{"id":6704,"date":"2012-06-01T10:58:12","date_gmt":"2012-06-01T08:58:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/?p=6704"},"modified":"2012-06-01T10:58:12","modified_gmt":"2012-06-01T08:58:12","slug":"la-expedicion-balmis-una-odisea-sanitaria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=6704","title":{"rendered":"La expedici\u00f3n Balmis, una odisea sanitaria"},"content":{"rendered":"<p class=\"otros3\">Versi\u00f3n reducida del art\u00edculo que publiqu\u00e9 en el n\u00famero de junio de 2012 en la revista <strong><a href=\"http:\/\/www.historiadeiberiavieja.com\/\">Historia de Iberia Vieja<\/a><\/strong>.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/a8.sphotos.ak.fbcdn.net\/hphotos-ak-ash4\/392372_10150940080379711_1474480332_n.jpg\" class=\"dch\" width=\"250px\"\/><\/p>\n<blockquote><p><em>Sea cual fuere la suerte que con el transcurso de los siglos toque a Espa\u00f1a, que como los medos, como los asirios, como otros grandes pueblos desaparezca de la escena de las naciones, que no se encuentren ni vestigios de su lengua, ni monumentos de su historia; que la pen\u00ednsula misma se hunda en el oc\u00e9ano y su sitio llegue a ser un problema en la posteridad, siempre se conservar\u00e1 ilesa la memoria de esta expedici\u00f3n filantr\u00f3pica. Sobrevivir\u00e1 a la misma Europa y no acabar\u00e1 mientras quede alg\u00fan pueblo ilustrado encima de la tierra. <\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Elogio de la expedici\u00f3n Balmis, por D. Francisco Antonio Zea, publicado en el <em>Semanario de agricultura y artes<\/em> el jueves 11 de febrero de 1808.<\/p>\n<p><strong>Una haza\u00f1a inmortal<\/strong><\/p>\n<p>Quien lea el texto de elogio a la expedici\u00f3n Balmis con que se abren estas letras, se preguntar\u00e1 a qu\u00e9 gran gesta se estar\u00e1 refiriendo,<strong> \u00bfqu\u00e9 pudo ser tan grande como para merecer tal exageraci\u00f3n? <\/strong>Ciertamente, la pluma del cronista camina por un terreno que va mucho m\u00e1s all\u00e1 del simple reconocimiento, otorgando a esa expedici\u00f3n carta de odisea inmortal. S\u00ed, en su tiempo se consider\u00f3, no s\u00f3lo en Espa\u00f1a sino tambi\u00e9n en gran parte del planeta, como una de las gestas cient\u00edficas y filantr\u00f3picas m\u00e1s grandes jam\u00e1s realizadas. Hoy, sin embargo, apenas es recordada gracias a algunas novelas y al trabajo de un reducido n\u00famero de especialistas en historia de la medicina. Aquello que parec\u00eda <strong>propio de un trabajo de H\u00e9rcules<\/strong>, duerme hoy arropado por el polvo que acumulan los viejos libros de historia que apenas son visitados por el com\u00fan de los mortales. Pero, y he aqu\u00ed lo m\u00e1s terrible, tambi\u00e9n la memoria de la enfermedad que fue combatida en aquella expedici\u00f3n comienza a languidecer. Si se menciona hoy la palabra <strong>viruela<\/strong>, ya no recorre el espinazo de quien lo escuche un escalofr\u00edo de terror, si acaso vendr\u00e1n a la mente algunas im\u00e1genes borrosas de gentes manchadas por costras indefinidas y poco m\u00e1s, como si de un mal recuerdo perdido en la historia se tratara. Y, sin embargo, la viruela acompa\u00f1\u00f3 a la humanidad mucho tiempo, demasiado, causando horrendos padecimientos. As\u00ed, por ejemplo, se refer\u00eda a la viruela el <em>Semanario