Este es uno de esos lugares que tengo en la lista de visitas futuras. Desde que hace muchos años me enteré de su existencia, llamó mi atención, parece un espacio propio de una narración de fantasía, lo único que falta en el ambiente son unos cuantos dragones revoloteando alrededor de la torre. Lo malo es que una visita como la que había pensado puede que sea imposible porque, si uno se fija en la mayor parte de las fotografías que pueden encontrarse del lugar, además de la imponente roca habitada por abigarrados muros, son compañeros inseparables en nuestros días los vehículos y autobuses que, en gran número, esperan pacientemente a los cientos de turistas que visitan cada día el lugar. En verdad, lo ideal sería volver atrás en el tiempo y contemplar la roca, sus edificios y sus habitantes sin tener que esquivar bandadas de visitantes aborregados.
El Mont Saint-Michel -supongo que podría decirse Monte de San Miguel- se localiza en la desembocadura del Río Couesnon, en la Baja Normandía francesa, formando una imponente isla rocosa sobre la que se construyó una fortaleza-santuario, en honor de San Miguel claro está, elevándose la cumbre de su torre unos ciento setenta metros sobre el nivel del mar. Lo que hoy forma parte de la lista de patrimonio mundial de la UNESCO fue en otros tiempos lugar destinado a usos muy variados, desde templo druídico a centro de peregrinación cristiano, abadía benedictina, prisión, emplazamiento de un telégrafo óptico… Cuentan las leyendas de origen celta que hace miles de años el monte se encontraba tierra adentro, constituyendo la porción más elevada del Bosque de Scissy. Parece ser que el mar se encontraba alejado cientos de metros a comienzos de la era cristiana, pero las violentas crecidas del río y las mareas terminaron por aislar al monte para convertirlo en una isla de porte majestuoso. Las historias que se cuentan sobre terribles inundaciones y cambios de curso en los ríos que desembocan en la bahía, la desaparición del gran bosque y la formación de la isla pueden haberse originado a partir de sucesos reales, deformándose su memoria con el paso de los siglos.
Lo más curioso de este lugar, además de su intrigante arquitectura, es su relación con las mareas. Era una fortaleza inexpugnable pues no podía llegarse a ella más que por mar en tiempo de marea alta o por arenosos terrenos en marea baja. Claro, hoy el turismo es el rey, así que se puede llegar sin problemas a través de una carretera.
Imágenes: Licencia CC/Wikimedia Commons.


