De violines, árboles y actividad solar o ¿por qué suena tan bien un Stradivarius?

Clima, Geo, Obsolescencia | 17 septiembre 2007


imgEl pasado domingo, cuando estaba repasando los artículos que tengo archivados acerca de variabilidad solar y sus implicaciones en posibles variaciones climáticas, me crucé con una referencia muy sugestiva 1. Se trata de un artículo obra de Lloyd Burckle, de la Universidad de Columbia, y del geógrafo Henri D. Grissino-Mayer, de la Universidad de Tennessee. El título no puede ser más atractivo: Stradivarius, violines, anillos de los árboles y el Mínimo de Maunder: una hipótesis. Bien, y ¿qué narices tendrá que ver un mínimo solar con los violines? Como el domingo no tenía tiempo para más, aparqué el tema hasta ahora. Depués de leer el artículo, debo reconocer que es ciertamente interesante.

¿Qué hipótesis se plantea? Vayamos por partes. Se afirma que los primeros violines, al menos en forma cercana a la actual, nacieron en el norte de Italia, allá por el siglo XVI. Fueron varias las familias de grandes fabricantes de instrumentos de cuerda, gracias a la calidad que ofrecieron, los que prestaron su apellido a algunas de sus creaciones más famosas, que han perdurado en la historia. Ahí están, por ejemplo, los Amati o Guarneri. Sin embargo, sobre todo de manera más popular, hay un nombre que suele ser conocido como sinónimo de gran calidad al referirse al sonido de un violín: Stradivarius. En efecto, Antonio Stradivari puede considerarse el artífice de los más famosos violines de la historia. El luthier construyó, en su taller de Cremona, más de un millar de instrumentos, desde guitarras a violas, cellos, violines… Hoy día, gracias a su gran calidad, sobreviven unas seiscientas de tales obras maestras. Han pasado tres centurias desde que nacieron y, sin embargo, siguen siendo fascinantes.

El nudo del asunto está en que los instrumentos fabricados por varios artesanos a finales del siglo XVII y principios del XVIII suenan mejor que los construidos en la actualidad o, al menos, tal cosa afirman muchos expertos. Durante años se ha investigado la razón de las sobresalientes cualidades sonoras de estos instrumentos. Se afirmó que pudiera tratarse de una técnica secreta, lo que en realidad supone quedarse en la ignorancia sobre la verdadera razón. Que si los pigmentos, el tratamiento de las maderas… nada ha sido concluyente y el misterio permanece.

Según el artículo, la solución al enigma podría tenerla el Sol o, mejor dicho, su variabilidad. De manera sencilla, trataré de resumir la idea principal. En la época en que Stradivari estaba construyendo sus magníficos instrumentos, se desarrolló el Mínimo de Maunder. Como expliqué en el anterior artículo, en aquella época el Sol prácticamente dejó de mostrar manchas solares, su actividad magnética disminuyó y la energía que nos llegaba de nuestra estrella fue menor de lo “normal”. El clima, al menos en Europa, pareció afectado por aquello, dado que por entonces se vivieron los años más duros de lo que se conoce como Pequeña Era Glacial. Los estudios dendrocronológicos, esto es, aquellos que investigan a través de los anillos de los árboles, el clima y las condiciones de crecimiento que se han desarrollado durante la vida del árbol, muestran que tal período frío influyó en el desarrollo de las especies utilizadas por los constructores de instrumentos, de tal forma que las especiales características de la madera que creció en aquellos años pudieran ser las responsables del extraordinario sonido de los instrumentos musicales de la época. Como las condiciones climáticas de aquella época fría no se han vuelto a repetir en Europa, al menos no durante largos espacios de tiempo, los instrumentos construidos a partir de entonces no han podido aprovecharse de tales características de una madera que creció de forma tan especial. Ignoro el grado de validez que pueda contener la idea, pero como hipótesis es ciertamente atractiva.

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1 Stradivari, violins, tree rings, and the Maunder Minimum: a hypothesis. Burckle, L. / Grissino-Mayer, H.D., Dendrochronologia, 21, Enero de 2003. Ver en PDF.