A primera vista, Map Snake parece una simple broma, alguien rescata el viejo Snake (juego de la serpiente) de los móviles Nokia, lo suelta sobre un mapa del mundo y observa qué pasa (si vamos más lejos en el tiempo hay que recordar que con MSDOS 5.0 y posteriores también se incorporaba el juego de la serpiente). Pero tras un par de partidas, se revela algo más «profundo»: toda una declaración de amor a la cartografía web abierta, a los datos libres y a la antigua costumbre de convertir mapas en juguetes.
El juego se encuentra en mapsmania.github.io/mapchallenge/air.html, una URL que dice todo acerca de su origen: el inagotable laboratorio de Keir Clarke y su histórico blog Maps Mania. Desde hace más de una década, ese rincón de Internet convierte los mapas en excusa para contar historias, probar librerías y desafiar lo convencional, aunque últimamente anda algo plagado de publicidad, cosa ya usual en multitud de websites.

Map Snake nació como parte de #30DayMapChallenge, el reto comunitario que, cada noviembre, invita a cartógrafos, programadores y curiosos a crear un mapa diario. En ese contexto, programar un Snake geográfico en una mañana no es una broma: es toda una aventura. Tal como está el ecosistema actual, un juego funcional sobre geografía real puede ser poco más que una tarde de trabajo bien enfocada, pero eso no le quita mérito. La mecánica es tan simple como siempre, no necesitas instrucciones. Se abre la página y ya estás en un lugar real. La serpiente (con un avioncito en cabeza), un simple trazo móvil, avanza con las flechas del teclado. Los puntos a recoger aparecen dispersos y, con cada acierto, crece el rastro. Y, como siempre, crecer es acercarse al desastre. Lo nuevo es el tablero. Ya no se juega sobre una cuadrícula abstracta, sino sobre la textura reconocible del mundo.

El mapa se renderiza con MapLibre GL JS, la bifurcación libre y abierta de Mapbox GL, y se alimenta de tiles generados a partir de OpenStreetMap mediante OpenFreeMap. El estilo es minimalista, tampoco hace falta más. La serpiente no es un sprite, sino una LineString GeoJSON que se estira con cada movimiento, se redibuja cuadro a cuadro y actúa a la vez como efecto visual, registro del recorrido y frontera «mortal». Los mecanismos clásicos del análisis espacial (trayectorias, distancias, detección de colisiones) se convierten aquí en una mecánica arcade de dos teclas. Y no hace falta más. La puntuación máxima se guarda en el almacenamiento local del navegador: sin cuentas, sin seguimiento, sin nada más que jugar.
Y, como digo, todo nace en el #30DayMapChallenge, donde la presión autoimpuesta de “un mapa al día” ha generado miles de microinventos que cruzan estética, código y datos abiertos.
