La sibila del Rin

General, Geo, Obsolescencia | 26 agosto 2005


Hildegard Von Bingen es una de las mujeres más enigmáticas de la historia. A pesar de haber vivido hace casi mil años, su figura sigue estando vigente en la cultura europea.

En 1998 se celebraron en todo el mundo actos conmemorativos del nacimiento, nueve siglos atrás, de Santa Hildegard von Bingen, figura medieval que continúa asombrándonos hoy día. La abadesa benedictina del siglo XII, de tierras del sacro imperio romano germánico, nos ha legado una obra gigantesca donde trata sobre lo humano y lo divino. Uno de sus aspectos más enigmáticos fue la capacidad para predecir, tener revelaciones y su don para las visiones místicas. Es un caso único en la Historia pues nunca ha existido otra mujer que tuviese visiones y revelaciones en estado de vigilia. Hildegard era capaz de entrar en éxtasis sin perder el conocimiento, viendo, oyendo y conociendo simultáneamente mientras continuaba consciente en el mundo terrenal. En vida fue admirada y respetada por monarcas, papas, nobles caballeros y doctos frailes, algo inaudito para una mujer en la Edad Media. En la actualidad muchos la reclaman como precursora e inspiradora, desde músicos New age hasta ecologistas o feministas.

Tiempo de monjes y caballeros
El siglo XII en Europa fue una época apasionante. Los señores feudales extendían su poder sobre sus vasallos pero ya aparecían en el horizonte nuevos y radicales cambios sociales. Fueron tiempos de crisis política en la Iglesia, de Cruzadas para liberar tierra santa y de luchas contra “herejías” como los cátaros. A pesar de ello, la paz reinaba en casi todo el viejo continente y esto trajo prosperidad para el campesinado y los comerciantes, emergiendo la burguesía como nueva clase social en alza. El oscuro Románico dio paso al arte Gótico en un impulso constructor sin precedentes y comenzaron a retornar los conocimientos perdidos de los antiguos griegos y romanos en traducciones árabes para iluminar de nuevo el paisaje siniestro del medievo. Éste es el ambiente en el que nació Hildegard, en una familia noble. Siempre débil y con propensión a las enfermedades tuvo, desde los tres años de edad, la maravillosa capacidad para la visión divina que ya nunca abandonó. A los ocho años fue confiada a un monasterio para educarse, y pasado el tiempo profesó votos perpetuos, llegando en 1136 a ser elegida abadesa. En 1141, durante una visión, se le ordenó escribir todo lo que había visto y oído. A parar de ese momento pasó a convertirse en una figura fundamental de la sociedad europea.

Scivias

El primer escrito donde encontramos sus visiones es el Scivias o Sci vías Dei (Conoce los caminos de Dios). Si alguien quería estar seguro de seguir el “buen camino” y de la salvación de su alma podía leer este libro, repleto de metáforas e imaginación visual para tener una amplia muestra del mundo terreno y celestial. En esta joya bibliográfica medieval se relatan las primeras visiones de Sibila apoyadas con ilustraciones de intenso cromatismo, muy luminosas, únicas para la época y realizadas por monjes bajo la dirección de la propia Hildegard. Fue escrito con la colaboración del monje Volmar, uno de los tres secretarios-consejeros que tuvo la monja a lo largo de su vida. Escribió a San Bernardo de Claraval buscando comprensión y conformidad. Éste recomendó su trabajo al Papa Eugenio III. El pontífice envió una comisión para examinarla, siendo tan favorables las conalusiones que la conminaron a seguir escribiendo. A partir de este momento, y ya con más de cincuenta años, comenzó para ella una vida repleta de agitada actividad. Se carteaba y recibía visitas de autoridades que deseaban el consejo de la mística. En 1150 fundó su propio monasterio en Rupersberg, Alemania, lo que le trajo grandes problemas ya que su anterior convento no deseaba perder este punto de atracción, visitas y, claro está, dinero.


Lecturas recomendadas sobre Hildegard von Bingen…
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Arte y Ciencia
En la correspondencia de la santa podemos encontrar los más variados temas, desde Teología a consejos de orden político. Es sorprendente la libertad con que se dirigía a estos hombres poderosos que buscaban sus palabras. En lugar de complacerles dadivosamente, nunca se andaba con rodeos y respondía de forma directa a todos, ya fuera rey o siervo, y siempre según su propio razonamiento. Es curioso observar cómo grandes soberanos, poco acostumbrados a que fuesen contrariados, respetaban enormemente a la abadesa. Este respeto no era hacia ella como mujer, imposible en esa época, sino como mensajera directa de Dios. Ella misma sabía que sólo de esa forma podía encontrar eco, como vidente y no como mujer, por lo que muchas veces se presentaba a sí misma como “una pobre mujer ignorante”.

Entre las ocupaciones propias de una abadesa de la época se encontraba el cuidar de la comunidad a su cargo, tanto espiritual como físicamente. Pero el interés que demostró Hildegard por la Medicina y la Ciencia fue mucho más allá. Entre sus obras encontramos escritos médicos cono el Liber simplicis medicinas o Physica y el Liber compositae medicinas o Cusae et curae, donde describe al ser humano en relación con los elementos naturales, síntomas y tratamientos de enfermedades. Expone que la alteración del medio natural puede hacer enfermar (concepto que antecedió a la Ecología), la importancia de la alimentación en la salud y el uso de plantas como remedios adelantándose a la homeopatía y las flores de Bach. Además, comentaba la influencia de los estados anímicos en los males corporales, como hacen hoy día las modernas teorías de la Psicología.

La armonía celeste
La música es uno de los puntales en la obra de la abadesa de Ruperstsberg. La considera un medio para comunicarse con Dios y una forma de alegrar el espíritu ante las penas de este mundo, recobrando la armonía perdida. La mayoría de sus composiciones son audaces y se apartan de los estilos de la época. Son obras que abarcan amplios registros, con melodías muy trabajadas, donde la música es tan importante como la poesía. Puede decirse que constituyen construcciones como las tracerías góticas hechas música. Entre sus creaciones más conocidas se encuentra el bellísimo ciclo de canciones de la “Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales”. Hoy los musicólogos valoran mucho su obra, existen grabaciones de su obra completa y curiosas mezclas de sus melodías con ritmos Techno y New age que pueden gustar, o no, pero demuestran lo universal de su genio.


Música de Hildegard von Bingen…
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Incesante actividad
Durante sus últimos años su fama continuó extendiéndose por todo el continente. Ocupada en mil tareas, desplegando una actividad imparable, aconsejando sobre temas espirituales, transcribiendo sus visiones, componiendo música y poesía, viajando y curando enfermos, fundando un nuevo monasterio…

Fue la primera y única mujer en siglos autorizada por la Iglesia a predicar, cosa que hizo en numerosas giras por pueblos y templos de Alemania. A la edad de ochenta años llegó la que fue tal vez su peor experiencia: un conflicto con las autoridades eclesiales. La abadesa había permitido la sepultura de un noble excomulgado en el cementerio de Rupertsberg. El hombre, poco antes de morir, se había reconciliado con la Iglesia, acción que escapó al conocimiento del alto clero. Hildegard se negó a cumplir la orden episcopal de exhumar el cadáver y alejarlo de tierra consagrada, alegando la final reconciliación del fallecido con Dios. Pasaron meses de amenazas y prohibiciones contra su comunidad intentando hacerla ceder. Finalmente, casi un año después, el arzobispo, al conocer los detalles, levantó los castigos. Fue la postrera victoria de una mujer excepcional en una época difícil. Fallecería pocos meses después, el 17 de septiembre de 1179.