En algunas ocasiones he comentado acerca de ejemplos sobre edificios giratorios. Sin ánimo de buscar mucho, recuerdo haber mencionado el caso de Villa Girasole, o el curioso solarium giratorio de Aix-les-Bains y hasta toda una ciudad giratoria. Pero dando una vuelta de tuerca más a la cosa de las casas que pueden girar, encontré estas dos portadas. La imagen de la izquierda corresponde a la portada de la edición de mayo de 1974 de la revista Popular Mechanics. A la derecha, la portada de la edición de agosto de 1974 de Mecánica Popular (que, obviamente, era la edición en español de la original estadounidense).

Lo primero que me vino a la mente al contemplar tal ingenio fue que parecía como si la góndola de un aerogenerador gigante de hoy en día se hubiera transformado en un apartamento vacacional de los años setenta. Al leer el contenido de la revista queda claro que no era más que una idea extravagante pero, hasta cierto punto, interesante. Sería una especie de vivienda mínima para la playa, elevada sobre un fuste central, capaz de girar 360° como una veleta para orientarse de forma óptima entre el sol y la brisa marina. La idea, contada tal como la presentaron las revistas, nacía de una ambición muy propia de la época, a saber, convertir un “segundo hogar” en un artefacto, casi en un juguete de ingeniería, pero sin renunciar a una intención ecológica explícita. Se subraya que el objetivo era minimizar el impacto ambiental del conjunto y, a la vez, permitir que el conjunto se orientase por viento, o por motor, o quedase bloqueado mirando en una dirección concreta.

El padre del proyecto era el conocido arquitecto estadounidense Charles Ralph Colbert, quien se tomó muy en serio el concepto. Se afirmó por entonces, en plena resaca de la crisis del petróleo, que Colbert pensaba erigir varias viviendas de ese tipo en la costa de Florida. Pero, como tantas otras «locuras» atractivas, no llegó mucho más lejos del tablero de dibujo. En el mundo real la cosa no hubiera sido sencilla, sobre todo en esa época. Se necesitaría una estructura metálica muy resistente, una columna de gran diámetro, un complejo sistema de giro, un tanque de retención bien calculado y, en definitiva, un conjunto de artilugios bien calculado para crear un giro fiable, con sus tolerancias, rodamientos de alta resistencia, frenos, sellados contra arena y salitre, y un mantenimiento que ni me imagino cómo podría llegar a ser de complicado. Hoy en día, construir algo así de forma práctica sería más factible que entonces gracias al uso de nuevos materiales. Y ahí es donde entra el recuerdo de las torres eólicas, porque hay algunas similitudes.

Lo de hacer que la casa de vacaciones pudiera girar no era un simple capricho o artificio. La cuestión consistía en hacer girar la casa como medio de climatización pasivo. Se trataba de orientar las ventanas hacia la brisa para enfriar el interior de forma natural, sin usar aire acondicionado y, a la vez, podía servir para elegir la vista deseada.

