INAT, o cómo estandarizar los planos de metro

No son mapas como tales, son planos o, más bien gráficos de red, pero como el tema de las denominaciones del material cartográfico es complejo, lo dejo para otro día que tenga más ánimo. Lo que viene al caso es la iniciativa del arquitecto y cartógrafo Jug Cerovic que ha denominado INAT Metro Maps. Los planos de redes de metro de todo el mundo encontraron el epítome de la pefección cuando Harry Beck diseñó su obra maestra para el underground londinense. Ahora bien, de eso hace ya mucho y se ha liado mucho la creación de este tipo de representaciones visuales. Es más, a veces se han complicado tanto que leerlos se ha vuelto toda una odisea. Pensando en una forma de estandarizar trazos, colores, símbolos, ángulos y, en general, todo tipo de elementos gráficos en los planos de redes de metro, Jug Cerovic ha creado una serie de normas básicas para conseguir su objetivo. Se trata de lograr que esos planos sean fáciles de leer, de memorizar y de usar.

ejemplo_barcelona
Fragmento del plano de metro de Barcelona según Jug Cerovic.

Vía designboom.

El mapa-traductor europeo

mapa_traductorEste curioso mapa interactivo, creado por UK Data Explorer, es un sencillo experimento inspirado por los tan de moda “mapas etimológicos“.

Construido empleando la librería de javascript D3 sobre una base cartográfica de Natural Earth, junto con la API del traductor de Google, nos presenta una idea sencilla: se introduce cualquier palabra común en inglés para, a continuación, plasmarse sobre el mapa de Europa la traducción de esa palabra en diversos idiomas (para identificarlos sólo hay que colocar el puntero sobre cada traducción): European word translator.

Vía del.icio.us.

Topografía del sexo

Coitus_TopographicusReconozco que este mapa lleva mucho tiempo en el archivo, pero hasta ahora no me había animado a comentarlo. Más que nada porque con estas cosas siempre aparecen las típicas reacciones fuera de lugar, pero como tengo el día un poco raro… aquí va.

Es uno de mis mapas favoritos de todos los tiempos, y no por su temática sino porque creo que es una obra maestra de la aplicación de la semiología cartográfica en un proyecto editorial que no tenía nada que ver con algo geográfico. Se trata de Coitus Topographicus, obra que fue publicada por la firma Push Pin Studios en su magazine de marzo/abril de 1980. Fue creado por Richard Mantel, Liz Gutowski y Seymour Chwast. Mapa original e imagen ampliada en AIGA Design Archives.

El lugar que no existía, luego se convirtió en real y, finalmente, desapareció del mapa

agloeEn La cartoteca he mencionado en otras ocasiones el asunto de las calles trampa, esos lugares que aparecen en algunos mapas y que no existen en la realidad, que son colocados ahí para cazar posibles copias no autorizadas de ciertos mapas. Se trata de un método anticopia que ha sido utilizado también en enciclopedias, he ahí el célebre caso de Lillian Virginia Mountweazel, la imaginaria fotógrafa que tenía su propio artículo en una conocida enciclopedia, colocado ahí para cazar a quien copiara sin permiso el contenido publicado. Cosas parecidas suceden, por ejemplo, con los censos electorales, pero por motivos diferentes. Ahí se suelen introducir datos erróneos de personas que no existen para rastrear la copia inadecuada de las bases de datos. En otras ocasiones se han falseado datos en mapas públicos con fines estratégicos, como sucedió en la cartografía soviética durante la guerra fría.

Volviendo al tema de la cartografía comercial, recientemente he conocido un caso realmente singular de “lugar trampa”. Se trata de una supuesta localidad que no existió nunca pero que más tarde tuvo efímera vida para, finalmente, desaparecer de los mapas. Se trata de un lugar situado en el estado de Nueva York llamado Agloe.

