La Operación Haudegen

Obsolescencia | 6 octubre 2012


Mediado el mes de diciembre de 1944 la guerra que asolaba el mundo parecía que estaba a punto de llegar a su fin, o al menos eso se pensaba desde el punto de vista aliado, que aunque temía una gran ofensiva final enemiga, estaba confiado en alcanzar Alemania con rapidez para dar un último golpe a las tropas de Hitler. Lo que sucedió desde el día 16 de aquel mismo mes les hizo pensar que las cosas no iban a ser ni mucho menos fáciles. Comenzó entonces la Batalla de las Ardenas en tierras belgas y de Luxemburgo, una contraofensiva alemana a gran escala que sorprendió a los aliados y que costó decenas de miles de vidas. Aunque los aliados contaban con una superioridad aérea abrumadora, sus aviones no pudieron hacer nada para frenar el ataque alemán debido a la gran nubosidad que durante días cubrió el escenario de la batalla. ¿Cómo pudieron los alemanes conocer con sorprendente precisión las condiciones meteorológicas ideales para diseñar una batalla a su medida? Todo comenzó algunos meses antes.


La estación Haudegen en junio de 1945. Nordostland, archipiélago de Spitzbergen.

El 23 de agosto de 1944 dio comienzo una misión de guerra de gran importancia para Alemania, aunque a simple vista no parecía gran cosa. Aquel día el oficial naval alemán Friedrich-Georg Herrle recibió unas órdenes singulares, a saber, debía dirigir su submarino, el U-307, hacia el puerto noruego de Narvik para recoger a una tripulación muy especial. El objetivo final consistía en transportar con seguridad por el Océano Ártico a un extraño grupo de hombres y escoltar a un carguero con equipo secreto, el Karl J. Busch. No era algo sencillo, los buques de la Royal Navy se encontraban rastreando cualquier huella de presencia alemana en aquellas aguas y, por lo tanto, era necesario navegar con sumo cuidado y sigilosamente. Las órdenes insistían en que la misión era vital para Alemania, por lo que el enigma sobre el equipo humano y técnico que debían transportar hacia Trömso, y de allí a un lugar más lejano, crecía a cada instante. ¿Qué podía ser aquello tan importante como para marchar tan al norte, atravesando aguas controladas por los británicos? La cosa tenía más gracia si cabe porque, aunque parte del equipo secreto estaba formado por soldados de élite, cosa que saltaba a la vista, otra gran parte eran, sin duda, científicos. No era difícil descubrirlos entre ellos, pues su aspecto les delataba. No eran hombres de acción, sin duda.


Lanzamiento de un globo de radiosondeo en la estación Haudegen, 2 de abril de 1945.

La misteriosa tripulación se encontraba bajo el mando del teniente Wilhelm Dege, que no era precisamente un “guerrero”, sino un conocido geólogo y geógrafo que había realizado anteriormente numerosas investigaciones en el Ártico. Se llevó así a cabo la Operación Haudegen (Estocada), que se convertiría en una de las más oscuras de toda la guerra. El destino final del submarino y el buque de carga era un punto concreto al norte del archipiélago noruego de Svalbard, o Spitzbergen, en una isla perdida en el fin del mundo entre hielos. En ese terrible lugar del Ártico el equipo científico levantó una gran estación meteorológica que servía como complemento a otras instaladas en la costa oriental de Groenlandia e incluso a estaciones automáticas que fueron llevadas a puntos tan increíbles como las costas de Canadá. Todo quedó listo a lo largo del mes de septiembre y el equipo llevó a cabo su trabajo de investigación meteorológica con metódica puntualidad, enviando cada día a las 20.00 horas sus informes por radio a Berlín.


Wilhelm Dege, 24 de marzo de 1945.

El submarino y el carguero regresaron pronto a Alemania, dejando allá arriba perdidos a los científicos y a los militares de refuerzo. Lo que nadie sabía era que toda la información que enviaba la estación servía para preparar cuidadosamente la contraofensiva alemana que, tiempo después, se desarrolló en forma de gigantesca batalla en las Ardenas. Sin aquella ayuda los alemanes no hubieran podido organizar su gran maniobra final en la guerra.

Pero lo más curios de la Operación Haudegen sucedió mucho después. Dege y su equipo se enteraron por radio del final de la guerra en Europa en mayo de 1945, recibieron noticias del suicidio de Hitler y, por tanto, estaba claro que su misión ya no tenía ningún sentido. Decidieron avisar por radio a los aliados para que marcaran su posición y fueran recogidos. Además, detruyeron todas sus armas salvo las esenciales para defenderse de los oso polares que por aquellas tierras eran todo un peligro. Igualmente, todo el material secreto fue enterrado y no fue descubierto hasta muchas décadas más tarde. Desde entonces, para mantener el ánimo y no caer en el tedio en un lugar en el que no había muchas cosas que hacer, pasaron a seguir el mismo protocolo de investigación que habían llevado hasta entonces, como si nada hubiera sucedido, anotando datos y enviándolos por radio puntualmente, aunque ya sin ser cifrados. Pensaron que era cuestión de días el que fueran rescatados.


Registrando datos, 3 de mayo de 1945.

Aunque tenían equipos y suministros como para aguantar muchos meses, el hecho de no recibir mensajes durante semanas les puso muy nerviosos. Por fin, cuando ya llevaban casi un año en la isla helada, un barco noruego les comunicó por radio que se pasaría por allí. Claro que, lo más curioso era que no se trataba de un buque de guerra ni nada parecido, sino que era un barco para la pesca de focas. A pesar de eso, Dege y su equipo realizó toda una ceremonia de rendición oficial ante la sorprendida mirada de los pescadores noruegos que no tenían ni idea de cómo reaccionar. Les convirtió aquella ceremonia y la firma del informe final de la operación el 3 de septiembre de 1945 en los últimos miembros del ejército alemán en rendirse. Es más, puede decirse que fueron los últimos en rendirse de toda la Segunda Guerra Mundial, pues el día antes el Imperio del Japón también había firmado su rendición en una ceremonia a bordo el acorazado USS Missouri. Cierto es que con los años se han dado casos de soldados japoneses que se fueron rindiendo mucho después de terminada la contienda, pero oficialmente fue el equipo de once personas de la Operación Haudegen el que guarda el honor de ser el último en rendirse.


Wilhelm Dege de regreso con sus compañeros hacia un campo de prisioneros en Noruega. Septiembre de 1945.

Todos ellos, tras pasar un tiempo en un campo de prisioneros, regresaron a Alemania. Dege continuó con su labor científica durante muchos años y la estación meteorológica quedó perdida en el Ártico, donde todavía continúa. Lo más sorprendente es que la gran cantidad de datos que lograron recoger durante lo que duró la operación y, también, los que tomaron con la guerra ya terminada, se ha convertido con el tiempo en toda una fuente de información de gran utilidad para geógrafos y climatólogos.

Más información: