{"id":9161,"date":"2014-07-02T13:22:20","date_gmt":"2014-07-02T11:22:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/?p=9161"},"modified":"2014-07-02T13:22:20","modified_gmt":"2014-07-02T11:22:20","slug":"el-autogiro-de-juan-de-la-cierva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=9161","title":{"rendered":"El autogiro de Juan de la Cierva"},"content":{"rendered":"<p class=\"otros3\">Versi\u00f3n reducida del art\u00edculo que publiqu\u00e9 en la revista <em><a href=\"http:\/\/www.historiadeiberiavieja.com\">Historia de Iberia Vieja<\/a><\/em>, edici\u00f3n de julio de 2014.<\/p>\n<blockquote><p><em>Don Emilio Herrera Linares, Comandante de Ingenieros, Jefe del Laboratorio Aerodin\u00e1mico de Aeron\u00e1utica Militar, certifica que en el Aer\u00f3dromo de Cuatro Vientos, en la tarde del 31 de enero \u00faltimo, un aparato con sistema \u201cautogiro\u201d ideado y construido por el ingeniero de caminos Don Juan de la Cierva y Codorn\u00edu, pilotado por el Teniente Don Alejandro G\u00f3mez Spencer, efectu\u00f3 tres vuelos, describiendo en el \u00faltimo de ellos un recorrido de unos cuatro kil\u00f3metros de longitud, en circuito cerrado, en un tiempo de tres minutos treinta segundos y alcanzando una altura superior a veinticinco metros sobre el terreno. (\u2026) El autogiro ha llegado ya a la mayor\u00eda de edad, ha terminado el per\u00edodo de investigaci\u00f3n cient\u00edfica y comienza el periodo de aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica. Dentro de algunas semanas estar\u00e1 terminado un autogiro construido en los Talleres de la Escuela Industrial de Madrid, capaz de transportar un pasajero, adem\u00e1s del piloto. Con \u00e9l se va a determinar con exactitud el rendimiento, que hasta ahora parece ser an\u00e1logo al del aeroplano, ya que las ventajas de autoestabilidad y de toma de tierra vertical y sin velocidad han quedado plenamente probadas en los ensayos anteriores.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Madrid Cient\u00edfico<\/em>, n\u00famero 1.083, a\u00f1o 1923.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>\u00bfQui\u00e9n ha visto volar un autogiro? Ciertamente, salvo en el caso de algunos aparatos de uso deportivo, exhibici\u00f3n o similar, hoy d\u00eda no es com\u00fan ver autogiros en el aire y, sin embargo, esa m\u00e1quina volante se ha convertido con el paso del tiempo en el ejemplo m\u00e1s mencionado de \u201cinvenci\u00f3n espa\u00f1ola\u201d, si acaso rivalizando con la fregona y el futbol\u00edn. Ya es casi un t\u00f3pico pero, \u00bfqu\u00e9 es un autogiro? Antes de describir tan sorprendente ingenio, conviene repasar la vida del genio que estuvo detr\u00e1s de su invenci\u00f3n.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/la_cierva.jpg\" alt=\"la_cierva\" width=\"620\" height=\"336\" class=\"otros\" \/><br \/>\n<em>Patente estadounidense <a href=\"https:\/\/www.google.com\/patents\/US1692082\">US 1692082 A<\/a> de Juan de la Cierva.<\/em><\/p>\n<p><strong>Juan de la Cierva, una vida en el aire<\/strong><\/p>\n<p>Hijo del que fuera alcalde de Murcia y varias veces ministro, Juan de la Cierva y Pe\u00f1afiel, vino al mundo en 1895 <strong>Juan de la Cierva y Codorn\u00edu<\/strong>, igualmente murciano. De familia acomodada y con muy buenas relaciones, todo parec\u00eda augurar un futuro de \u00e9xitos para el joven, quien sabe si pol\u00edticos o en la gran empresa, pero como en tantas otras ocasiones un sue\u00f1o se encarg\u00f3 de cambiar el rumbo fuera de lo previsible. Ya desde peque\u00f1o Juan de la Cierva hab\u00eda mostrado un <strong>inter\u00e9s <\/strong>casi obsesivo<strong> por las cosas que vuelan<\/strong>, llegando a construir maquetas de ingenios voladores.