El «Gravity Clock» de 1920

De vez en cuando me llaman la atención anuncios publicitarios que aparecen en las publicaciones que voy revisando buscando información sobre temas concretos. Hoy nos visita uno de esos anuncios, que es el que aparece en la siguiente imagen, tal como aparecía en la edición de National Geographic de junio de 1923.

El concepto me encanta. Había visto algunos de estos relojes en catálogos de anticuarios, pero no había encontrado publicidad sobre este modelo concreto todavía, o bien se me había pasado, porque cuando buscas otras cosas sucede que el resto de lo que te vas encontrando suele pasar delante de la vista sin llamar la atención. El caso es que el «reloj de gravedad» de la casa Ansonia llegó a venderse muy bien en la década de 1920. Ansonia era por entonces uno de los fabricantes de relojes de uso común más conocidos, sobre todo en Norteamérica. Como he comentado, la idea me encanta. Está basada en el sistema de cuerda por gravedad con cremallera (Patentes GB15238/1919 y US1368004/1921).

En los relojes de la época, como es obvio, lo común era dar cuerda para mantener el reloj en funcionamiento. Eso se podía conseguir de diversas formas: con juegos de pesas y péndulos, «cebollas» para dar cuerda de tensión a un muelle helicoidal, o gracias a sistemas como el de este «reloj de gravedad» que usaba el sistema de cremallera y piñón con remonte por elevación. La cosa para el usuario era muy sencilla: se subía el relój a lo alto del marco y se dejaba caer. Esa caída mantenía el reloj funcionando (de ahí lo de «gravedad»), al menos hasta el punto más bajo del marco. La caída duraba un máximo de 36 horas, aunque lo normal era volver a deslizar el reloj a lo alto del marco cada mañana o al anochecer. Así, con una sencilla maniobra que consistía en subir el reloj rápidamente a través del marco, se mantenía el reloj en hora y buen funcionamiento.

Este tipo de relojes funcionaba con su propio peso. El bloque del mecanismo colgaba entre dos columnas dentadas e iba descendiendo muy despacio. Al bajar, un piñón rodaba por las cremalleras dentadas y transmitía el giro a los engranajes, que el escape dejaba pasar a pulsos regulares para mover las agujas. Cuando el bloque llegaba abajo del todo (como he comentado, normalmente no se dejaba llegar al final del recorrido), había que levantar el bloque a mano hasta arriba para “dar cuerda”. Un sistema de embrague interno evitaba forzar el mecanismo al subir el marco. Y, así, ciclo tras ciclo.

Como nota curiosa, puede verse en el anuncio que disponía de «radium dial”, algo bastante común por entonces. Esto significa que la esfera, y normalmente también las agujas, estaban pintadas con pintura que emitía luz en la oscuridad debido a que contenían pintura con radio-226 (Ra-226, isótopo radiactivo natural del radio) mezclado con un compuesto de fósforo. La radiación excitaba el fósforo y la esfera brillaba en la oscuridad sin necesidad de “cargarse” con luz.