El gasoducto transahariano

Geografía | septiembre 19, 2008


Érase una vez un continente sediento de energía. Uno de sus alimentos preferidos era el gas natural pero, por desgracia, muchas de las fuentes de tan preciado combustible se hallaban en lejanas tierras, por lo que era necesario crear costosas infraestructuras de transporte para tener acceso al mismo. Durante mucho tiempo, parte ese gas llegó a Europa desde el lejano Oriente y Rusia, atravesando grandes extensiones por medio de gasoductos monumentales y buques metaneros. Se hicieron planes para construir más vías para este gas que surge de las entrañas del planeta, como Nabuco, una millonaria infraestructura que pensaba transportar gas asiático por caminos alternativos a las vías rusas pero que era carísimo y algo fantasioso. Llegó un día en que el gran oso ruso fue consciente de su nueva potencia, al ser dueño de grandes recursos energéticos, tan codiciados por sus clientes europeos. A partir de entonces, el viejo continente pensó en formas de librarse, aunque fuera parcialmente, de la peligrosa dependencia energética del veleidoso vecino. Sin duda, ideas como Nabuco no eran tan malas, pero Rusia no iba a quedarse quieta. Los territorios que debía recorrer el gran tubo, desde Irán a Turquía se volvieron peligrosamente inestables. Un remoto país que atendía al nombre de Georgia se convirtió en el primer escenario de conflicto bélico, como si de un ensayo se tratara, que podía frenar o hacer peligrar la vida del gasoducto que recorrería caminos antiguamente surcados por los mercaderes de la seda. ¿Ucrania sería el siguiente territorio en conflicto? El juego era demasiado peligroso y, el nuevo imperio ruso, bajo el nombre de Gazprom, no tenía la intención de frenar el paso. ¿Qué podía hacer Europa ante semejante escenario de peligro para sus economías sedientas de energía?

Fue entonces cuando, tras décadas de olvido, un comisario europeo para la energía, viajó a otro remoto lugar llamado Nigeria. El continente negro había servido de fuente de recursos durante la época colonial, pero desde hacía tiempo los europeos habían dejado a África en un segundo plano. Mientras tanto, otras potencias se percataron del error europeo. China y Rusia decidieron hincar el diente en diversas naciones africanas, al más puro estilo neocolonial. Cuando el comisario decidió revivir un viejo proyecto, el gasoducto transahariano, las cosas se estaban poniendo muy peligrosas. El gasoducto pretendía llevar gas nigeriano hasta Europa, cruzando el Sáhara, sirviendo así de vía energética vital para superar, aunque sólo fuera en parte, la dependencia energética europea respecto a Rusia. Pero Gazprom había llegado antes, entrando de lleno en el viejo proyecto de Total y Royal Dutch Shell, entre otras compañías europeas que, ahora sí, podían contar con el apoyo y la financiación de la Unión para llevar a cabo la construcción del nuevo río de gas hacia España e Italia. ¿Habrá llegado también esta vez tarde Europa a la partida? El tiempo lo dirá.

Más información sobre el gasoducto transahariano: Il Sole 24 Ore – L’Europa vuole il gas nigeriano (Véase en castellano en la edición del 19 de septiembre de 2008 de El Economista, texto que me ha inspirado para inventarme este pequeño cuentecillo energético.)

img