<\/p>\n<p>Sue\u00f1os imposibles para cualquier otro, vieron c\u00f3mo un ambiente cercano adecuado, tanto intelectual como econ\u00f3mico, le permit\u00eda pasar a la acci\u00f3n y convertir sus fantas\u00edas en realidad. Cabe mencionar que su primera formaci\u00f3n fue un tanto diferente a la com\u00fan, pues estudi\u00f3 con profesores particulares y se present\u00f3 a ex\u00e1menes oficiales por libre. <strong>Jugaba con sus amigos y vecinos a construir aeroplanos<\/strong>. Una imaginaci\u00f3n alimentada por libros y revistas en los que se hablaba de la incipiente industria de la aviaci\u00f3n hizo que su deseo de volar fuera imparable. La Cierva y sus amigos <strong>comenzaron ideando aviones de papel, luego de madera, algunos con \u201cmotor\u201d de h\u00e9lice movido por gomas y hasta alg\u00fan que otro remedo de helic\u00f3ptero<\/strong> en un tiempo en el que ni ese tipo de aparatos hab\u00eda levantado el vuelo, ni siquiera los aeroplanos volaban de forma confiada, todo estaba por hacer. Pero el tiempo de los juegos iba pasando y, como en tantas ocasiones, las fantas\u00edas deb\u00edan dar paso al \u201cmundo real\u201d. Juan de la Cierva, sin embargo, continu\u00f3 so\u00f1ando sin l\u00edmite con las alturas.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, siendo tan solo un chaval en el <strong>Madrid<\/strong> de 1910 donde su familia se hab\u00eda trasladado siguiendo a su padre en su carrera ministerial, cre\u00f3 junto con varios amigos un equipo muy especial, el <strong>BCD (Barcala, Cierva y D\u00edaz)<\/strong>. Ah\u00ed estaba todo un manitas, Jos\u00e9 Barcala, hijo de un ingeniero de caminos, y Pablo D\u00edaz, hijo de un carpintero. De las propinas que pod\u00edan conseguir naci\u00f3 todo un planeador que probaron personalmente, hasta que en uno de los vuelos a punto estuvo de matarse Ricardo, el hermano menor de Juan. El enfado de la familia con aquellos peligrosos juegos hizo que, temporalmente, se terminara aquella \u201ctonter\u00eda\u201d de volar.<!--more--><\/p>\n<p>Juan de la Cierva <strong>pas\u00f3 a estudiar ingenier\u00eda de caminos<\/strong>, a fin de cuentas, so\u00f1aba con construir aviones pero la carrera de ingeniero aeron\u00e1utico estaba por inventar. Su padre quiso que se hiciera abogado, primer paso para iniciar una buena carrera en la administraci\u00f3n y en la pol\u00edtica, pero el joven Juan no dejaba de dibujar m\u00e1quinas. Y no s\u00f3lo \u00e9l, por mucho que la primera experiencia fuera peligrosa, el equipo BCD continuaba, a escondidas, imaginado el futuro de la aviaci\u00f3n. \u00bfCu\u00e1l era la siguiente estaci\u00f3n en ese camino? Nada m\u00e1s y nada menos que <strong>construir un aeroplano de tama\u00f1o real y con motor<\/strong>. El avi\u00f3n<strong> BCD-1<\/strong> se arm\u00f3 en el taller del padre de Pablo. Lo llamaron \u201cel cangrejo\u201d por estar pintado de llamativo rojo. La nave logr\u00f3 volar en Cuatro Vientos a los mandos de un aviador franc\u00e9s que les hab\u00eda prestado el motor. Toda una haza\u00f1a para unos chavalines. <strong>En 1913 armaron el BCD-2<\/strong>, un avi\u00f3n que, tras varios vuelos exitosos, fue abandonado. Juan deb\u00eda concentrarse en sus estudios, que acababa de comenzar. Llegado al quinto curso de ingenier\u00eda de caminos, retom\u00f3 la experimentaci\u00f3n con el dise\u00f1o de un imponente trimotor que de iba a presentar a un concurso militar pero que al final termin\u00f3 en un malogrado prototipo.<\/p>\n<p>Ya como ingeniero y reci\u00e9n casado, se le abr\u00eda todo un mundo nuevo. Dada la posici\u00f3n de su familia no le hubiera costado gran cosa acomodarse en un puesto de la administraci\u00f3n ya que se vio empujado a un cargo pol\u00edtico temporal obligado por su padre, pero para \u00e9l s\u00f3lo cab\u00eda dedicarse a la aviaci\u00f3n. De las parcialmente fallidas experiencias anteriores, sobre todo del accidente que acab\u00f3 con su trimotor, surgi\u00f3 una nueva obsesi\u00f3n: la seguridad del vuelo. <strong>\u00bfC\u00f3mo pod\u00eda dise\u00f1arse un avi\u00f3n seguro que no entrara en p\u00e9rdida?