¡Captura ese disco volador!

imgA mediados de los ochenta, como en tantas oleadas en las que se recuperan y, más tarde, se olvidan juguetes clásicos, recuerdo haber pasado muchas tardes de verano enredando con un sencillo disco de plástico de color rojo muy vivo. Realmente nunca ha pasado de moda y, ya sea en la playa o en medio de un campo, la diversión está garantizada cuando un grupo de personas deciden emplear uno de estos discos. Claro, ya sabrá el lector a qué me refiero… ¡se trata del Frisbee!

A Walter Fredrick Morrison, Fred para los amigos, eso de Frisbee no le hacía mucha gracia. Para Fred, los discos voladores siempre se llamarían como él mismo había pensado: Pluto Platter. Esos «discos de Plutón», nombre raro donde los haya, fueron diseñados por Fred a finales de los cincuenta y, seguramente sin saber hasta que punto iban a extenderse, logró la patente estadounidense número 183.626, en la que se describe detalladamente cómo construir un disco volador capaz de despertar la ilusión y la diversión en cualquiera. El inventor falleció hace pocos días, el 9 de febrero de 2010, a los noventa años de edad, sin haberse convencido todavía sobre lo oportuno del cambio de nombre para su invento. Fue en 1957 cuando Fred vendió los derechos de su invento a la compañía juguetera Wham-O, emporio que decidió poner en las manos de cada niño que pudiera uno de estos discos volantes y, ya de paso, creó toda una moda. Así, como a la empresa no le gustaba nada lo de Plutón, los publicistas decidieron jugar con platos y platillos hasta que, con la bombilla mental brillando con intensidad, se les ocurrió la palabra mágica: ¡Frisbee! Desde principios del siglo XX, en los Estados Unidos, se encontraban muy extendidos una serie de platos metálicos empleados en la distribución de comida rápida, sobre todo postres. Se trataba de los platos fabricados por la Frisbie Pie Company, de Bridgeport en Connecticut, reutilizados después de su uso primario por los chavales como platos volantes. Ciertamente, a lo largo de la historia la gente menuda ha jugado con todo tipo de objetos lanzados al aire, pero no fue hasta la llegada del diseño de Fred, un modelo diseñado pensando en términos aerodinámicos, que se popularizó realmente como juego y hasta deporte.

De esta forma, con el diseño de Fred y la imaginación comercial de Wham-O, que tomó para nombrar al invento el sonido básico del nombre de la empresa de platillos metálicos, nació uno de los juguetes más exitosos de la historia. Y, ¿cómo se le ocurrió al bueno de Fred diseñar un disco ideal para el juego de lanzar platos al aire? Todo tiene su explicación, y este caso no podía ser diferente. Durante la Segunda Guerra Mundial el inventor voló en aviones P-47 en misiones de bombardeo sobre Europa y, en ese puesto, acumuló gran experiencia sobre aerodinámica y tecnología aérea. Terminada la guerra se obsesionó con la idea de crear un juguete que fuera capaz de volar de forma estable y, fruto de su ingenio y de los dineros de su amigo Warren Franscioni, nació el primer disco volador de plástico ideado como juguete. La aventura no pudo tener peor final, pues ninguna juguetera quiso hacerse cargo de una idea tan «tonta». Corrían los años finales de la década de los cuarenta y, con el fracaso a cuestas, a Fred no se le ocurrió otra cosa que rediseñar su invento. Ya mejorado, y en su forma definitiva, llamó la atención de Wham-O y, el resto, ya es historia común. Muy lejos quedaba el año 1937, cuando Fred tuvo un destello de ingenio una tarde, comiendo palomitas de maíz con su novia, Lucile Nay. La tapa circular del envase de palomitas salió volando al ser lanzado ingenuamente por Fred y, precisamente en ese momento, surgió en su mente la idea de crear un juguete sencillo que pudiera volar. Dos décadas más tarde, logró finalmente su sueño. 🙂