Recreando la Luna en la Tierra

imgEn los años sesenta, durante la fiebre de la carrera hacia la Luna, las personas encargadas de preparar las misiones tripuladas a nuestro satélite natural se plantearon seriamente una cuestión muy sencilla. ¿Cómo entrenar a un astronauta para moverse por terreno lunar? La respuesta no es nada sencilla, no se puede hacer una simulación muy convincente si, para empezar, tenemos en cuenta que la gravedad terrestre no se puede reducir localmente para semejar a la lunar. No valen las famosas piscinas de entrenamiento de astronautas, la idea era pisar el terreno y probar los trajes presurizados, las herramientas de perforación y los rover lunares. ¿Cómo hacerlo?

La solución se llamó Campo de Cráteres, y se construyó al norte de Flagstaff, Arizona. El Programa de Investigación en Astrogeología formaba parte del esfuerzo lunar de la NASA, ocupándose de gran parte del desarrollo de materiales empleados en misiones tripuladas o robóticas, en lo que a investigación «sobre el terreno» se refería. Era ésta una parte importante del entrenamiento de algunos de los astronautas. Había que conocer cómo moverse y actuar correctamente sobre la superficie lunar. El entrenamiento, en el que colaboraron geólogos del USGS que estudiaron detalladamente los datos lunares disponibles por entonces, se componía de viajes a lugares como el Gran Cañón o el Cráter del Meteoro.

Ahora bien, darse una vuelta por enclaves geológicos señalados en toda la geografía de los Estados Unidos no podía ofrecer una experiencia «real» de campo, sobre todo porque el objeto de estudio se encontraba lejos del alcance de cualquier «excursionista». Para remediar –es un decir– el problema, se eligió un espacio formado por materiales volcánicos cerca de Flagstaff. La lava en tal área ofrece ciertas similitudes con lo observado en la superficie lunar. Por ello, se decidió crear una especie de Luna en miniatura, un terreno experimental que simulara las condiciones del terreno selenita.

El trabajo sucio lo realizaron cargas explosivas colocadas de tal forma que, al estallar, creaban cráteres similares a los lunares. Un gran espacio de terreno se llenó de agujeros por todas partes, lográndose «fabricar» un pedazo de superficie lunar en el corazón de Norteamérica. Por allí pasaron astronautas y geólogos, vehículos rover lunares y taladros destinados a hollar rocas muy lejanas. No sería lo ideal pero, al menos, si no se fijaba uno mucho, el lugar parecía otro mundo.

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Más información:
Pruned | Simulated Worlds
USGS | Astronaut Training

En la imagen superior: Vista aérea del Campo de Cráteres de Flagstaff. (Imagen del USGS). La imagen inferior muestra el entrenamiento de astronautas en el área. (Imagen del USGS).