Lengua ignota

imgVale, voy a despejarme un poco la cabeza, entre pastillas de paracetamol y cierto libro que me está dejando seca la despensa de ideas y del que espero comentar algo aquí dentro de poco, escribiendo un poco en TecOb, espero retomar su ritmo normal en breve. Buscando datos sobre lenguajes artificiales he recordado que una vez, con unos doce años, pasé algunos ratos inventando un alfabeto privado para el envío de mensajes secretos. Pura tontería, sin pies ni cabeza, porque lo único que tenía de original eran los símbolos, tan complicados que no hubieran servido de utilidad alguna. Por lo demás, sólo se trataba de cambiar cada una de las letras del alfabeto por un símbolo y nada más. Claro, no podía servir para ocultar nada porque la correspondencia sencilla entre letras y símbolos podía ser muy fácilmente decodificada, ni siquiera pensé en un cifrado de desplazamiento sencillo, a imitación burda del propio de César.

En esto que me encuentro con una vieja conocida, Hildegard von Bingen y su lengua ignota. No añadiré aquí nada que no haya escrito antes sobre la ingeniosa abadesa medieval, emplazo a quien esté interesado a repasar mi viejo artículo de 2005 o, mejor, a buscar en la Wikipedia. Resulta que Hildegard también coqueteó con la idea de crear una lengua artificial, infinitamente más elaborada que mi juego infantil. Suele afirmarse, no sé si con mucha razón, que se trata de la primera lengua conocida creada de forma intencionada, aunque posiblemente sea así, téngase en cuenta que la protagonista vivió en el siglo XII.

De lo que no se tiene mucha idea es por qué decidió crear su propia lengua. Sí, era una mística y ya se sabe, habrá quien diga que su mente estaba más allá de lo racional, posiblemente tocada por algún tipo de locura, o bien otros sugerirán que se trató de inspiración divina. En realidad, probablemente podría ser un simple juego y no precisamente inocente. Teniendo en cuenta que Hildegard sabía muy bien lo que hacía y que, pese a su condición de mujer, esto es, ser inferior para la consideración medieval, logró relacionarse con los más poderosos hombres de su época. Si consiguió tal cosa fue, sobre todo, porque se ocultó detrás de un muy bien construido velo de misticismo que hacía ver en ella la obra de la divinidad y no de una mujer. En otras palabras, cuando un noble escuchaba atento sus palabras y consejos, lo hacía porque creía que procedían diréctamente de dios, la mujer sólo era un mensajero sin valor. Con aquella coraza tan bien armada, no debe extrañar que también se ganara algunos enemigos poderosos.

Ahí es donde podría entrar de lleno el papel de su lengua ignota, puede que nunca lo empleara más que para probar a camuflar algunos rezos, pero este remedo de idioma imaginario bien pudiera haber sido ideado inicialmente como sistema para transmitir mensajes secretos entre sus benefactores. No sería nada rara tal fabulación en el caso de Hildegard, que tan pronto componía música celestial, por cierto muy valorada y explotada comercialmente en la actualidad, como redactaba tratados completos de botánica.

Este lenguaje inventado se conoce gracias a una de sus obras, Lingua ignota per simplicem hominem Hildegardem prolata, donde se enumeran las palabras que forman la base del imaginario idioma. Se trata de un tortuoso derivado del latín basado en palabras completamente inventadas y escritas con un alfabeto propio, lo que me hace recordar muy lejanamente mi pueril experimento de transliteración. El alfabeto está construido con las conocidas como letterae ignotae, letras desconocidas. Lo original del caso no está tanto en el extraño alfabeto como en el vocabulario levantado literalmente en el aire, pleno de imaginación. ¿Acaso sirvió como lengua propia para ocultar escritos privados? ¿Sería el germen de una lengua ideada para superar el abismo cultural creado en cierta torre babilónica?

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Las letterae ignotae de Hildegard von Bingen.

Más información:
Lingua Ignota per simplicem hominem Hildegardem prolata por W. J. A. Manders
La Lingua Ignota de Hildegard Von Bingen en Rydwlf Unter-Space