El coche de aire líquido de Tripler

Obsolescencia | 7 octubre 2014


El viernes pasado, aprovechando una visita para una investigación en el Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas en la calle Panamá de Madrid1, me desvié un poco de mi objetivo para revisar una patente a la que tenía ganas de hincar el diente desde hacía tiempo2. El solicitante de esa patente era un norteamericano singular con una curiosa, y un tanto alocada, historia detrás. He aquí un esbozo biográfico acerca de Charles Eastman Tripler, el mago del aire líquido.

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Tripler en su laboratorio.

Al comprimir y enfriar el aire, éste se vuelve líquido. Naturalmente la mezcla gaseosa de nitrógeno y oxígeno con tropezones de gases nobles que respiramos, requiere de mucha energía para dar ese salto y, para esa labor, se han diseñado todo tipo de ingeniosos sistemas que hincan sus raíces en el siglo XIX. Ahora bien cierto personaje que vivió en el Nueva York de principios del siglo XX pretendió haber encontrado una forma de licuar el aire con un aporte energético despreciable. Vendría a ser algo así como un modo de exportar la obsesión humana por el movimiento perpetuo al campo del aire líquido3. El poblema no era que las máquinas de Tripler no funcionaran, porque posiblemente cumplían muy bien su cometido, sino que el propio inventor afirmó que era capaz de hacer que los compresores se movieran gracias al propio aire líquido generado en una especie de circuito cerrado.

Charles Eastman Tripler nació en Nueva York el 10 de agosto de 18494. Desde temprano mostró un interés por las máquinas que le llevó a diseñar automóviles animados por gas a presión, en principio utilizó gases de amoniaco pero pronto volvió su atención al aire líquido. La otra obsesión de Tripler era el ciclo cerrado, esto eso, lograr una máquina que se moviera sin fin por medio del uso de una cantidad limitada de gas, en un ciclo infinito. El que un coche se pueda mover con aire líquido no era cosa imposible, pero que ese mismo aire genere su propia energía es ir más allá de lo fantástico.

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Recorte de “La Energía eléctrica”. 1899, número 1, página 3. Biblioteca Nacional.

La tenacidad de Tripler no tenía límites. Dedicó más de dos décadas de su vida a perfeccionar su máquina para licuar aire. Al parecer, funcionaba bastante bien, pero de ciclo cerrado nada de nada. Otro punto a su favor fue su diseño de un motor de aire líquido para automóviles. No era mala idea tampoco, pero el sistema necesitaba recarga, como es lógico, algo que a Tripler no le hacía gracia. Realmente no quedó nunca claro si se creía su propia ilusión o era un simple estafador. Empeñado en luchar contra la evidencia y la termodinámica, experimentó con todo tipo de gases, incluso con cloro, óxido de nitrógeno, dióxido de carbono y hasta etileno. Licuó todo tipo de gases, pensó en usar la energía solar como fuente de energía en el proceso y, además, perfeccionó sus compresores para llegar a una eficiencia no vista hasta entonces. Pero nada era suficiente, el objetivo final del ciclo cerrado de aire líquido, una máquina autoalimentada estaba cerca, o eso pensaba.

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Máquina para licuar el aire de Tripler.

Mientras llegaba su gran descubrimiento, el inventor decidió crear su propia compañía destinada a fabricar a escala industrial aire líquido. La Tripler Liquid Air Company5, como fue llamada, quería convertirse en el líder mundial en su campo, superando en tecnología a cualquier otro que basara su sistema para licuar aire en los añejos modelos de Linde y similares. La realidad era otra distinta. Hacia el cambio de siglo, en un pequeño laboratorio de Nueva York, pasaba las horas Tripler realizando demostraciones espectaculares con aire líquido, cuya expansión movía un motor que dejaba a los inversores con la boca abierta, tanto como la cartera, de donde salían los dólares que financiaban aquel sueño imposible. Poco duró aquella aventura, pues Tripler falleció en 1906 a causa de la que por entonces se conocía como enfermedad de Bright.

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Experiencias en el laboratorio de Tripler.

En la publicidad de la empresa de Tripler se afirmaba que la energía del futuro era el aire líquido. Muchos no se preguntaban de dónde salía el aire y la energía necesaria para licuarlo, porque los experimentos eran tan asombrosos que se les nublaba la mente. Tripler escribió sobre naves aéreas, barcos, locomotoras y hasta aparatos domésticos movidos con aire líquido. Curiosamente, aunque los sueños de Tripler no llegaron muy lejos, en esa misma época pudo verse circular una serie de vehículos animados por aire líquido. No eran muy prácticos, pero tenían su encanto. Pronto se pensó en usar aire a presión como propulsor, algo más sencillo de manejar que el aire líquido pero, claro está, menos espectacular. De aquellos intentos de explotar el aire líquido para mover máquinas poco quedó, sólo sombras de un futuro que nunca existió.

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Automóvil con motor de aire líquido de la The Liquid Air Co., hacia 1900.

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Esquema técnico del coche con motor de aire líquido de la The Liquid Air Co.

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1 El archivo histórico está situado en el edificio de Industria, no en las oficinas de la OEPM. Quiero expresar mi agradecimiento por la amabilidad de los miembros del archivo y por su encomiable labor.
2 Expediente número 25932, “Un aparato para liquidar el aire atmosférico”, de Charles Eastman Tripler, fechado el 3 de mayo de 1900.
3 Véase Perpetual Motion: The History of an Obsession, por Arthur W. J. G. Ord-Hume. Adventures Unlimited Press, 1977.
4 Véase Liquid Air And The Liquefaction Of Gases, de Sloane, T. O’Conor. 1919.
5 Véase el catálogo de la empresa para 1900.