Echegaray, sobre el movimiento continuo

Echegaray¿Quién se acuerda hoy del polifacético José Echegaray Eizaguirre? Me parece que muy pocas personas y, lo que es más triste, preguntemos en la calle por los escasos premios Nobel que en España han sido y, sin duda, su nombre apenas será mencionado. Echegaray era un explorador de múltiples campos del saber, apasionado de las máquinas y la ciencia, no desdeñó la literatura y, gracias a su obra teatral, logró el premio Nobel de literatura del año 1904. Tras formarse como ingeniero de caminos y, posteriormente, pasando a ser profesor de matemáticas y otras disciplinas científicas o técnicas, dedicó gran parte de su tiempo a algo que en España no estaba casi explorado, la divulgación científica. Explicó con eficacia y amenidad las nuevas teorías y avances científicos de la segunda mitad del siglo XIX, con un resultado tan excepcional, que sus trabajos fueron utilizados en diversas universidades como objeto de estudio.

Se cuenta que, llevado por su pasión técnica, logró memorizar los detalles de la construcción de una máquina perforadora de aire comprimido que se utilizaba en los Alpes para la construcción del túnel del Monte Cenis. El aparato, lo más avanzado de la época, era poco menos que secreto, así que se lo dejaron ver, pero no le permitieron copiar los planos y, muchos menos, anotar nada en su estancia. Lo que los responsables de la máquina excavadora no sabían era que el genio de José tenía memoria fotográfica, así que pudo dibujar sin problemas los detalles de lo que había visto.

Con el paso de los años, acumuló gran cantidad de éxitos editoriales en el mundo de la divulgación científica y, sobre todo, en los manuales avanzados de matemáticas y física. Pero no se limitó a esta actividad, puesto que se labró una interesante carrera literaria y, además, se le ocurrió meterse en política, llegando a ser Ministro de Hacienda.

Ahora bien, además de servir este brevísimo post a refrescar un poco la memoria del insigne Echegaray, que falta va haciendo, mi intención primordial es recomendar su serie de artículos acerca del movimiento perpetuo, o como se decía entonces, continuo. Se trata de varias aportaciones que realizó a la Revista de Obras Públicas entre 1853 – 54, en las que con una maestría excepcional, explica la imposibilidad del movimiento perpetuo, algo sumamente relevante en una época en la que aparecían como setas otoñales los inventores que decían haber logrado tal proeza. He de animar a la lectura con ilusión y gusto tales artículos, así como muchos otros del casi olvidado José Echegaray porque, si bien es citado frecuentemente por su obra literaria, suele ser dejada de lado su ingente obra divulgativa:

–> Del movimiento continuo 1853, 1. (PDF).
— >Del movimiento continuo 1853, 2. (PDF).
–> Del movimiento continuo 1854, 3. (PDF).
–> Autobiografía de Don José Echegaray (PDF)
–> Artículos de Echegaray en la Revista de Obras Públicas