Me-323, un gigante del cielo

Obsolescencia | 16 junio 2006

cargaHoy, en que tanto se está rumoreando sobre tráfico de información privilegiada en la empresa que fabrica los Airbus, EADS, tras la caída de sus acciones al anunciar problemas y retrasos en la salida del gigante A380, me ha venido a la mente otro monstruo volador. Se trata del Me-323, una máquina fascinante que parece imposible que pudiera levantar el vuelo, sobre todo cuando iba cargado hasta el techo de material pesado, tal y como puede verse en alguna vieja grabación. (Gracias Muxfin por pasarme el enlace 😉 ).

Naturalmente, no era tan grande como nuestro A380, pero si se piensa que voló hace más sesenta años, causa escalofríos imaginar la visión de semejante engendro pasando por encima de nosotros, seguramente algo así causaría fuertes emociones. Los datos que se conocen acerca del Messerschmitt Me-323, apodado con acierto Gigante, siguen asombrando. Se trató del mayor carguero de la Segunda Guerra Mundial, llegándose a producir unas doscientas unidades. Realizó sus primeros vuelos en el 41 y entró en servicio hacia el 43, llegándo así relativamente tarde a la contienda. La tripulación, que solía ser de cinco miembros, con toda seguridad afrontaba los vuelos con una mezcla de inquietud y emoción, teniendo ante sí los impresionantes mandos de todo un almacén volante. Las cosas no andaban muy bien en la Alemania de la época, los materiales de construcción escaseaban, así que los ingenieros decidieron utilizar materiales baratos, prefabricados procedentes de estructuras tubulares utilizadas en grandes conducciones. No era mala idea, porque además de abaratar los costes y aligerar peso, se lograba un ahorro en tiempo de construcción.

vista

La panza del monstruo, que se cargaba por la proa, previa “remoción” del morro, era capaz de albergar y elevar del suelo a un batallón de cien soldados totalmente equipados, podía cargar tanques pesados, vehículos de transporte… total, unas quince toneladas de nada. Fue utilizado por el ejército nazi en diversas labores de aprovisionamiento y movimientos de tropas, desde el norte de África hasta Italia o lo que restaba del frente oriental. Dado su tamaño y capacidad de carga -se utilizó incluso como cisterna de combustible volante- era muy vulnerable a los ataques de cazas aliados, a peser de ser escoltado frecuentemente por cazas alemanes, solía ser una presa sencilla. Tras la guerra, aquellos gigantes con más de cincuenta metros de envergadura y capaces de recorrer sin repostar unos mil kilómetros y con un techo de servicio de cuatromil metros, fueron desmantelados y olvidados, dejando de escucharse el rugir de sus seis poderosos propulsores Gnôme-Rhône. Puede que, para la paz, hubieran sido útiles, como cargueros civiles, después de haber demostrado ser capaces de transportar cualquier cosa por los cielos.