<\/strong> Ese era uno de los principales problemas de los aeroplanos, la entrada en p\u00e9rdida por velocidad y el consiguiente riesgo de estrellarse contra el suelo. Juan de la Cierva trabaj\u00f3 febrilmente en lograr una soluci\u00f3n al problema, probando todo tipo de configuraciones. Imagin\u00f3 helic\u00f3pteros y otras naves similares, pero le parec\u00edan incluso m\u00e1s inseguras, adem\u00e1s de que en ese tiempo nadie hab\u00eda logrado volar con un aparato as\u00ed de forma m\u00ednimamente segura ni viable. Y, entonces, le<strong> lleg\u00f3 la idea de la autorrotaci\u00f3n que patent\u00f3 en 1920 y que se convirti\u00f3 en el alma del autogiro<\/strong>.<\/p>\n<p>El<strong> primer modelo de autogiro, el C1,<\/strong> experimental ten\u00eda el fuselaje de un viejo avi\u00f3n anterior a la Gran Guerra y dos rotores con eje \u00fanico y giro opuesto. El aparato fue probado en tierra y abri\u00f3 el camino para otros veh\u00edculos experimentales que tuvieron dudoso \u00e9xito. Algo fallaba, las naves ten\u00edan tendencia a inclinarse a la derecha y no eran muy estables. Llegado 1921, las cosas comenzaron a cambiar. Hab\u00eda nacido su primer hijo y, adem\u00e1s, estaba a punto de volar el primer autogiro realmente prometedor. La experimentaci\u00f3n sin descanso dio sus frutos con la introducci\u00f3n en 1922 del rotor con articulaci\u00f3n de batimiento, probada con \u00e9xito en el <strong>autogiro modelo C4<\/strong>. Finalmente, tras muchos dolores de cabeza y modificaciones, la nave vol\u00f3 con total estabilidad el 17 de enero de 1923. M\u00e1s tarde lleg\u00f3 el vuelo de cuatro kil\u00f3metros que aparece mencionado en la cita de <em>Madrid Cient\u00edfico<\/em> con el que abro este art\u00edculo. En mayo naci\u00f3 el segundo hijo de Juan de la Cierva, que lleg\u00f3 al mundo casi a la par que el<strong> autogiro C5<\/strong>. El tiempo de los ensayos hab\u00eda terminado, siendo armado en Cuatro Vientos un modelo patrocinado por el ej\u00e9rcito, el C6, ensayado con esmero por el equipo del laboratorio aeron\u00e1utico de Emilio Herrera Linares. <strong>Los vuelos del C6 se hicieron legendarios<\/strong>. El c\u00e9lebre Joaqu\u00edn Loriga pilot\u00f3 la nave entrando en p\u00e9rdida, o m\u00e1s bien lo intent\u00f3, pero el autogiro era tan estable que se negaba a comportarse como un aeroplano convencional y se pos\u00f3 en tierra con suavidad. Al poco se present\u00f3 en Francia una grabaci\u00f3n del vuelo, donde caus\u00f3 gran sensaci\u00f3n. A finales de 1924, un nuevo hijo y la atenci\u00f3n de todo el mundo de la aviaci\u00f3n puesta en el autogiro, hicieron feliz a Juan de la Cierva. El C6 realiz\u00f3 varias exhibiciones ante constructores extranjeros en Cuatro Vientos y, poco despu\u00e9s, Juan viaj\u00f3 a <strong>Par\u00eds y Londres<\/strong>.<\/p>\n<p><strong>El \u00e9xito del autogiro llega a todo el planeta<\/strong><\/p>\n<p>Viendo el inter\u00e9s que hab\u00eda en el aparato, Aviaci\u00f3n Militar construy\u00f3 el autogiro C6.bis, un modelo mejorado del original, que realiz\u00f3<strong> exhibiciones ante Alfonso XIII<\/strong> y, tambi\u00e9n, en Inglaterra y Francia. Juan de la Cierva y su autogiro aparec\u00edan en los peri\u00f3dicos de todo el mundo, el aparato despertaba pasiones. Los brit\u00e1nicos realizaron un pedido de este tipo de aeronave, se cre\u00f3 una empresa para explotar las patentes bajo licencia, la<strong> Cierva Autogiro Company Limited <\/strong>y el propio ingeniero murciano se convirti\u00f3 en piloto en 1927 para demostrar las ventajas del autogiro. Se dise\u00f1aron y fabricaron diversos modelos comerciales. Un a\u00f1o antes el nov\u00edsimo modelo C7 fue adquirido por el gobierno espa\u00f1ol a la f\u00e1brica Loring de Carabanchel, que lo constru\u00eda bajo licencia.