Desaparecidos en la niebla…

Hace tiempo, hablando con Chris Aubeck, amigo y gran desenmascarador de fenómenos presuntamente paranormales, empezamos a repasar la gran cantidad de historias que circulan por el mundo acerca de coches que desaparecen al penetrar en extrañas nieblas y, de manera repentina, reaparecen al otro lado del mundo. Lo curioso de todos estos casos es que, siendo tan similares unos de otros, cuando se tira del hilo, no aparece jamás la fuente original, lo que no es nada raro porque en realidad no hay ninguna «fuente».

De hecho, muchos de estos casos surgieron a raíz de una película de ciencia ficción, o de terror según se mire, dando lugar a la historia de los Vidal. De boca en boca, la narración nos cuenta que el Dr. Gerardo Vidal y su mujer subieron a su coche en Chascomus, una ciudad cerca de Buenos Aires, en mayo de 1968, con la intención de conducir unas cien millas hacia el sur, para visitar a unos familiares, pero nunca llegaron a su destino. Dos días más tarde, Gerardo Vidal hizo una llamada telefónica a su familia para comunicarles que se encontraban bien y que el coche había saltado misteriosamente de Argentina a Méjico tras penetrar una densa niebla.

Según se cuenta, el coche fue enviado a un laboratorio norteamericano para que se inspeccionara y la señora Vidal acabó en un hospital mental por el susto. El caso se hizo tan famoso que llegaron a reproducirse decenas de historias idénticas o parecidas en todo el mundo, muchas veces con testigos aparentemente fiables y relatos aún más espectaculares.

Sin embargo, hoy, después de treinta años, sabemos que todo el incidente de los Vidal se creó para promocionar Che, Ovni, una película de bajo presupuesto del cineasta Anibal Uset. La película contaba la vida de una cantante de tangos que es abducida en Argentina y transportada hasta Madrid. Tanto la cantante como la familia Vidal eran ficticias. Años después nadie se acordaba de la película, pero tanta gente declaraba conocer a los Vidal, o haber pasado por exactamente la misma experiencia aterradora en un coche, que el mismo Uset empezó a creer seriamente si quizás había escrito algo que coincidía con un incidente real. Aunque el incidente nunca sucedió, todavía hay gente que busca incansablemente a los Vidal. Tal es el poder de las leyendas urbanas.