Pintoresco Espa\u00f1ol<\/em> en 1836, cuando ya la vacuna estaba haciendo retroceder al monstruo:<\/p>\n<blockquote><p><em>De tiempo inmemorial hasta los \u00faltimos a\u00f1os del pasado siglo reinaba en el mundo una enfermedad cruel que alarmaba a todas las madres, diezmaba todas las familias e imprim\u00eda un sello indeleble en el semblante del triste que le pagaba su tributo. Esta enfermedad era la de las viruelas, contagio funesto, epidemia terrible que dormitando sin cesar en la sangre se despertaba a veces con furor, extend\u00eda su desolaci\u00f3n y desfiguraba para siempre a los que no hac\u00eda sucumbir. \u00a1Cuantas veces una mujer c\u00e9lebre por su belleza, un tierno infante, orgullo y esperanza de su madre, se convert\u00edan en pocos d\u00edas en un objeto desgraciado y casi repugnante a la vista!<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p> <!--more--><\/p>\n<p>La <strong>Expedici\u00f3n Balmis<\/strong>, que describir\u00e9 someramente m\u00e1s adelante, tuvo como objetivo<strong> una de las m\u00e1s nobles haza\u00f1as m\u00e9dicas de todos los tiempos<\/strong>, a saber, vacunar a cuantos se pudiera a lo largo del mundo, no s\u00f3lo en posesiones espa\u00f1olas, para intentar que el fantasma de la viruela dejara de reinar con su caracter\u00edstico y desagradable manto de erupciones purulentas en la piel. Pero, lo que en su \u00e9poca se tom\u00f3 como gran gesta, ha pasado a languidecer, casi como simple an\u00e9cdota hist\u00f3rica y poco m\u00e1s. Sirvan estas cortas palabras para, al menos, descubrir a quien no lo conozca, la figura de quien llev\u00f3 a cabo aquella aventura y, tambi\u00e9n, como recuerdo de una de las m\u00e1s terribles enfermedades que han atemorizado a la humanidad durante milenios. <\/p>\n<p><strong>La terrible viruela<\/strong><\/p>\n<p>La viruela <strong>se transmit\u00eda mayormente por contacto directo con una persona infectada o con objetos contaminados<\/strong> con fluidos procedentes de alguien infectado. Al contrario que sucede con otras enfermedades infecciosas, eran los seres humanos los \u00fanicos portadores del virus de la viruela, que <strong>nunca se transmiti\u00f3 por v\u00eda animal<\/strong>. Si me expreso en pasado es porque la viruela forma, junto con la peste bovina, el min\u00fasculo grupo de enfermedades que han sido completamente erradicadas gracias a las campa\u00f1as de control y vigilancia llevadas a cabo en todo el mundo.<\/p>\n<p>Por lo general, una persona infectaba comenzaba mostrando s\u00edntomas como fiebre alta para, posteriormente, empezar a poblarse de horrendas erupciones en la piel. Un n\u00famero considerable de los infectados terminaba por sucumbir en medio de terribles dolores. Por desgracia, <strong>la enfermedad ya era contagiosa cuando todav\u00eda las erupciones no hab\u00edan aparecido<\/strong>, con lo que la prevenci\u00f3n del contacto con alguien infectado era algo problem\u00e1tico. Quien lograba sobrevivir a la enfermedad quedaba inmunizado contra ella pero, en muchas ocasiones, mostraba de por vida marcas en la piel causadas por los estragos de la enfermedad. <\/p>\n<p>Nunca existi\u00f3 un tratamiento realmente efectivo contra la enfermedad y<strong> la \u00fanica forma de librarse de ella consist\u00eda en vacunarse<\/strong>. Pero, aunque desde finales del siglo XVIII