La olvidada Ferrería de Barbadillo de Herreros

El pasado domingo, 30 de agosto de 2026, aproveché para visitar rápidamente este lugar ya que me encontraba en las cercanías de paso. Hace bastante que lo tenía en la lista de visitas pendientes. Dentro de lo que es la historia de la industria española, las ferrerías merecen tener un lugar especial, lugares en los que surgió la siderurgia y que, en gran medida, hoy han caído en el olvido.

El referido lugar se encuentra en el pueblo burgalés de Barbadillo de Herreros, en la Sierra de la Demanda. En este lugar, el hierro de minas cercanas, el agua del Río Pedroso y la madera de los montes locales, fueron los ingredientes con los que se levantó la ferrería. Se sabe que la extracción de mineral de hierro, y menas de otros metales, tiene tradición diría que milenaria en el lugar. Hay rastros de escoriales, o acumulaciones de residuos propios del tratamiento de esos minerales, por doquier y de diversas época, pero fue en la segunda mitad del siglo XIX cuando la ferrería de Barbadillo llegó a su más alta cota.

No es que fuera algo como un alto horno moderno, pero en su primitiva estampa conserva el atractivo de lo artesanal. Se fundía aquí el mineral por medio de un alto horno pétreo, luego se afinaban los lingotes para fabricar hierro dulce. Se levantaban cerca grandes ruedas hidráulicas para aprovechar la corriente del agua que corre por el valle, accionando grandes soplantes y martinetes.

El río Pedroso cedía su fuerza, el carbón vegetal de los bosques daba el combustible y los diques facilitaban el trabajo de toda la maquinaria. Todo era un trabajo coordinado de oficios diversos, desde los mineros de mena de hierro a los carboneros, encargados de caballerizas y herreros. La actividad siderúrgica llegó hasta entrado el siglo XX, pero ese mundo artesanal del hierro terminó por desaparecer por completo ante la pujanza de la siderurgia vasca. Hoy la memoria de todo aquella apenas llega a ser una leve sombra de lo que llegó a ser, pero al menos quedan algunas estructuras bien conservadas en pie. En la apresurada visita, pude tomar estas fotografías, como fantasmas desafiantes del paso del tiempo.