, la cosa podía ser eterna. A las seis te conectabas, ya con una lista de enlaces o recursos para descargar, y podías bajar a dar una vuelta porque, con seguridad, al regresar seguía cargando… ¡eso si no se había cortado la línea! El módem en cuestión es este que acabo de fotografiar.

Se trata de un módem externo, fabricado en España por la casa Vayris, que era típico de finales de los años 90, con sistema de datos, fax y voz, más acceso a Internet. Vamos, un clásico módem RTC con velocidad de «56K” estándar V.90 (podía llegar, en teoría, hasta 56.000 bit/s de bajada y 33.600 bit/s de subida). Se conectaba al PC por puerto serie tipo RS-232 y, aunque tenía in sistema de voz y manos libres, al que se le podía incluso conectar un contestador, nunca usé esas funciones. En verdad, lo de los 56K solía quedarse lejos, llegando con suerte a 49.000 bps. El momento más emocionante era cuando encendías el cacharrillo y comenzaba a emitir sonidos para la conexión. La estructura de sonido era típica, por lo que si un día no sonaba igual ya sabías que había problemas con la línea o algún otro lío para conectar. He aquí el sonido que marcó a una generación:


El panel frontal tiene unas lucecitas de lo más mono, que parpadeaban según iba la transferencia de datos o el estado de la línea.

Las luces mostraban los estados de señal o estado clásicos de este tipo de aparatos:

  • RS/CS: RTS/CTS (control de flujo por hardware).
  • CD: Carrier Detect (hay portadora/“enganche” con el otro módem).
  • OH: Off Hook (ha “descolgado” la línea).
  • RD/SD: datos recibidos o enviados.
  • TR: DTR (el PC “dice” que está listo).
  • MR: DSR (el módem “dice” que está listo).

El “56K” no era simétrico, lo interesante de la V.90 era usar PCM hacia abajo (desde el ISP, que estaba en modo digital) y una modulación tipo V.34 hacia arriba. Por eso en subida se quedaba solo en 33.6. Lo de llegar a 56.000, como digo, ni de locos. En muchos lugares había un límite, cerca de 53.3 kbps, por restricciones regulatorias de potencia en la red telefónica. Por eso mucha gente sólo llegaba a 49 o 50k en días buenos. Puede que algún día lo vuelva a probar, de alguna manera… 😉