ya exist\u00eda la vacuna que proteg\u00eda contra la viruela, esta enfermedad continu\u00f3 aterrorizando al mundo hasta que en una decisi\u00f3n memorable la humanidad llev\u00f3 a cabo un esfuerzo de vacunaci\u00f3n a nivel global. A mediados del siglo XX todav\u00eda hab\u00eda millones de infectados cada a\u00f1o, por lo que el esfuerzo del <strong>Programa de Erradicaci\u00f3n Mundial de la Viruela<\/strong> debi\u00f3 ser enorme. Pero mereci\u00f3 la pena, el virus estaba acorralado y finalmente, en 1977, se localiz\u00f3 al \u00faltimo caso conocido de viruela en un lugar de Somalia. Realmente, <strong><a href=\"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/?p=6672\">el \u00faltimo caso de la enfermedad tuvo lugar en Gran Breta\u00f1a en 1978<\/a><\/strong>, cuando falleci\u00f3 una mujer expuesta al virus accidentalmente en un laboratorio, pero es el caso de Somalia el que se toma como referencia por ser el \u00faltimo de origen natural conocido. En 1980 se anunci\u00f3 oficialmente que la viruela era ya una enfermedad erradicada por completo. Hoy ya no se vacuna a nadie contra la viruela, pues la enfermedad no existe, pero sin embargo<strong> quedan algunas muestras del virus en laboratorios de alta seguridad de Rusia y de los Estados Unidos<\/strong>. La conservaci\u00f3n de las muestras puede considerarse un riesgo y, sin embargo, tambi\u00e9n puede ser de utilidad, pues los mecanismos de actuaci\u00f3n del virus son todav\u00eda poco conocidos y la investigaci\u00f3n sobre ellos contin\u00faa.<\/p>\n<p>Se termin\u00f3 as\u00ed con uno de los principales enemigos de la humanidad. El virus variola ven\u00eda atacando desde hac\u00eda milenios y peri\u00f3dicamente devast\u00f3 poblaciones de todo el orbe en forma de terribles epidemias que llegaban a terminar con la vida de hasta un tercio de los infectados y, en algunos episodios, hasta a m\u00e1s de la mitad de ellos. Esas epidemias asolaron al viejo mundo pero dejaron libre a tierras americanas. Por desgracia,<strong> el contacto con los europeos expuso a los nativos americanos al virus<\/strong>, contra el que no ten\u00edan ning\u00fan tipo de defensa. La extensi\u00f3n de la viruela en Am\u00e9rica desde el siglo XVI fue horrible.<\/p>\n<p>La conocida como <strong>variolizaci\u00f3n<\/strong> fue el primer m\u00e9todo conocido para intentar prevenir la aparici\u00f3n de la enfermedad. En Asia se ven\u00eda empleando esta t\u00e9cnica desde muy antiguo. Consist\u00eda en insuflar en las cavidades nasales de alguien sano polvo procedente de costras de una persona que estuviera ya en la \u00faltima fase de la enfermedad, con lo que se consegu\u00eda cierto grado de inmunidad. A lo largo del siglo XVIII se puso de moda en Europa inocular con pus vari\u00f3lico a seres humanos para impedir as\u00ed la aparici\u00f3n de la enfermedad. El resultado era<strong> una forma de viruela atenuada <\/strong>que rara vez se complicaba. Al cabo de unos d\u00edas el inoculado quedaba inmunizado frente a la viruela, aunque el procedimiento ten\u00eda sus riesgos.