Orfila y los catedráticos

Esta tarde he terminado un nuevo artículo para Historia de Iberia Vieja, que aparecerá en papel en el número de julio si no se tuerce nada, dedicado a la figura del insigne padre de la toxicología, el menorquín Mateo Orfila. Una vez cerrado el texto y enviado a la redacción, no he podido aguantar la tentación de traer a TecOb un breve fragmento de uno de los documentos que he empleado para documentar el artículo. Se trata de una pequeña parte de una extensa carta que Orfila, cuando apenas era un chaval recién llegado a la Universidad de Valencia para estudiar medicina, envía a su padre en Menorca el 17 de agosto de 1805.1 Quien llegó a ser el químico más famoso y reconocido de su tiempo, gran figura de las ciencias forenses y la medicina legal, esperaba a su llegada a la Universidad encontrar un ambiente adecuado para cultivar su pasión científica. Lo que encontró fue precisamente lo contrario y, por la forma tan cruda de relatarlo, he decidido rescatar aquí estas letras:

mateo-orfila…me dijo que la Universidad Valencia era la mejor de España y quizá de Europa; yo como un inocente lo creí. Ah, Padre: sólo tengo aliento para decirle que primero morir antes que quedarme diez días más en esta Universidad, primero ser zapatero, sastre, tejedor, ¡morirme primero de hambre que quedarme perdiendo mi juventud entre bárbaros como son los que aquí habitan! En esta Universidad (…) se hacen cincuenta y cinco o cincuenta y seis veces Escuela al año, y si no quite desde 10 de Mayo hasta 4 de Noviembre, que está la puerta cerrada; quite un mes por Navidad; quite un mes por Pascua; quite quince días por Carnaval; quite jueves. Fiestas de Misa y de precepto, todos los días que hace un poco de frío y llueve y verá lo que queda del año: los días de Escuela dura tres cuartos de hora cuando más; unos fuman, otros hablan, otros cantan y los Maestros lo que quieren es que los Estudiantes se queden tan burros como son ellos: la lección es una hoja muy pequeña y, a veces, se ha de repetir tres o cuatro días, por haber la mitad que no la saben: el Autor que estudian es lo más indigno que se ha escrito, y la causa es porque es fácil, pues si fuese difícil no sabrían explicarlo y esto no les tiene cuenta: los Catedráticos todos, desde el primero hasta el último, son unos pedantones, como sabe toda España, que no saben más que liar cigarros y fumar, hacer visitas si las tienen, pues de otra manera se morirían de hambre, porque la Universidad no les da lo bastante para merendar: con todas estas circunstancias nos quedamos nosotros, infelices, sin aprender una palabra.

1 Fragmento de la carta, traducido del mallorquín, publicada por Juan Farré Oliver en Nuestro Tiempo, Madrid, junio de 1914. Cabe añadir aquí que Orfila abandonó al poco la Universidad de Valencia y marchó a Barcelona para estudiar química de forma prácticamente autodidacta antes de viajar finalmente a París, donde pasó el resto de su vida después de doctorarse en medicina en la capital francesa.