Campos de concentración en los Estados Unidos (Segunda Guerra Mundial)

Obsolescencia | 18 noviembre 2009


Las guerras son así, una calamidad, es igual de dónde seas y lo que pienses, la desgracia puede caer sobre ti en el momento que menos se espera. Tal cosa pensaron, a buen seguro, muchos japoneses que vivían en los Estados Unidos (Nisei) en los años cuarenta. Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, con la entrada en la Segunda Guerra Mundial de los Estados Unidos, las autoridades americanas se tomaron muy en serio el papel que podrían jugar los ciudadanos de origen extranjero, sobre todo si procedían de países enemigos. ¿Qué hacer con los estadounidenses de origen alemán, italiano o japonés? Malos tiempos se acercaban para muchos de ellos. Con la ley en la mano y gracias a la Orden Ejecutiva 9066 y la 9102, firmadas por Roosevelt, nació en marzo de 1942 la War Relocation Authority, algo así como una agencia civil pública encargada de “reubicar” en campos de concentración a americanos con raíces japonesas para mantenerlos lejos de posibles áreas sensibles y, también, para ser protegidos de ataques por parte de la población. Esto último era posible, claro está, pero no dejaba de ser una excusa para librarse de los “japos”, considerados como posibles topos o agentes peligrosos, espías y demás mala calaña para la buena marcha de la guerra.

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Fotografía de Dorothea Lange tomada en julio de 1942 en el campo de internamiento californiano de Manzanar.

Las medidas para evitar el espionaje y los posibles sabotajes sobre infraestructuras civiles y militares incluían igualmente el internamiento de personas de origen alemán o italiano, pero el grupo japonés fue el más perjudicado. Se levantaron grandes campos de internamiento en la costa oeste, donde los americano-japoneses fueron concentrados y controlados. Si bien es cierto que hubo grupos de japoneses que colaboraron con los militares estadounidenses en el esfuerzo de guerra, muchos otros, incluso deseando participar para defender América, fueron apartados en estos campos de concentración. En dichos lugares los internados eran mantenidos ocupados con diversos trabajos manuales o en labores agrícolas. Cada uno de los campos, capaz de albergar a miles de personas de forma ordenada, fueron diseñados para controlar cuidadosamente a quienes se encontraran en su interior por medio de un sistema de barracones e instalaciones comunes fácilmente vigilables. Nadie podía salir de allí sin un permiso adecuado y pocas vías de escape podían tener los internados. Quien pudiera entrar en el ejército, podía tener la suerte de, tras un estudio severo de sus antecedentes personales y familiares, ser enviado al frente del Pacífico. El resto debía esperar, prisionero en su propio país, a que finalizara el conflicto. El que intentara escapar se enfrentaba a graves castigos y, cómo no, al desierto, pues muchos de los asentamientos se construyeron en áreas poco acogedoras, por decirlo de una forma suave.

A pesar de poder contar con ciertas comodidades, aunque muy limitadas, y de llevar una vida en comunidad con bastante libertad en el interior de los campos, los internados eran sometidos a un régimen de trabajo muy duro. Por muy “dulces” que se quisieran pintar las condiciones de vida en el interior, no dejaba de ser una prisión, un lugar en el que los conflictos surgían a diario. La pesadilla duró bastante tiempo, hasta que la Orden Ejecutiva 9742, firmada esta vez por Truman, significó la ejecución del cierre del último de los campos, el de Tule Lake, en marzo de 1946.

Dorothea Lange, célebre por sus fotografías de la población estadounidense durante la Gran Depresión, realizó igualmente un gran trabajo a la hora de registrar imágenes de los campos. Muchas de sus fotografías de ese proyecto fueron consideradas como material reservado por parte de las autoridades de los Estados Unidos durante bastante tiempo. He aquí algunas de ellas, que nos cuentan más que cualquier texto.

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Ciudadanos de origen japonés esperando un autobús que les conducirá a un campo de concentracion. California, abril de 1942.

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Saludo a la bandera. Abril de 1942.

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En nombre de la ley. Abril de 1942.

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Uno de los campos de concentración.

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La familia Mochida esperando ser llevada a uno de los campos. Mayo de 1942.

Por otra parte, para finalizar este artículo, he aquí una película de propaganda de la época sobre los campos de concentración para ciudadanos de origen japonés en los Estados Unidos.