{"id":782,"date":"2007-09-16T00:55:04","date_gmt":"2007-09-15T22:55:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/?p=782"},"modified":"2007-09-16T09:20:55","modified_gmt":"2007-09-16T07:20:55","slug":"sol-inconstante","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=782","title":{"rendered":"Sol inconstante"},"content":{"rendered":"<p>Durante mucho tiempo se ha dudado de la influencia de los <strong>cambios en el brillo solar<\/strong> sobre la <strong>din\u00e1mica clim\u00e1tica<\/strong> terrestre. Que el brillo de nuestra estrella no es constante, es un hecho conocido desde hace bastante, ahora bien, la presunta conexi\u00f3n entre tales variaciones y alg\u00fan fen\u00f3meno natural en la Tierra no fue m\u00e1s que mera conjetura hasta no hace muchos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Puede que la mala fama del asunto naciera de <strong>varios intentos est\u00e9riles<\/strong> de vincular fen\u00f3menos c\u00edclicos solares con pr\u00e1cticamente cualquier cosa imaginable. Por ejemplo, all\u00e1 por 1801, el insigne astr\u00f3nomo <strong>William Herschel<\/strong> afirm\u00f3 haber encontrado correlaciones entre el ciclo de manchas solares y el precio del trigo<sup>1<\/sup>. Sin embargo, no tard\u00f3 en darse cuenta de que hab\u00eda cometido errores que invalidaban su razonamiento. <\/p>\n<p>Considerado pr\u00e1cticamente un \u00abmito\u00bb, el asunto de la relaci\u00f3n entre brillo solar y fen\u00f3menos naturales en nuestro planeta no se tom\u00f3 en serio hasta que una <strong>flota de sat\u00e9lites dedicados a la observaci\u00f3n del Sol<\/strong> gritaron al un\u00edsono ciertos datos intrigantes<sup>2<\/sup>. Result\u00f3 que, \u00abpor casualidad\u00bb, tres sat\u00e9lites solares enviaron informaci\u00f3n que indicaba una <strong>disminuci\u00f3n en la luminosidad solar<\/strong>. Curiosamente, la reacci\u00f3n de los encargados de las misiones fue afirmar, ni m\u00e1s ni menos, que los tres estaban fallando, aquello no pod\u00eda ser cierto. No mucho tiempo despu\u00e9s, los mismos sat\u00e9lites volvieron a cometer otro \u00aberror\u00bb. Ahora, tambi\u00e9n al mismo tiempo, enviaron datos que indicaban que la luminosidad solar se elevaba. Ya no pod\u00eda ser un fallo, las tres naves no pod\u00edan errar al mismo tiempo, la realidad se impuso y qued\u00f3 claro que nuestro \u00abimperturbable\u00bb Sol era en realidad una estrella \u00abvariable\u00bb, forzando al l\u00edmite el significado del t\u00e9rmino, claro est\u00e1. Desde entonces, se ha descubierto que el patr\u00f3n de aumento y disminuci\u00f3n de brillo solar, que conlleva un aumento o disminuci\u00f3n de la energ\u00eda que llega a la Tierra, est\u00e1<strong> \u00edntimamente relacionado con el ciclo de manchas solares<\/strong> y, tambi\u00e9n, se ha conocido que muchas otras estrellas sufren cambios similares. <\/p>\n<p>Vale, pero&#8230; <strong>\u00bfqu\u00e9 es una mancha solar?<\/strong> Habr\u00e1 que mirar un poco hacia atr\u00e1s para comprenderlo. Con un poco de pericia se puede ver que el Sol, aparentemente inmaculada \u00abpiedra\u00bb redonda, \u00edgnea y sagrada, en realidad se encuentra \u00abmanchado\u00bb. <strong>Mirar al Sol es muy peligroso<\/strong>, si se hace, puede da\u00f1arse la retina, causar problemas de visi\u00f3n e incluso ceguera. Sin embargo, desde muy antiguo, hay gentes que, desafiando el peligro, han mirado al Sol y han visto las manchas que aparecen en su superficie. <strong>No son siempre