Un reactor nuclear bajo el campo de juego

Obsolescencia | 5 febrero 2006


Bomba atómicaDos de los más grandes físicos del siglo XX, Enrico Fermi y Leo Szilard, huyeron de la Europa fascista para convertirse en los pilares de la revolución atómica. De no haber sido por ellos, posiblemente la bomba atómica hubiera tardado mucho más en ver la luz, y eso a pesar de que, aunque trabajaron juntos en el mismo empeño, no se puede decir que la relación entre ellos fuera medianamente buena.

Fermi y su esposa, de origen judío, decidieron establecerse en los Estados Unidos y no regresar a la Italia de Musolini. En 1938 Fermi había sido galardonado con el Premio Nobel por la creación de elementos más pesados que el uranio, los llamados transuránidos. Desde Estocolmo, tras la ceremonia, se encaminó directamente a América, para trabajar en la Universidad de Columbia, en Nueva York.

Leo SzilardPor su parte, Leo Szilard llegó también a Nueva York, viniendo de Europa, donde había trabajado con Einstein. Como judío húngaro intuyó lo que vendría con la llegada al poder de Adolf Hitler, en 1933. Pocos años antes, había presentado una genial solicitud de patente sobre las reacciones en cadena nucleares. Ya por entonces Szilard tenía muy claras las aplicaciones del “invento”, desde producir electricidad controlando la reacción, hasta la fabricación de bombas con un potencial destructivo temible.FermiFermi era un teórico muy brillante y metódico que, cosa rara, también se dedicó con mucho éxito a la física experimental, por medio de aparatos que el mismo se construía en el laboratorio de Universidad. Como contrapunto a un Fermi hogareño, trabajador, apolítico y con puesto fijo en un gran centro de investigación, Szilard circulaba por libre, no estaba ligado a ningún centro científico concreto, soltero y errante, muy dado a las especulaciones políticas y militares, siempre estaba ideando nuevas teorías y diseñando experimentos para que los físicos experimentales los pusieran en marcha.

Los dos investigadores se encontraron personalmente por primera vez en enero de 1939, en un hotel cercano a la Universidad de Columbia, en ese lugar e instante se inició su colaboración. Al poco tiempo, llegaba la noticia desde Europa, según la cual, Lise Meitner decía haber conseguido la fisión de átomos de uranio por medio del bombardeo de los mismos con neutrones. En ese momento Szilard cayó en la cuenta de que el uranio era el elemento que necesitaba para su teoría de la reacción en cadena, en la patente citada de 1934, que había cedido con mucha visión de futuro al Almirantazgo Británico en secreto, para que no cayera en manos de científicos nazis.

Nada más conocer las noticias que llegaron desde Estocolmo sobre Lise, Szilard ya tuvo en mente que la Alemania nazi podría estar intentando construir una bomba atómica. Fermi, por su parte era un experto en el bombardeo de neutrones, cuestión en la que había experimentado mil y una veces. De esta forma, cada uno por su parte, estaban intentando comprender cómo funcionan las reacciones de fisión. Tras su primer encuentro, decidieron abordar el problema juntos, pero la colaboración no parecía ser una cosa fácil.

Szilard dedicaba todo su tiempo a los trabajos mentales, en el desarrollo de las teorías, pero Fermi deseaba implicación total del equipo de investigación en los experimentos prácticos. Ambos eran complementarios, se necesitaban, aunque no se aguantaban, comprendieron que solamente trabajando juntos llegarían a algo positivo. Con ayuda y mediación de algunos profesores de la Columbia y de los colaboradores del laboratorio, pudieron trabajar hasta llegar a la conclusión capital, según la cual, utilizando neutrones lentos era posible generar una reacción nuclear en cadena.

GrafitoEntre peleas continuas, el trabajo investigador siguió progresando. Estaban buscando un material moderador de la velocidad de los neutrones que facilitara las reacciones de fisión. El agua pesada, que en vez de hidrógeno, como el agua normal, posee deuterio en su molécula, era muy conocido por sus buenas condiciones de moderación. El problemas era que, para los experimentos ideados, se necesitaba gran cantidad de agua pesada, muy cara. Los alemanes ya estaban trabajando en la misma línea, utilizando agua pesada y olvidándose de otro moderador, mucho más barato, pero que absorbía demasiados neutrones, el grafito.

Para el incisivo Szilard, el grafito era la solución. Encargó producir grafito modificado químicamente para que no absorber tantos neutrones, consiguiendo un material óptimo como moderador y muy ventajoso económicamente. Aquí surgió un grave conflicto entre los dos genios. Fermi deseaba dar a conocer el decubrimiento del nuevo material, pues siempre había confiado en la libre circulación de las novedades científicas. Pero el mundo estaba al borde de la guerra y Szilard, muy concienciado tras su escapada de los nazis, deseaba mantener el descubrimiento oculto. Finalmente el secreto prevaleció, la cosa no estaba como para facilitar la tarea al enemigo.

Fermi pensaba que lograr una bomba atómica era cosa de muchas décadas, así que no había que preocuparse por el asunto. De nuevo Szilard le contradijo, afirmando que, con toda probabilidad, los alemanes ya estaban trabajando directamente en la consecución de una bomba. Así que, dejando de lado el asunto, Fermi se trasladó en el verano de 1939 a la Universidad de Michigan para centrarse en los rayos cósmicos. Szilard se dedicó a idear gigantescos experimentos con los que adelantar a los alemanes y, a pesar de la distancia, la colaboración entre los dos científicos continuó a través de la correspondencia, logrando diseñar el primer reactor nuclear en medio de un mar de cartas entre ellos.

Szilard y EinsteinPero un gran proyecto requiere grandes medios y Szilard contó con los mejores. La perspicacia política del físico húngaro logró que Franklin D. Roosevelt y Albert Einstein entraran de lleno en el asunto. Llegó a sus oídos que los alemanes estaban controlando férreamente el comercio de uranio, lo que parecía una prueba de que estaban trabajando en la bomba. Szilard envió una carta a Einstein hablándole de las reacciones en cadena y de lo peligroso que sería el que los alemanes se hicieran con ingenios atómicos. Poco tiempo después, Einstein firmó, junto con otros científicos, la famosísima carta, iniciativa de Szilard, para urgir al presidente Roosevelt a fabricar la bomba antes que los alemanes.

Primer reactorLa idea tuvo éxito, aunque el director del FBI, el paranoico J. Edgar Hoover, pensaba que tanto Szilard como Fermi eran poco menos que espías fascistas. Ya con fondos federales, el equipo se reunió, en la primavera de 1942, en la Universidad de Chicago. Szilard y Fermi abrieron allí un laboratorio de metalurgia, coartada tras la cual se escondía el secretísimo proyecto de pila atómica. Finalmente, el histórico 2 de diciembre de 1942, en una pista de squash situada bajo el campo de rugby de la universidad, comenzó a funcionar la primera pila atómica basada en reacciones de fisión controladas.

Al final de la guerra, los dos físicos volvieron a las peleas. Fermi consideraba que, una vez caído el régimen nazi, no era necesario emplear la bomba con los japoneses. Szilard opinó lo contrario y apoyó el ataque nuclear como forma de terminar con la guerra de forma rápida. Años después, en 1950, unieron sus fuerzas para combatir el desarrollo de una nueva arma, la poderosísima bomba de hidrógeno y decidieron trabajar juntos por la paz mundial, en un mundo repleto de armas atómicas.