Crear mapas es complejo y, en lo que se refiere a cartografía comercial, suele ser un proceso muy costoso tanto en tiempo, como en medios y en capital utilizado. Por no ha sido extraña a lo largo de la historia la aparición de copias no autorizadas de mapas entre empresas editoriales y cartográficas. Por esto, en los años treinta del siglo pasado Otto G. Lindberg, fundador de una empresa cartográfica y editorial, la General Drafting Company, y un técnico, Ernest Alpers, decidieron crear un lugar trampa en su mapa de carreteras de Nueva York. Situaron el imaginario pueblo, al que llamaron Agloe como anagrama de las iniciales de los autores de la trampa, en un lugar en el que realmente no hay más que campo. Así, en medio de un polvoriento camino al norte de Roscoe, en aquellos mapas aparecía orgullosa la localidad de Agloe.

La historia del pueblo imaginario se complicó más allá de servir como trampa para cazar copias no autorizadas de aquella cartografía. Décadas más tarde de que fuera creado, el lugar fantasma apareció en los mapas de la gran casa cartográfica Rand McNally y se armó un gran lío que terminó en los tribunales. ¿Había copiado Rand McNally los mapas de General Drafting Company? Al final parece que no, o sí, o más bien todo lo contrario, la cosa se enredó de manera endiablada.

Veamos, ¿cómo diablos acabó Agloe en los mapas de Rand McNally si no se había copiado del mapa anterior y sin permiso? Al parecer, en los años cincuenta en aquel preciso lugar del mapa una empresa instaló un almacén de suministros. Como en los mapas de carreteras de la petrolera Esso que consultaron aparecía el nombre de Agloe, decidieron llamarlo así. Parece que la Rand McNally basó su defensa en el juicio por presunto plagio en la existencia de este almacén llamado Agloe, con lo que el caso se cerró. Con el paso de los años el almacén cerró y el lugar volvió a ser un simple campo. Sin embargo, en muchos mapas de años posteriores ha seguido apareciendo Agloe como localidad real, un pueblo que nunca existió.

Vía: NPR – An Imaginary Town Becomes Real, Then Not. True Story.

Los curiosos mapas de Silas Bent y el cálido mar del Polo Norte

Hoy puede parecer estúpido, pero hubo un tiempo en que la teoría del mar polar abierto se discutía con toda seriedad. Cierto es que los navegantes, al viajar hacia el Ártico se encontraban tarde o temprano con la banquisa polar, pero no por ello soñadores de todo tipo dejaban de soñar con un océano polar abierto.

Uno de esos soñadores fue el oficial de la marina de los Estados Unidos Silas Bent, quien publicó los mapas que aparecen a continuación en un libro de 1872.1

silas_1

Estos dos mapas muestran visualmente lo que era todo un anhelo de muchos navegantes desde el siglo XVI, a saber, lograr navegar desde el Atlántico al Pacífico cruzando el Polo Norte, algo así como el Paso del Noroeste pero a lo bestia.

Razonaban que, suponiendo que no hubiera un continente perdido en el polo2, el hielo no se podría formar lejos de costas como las rusas o del Canadá, en mar abierto. Si a eso se sumaba la incidencia solar en el verano boreal, los datos acerca de mares abiertos en el norte ruso, algunas migraciones curiosas de aves y, sobre todo, la idea sobre la interacción de las corrientes oceánicas del Golfo y el Kuro-Shivo, ya tenemos todos los ingredientes para una apasionante alucinación geográfica.

silas_2

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1 An address delivered before the St. Louis Mercantile Library Association, January 6th, 1872: upon the thermal paths to the Pole, the currents of the ocean, and the influence of the latter upon the climates of the world (1872).

2 Véase en TecOb la anotación sobre la mítica Rupes Nigra, uno de los elementos centrales de mi novela El viaje de Argos.

Vía Maptorian.


Te encuentras en La Cartoteca,
blog editado por Alejandro Polanco Masa.


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