<\/p>\n<p><strong>Un incidente con un autogiro hizo que se prohibiera su vuelo en Inglaterra, al menos temporalmente<\/strong>. De la Cierva mejor\u00f3 los problemas que hab\u00edan aparecido en el eje vertical y articulaciones de sus naves, realizando pruebas con el<strong> C7<\/strong> junto a Loring y Herrera en Madrid. Los modelos <strong>C8 y C9 <\/strong>ya inclu\u00edan las nuevas mejoras y la prohibici\u00f3n de vuelo fue levantada. Juan de la Cierva ya era conocido en todo el planeta, realizaba vuelos de exhibici\u00f3n, como el que llev\u00f3 a cabo cruzando el canal de la Mancha en 1928. Sus aparatos se comercializaron en varios pa\u00edses y de los Estados Unidos lleg\u00f3 tambi\u00e9n el inter\u00e9s. All\u00ed el autogiro fue acogido con gran inter\u00e9s y se cre\u00f3 una compa\u00f1\u00eda para su explotaci\u00f3n, mientras en Espa\u00f1a ve\u00eda la luz el C12 fabricado por Loring, toda una maravilla de la t\u00e9cnica. El C19 fue presentado por el propio Juan en los <strong>Estados Unidos<\/strong>, donde la fiebre por los autogiros parec\u00eda no tener fin. La prensa estaba encantada con las demostraciones de vuelo y los contratos crec\u00edan sin fin. Entre vuelos y negocios, el ingeniero regresaba a Espa\u00f1a, donde su familia segu\u00eda creciendo, para trabajar en su gabinete en nuevos modelos mejorados del autogiro.<\/p>\n<p>Una sorpresa le esperaba en 1931 en <strong>Nueva York<\/strong>, en su segunda visita a Am\u00e9rica, cuando cuatro autogiros fabricados en los Estados Unidos le dieron la bienvenida volando en formaci\u00f3n. Juan de la Cierva ya era por entonces el espa\u00f1ol m\u00e1s conocido en todo el mundo. Sin embargo, el \u00e9xito no hizo que frenara sus esfuerzos por mejorar la estabilidad, el problema de las vibraciones y el rendimiento de sus aparatos. Con la llegada de la Rep\u00fablica, la cada vez m\u00e1s numerosa familia de Juan de la Cierva march\u00f3 a vivir a Francia. Mientras tanto, la fama del ingeniero crec\u00eda sin fin en los Estados Unidos. En su tercer viaje por esas tierras <strong>fue recibido por Henry Ford y por el presidente Hoover<\/strong>. Los autogiros, cada vez m\u00e1s perfeccionados, con mandos directos y refinamientos de toda clase, incluyendo algunos con cabinas cerradas, se hab\u00edan hecho con un mercado importante. No era dif\u00edcil ver volar uno de esos aparatos en Europa o en Estados Unidos. Las nuevas patentes internacionales de Juan de la Cierva fueron adapt\u00e1ndose en nuevos modelos y los autogiros fueron extendi\u00e9ndose, llegando incluso a Jap\u00f3n, donde fueron construidos diversos aparatos de uso militar.<\/p>\n<p>El autogiro<strong> modelo C30<\/strong> lleg\u00f3 a una perfecci\u00f3n envidiable, era mucho m\u00e1s sencillo de pilotar y su mantenimiento no era costoso. Todo el mundo estaba encantado con el autogiro. Las nuevas exhibiciones en Estados Unidos no hicieron sino aumentar todav\u00eda m\u00e1s su fama y, en Espa\u00f1a, llev\u00f3 a cabo osadas experiencias como el<strong> aterrizaje y posterior despegue de la cubierta del portahidroaviones de la Armada <em>D\u00e9dalo<\/em><\/strong>. Naturalmente, la m\u00e1quina no era perfecta, y se produjeron algunos accidentes, pero aquello no influy\u00f3 demasiado en la aventura comercial del autogiro, que segu\u00eda siendo perfeccionado para poder competir con los exitosos aeroplanos. El ritmo de trabajo de Juan de la Cierva era fren\u00e9tico, apenas dorm\u00eda y siempre llevaba consigo cuadernillos en los que garabateaba c\u00e1lculos destinados a lograr la perfecci\u00f3n del vuelo. Pero, justo cuando el autogiro estaba en lo m\u00e1s alto de su cima, el helic\u00f3ptero comenz\u00f3 a ser viable t\u00e9cnicamente, suponiendo una sombra para su continuo desarrollo, mientras otro nubarr\u00f3n aparec\u00eda en el horizonte, la Guerra Civil en Espa\u00f1a. <strong>Esta historia termina mal, muy mal, el 9 de diciembre de 1936, en el brit\u00e1nico aeropuerto de Croydon<\/strong>. Tiene gracia macabra que el genio creador del autogiro, que hab\u00eda volado cientos de veces en aparatos experimentales, terminara all\u00ed su vida a bordo de un Douglas DC-2 de la compa\u00f1\u00eda KLM, que se estrell\u00f3 en medio del niebla al poco de despegar.