las mismas<\/strong>, cambian con el tiempo, a veces hay m\u00e1s, en otras ocasiones no hay pr\u00e1cticamente ninguna. Pero, aunque se conocen referencias muy antiguas relacionadas con la observaci\u00f3n de manchas solares, no fue hasta el siglo XVI, con la llegada de los primeros telescopios, cuando se inici\u00f3 el <strong>registro sistem\u00e1tico<\/strong> y cient\u00edfico de las mismas. <\/p>\n<p>Con el tiempo, se descubri\u00f3 que el n\u00famero de manchas segu\u00eda un<strong> ciclo de aproximadamente once a\u00f1os<\/strong>, algo que, como se sabe ahora, no es m\u00e1s que uno m\u00e1s de los componentes de una variaci\u00f3n r\u00edtmica de la emisi\u00f3n de energ\u00eda del Sol, tanto en luz visible, como en la regi\u00f3n ultravioleta del espectro, rayos X o emisiones de part\u00edculas, fruto de una <strong>compleja fluctuaci\u00f3n magn\u00e9tica peri\u00f3dica de unos veintid\u00f3s a\u00f1os<\/strong> de duraci\u00f3n. Sin embargo, auque parecen \u00ablatidos\u00bb estables, la realidad es que cada uno de los ciclos presentan peculiaridades propias que hacen que cada uno de ellos sea diferente entre s\u00ed. <\/p>\n<p>El primero en darse cuenta de la variabilidad c\u00edclica de las manchas solares, al menos el primero del que se tenga constancia por medio de registro escrito, fue <strong>Heinrich G. Schwabe<\/strong>. Tal personaje, farmac\u00e9utico de profesi\u00f3n, astr\u00f3nomo aficionado, public\u00f3 en 1843 una investigaci\u00f3n en la que afirmaba que las manchas en la superficie de nuestra estrella variaban siguiendo ciclos de diez a\u00f1os. Como primer acercamiento no estaba nada mal. A\u00f1os m\u00e1s tarde, intrigado por tal afirmaci\u00f3n, el astr\u00f3nomo<strong> J. Rudolf Wolf<\/strong>, director del Observatorio de Zurich, decidi\u00f3 ahondar en el asunto. As\u00ed, recopil\u00f3 informes, observaciones y cualquier dato sobre el tema que pudo encontrar. Concienzudamente reuni\u00f3 las piezas del gran rompecabezas, aprovechando las observaciones propias y las de otros astr\u00f3nomos en todo el mundo. Uniendo a todo ello un archivo con datos de un siglo y medio de antig\u00fcedad, logr\u00f3 corregir la cifra de Schwabe. Aunque claramente hab\u00eda grandes diferencias entre ciclos, logr\u00f3 establecer que <strong>el periodo medio se encontraba en torno a los 11,1 a\u00f1os<\/strong><sup>3<\/sup>. <\/p>\n<p>Hoy, cuando se tienen recopilados <strong>informes que datan de 1610 en adelante<\/strong>, se puede trazar un gr\u00e1fico de ciclos en el n\u00famero de manchas solares bastante detallado, aunque los datos m\u00e1s minuciosos y fiables comenzaron a tomarse precisamente en la \u00e9poca de Wolf, a mediados del siglo XIX. Ning\u00fan ciclo ha tenido la misma longitud, algunos han estado cerca de los doce a\u00f1os, otros han durado s\u00f3lo una d\u00e9cada y, adem\u00e1s, el <strong>n\u00famero  de manchas solares<\/strong>, o amplitud de ciclo, ha sido de todo menos constante. A principios del siglo XIX el n\u00famero medio de manchas anuales rondaba las 45. Sin embargo, por ejemplo, en 1957, se registraron 190. <\/p>\n<p>Lo m\u00e1s sorprendente de todo es que <strong>hubo una \u00e9poca en que el Sol pr\u00e1cticamente se libr\u00f3 de las manchas<\/strong>. Vayamos por partes. Queda por explicar, muy brevemente qu\u00e9 es una mancha solar. Sencillamente, se trata de <strong>\u00e1reas oscuras <\/strong>que aparecen sobre la superficie de nuestra estella. Est\u00e1n oscurecidas porque