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Tecnología Obsoleta

El fuego de San Antonio

26 marzo 2008

Se levantó temprano, más de lo acostumbrado. Una desazón general hizo que saltara de la cama y lanzara un grito al observar cómo los dedos de sus manos iban ennegreciendo mientras parecían congelarse. Al poco rato, agudos dolores hicieron que caminar se convirtiera en una tortura.

Sólo pasaron unos días desde esa terrible mañana y ya habían dado tierra a su cuerpo. La llamaron bruja, porque en sus últimas horas hablaba de forma extraña y los espasmos que la sacudían atemorizaron a quienes los contemplaban. Sin duda, una maldición había caído sobre la aldea. A la primera víctima, se sumaron pronto muchas otras. Rogativas y rezos se celebraron continuamente en la iglesia para intentar aplacar la ira de los cielos. Quienes sobrevivieron, sufrieron graves amputaciones e, incapaces de trabajar, eran apartados como apestados, porque seguramente habían sido aliados del demonio o cosas peores.

El anterior párrafo no es más que una ficción con la que intento reconstruir, aunque sea de forma muy leve, un episodio de ergotismo en la Edad Media. Esta enfermedad, que ha recibido diversos nombres dependiendo del lugar y la época, está causada por la ingesta de alimentos contaminados por toxinas procedentes de hongos parásitos, en su mayor parte cornezuelo, Claviceps purpurea, perteneciente al género Claviceps. Cuenta con muchas especies diversas que son capaces dañar las cosechas de cereales y varios cultivos herbaceos, aunque es el centeno su principal anfitrión. Entre los nombres por los que ha sido conocido el ergotismo, cabe destacar los de Fuego de San Antonio, por el patrón de la orden religiosa que se encargó durante mucho tiempo de tratar a enfermos de ergotismo, fuego sagrado o fuego del infierno.

Los compuestos derivados del ácido lisérgico que contiene el hongo, similares químicamente al LSD, al consumirse en forma de pan, al que llega gracias a harina contaminada, provocan un envenenamiento que muestra unos síntomas muy característicos. Aunque hoy día es prácticamente imposible que el cornezuelo origine intoxicaciones -los escasos casos de ergotismo actuales suelen deberse a intoxicación con fármacos que contienen alcaloides simialares a los del cornezuelo- dado que se controla su crecimiento en los cultivos, no fue hasta el siglo XIX cuando se comenzaron a tomar medidas para evitar el problema, aunque ya desde el siglo XVII se sabe que el ergotismo lo provoca el grano contaminado, que había causado graves problemas de salud durante siglos. Cuando una gran cantidad de cereal contaminado llegaba al pan, se producían intoxicaciones que lograban afectar a poblaciones de tamaño considerable, viéndose también expuesto a este peligro el ganado. Los síntomas asociados al ergotismo o intoxicación por ingesta de toxinas procedentes del cornezuelo proceden de los efectos producidos en el sistema nervioso central, capaces de originar convulsiones, temblores y cefaleas, entre otros. Además, la vasoconstricción generalizada da lugar a la sensación de frío, dolores articulares y torácicos, además de gangrena seca en las extremidades.

Durante siglos, el consumo de harinas y panes que contenían cereales contaminados por hongos del tipo del cornezuelo originaron gran número de intoxicaciones masivas que han sido registrados en la historia de manera vehemente. Algunos de los episodios de intoxicación llegaron a causar varios miles de muertes. Desde que se conoce el problema de la toxicidad de los cereales dañados por hongos, el número de intoxicaciones ha disminuido, hasta el punto de haber desaparecido prácticamente por completo. Los últimos casos referidos se localizan en la antigua Unión Soviética durante los años veinte del pasado siglo y el famoso caso del pan maldito, que afectó en 1951 al pueblo francés de Pont-Saint-Esprit. Aunque no se ha llegado a determinar si este caso se trata de ergotismo, porque algunas veces se ha sugerido que podría haber sido causado por intoxicación con pesticidas, existe la sospecha de que las micotoxinas podrían haber causado el caso más serio de envenenamiento de la harina por hongos desde el siglo XVII en Francia. En total, unas doscientas cincuenta personas mostraron síntomas de intoxicación, siendo especialmente reseñables las descripciones de alucionaciones y convulsiones. De entre los afectados, una cincuentena tuvo que ser atendida en centros psiquiátricos y siete personas fallecieron a causa de la intoxicación.

Es curioso resaltar que, aunque generalmente no era de conocimiento general la toxicidad del hongo, durante siglos el saber popular ha transmitido la práctica de su empleo por parte de las comadronas para inducir el parto, hacer cesar hemorragias tras el mismo o, también, para inducir abortos. Las personas con escasos recursos económicos solían ser las más afectadas por las intoxicaciones, dado que se alimantaban casi exclusivamente de pan. El ergotismo podía presentarse de dos formas diferentes, una convulsiva, la otra gangrenosa. Aunque por lo general los síntomas eran comunes, a veces prevalecía un cuadro caracterizado por cuadros convulsivos y alucinatorios, conocidos como baile San Vito. En otras ocasiones, las convulsiones y alucinaciones aparecían en menor medida, siendo la gangrena de las extremidades el elemento principal de la enfermedad…

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