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, apareci\u00f3 una soluci\u00f3n que siempre hab\u00eda estado ah\u00ed, mirando de frente a la aterrada poblaci\u00f3n. No se conoce reservorio animal para el virus de la viruela humana, ya que el virus no sobreviv\u00eda fuera de un hu\u00e9sped humano, pero \u00e9ste tiene cierto parentesco gen\u00e9tico con el virus de una enfermedad de las vacas que genera s\u00edntomas similares. El m\u00e9todo emp\u00edrico para encontrar la soluci\u00f3n final lleg\u00f3 a su punto culminante en 1796 cuando el c\u00e9lebre <strong>Edward Jenner <\/strong>comenz\u00f3 su investigaci\u00f3n para dar lugar a la vacuna de la viruela. Todo parti\u00f3 de un experimento con material procedente de p\u00fastulas de la mano de una granjera que se encontraba infectada de viruela bovina, que puede afectar a los humanos de forma leve. Al inocular con esa muestra de viruela bobina a un ni\u00f1o, descubri\u00f3 que pod\u00eda protegerle contra la terrible viruela humana, pues en un experimento que hoy no superar\u00eda ninguna prueba de \u00e9tica cient\u00edfica, le inocul\u00f3 al cabo de un tiempo la viruela humana sin detectarse ning\u00fan s\u00edntoma posterior de la enfermedad. Naci\u00f3 as\u00ed la <strong>vacunaci\u00f3n<\/strong> y la puerta para terminar con la viruela se abri\u00f3 por completo.<\/p>\n<p><strong>La Real Expedici\u00f3n Filantr\u00f3pica de la Vacuna<\/strong><\/p>\n<p>En realidad Jenner, ni sus contempor\u00e1neos, lograron entender nunca por qu\u00e9 inocular pus procedente de alguien afectado por la viruela bovina pod\u00eda proteger del virus de la viruela humana, cosa que hasta la llegada de los estudios gen\u00e9ticos no se logr\u00f3 desentra\u00f1ar. Pero poco importaba, la observaci\u00f3n de los hechos llev\u00f3 a la soluci\u00f3n, pero hab\u00eda otro problema: <strong>\u00bfc\u00f3mo difundir el m\u00e9todo por todo el mundo?<\/strong><\/p>\n<p>La Real Expedici\u00f3n Filantr\u00f3pica de la Vacuna, o Expedici\u00f3n Balmis, <strong>contribuy\u00f3 con un enorme esfuerzo a difundir la vacunaci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de Europa<\/strong>. Los objetivos y resultados de la expedici\u00f3n fueron tan impresionantes que, no solo cient\u00edficos y sabios europeos, sino gobiernos de medio mundo, e incluso el mism\u00edsimo Jenner, saludaron con enorme admiraci\u00f3n una gesta como aquella. Todos quedaron impresionados por lo que una misi\u00f3n aparentemente imposible pod\u00eda lograr cuando se pone el suficiente empe\u00f1o y conocimiento en juego. <\/p>\n<p>Aunque apenas es recordado, <strong>Francisco Javier de Balmis y Berenguer<\/strong>, m\u00e9dico y militar espa\u00f1ol que naci\u00f3 en Alicante en 1753, cambi\u00f3 el mundo, literalmente, salvando la vida de millones de personas. Siendo m\u00e9dico en la corte de <strong>Carlos IV<\/strong>, fue el encargado de organizar y llevar a cabo toda una expedici\u00f3n cient\u00edfica para propagar la vacuna de Jenner en Am\u00e9rica. La idea hab\u00eda sido tomada de muy buen modo por el rey, que decidi\u00f3 patrocinar a Balmis para llevar a cabo la expedici\u00f3n. Todo parti\u00f3 de un ruego llegado de las colonias americanas, que sufr\u00edan el azote de las epidemias de viruela. Carlos IV ya sab\u00eda lo que la viruela pod\u00eda provocar, pues su hija, la infanta Mar\u00eda Luisa, hab\u00eda padecido la enfermedad, tras lo cual orden\u00f3 inocular a sus hijos y no repar\u00f3 en gastos a la hora de apoyar el proyecto de otro de sus m\u00e9dicos de c\u00e1mara, el doctor Flores. Fue Balmis el encargado