Ingenuo futuro

Marcellin Berthelot es recordado como uno de los químicos más destacados de finales del siglo XIX. A su labor en la ciencia se unía su pasión por la historia y la política. Preocupado por la situación social de su época, compartía cierta ingenuidad, o más bien un deseo, hacia el lejano futuro. Hoy ese futuro, que es presente, no gustaría demasiado al sabio francés que pensaba en el principio del siglo XXI de forma bastante utópica1:

imgBerthelot, el gran químico francés, acaba de ser honrado púbica y solemnemente en París con motivo de su jubileo científico. Berthelot es conocido no sólo entre los científicos, sino también en el mundo proletario sociológico, por las siguientes profecías hechas en nombre de la ciencia:

«En el año 2000 no habrá agricultura, ni pastores, ni labriegos; al cultivo del suelo sustituirá la química. No habrá minas de carbón, ni huelgas de mineros, ni combustibles, ni aduanas, ni guerras, sustituyéndose todo por operaciones físicas y químicas. Al fondo de pozos de tres o cuatro kilómetros irán los ingenieros a buscar el calor central, fuente de energía termoeléctrica sin límites y renovada incesantemente, que facilitará la fabricación de toda suerte de productos. El días en que se logre económicamente la energía, se fabricarán alimentos artificiales con el carbón extraído del ácido carbónico, etc. Para que esto se realice hay que trabajar, y por eso el hombre del año 2000 trabajará con celo, porque gozará el fruto de su trabajo, y en esta remuneración legítima e integral, todos los hombres encontrarán los medios para llevar al extremo su perfección intelectual, moral y estética.»

El sabio químico francés ha dicho en su último discurso que a medida que los lazos que unen los pueblos se multiplican y estrechan por el progreso de la ciencia y por la unidad de las doctrinas y de los preceptos que deduce de los hechos comprobados y que impone sin violencia, aunque con fuerza irresistible a todas las convicciones, estas nociones han tomado una importancia creciente, avasalladora, invencible, tendiendo a ser las bases puramente humanas de la moral y de la política del porvenir.

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1 Texto publicado en: «Profecías de un sabio». La Escuela Moderna, número 130, Enero de 1902, página 72.