El Meridiano de El Hierro

Cuando mencioné el meridiano de Finisterre, en el artículo Martín Sarmiento y un misterio geográfico en el Palacio Real de Madrid, comenté la batalla que mantuvieron franceses y británicos durante mucho tiempo para imponer sus respectivos meridianos de referencia en la cartografía mundial. El triunfador fue el Meridiano de Greenwich, como todos sabemos. Sin embargo, se me pasó recordar, aunque fuera como simple mención, otra propuesta que durante mucho tiempo fue bastante empleada. Se trata del Meridiano de El Hierro, que desde tiempos lejanos se consideró como ideal y que divide el mundo en dos hemisferios, occidental y oriental, con las tierras del Viejo mundo hacia el este y el nuevo mundo al oeste.


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Tal y como se mencionaba en La América, en su edición del día 8 de febrero de 1883:

Cada nación tiene hoy un observatorio, y por consiguiente su meridiano que pasa por este observatorio. Greenwich, París y Berlín son otros tantos puntos, a partir de los cuales las cartas publicadas en Inglaterra, Francia y Alemania, cuentan las divisiones en grados de longitud. De aquí resultan complicaciones extraordinarias en los cálculos que se hacen, ya en marina, ya en astronomía. Un marino, por ejemplo, se encuentra, a consecuencia de un accidente cualquiera, con que no tiene a su disposición sino cartas diferentes de las que emplea por lo general, y está en seguida obligado a introducir en cada observación que hace una corrección, que puede ser causa de error, y que produce en todo caso una pérdida de tiempo. La extensión de las comunicaciones entre los diversos pueblos, el uso indiferente de cartas y anuncios náuticos publicados en todas las lenguas, y que contienen por tanto diferentes indicaciones meridianas, hacen desear que se llegue a un arreglo sobre este punto. (…) El primer meridiano que se usó fue el de Ptolomeo; el más célebre el de la isla del Hierro (…) que ha sido aceptado mucho tiempo por los navegantes de Europa.

Y, en efecto, a propuesta de Francia se plantearon en la Conferencia Internacional del Meridiano, patrocinada por los Estados Unidos y celebrada en Washington, diversos meridianos «de compromiso», como el de Ptolomeo o el del Hierro, pero finalmente al concluir la conferencia en 1884 fue Greenwich el vencedor de este juego a medio camino entre lo cartográfico y lo colonial.