Eterna especulación

Obsolescencia, Personal | 10 junio 2007


Pocas cosas más agradables que pasar parte de la tarde de domingo rodeado de una suave brisa primaveral, el canto de los pájaros y el sonido de los grillos… sí, no hay duda, sólo que mientras pensaba en eso, releyendo algunas de las Cartas de Plinio el Joven para relajarme un poco, me encontraba en medio de una calurosa ciudad saturada con el ruido del tráfico. A pesar del inconveniente ambiental, volver a encontrarme con Plinio el Joven siempre me hace sentir algo de vértigo porque, imagino al bueno del escritor romano rodeado de los sonidos de la naturaleza en su villa, escribiendo sobre asuntos que, a pesar del paso de los años, no parecen haber cambiado. Es más, si se cambiaran los nombres de los protagonistas, de las ciudades y algún que otro detalle menor, las ancianas cartas con casi dos milenios a sus espaldas podrían ser tomadas como actuales en muchas ocasiones.

Porque, en el caso de los fragmentos que hoy he vuelto a visitar y, salvando las lógicas diferencias, me he topado con uno que a muchos les sonará de algo

Carta de Gayo Plinio a Mecilio Nepote

¿Has oído que el precio de las tierras ha subido, sobre todo en las proximidades de Roma? La razón de esta súbita carestía ha sido el tema de numerosas conversaciones. En los últimos comicios el senado ha expresado su opinión con estas atinadísimas palabras: “que los candidatos no celebren banquetes, ni ofrezcan regalos, ni depositen dinero en manos de agentes (intermediarios)”. De estas prácticas las dos primeras se realizaban tan abiertamente como sin medida, la tercera, aunque se hacía a escondidas, era bien conocida de todos. Luego, nuestro amigo Homulo, aprovechándose oportunamente de la unanimidad del senado, pidió, cuando le llegó el turno de hablar, que los cónsules informasen al emperador del deseo de todos los senadores, y le pidiesen que, como había hecho en casos precedentes, pusiera remedio también a esta corruptela con su providencia. Ha puesto el remedio, pues ha restringido los gastos de los candidatos, esos gastos escandalosos y deshonrosos, mediante la ley contra la corrupción. Además, ha obligado a invertir en bienes inmuebles una tercera parte de su patrimonio, pensando que era vergonzoso, y realmente lo era, que los candidatos a una magistratura considerasen a Roma y a Italia no como su patria, sino como una posada o un albergue, como si se tratase de simples viajeros. Así pues, los candidatos corren de acá para allá; se esfuerzan en comprar cualquier propiedad que han oído que está en venta, y de este modo consiguen que éstas se vendan más caras. Por ello, si estás cansado de tus propiedades en Italia, ahora es el momento, por Hércules, tanto de venderlas como de comprar otras en las provincias, pues los mismos candidatos que las compran aquí, las venden allí. Adiós.

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1 Carta 19, libro VI. En traducción de Julián González Fernández, para la edición de las Cartas de Plinio el Joven de la Biblioteca Clásica Gredos.