Estos días aparece a menudo en los medios la última película protagonizada por Renée Zellweger, Miss Potter. He de reconocer que todavía no la he visto y, creo yo, esperaré a que aparezca en DVD porque no tengo tiempo últimamente ni para ir al cine ni para casi nada más que no sea trabajo. La película vuelve a traer a nuestros días la vida de Beatrix Potter, la escritora e ilustradora británica que vivió entre los siglos XIX y XX que logró crear un mundo imaginario propio, llevado al papel y al dibujo con gran éxito a través de libros infantiles. Ese mundo poblado por conejitos y animales del bosque que vivían todo tipo de aventuras ha llamado la atención de niños y adultos durante décadas pero, si Beatrix visita hoy TecOb no es por aquellos bellos dibujos o las entrañables historias, es por su labor científica. Sí, aunque esa parte de su vida haya quedado oscurecida por la luminosidad de su obra literaria, su trabajo como naturalista –tal y como eran conocidos en la época victoriana aquellos que cultivaban las ciencias naturales–, merece ser recordado.
A fin de cuentas, las aventuras de Peter Rabbit y sus amigos surgieron de una cuidada observación de la naturaleza. Los personajes de sus libros y las historias en las que aparecen, deben sus descripciones a los estudios que, a escondidas, realizó Beatrix con todo tipo de animalejos, anotaciones de viajes a Escocia o estudios sobre flora y fauna de su entorno. Las primeras historias que escribió, y sus dibujos iniciales, no levantaron más que desconfianza, aquello parecía poco propio para una señorita de la alta sociedad. Pero, finalmente, logró publicar un librito que atrajo la atención del gran público, lo que abrió para ella definitivamente las puertas del éxito. Sin embargo, antes de aquel triunfo, tuvo que luchar duramente para intentar ser aceptada como estudiante en los Reales Jardines Botánicos de Kew. Su ilusión por dedicarse a la investigación botánica terminó mal, fue rechazada por su condición de mujer. Aquello era decepcionante aunque, no por haber llevado aquel tremendo «palo» iba a dejar de anotar, dibujar y leer sobre plantas y animales. Así, tras mucho meditar e investigar, tuvo una idea casi herética. ¿Qué son los líquenes? Eso era algo que los botánicos no tenian, ni de lejos, nada claro. Ella fue una de las primeras personas lograron dar con la respuesta correcta: los líquenes son organismos formados por una relación de simbiosis entre algas y hongos. Entusiasmada, redactó una memoria explicativa y decidió dar a conocer su trabajo. Lamentablemente, tuvo que ser su tío, Sir Henry Enfield Roscoe, el que leyera públicamente su trabajo en la Linnean Society, dado que no se admitían las lecturas por parte de mujeres. El tiempo confirmó que aquella chica «rara» que pintaba conejitos y otros animalejos del bosque tenía toda la razón, que la cerrada mente de aquellos académicos obtusos había entorpecido la aparición de aquel trabajo simplemente porque era una mujer la que había puesto en evidencia que los líquenes son organismos simbióticos, una idea que muchos de ellos tacharon de «simple estupidez».
Beatrix desarrolló su labor científica a escondidas, anotó datos en sus diarios y recopiló información de todo tipo que codificaba por medio de un sistema secreto propio, para no ser descubierta por sus familiares, que no pensaban que aquello fuera adecuado para ella. Hoy, tantas décadas más tarde, nos quedan sus libros, sus dibujos para obras infantiles y, por supuesto, sus láminas sobre la vida vegetal y sus escritos sobre líquenes y otros estudios botánicos. Un trabajo que, aunque llevado a cabo en solitario, ocultándolo de casi todos sus conocidos, ha resistido el paso del tiempo.
Más info: The sharp and the half-sharp
