Sobre ruedas

Estamos acostumbrados a ver automóviles de cuatro ruedas, más la de repuesto claro, bicicletas y motocicletas, de dos ruedas y hasta camiones con muchas ruedas pero, hace mucho tiempo, se pensó que, lo menor para recorrer velozmente los caminos, era utilizar una sola y gran rueda.

Para recordar aquellos tiempos casi olvidados y sus «locos» cacharros de una sola rueda, o de dos poco convencionales, he aquí varios ejemplos de cómo una idea rodada puede hacerse realidad, aunque termine viviendo en el baúl de los recuerdos.

V8Los aparatos monorueda, herederos grandotes de los circenses monociclos, son apasionantes y atractivos. Se trata de cacharros dotados de una rueda de grandes dimensiones en los que su piloto y, a veces, también sus acompañantes, viajan sentados en un habitáculo que ocupa el interior de esa rueda, que se mueve sobre el suelo impulsada por el movimiento transmitido por otras pequeñas ruedecillas interiores propulsadas a pedal o a motor. Durante el siglo XIX se consideró una verdadera alternativa como medio de transporte, proliferando patentes y modelos de todo tipo. Hay tipos intrépidos que han llegado a montar todo un V8 en uno de estos artilugios, como muestra la fotografía.

Durante el siglo XX aparecieron muchos modelos diferentes, movidos por motores variopintos, desde los de motocicleta hasta, incluso, cohetes. Naturalmente, se trata de una idea genial, una máquina rápida y, desde luego, divertida pero, aunque todavía hay quien quiere resucitarla, tiene algunos problemas que saltan a la vista. Aparte del asunto de la seguridad, como el no resuelto problema del vuelco, está el del frenado, muy complicado y, sobre todo, la toma de curvas. A pesar de todos los problemas, los modelos más modernos, son capaces de movimientos increíbles.

Como medio de sacar partido a la idea de moverse velozmente dentro de un armazón «suspendido» en el interior de una rueda y, a la vez, limitar los problemas de seguridad, se inventó el diciclo, que viene a ser la contrapartida de dos ruedas al monorueda y cuyos primeros modelos datan de la década de 1870.

Como la imaginación no tiene límites, también se pensó en desarrollar automóviles sobre dos ruedas, vamos, como una motocicleta gigantesca con carrocería de coche. Los problemas en su manejo y funcionamiento son evidentes, pero no por ello dejó de construirse, como puede verse en los modelos de «girocoche» de principios del siglo XX.

Gyrocar

A partir de aquí, los juegos de equilibrio se aplicaron a giro-monorailes

Brennan 1909

…llegando a la que, personalmente, considero la joya dentro de este tipo de «locuras», el Ford Gyron, de 1961. No hay más que verlo para reconocer que, aunque no sea muy práctico, es precioso y, sin duda, muy rápido. ¿Alguien se anima a dar una vuelta?

Gyron 1961 (c) Ford