de materializar la aventura. No s\u00f3lo era un excelente m\u00e9dico y conoc\u00eda a la perfecci\u00f3n las t\u00e9cnicas de Jenner y sus contempor\u00e1neos en lo que a vacunaciones se refiere, sino que ya hab\u00eda viajado a Am\u00e9rica y conoc\u00eda muy bien c\u00f3mo manejarse en aquellas tierras. La Junta de Cirujanos de C\u00e1mara estudi\u00f3 minuciosamente el proyecto final de Balmis. El veredicto fue tan positivo que la expedici\u00f3n logr\u00f3 toda la financiaci\u00f3n necesaria y el apoyo real sin restricci\u00f3n alguna. El primer d\u00eda de septiembre de 1803 el rey Carlos IV orden\u00f3 la emisi\u00f3n de un edicto que deb\u00eda dirigirse a todos los territorios espa\u00f1oles de Am\u00e9rica y Asia, donde la vacuna de Jenner todav\u00eda no hab\u00eda llegado. En aquel edicto quedaba fijado el objetivo de la expedici\u00f3n de Balmis en t\u00e9rminos que no dejaban lugar a dudas. Deb\u00edan ser vacunadas las masas sin ninguna restricci\u00f3n y de forma gratuita, tambi\u00e9n deb\u00eda ense\u00f1arse a los m\u00e9dicos locales c\u00f3mo se preparaba la vacuna y c\u00f3mo se administraba, <strong>se obligaba a las autoridades locales a colaborar y a llevar un registro de las vacunaciones<\/strong>, adem\u00e1s de contar con la infraestructura necesaria para mantener en condiciones adecuadas suero vivo para nuevas vacunaciones. La orden real sorprendi\u00f3 a todos en Europa. Aquello era algo que no se ve\u00eda todos los d\u00edas, todo un gobierno de una potencia europea poniendo a disposici\u00f3n los recursos necesarios para llevar a cabo una expedici\u00f3n filantr\u00f3pica, sin otro motivo que la de salvar vidas y sin ning\u00fan inter\u00e9s comercial. <\/p>\n<p>El m\u00e9todo ideado para transportar la vacuna fue realmente original. En el detallado proyecto de la expedici\u00f3n se determin\u00f3 que viajaran<strong> veintid\u00f3s ni\u00f1os procedentes de un orfanato de La Coru\u00f1a<\/strong>. Ellos ser\u00edan los portadores vivos de la vacuna, quienes llevar\u00edan la esperanza a Am\u00e9rica y m\u00e1s all\u00e1, dentro de s\u00ed mismos, antes de regresar a Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>El mi\u00e9rcoles <strong>30 de noviembre de 1803<\/strong> parti\u00f3 del puerto de La Coru\u00f1a, bajo el mando del teniente de fragata de la Armada Pedro del Barco, la corbeta <em>Mar\u00eda Pita<\/em>, siendo director cient\u00edfico de la expedici\u00f3n el propio doctor Balmis, acompa\u00f1ado de un numeroso grupo de m\u00e9dicos y enfermeros as\u00ed como militares, personal de apoyo y un cargamento repleto de instrumentos m\u00e9dicos para vacunaciones, aparatos cient\u00edficos como m\u00e1quinas neum\u00e1ticas capaces de crear el vac\u00edo entre las laminillas destinadas a conservar la linfa, term\u00f3metros y otros aparatos, adem\u00e1s de medio millar de ejemplares de un tratado sobre vacunaci\u00f3n. Todo ello deb\u00eda ser debidamente distribuido por cada territorio para facilitar que las vacunaciones fueran un \u00e9xito all\u00e1 donde llegara el material.