La tumba más famosa de Tobago

Dicen las guías turísticas que uno de los mayores atractivos presentes en la isla de Tobago, la pequeña del matrimonio isleño que forma el estado de Trinidad y Tobago, es una tumba. En verdad, si no hay muchos más atractivos, será que hay poco que ver, eso sí, descontando el paisaje y el disfrute que pueda hacerse del sur caribeño, siempre sugerente. El caso es que la tumba, como tal, no tiene la más mínima gracia o atractivo. Es lo que en la lápida se encuentra inscrito lo que atrae a las gentes, pues a partir de esas letras se han creado todo tipo de leyendas románticas. Veamos, pues, la dichosa tumba.

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Imagen: Flickr (CC) Angelo Bissessarsingh.

La lápida no es la original, ya que fue reconstruida en los años cincuenta del siglo pasado, pero el texto se mantiene ahí, desafiando la imaginación de quien visite el lugar. Se trata de la tumba en que yace Betty Stiven, fallecida en 1783, junto con su hijo no nacido. El texto de la lápida, en inglés, es como sigue:

Within these walls are deposited the body of Mrs. Betty Stiven and her child. She was the beloved wife of Alex B. Stiven. To the end of his days will deplore her death, which happened upon the 25th November 1783 in the 23rd year of her age. What was remarkable of her, she was a mother without knowing it, and a wife without letting her husband know it except by her kind indulgence to him.

Lo que, en traducción personal, quedaría de la siguiente forma:

Entre estos muros reposan los cuerpos de la Señora Betty Stiven y su hijo. Ella fue la amada esposa de Alex B. Stiven. Hasta el fin de sus días él lamentará su muerte, que sucedió el 25 de noviembre de 1783, cuando contaba con 23 años de edad. Lo más sorprendente de ella es que fue madre sin saberlo y esposa sin el conocimiento de su marido, salvo por las amables indulgencias hacia él.

Bien, pues de tan críptico texto han sacado punta los lugareños hasta límites insospechados, creando historias de amor trágico de todo tipo. Uniendo algunas de esas narraciones, parece que Betty, la ocupante de la tumba, se enamoró perdidamente de un joven llamado Alex. Éste no deseaba casarse, o no podía, con su amada, pero la doncella no deseaba consumar su amor en pecado, así que urdió un plan para lograr su objetivo. Betty emborrachó a Alex y, juntos, fueron casados por un sacerdote que, o bien estaba igualmente borracho o había sido sobornado. Y así, la pareja fue, oficialmente y a partir de esa extraña ceremonia, un matrimonio, aunque Alex no recordara nunca lo sucedido. Al poco, Betty quedó embarazada, pero antes de saberlo, cayó presa de una enfermedad y quedó en coma. Nunca más volvió en sí, jamás supo que, finalizado su embarazo, dio a luz a un niño nacido muerto. Así, ella fue madre sin saberlo, falleciendo poco después y siendo enterrada junto a su hijo y llorada por su esposo «forzoso» que dejó constancia de su dolor en la inscripción de la tumba más famosa de Tobago.