presentan temperaturas m\u00e1s bajas que otras \u00e1reas circundantes. En efecto, las manchas son unos 2.000 grados cent\u00edgrados m\u00e1s \u00abfr\u00edas\u00bb que el \u00abterreno\u00bb aleda\u00f1o. Se trata de puntos en la superficie solar en los que no aflora tanto el flujo de calor desde el interior estelar por causa de fuertes campos magn\u00e9ticos que \u00abbloquean\u00bb la circulaci\u00f3n de las corrientes de gases en las cercan\u00edas de la mancha. Las manchas solares son tan grandes que, en su interior, podr\u00edan caber planetas del tama\u00f1o de la Tierra. Como puede comprenderse, la din\u00e1mica en la formaci\u00f3n y evoluci\u00f3n de tales manchas depende del complejo comportamiento del campo magn\u00e9tico solar. <\/p>\n<p>Bien, tras esta simplona explicaci\u00f3n de un fen\u00f3meno muy complicado, volvamos a la \u00e9poca en que el Sol se libr\u00f3 de sus manchas. En concreto, <strong>desde 1645, hasta 1715<\/strong>, nuestra estrella pr\u00e1cticamente no mostr\u00f3 manchas en su superficie. Desde luego, no se trat\u00f3 de un despiste que hiciera desaparecer los registros o que nadie se molestara en registrar el n\u00famero de manchas. Ni mucho menos, de hecho, se conservan registros muy detallados con <strong>m\u00e1s de 8000 jornadas de registros en el Observatorio de Par\u00eds<\/strong>. Revisando tales datos se puede comprobar que <strong>algo extra\u00f1o estaba sucediendo<\/strong>. No obstante, no fue hasta que el mism\u00edsimo Wolf consult\u00f3 tales archivos cuando sali\u00f3 a la luz el asunto. Tampoco es que supusiera una revoluci\u00f3n, ni mucho menos, sobre todo porque pr\u00e1cticamente no se le hizo caso, incluso fue tachado de incompetente por algunos colegas por afirmar que el Sol hab\u00eda pasado por una larga \u00e9poca de \u00absequ\u00eda\u00bb en cuanto a la presencia de manchas se refiere. <\/p>\n<p>No fueron muchos los que siguieron por tal camino. Quedaba muy presente en la memoria el fiasco de Herschel y  el trigo, as\u00ed que pocos lo volvieron a intentar, no fuera que cometieran el mismo error. Como siempre queda alg\u00fan pionero, all\u00e1 por la d\u00e9cada de 1880, <strong>Gustav F. W. Sp\u00f6rer<\/strong> y <strong>E. Walter Maunder <\/strong>publicaron sus investigaciones, en las que describ\u00edan que aquella anomal\u00eda hab\u00eda \u00abcoincidido\u00bb con una <strong>\u00e9poca especialmente fr\u00eda en Europa<\/strong>. <\/p>\n<p>De nuevo, tan intrigante relaci\u00f3n no levant\u00f3 el m\u00e1s m\u00ednimo inter\u00e9s, las publicaciones quedaron ah\u00ed, olvidadas en los archivos. Esto hubiera continuado as\u00ed, de no haber sido por un nuevo tipo curioso que decidi\u00f3 revisar viejos papeles a los que nadie hac\u00eda caso ya. En 1976, <strong>John A. Eddy<\/strong>, cient\u00edfico de la <em>Corporaci\u00f3n Universitaria de Investigaci\u00f3n Atmosf\u00e9rica <\/em>de Boulder en Colorado, Estados Unidos, retom\u00f3 el hilo dejado hac\u00eda casi un siglo por Maunder. A\u00f1os m\u00e1s tarde, se uni\u00f3 en la tarea el equipo de <strong>E. Nesme-Ribes<\/strong> y se revisaron concienzudamente los registros del Observatorio de Par\u00eds, entre otros. La conclusi\u00f3n fue sorprendente: el per\u00edodo de \u00absequ\u00eda\u00bb de manchas solares hab\u00eda existido realmente, no se trat\u00f3 de falta de diligencia por parte de Wolf, no hab\u00eda falta de datos, sencillamente sucedi\u00f3 que, entre 1645 y 1715, el Sol pr\u00e1cticamente dej\u00f3 