Diagramas de flujo con papel y tinta

Siempre recordaré con agrado cómo en la Facultad, antes de tan siquiera dejarnos tocar un odenador para realizar una simulación, un gráfico o cualquier trabajo similar, nos enseñaron las bases para llevar a buen puerto un proyecto con tinta, papel, reglas y compases. Una vez puesto el cimiento, esto es, tras haber realizado uno y mil gráficos, diagramas y mapas a mano, conociendo las normas, principios de semiología gráfica y de la cartografía, se cuenta con una base que nunca se olvida. En el ordenador es lo mismo, únicamente cambia la herramienta, pero contando con una base adecuada se nota la diferencia en el resultado final. Claro que, hay que reconocerlo, era un trabajo pesado en ocasiones. Decenas de hojas de papel milimetrado destrozadas para lograr un resultado óptimo, un poco de tinta corrida por culpa de un mal movimiento con el bisel de una regla que estropeaba un gráfico con varias horas de trabajo, una rotulación inadecuada… de los errores se aprende. Todo esto viene a cuento porque he recordado esos días, no tan lejanos, al repasar las referencias que contiene la magnífica compilación de documentos históricos relacionados con la historia de la informática que realizó Karl Kleine. Entre ellos, aparecen las tres plantillas para realización de diagramas de flujo «a mano y tinta», y un manual de IBM editado en 1969 sobre el mismo tema (PDF), todo ello a partir de una anotación de Information Aesthetics.

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