<\/p>\n<p><strong>Un aparato sorprendente<br \/>\n<\/strong><br \/>\nSalvo en los modelos deportivos y alg\u00fan otro, <strong>el autogiro no ha prosperado como nave a\u00e9rea comercial<\/strong>. Sin embargo, su nacimiento fue toda una sorpresa, pues supuso una revoluci\u00f3n en la forma en que se volaba, y eso ya es m\u00e9rito m\u00e1s que suficiente como para ser recordado. Pero el autogiro fue mucho m\u00e1s que un aparato simplemente llamativo, veamos por qu\u00e9.<\/p>\n<p>En un tiempo en el que el helic\u00f3ptero esa algo deseado, pero en la pr\u00e1ctica muy complejo de llevar a cabo, el autogiro de Juan de la Cierva vino a allanar el camino de ese tipo de m\u00e1quinas. Un autogiro, o giroc\u00f3ptero como es conocido en algunos ambientes, es un aparato volante con ala giratoria. <strong>Su comportamiento en vuelo es como el de los tradicionales aviones pero en vez de tener alas utiliza palas en rotaci\u00f3n libre<\/strong>. Viene a ser una mezcla de avi\u00f3n y helic\u00f3ptero, propulsado por una h\u00e9lice como en los aeroplanos, pero con rotor que gira libremente y permite la sustentaci\u00f3n, no como en el helic\u00f3ptero, donde el rotor propulsa y sustenta a la vez. El autogiro puede volar muy lento, si se desea, pero no puede detenerse en el aire. Puede despegar con carreras muy cortas y aterrizar en distancias peque\u00f1as. Es un aparato muy seguro, pues incluso con parada de motor, puede descender de forma controlada gracias a las palas que giran libremente.<\/p>\n<p><strong>Los modernos helic\u00f3pteros han aprendido mucho del autogiro, cuyo rotor articulado sigue vigente de forma mejorada<\/strong>. Aunque los primeros autogiros inclu\u00edan unas peque\u00f1as alas para el control de vuelo, los modelos perfeccionados contaron con mandos directos de control sobre el rotor articulado que las hicieron innecesarias. Adem\u00e1s, en los autogiros m\u00e1s modernos se pod\u00eda acortar la carrera de despegue al m\u00ednimo pues se pod\u00eda mover el rotor de forma activa con la fuerza del motor, llegando a lograrse despegues casi verticales o \u201csaltos\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Versi\u00f3n reducida del art\u00edculo que publiqu\u00e9 en la revista Historia de Iberia Vieja, edici\u00f3n de julio de 2014. Don Emilio Herrera Linares, Comandante de Ingenieros, Jefe del Laboratorio Aerodin\u00e1mico de <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=9161\" title=\"El autogiro de Juan de la Cierva\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":1,"featured_media":9163,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[],"class_list":["post-9161","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-made_in_spain"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/la_cierva.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p93Dc1-2nL","jetpack-related-posts":[{"id":6322,"url":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=6322","url_meta":{"origin":9161,"position":0},"title":"Pere de Son Gall, \u00bfinventor del autogiro?","author":"alpoma","date":"1 marzo 2012","format":false,"excerpt":"Versi\u00f3n reducida del art\u00edculo que publiqu\u00e9 en la revista Historia de Iberia Vieja en su edici\u00f3n del mes de marzo de 2012.Recuerdo la casa, en el campo llano de Llucmajor, al sudeste mallorqu\u00edn, con su portal de arco de medio punto, de piedra arenisca, y los muros de pedruscos y\u2026","rel":"","context":"En \u00abMade in Spain\u00bb","block_context":{"text":"Made in Spain","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?cat=10"},"img":{"alt_text":"","src":"","width":0,"height":0},"classes":[]},{"id":10202,"url":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=10202","url_meta":{"origin":9161,"position":1},"title":"Un adelanto de lo que ser\u00e1 mi libro \u00abMade in Spain: Cuando invent\u00e1bamos nosotros\u00bb","author":"alpoma","date":"10 noviembre 2014","format":false,"excerpt":"Si no hay contratiempos, antes de que termine este a\u00f1o 2014 ver\u00e1 la luz mi nuevo libro (adem\u00e1s de la ya presentada edici\u00f3n en papel de la novela El viaje de Argos). 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