El rascacielos de Musolini

Obsolescencia | 24 noviembre 2009

No importa el color político, la tendencia ideológica, el nombre o cualquier otro detalle, porque la historia siempre es la misma. Cuando un indivíduo con tendencias megalómanas llega al poder, siempre desea dejar huella en el mundo a través de edificios gigantescos. Poco importa que nos refiramos a Hitler, Stalin, Hussein o Franco, todo es lo igual. Cada uno según sus “posibilidades”, junto con todos los demás tiranos de la historia, que por desgracia son tan numerosos como las setas otoñales, idearon grandes cascarones de piedra en honor a su presunta magnificencia. La ilustración que hoy nos acompaña es un ejemplo, que no llegó a realizarse, de esos los delirios de grandeza de los dictadores. Cierto es que hoy día se han levantado cientos de rascacielos mucho más grandes y vistosos, pero en su época Benito Musolini pensó en crear algo como esto, una gran torre, la más alta del mundo, en en centro de Roma. Con 1.100 pies de altura, este monstruo fue dibujado partiendo de bocetos de la prensa italiana por el que, pasado el tiempo, se iba a convertir en el padre de la ilustración espacial, el inefable Chesley Bonestell. Tal y como comenta John Ptak, la imagen fue publicada en The Illustrated London News el 24 de enero de 1925. Para mostrar la gran magnitud del edificio, el skyline de Roma aparece idealizado, gracias a una imaginaria disposición de los más prominentes edificios de la capital italiana. Así, a primera vista, reconozco el Coliseo, el Panteón de Agripa, la Columna de Trajano, el Vaticano, el Arco de Constantino y el Castillo de Sant’Angelo, aunque seguro que me olvido de alguna de las figuras presentes. Sin duda, de haberse llevado a cabo, la estampa romana hubiera cambiado de forma radical.

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