Ransom Riggs es un escritor y cineasta que vive en Los Ángeles, cuyos ensayos fotográficos me encantan. Uno de ellos cayó en mi punto de mira para realizar este artículo. Antes de continuar, quiero desde aquí expresar mi agradecimiento al autor por darme permiso para reproducir sus imágenes en TecOb.
Es conocido que en California existen restos de lagos antiquísimos, ahora completamente secos, cuya huella ha creado formas singulares en el paisaje. Sin embargo, existe no muy lejos de Los Ángeles un lago muy especial, ahora seco. Se trata del lago Owens, antaño precioso lugar donde solían darse cita gran cantidad de aves migratorias y, cómo no, turistas y viajeros. Por desgracia, todo cambió para mal cuando la ciudad de Los Ángeles decidió buscar una forma de saciar su creciente necesidad de agua. El lago conservó su atractivo hasta principios de los años veinte del pasado siglo, mientras las aguas del río Owens mantuvieron su secular curso. Las gigantescas obras del acueducto de Los Ángeles llegaron por entonces al punto de no retorno, el río fue desviado para alimentar la gran ciudad y, tristemente, el lago fue secándose. No fue algo rápido, pues todavía mantuvo parte de su atractivo durante algunos años, pero sin la ayuda del río, apenas si pudo mantenerse con vida. Hoy no es más que una mancha en un lugar desértico, un lago fantasma en el que todavía puede contemplarse la línea de «playa», donde las gentes disfrutaban con sus pequeños barcos y sus excursiones lacustres. Ya prácticamente nadie se atreve a vivir allí, las temperaturas del terreno pueden alcanzar en verano los 66ºC y el paisaje salado y seco no invita precisamente a quedarse. Y aquí, en este infierno, existió una vez una pequeña ciudad vacacional, llena de vida, llamada Keeler. Donde se levantó un embarcadero, hoy apenas restan unas cuantas manchas de agua. Cuando el lago desapareció, los vientos crearon anualmente tempestades que levantaron nubes tóxicas de sulfatos derivadas del fino material de lecho del lago y de las escombreras de viejas minas. En poco tiempo el paraíso se convirtió en un lugar pesadilla y las gentes lo abandonaron para siempre. La cámara de Ransom Riggs muestra lo que hoy se ha convertido en un lugar maldito, tóxico y nada acogedor.




Más información: mental_floss Blog – Strange Geographies: The Little Town That Los Angeles Killed
