Hace mucho que no comento un libro en TecOb. Es hora de cambiar eso con una breve nota sobre un libro muy especial. Me choqué con él casi sin querer, cuando estaba repasando un post de Incognitosis, el blog de Javier Pastor, que es el autor de la obra en cuestión: Suscriptocracia (Cómo las suscripciones lo han conquistado todo).
El libro se lee de una sentada, como si de un maratón de series de Netflix se tratara. O bien te lo puedes tomar con calma, en dosis pequeñas, caso a caso. Es lo mismo, porque deja buen sabor. Da igual que se trate de un automóvil, un paquete de software, televisión en streaming o servicios de diseño, porque lo que hasta hace no tanto tiempo era venta de productos y servicios ahora se ha convertido en una suscripción. Las hay de todo tipo imaginable, y en Suscriptocracia podemos repasar muchas de los más conocidas. Ahora ya no se suele ser propietario de los productos, sino que se disfruta de ellos mientras estés suscrito. Y eso por no hablar del tema de las obsolescencia, con sus mil caras.
Es en esas mil caras donde Javier Pastor lo borda, porque repasa mil curiosidades acerca de cómo muchos de esos productos, que hoy se han convertido en suscripciones, han llegado a ser lo que son. Quienes nos dedicamos al mundo digital desde hace décadas conocemos esas historias, pero no por ello el libro deja de ser entretenido. Ya casi nadie recuerda que Netflix, por ejemplo, nació como una especie de videoclub de DVDs por correo postal. Ahora que estamos en un punto de saturación total con el tema de las suscripciones, cuando poseer objetos físicos (CDs, libros impresos…) es algo que se dejó atrás por parte de muchas personas, Suscriptocracia viene a recordar cómo hemos llegado a esto y las ventajas e inconvenientes (algunos no tan obvios) del omnipresente imperio de las compañías bajo suscripción. Ah, y eso de que puedan borrar libros digitales, reprogramar software de vehículos (se supone que dejas que lo hagan al aceptar las condiciones del servicio. Sí, esas que no lee nadie) o cambiar el final de una película por tal o cual motivo, sin que apenas te des cuenta, no es más que la guinda del pastel. Y así, a golpe de suscripción, la humanidad ya apenas recuerda qué había antes de Spotify, Amazon Prime y demás parientes.
Para entender mejor cómo hemos llegado hasta aquí, Suscriptocracia es un compañero ideal.
Anexo quisquilloso :
Después de casi trescientos libros maquetados para editoriales de todo el mundo, se me han pegado manías que, para el resto de los mortales, no existen. El contenido de Suscriptocracia es genial, pero merecería una maqueta mejor. Ya sé que casi nadie sabe qué es una línea viuda o huérfana, y que el kerning y el tracking, entre otras hierbas, no le preocupan a casi nadie, pero en mi caso no puedo evitarlo. Sea como fuere, Suscriptocracia merece la pena por su contenido, que a fin de cuentas e de lo que se trata. 🙂