de tener manchas. As\u00ed naci\u00f3 lo que se conoce hoy d\u00eda como <strong>m\u00ednimo de Maunder<\/strong>. <\/p>\n<p>De esta forma, quedaba claro que la din\u00e1mica de los fen\u00f3menos magn\u00e9ticos en el Sol es muy compleja y que los ciclos de manchas solares, con sus variaciones de luminosidad y, por tanto, de la cantidad de energ\u00eda solar que llega a la Tierra, algo tendr\u00edan que ver con la din\u00e1mica clim\u00e1tica terrestre. \u00bfO no? La cosa sigue sin estar nada clara, pero no adelantemos acontecimientos. El m\u00ednimo de Maunder coincidi\u00f3 en el tiempo con la \u00e9poca m\u00e1s dura de lo que se conoci\u00f3 como <strong>Peque\u00f1a Edad de Hielo<\/strong>, pero claro, el grave problema est\u00e1 en que no se sabe si se trata de una simple coincidencia o existe una relaci\u00f3n causa-efecto de alg\u00fan tipo.<\/p>\n<p>El intr\u00e9pido John A. Eddy tambi\u00e9n se percat\u00f3 de algo todav\u00eda m\u00e1s intrigante, a saber, que la cantidad de<strong> carbono 14 presente en los anillos de crecimiento de los \u00e1rboles<\/strong> era mayor en \u00e9pocas en las que el n\u00famero de manchas solares disminu\u00eda. El carbono 14 es un elemento radiactivo que se origina por el choque de rayos c\u00f3smicos con \u00e1tomos de nitr\u00f3geno 14 en la alta atm\u00f3sfera. <strong>\u00bfY esto qu\u00e9 indica?<\/strong> Sencillamente que durante el m\u00ednimo de Maunder el nivel de actividad magn\u00e9tica del Sol fue considerablemente m\u00e1s bajo que en otras \u00e9pocas, porque se form\u00f3 m\u00e1s carbono 14 en la alta atm\u00f3sfera, un carbono que fue asimilado por las plantas. Si se form\u00f3 m\u00e1s cantidad de tal elemento radiactivo fue porque aument\u00f3 la \u00ablluvia\u00bb de rayos c\u00f3smicos sobre nuestro planeta, debido a que los campos magn\u00e9ticos del viento solar eran menores y, por tanto, tambi\u00e9n fue menor el efecto de \u00abprotecci\u00f3n\u00bb que tales campos ejercen en la Tierra contra la llegada de rayos c\u00f3smicos, que encuentran as\u00ed m\u00e1s trabas para alcanzar la alta atm\u00f3sfera en \u00e9pocas en las que los campos magn\u00e9ticos del viento solar son m\u00e1s fuertes. <\/p>\n<p>Bien, ahora llega la verdadera y m\u00e1s interesante cuesti\u00f3n de todo este l\u00edo: <strong>\u00bfafectan tales variaciones en la llegada de energ\u00eda del Sol a la Tierra? <\/strong>Y, si es as\u00ed, \u00bfen qu\u00e9 resulta afectada? Se sabe que el comportamiento de los ciclos de manchas solares es bastante regular, pero podr\u00eda en realidad ser propio de un <strong>oscilador no lineal<\/strong>, como demuestra la existencia del m\u00ednimo de Maunder. Posiblemente se trate de un<strong> comportamiento ca\u00f3tico<\/strong>. Por otra parte, se sabe que tales ciclos tienen que ver con un aumento o disminuci\u00f3n de la luminosidad solar, lo que implica, l\u00f3gicamente, una peque\u00f1a variaci\u00f3n en la cantidad de energ\u00eda que alcanza la Tierra a lo largo de diversos ciclos de manchas. Por lo general, tras haberse estudiado los ciclos, se ha llegado a la conclusi\u00f3n de que existe al menos una variaci\u00f3n de brillo del 0,4 por ciento entre la \u00e9poca de ciclos \u00abnormales\u00bb y la del m\u00ednimo de Maunder. Traducido a energ\u00eda, eso supone una disminuci\u00f3n de la energ\u00eda del Sol que llega a la porci\u00f3n superior de la atm\u00f3sfera terrestre de un watio por metro cuadrado. Simulaciones por ordenador introduciento