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Tecnología Obsoleta

Los ingenios solares de Mouchot y Pifre

19 agosto 2014

Hacia la segunda mitad del siglo XIX se comenzó a experimentar de forma seria en la posibilidad de aprovechar la energía solar para fines prácticos. Muchos lo habían intentado antes, pero fue el ingeniero francés Augustin Mouchot uno de los primeros, sino el pionero fundacional de la energía solar, en lograr construir una máquina capaz de conseguir extraer energía del sol de forma práctica.

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Concentrador solar de Mouchot. Fuente.

En su deseo de lograr una energía alternativa económica a la tracción animal y al vapor originado en la combustión del carbón, Mouchot soñó con domar la radiación solar para calentar agua. De sus efuerzos nació en el verano de 1866 su primer colector solar. Con el paso de los años fue mejorando su aparato hasta llegar a su generador solar de vapor que fue presentado en la Exposición Universal de París de 1878. Para construir ese generador contó con la inestimable ayuda de un genial ingeniero que atendía al nombre de Abel Pifre, igualmente francés. La máquina fue un éxito, logrando premios y reconocimientos de todo tipo. Lamentablemente para los dos visionarios, ningún industrial se interesó por aquella tecnología, pero no todo estaba perdido, y Pifre pasó a diseñar un ingenio solar de lo más singular (véanse algunas de las patentes de Pifre, que van desde generadores de vapor portátiles para vehículos a motor hasta un modelo de ascensor que logró cierto predicamento).

En El Periódico para todos, edición del 6 de febrero de 1879, puede leerse lo siguiente acerca de las máquinas solares de Mouchot y Pifre presentes en la Expo de 1878:

Mouchot obtuvo como recompensa de sus estudios la cruz de la Legión de Honor y una medalla de oro. Se asoció al hábil ingeniero Abel Pifre, trabajador infatigable y sabio modesto. Ambos insisten con más ardor y fe que nunca en obtener los mayores resultados posibles de su generosa y trascendental empresa. (…) Se calcula que recibimos unas 17 calorías por minuto y metro cuadrado del sol, pero la atmósfera absorbe una parte más o menos grande, de modo que sólo se puede aspirar a recoger 10 calorías por minuto y por metro cuadrado, cuyo calor basta para elevar el litro de agua diez grados en un minuto. En Argel, con un espejo receptor de un metro cuadrado de superficie, utilizó el Sr. Mouchot, de Mayo a Junio, 7 calorías, y en 12 minutos hervía un litro de agua y producía 1.322 litros de vapor por hora. (…) En el recinto de la Exposición, al pie del Trocadero, se hicieron ensayos con un receptor de 24 metros cuadrados de superficie y 9 calorías por minuto y metro, o sea, 216 para todo el aparato. Unida al receptor estaba la caldera de hierro, que pesaba con sus accesorios 200 kilogramos y con capacidad de 100 litros de agua, o sea, 30 para la cámara de vapor y 70 para evaporar. El 2 de Septiembre se consiguió poner en ebullición 70 litros a la media hora, y el manómetro acusó una presión de 6 atmósferas. El 22 con 6,2 atmósferas, una bomba, movida por el vapor que daba el receptor, elevó 1.800 litros de agua por hora a la altura de 2 metros. El 29 de Septiembre, con siete atmósferas, se obtuvo un pedazo de hielo con la ayuda de un chorro de vapor lanzado a un aparato de amoniaco, produciéndose el curiosísimo resultado de hacer el hielo con el sol.

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La imprenta solar de Pifre. Fuente.

Abel Pifre se sintió defraudado ante el escaso interés que despertaron aquellos ingenios. El bajo precio del carbón era la excusa que solían poner los industriales a los que visitaba para proponerles invertir en generadores solares de vapor para usos comerciales. ¿Para qué molestarse en seguir al sol con complejos espejos cuando podemos tener energía barata procedente de la combustión del carbón? Sea como fuere, Pifre no se dio por vencido y, deseando mostrar las posibilidades se su tecnología, presentó su imprenta solar el 6 de agosto de 1882 en París. Dotado de un espejo cóncavo de 3,5 metros de diámetro, con caldera cilíndrica de vapor en el eje, el motor solar de Pifre fue capaz de mover en condiciones de nubosidad media durante toda la tarde una prensa de imprenta que alumbró cerca de quinientas copias de un periódico compuesto especialmente para la ocasión y que llevaba por título “El diario solar” (Journal du Soleil.). La demostración fue impecable y asombró a los presentes, pero ningún inversor se animó a apoyar a Pifre.

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