Calles trampa



imgHoy he topado con una curiosidad de la que no tenía ni idea. Más bien había oído rumores, pero nunca creí que esto fuera real, al menos no más allá de las marcas de agua clásicas. Para empezar, he de recordar uno de mis viejos artículos en TecOb acerca de la privacidad y la difusión de datos. Véase este fragmento del texto que titulé «Todo el mundo está fichado»:

¿Alguien se ha preguntado por qué narices se presentan tantos partidos políticos a las diversas elecciones? No, no me estoy refiriendo a los partidos mayoritarios, sino a esos que proliferan como setas en época preelectoral y que representan a una asociación de vecinos, o a los aficionados de tal o cual cosa rara. Supongo que no se trata de algo común, pero desde hace tiempo se ha comprobado que algunos de esos partidos se han creado para hacerse con el apetitoso censo electoral, que luego es vendido a empresas de márketing directo porque, ley obliga, como legítimos partidos que presentan candidaturas tienen acceso libre a esos datos. Claro que, en casos extremos, es el propio Estado el que se “vende” —quiero suponer que sin saberlo a priori— porque, de lo contrario, ¿qué pensar cuando se encargó al departamento de informática de una gran empresa comercial española la gestión de parte de los datos para elaborar el padrón de habitantes del 96?

Cito esto porque, como sucede con otras grandes y apetitosas bases de datos, se suele introducir en ellas errores intencionados para que, en caso de que sean copiadas sin permiso, se pueda seguir la pista del infractor. Bien, pues acabo de descubrir que sucede lo mismo con algunas, o muchas, bases cartográficas. El rumor, pues, parece que era cierto. Los errores introducidos a propósito en mapas para evitar que sean copiados se conocen como «calles trampa». En la Wikipedia, por ejemplo, se comenta:

Una calle de la trampa (o calle cepo) es una calle ficticia incluida en un mapa con el fin de “detectar” violaciones potenciales de los derechos de autor de la cartografía, por parte de aquellos que no puedan justificar la inclusión de la «calle de la trampa» en su mapa. A veces, más que representar un camino donde realmente no existe ninguno, se falsifica la naturaleza de este para que se puedan detectar copias fraudulentas, pero al mismo tiempo que el mapa no suponga ningún perjuicio en la orientación y navegación del usuario. Así, por ejemplo, un mapa puede tener curvas en una calle que no existen en la realidad, o representar viales importantes con carriles estrechos, todo ello sin modificar su localización o conexiones con otras calles. En la cartografía existen variantes de este tipo de engaños con la presencia en mapas de topónimos imaginarios, marcas de agua digitales, o puntos de control de ínfimo tamaño en planos digitales, inapreciables a simple vista por la persona que los consulte (o copie) pero fácilmente localizables por aquellas entrenadas para buscarlos.

| Vía fuck yeah cartography! |