tal variaci\u00f3n en espacios de tiempo de varios a\u00f1os, indican que el efecto sobre la temperatura media de nuestro planeta ser\u00eda el de una disminuci\u00f3n de entre uno y dos grados, un valor que puede explicar por s\u00ed s\u00f3lo el enfriamiento que \u00abcasualmente\u00bb se pudo registrar durante la \u00e9poca en que se desarroll\u00f3 el m\u00ednimo de Maunder<sup>4<\/sup>. <\/p>\n<p>Parece claro que la relaci\u00f3n entre ciclos de manchas solares y din\u00e1mica clim\u00e1tica terrestre es real. Igualmente, existen muchos otros fen\u00f3menos en los que se han encontrado relaciones similares, como ciertos patrones de vientos y, por supuesto, comportamientos magn\u00e9ticos, la presencia de auroras o, a niveles m\u00e1s pr\u00e1cticos, problemas en comunicaciones y en navegaci\u00f3n espacial. Pero, que la relaci\u00f3n exista, no significa que se conozca con claridad. Del registro de la acumulaci\u00f3n de carbono 14 en anillos de \u00e1rboles, estudiando los \u00faltimos 6.000 a\u00f1os, se ha llegado a la conclusi\u00f3n de que <strong>la mayor\u00eda de las \u00e9pocas con m\u00ednimos magn\u00e9ticos han coincidido con \u00e9pocas m\u00e1s fr\u00edas en nuestro planeta<\/strong>. Por el contrario, mayor actividad solar, ha coincidido con una menor presencia de carbono 14 asimilado por los \u00e1rboles y \u00e9pocas m\u00e1s c\u00e1lidas. <\/p>\n<p>No se conoce de qu\u00e9 forma, adem\u00e1s de en la disminuci\u00f3n o el aumento de la energ\u00eda solar que llega a la Tierra, influyen los ciclos de manchas solares en nuestro mundo. Se afirma, por ejemplo, que las variaciones en la radiaci\u00f3n ultravioleta que llega a la alta atm\u00f3sfera, podr\u00eda<strong> modificar la cantidad de ozono<\/strong>. Lo que de verdad importa ahora mismo, en medio del debate sobre el calentamiento global, es qu\u00e9 parte de \u00abculpa\u00bb tiene en el calentamiento el comportamiento solar, con ciclos de manchas muy pronunciados en los \u00faltimos a\u00f1os. Desde luego, el debate no est\u00e1 cerrado, aunque lo \u00fanico que se sabe con certeza es que, despu\u00e9s de todo, no se conoce si tal influencia es realmente importante o no, con lo que el candidato que m\u00e1s consenso est\u00e1 teniendo actualmente como \u00abculpable\u00bb del calentamiento son los gases de invernadero, en concreto, su aumento debido a actividades antr\u00f3picas. As\u00ed est\u00e1 la situaci\u00f3n pero, desde luego, la cosa dista de haberse aclarado.<\/p>\n<p>__________<br \/>\n<strong>Referencias<\/strong>:<br \/>\n<sup>1<\/sup> <em>Climate change and solar variability: What&#8217;s new under the sun?<\/em> <strong>Bard, E. \/ Frank, M.<\/strong> , Earth and Planetary Science Letters, 248, Agosto 2006.<br \/>\n<sup>2<\/sup> <em>La dinamo estelar<\/em> <strong>Nesme-Ribes, E. \/ Baliunas S. L. \/ Sokoloff D.<\/strong>, Investigaci\u00f3n y Ciencia, 241, octubre 1996.<br \/>\n<sup>3<\/sup> <em>Sol cambiante<\/em> <strong>Foukal, P. V.<\/strong> Investigaci\u00f3n y Ciencia, 163, Abril 1990.<br \/>\n<sup>4<\/sup> <em>Solar forcing of regional climate change during the Maunder Minimum<\/em>. <strong>Shindell, D T \/ Schmidt, G A \/ Mann, M E \/ Rind, D \/ Waple, A<\/strong>, Science, 294 (5549), Diciembre 2001. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Durante mucho tiempo se ha dudado de la influencia de los cambios en el brillo solar sobre la din\u00e1mica clim\u00e1tica terrestre. 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