En la guerra todo vale, cualquier idea que pueda ofrecer una ventaja frente al enemigo será del agrado de quienes a tal «arte» se dedican. El empleo de animales en el campo de batalla, o en el espionaje, no es algo nuevo. Ahí están, por ejemplo, los intentos de lograr bombas incendiarias «pilotadas» por murciélagos por parte del Ejército de los Estados Unidos para emplearlas en Japón, o los tristemente célebres perros antitanque utilizados por los soviéticos contra las tropas alemanas en la Segunda Guerra Mundial. En fin, se trata sólamente de dos ejemplos de hasta dónde puede llegar la barbarie humana, claro que viendo a diario casos de terroristas suicidas o bombardeos «inteligentes», el que se lleguen a emplear delfines, monos o pájaros en acciones bélicas no debe extrañar a nadie.
De entre todos los intentos para lograr máquinas militares con componentes animales me gustaría resaltar, sin duda, el empeño en conseguir misiles guiados por palomas. El conocido como Proyecto Paloma –Project Pigeon–, también nombrado como Proyecto Orcon, Organic Control, se desarrolló durante la Segunda Guerra Mundial en los Estados Unidos por iniciativa del famoso psicólogo conductista radical Burrhus Frederic Skinner. La idea era muy sencilla, aunque extraña, consistía en crear misiles dotados con un sistema de control constituido por un sistema de lentes en la nariz del aparato capaz de proyectar una imagen del exterior en un habitáculo ocupado por varias palomas condicionadas para reconocer el objetivo a destruir. En teoría, los picotazos de los pobres pájaros en varias áreas de una pantalla de control serían las «señales» que guiarían al misil hasta su objetivo. La cosa parece graciosa y hasta estúpida, pero varias agencias militares estadounidenses se gastaron unos cuantos miles de dólares de la época para establecer si podía llevarse a cabo. Aunque el proyecto se canceló en el 44, todavía se realizaron diversos estudios sobre el mismo hasta bien entrados los años cincuenta, época en la que los sistemas de guía inercial electrónica y otras tecnologías mecánicas novedosas hicieron olvidar la idea de emplear palomas para guiar proyectiles, aunque no por ello se dejó de gastar dinero en ideas poco convencionales, por llamarlas de una manera suave, como demostró el proyecto de Testigos Lejanos, una de las ideas locas del MK Ultra, con el que se pretendía usar la «visión» remota de supuestos mediums en labores de espionaje.
En las siguientes imágenes se puede observar uno de los sistemas de control por medio de palomas destinado a la proa de misiles diseñada para el proyecto de Skinner. Fuente: Smithsonian Institution.