<\/p>\n<p>El viaje no fue nada sencillo, pero los resultados merec\u00edan cualquier tipo de esfuerzo. La poblaci\u00f3n de <strong>Canarias<\/strong> fue la primera en beneficiarse de la llegada del barco de Balmis. Cientos de personas fueron vacunadas y los m\u00e9dicos locales contaron a partir de entonces, como sucedi\u00f3 en el resto de lugares de la ruta, con los medios adecuados para mantener el preciado material m\u00e9dico y vacunar a los lugare\u00f1os. En enero de 1804 la expedici\u00f3n lleg\u00f3 a <strong>Puerto Rico<\/strong>, donde se repiti\u00f3 el mismo proceso. Siempre hubo dificultades, sobre todo por la negativa de muchos a vacunarse por miedo o por desconfianza, m\u00e1s que nada porque no entend\u00edan c\u00f3mo un corte en la piel pod\u00eda protegerles contra la terrible viruela o, lo que era peor, tem\u00edan contagiarse por vacunarse. En estos casos fue el apoyo incondicional de la Iglesia el factor que favoreci\u00f3 el \u00e9xito de Balmis y su equipo. La corbeta visit\u00f3 <strong>Venezuela<\/strong>, desde donde la expedici\u00f3n se dividi\u00f3 en varios grupos para llevar la vacuna tierra adentro, extendiendo su acci\u00f3n por todo el sur de Am\u00e9rica, <strong>desde Per\u00fa hasta el extremo sur del continente<\/strong>. En mayo llegaron a <strong>Cuba<\/strong>, desde donde pasaron a<strong> M\u00e9xico<\/strong> al caer el verano. Toda Nueva Espa\u00f1a recibi\u00f3 con esperanza a los emisarios de Balmis que iban extendiendo la vacuna por doquier, una vacuna que lleg\u00f3 incluso a los lejanos territorios de lo que hoy son <strong>Texas y California<\/strong>.<\/p>\n<p>Completada la labor en Am\u00e9rica, el grupo de Balmis parti\u00f3 hacia las<strong> islas Filipinas<\/strong>, acompa\u00f1ados por ni\u00f1os mexicanos que serv\u00edan de portadores vivos de la vacuna y que deb\u00edan regresar a su tierra una vez concluida la misi\u00f3n. A mediados de abril de 1805 la expedici\u00f3n lleg\u00f3 a Manila tras un penoso viaje por el Pac\u00edfico. Pero, he aqu\u00ed que la misi\u00f3n oficialmente deb\u00eda haber concluido, pero Balmis decidi\u00f3 ir mucho m\u00e1s all\u00e1. Acompa\u00f1ado por varios miembros de su equipo cient\u00edfico y tres ni\u00f1os portadores de la vacuna, parti\u00f3 a bordo de un buque portugu\u00e9s hacia<strong> Macao<\/strong>. Sobrevivieron a tempestades y al peligro de los piratas. Y, as\u00ed, de manera inesperada,<strong> la vacuna de la viruela lleg\u00f3 a China<\/strong> y fue adoptada incluso por las autoridades brit\u00e1nicas en sus colonias, puesto que a pesar de haber intentado introducir la vacuna en sus territorios, nunca hab\u00edan logrado un m\u00e9todo efectivo para ello. Fue el sistema de Balmis, con sus ni\u00f1os portadores de la vacuna, la forma que asombr\u00f3 al mundo para llevar hasta el m\u00e1s inh\u00f3spito rinc\u00f3n el arma contra la enfermedad. <\/p>\n<p>El respeto hacia Balmis era ya entonces tan grande que, de regreso a Espa\u00f1a, el m\u00e9dico logr\u00f3 convencer a las autoridades brit\u00e1nicas de<strong> Santa Elena <\/strong>para adoptar la vacuna, una medida a la que no hab\u00edan accedido hasta entonces ni a pesar de los consejos de los m\u00e9dicos ingleses. Pero la presencia de Balmis y su buen hacer cient\u00edfico fue m\u00e1s que suficiente para cumplir su misi\u00f3n en aquel rinc\u00f3n del Atl\u00e1ntico. Llegado el verano de 1806, el m\u00e9dico alicantino pudo por fin descansar tras dar la vuelta al mundo. Fue recibido como un h\u00e9roe por el rey y por toda la poblaci\u00f3n, en toda Europa y en Am\u00e9rica no se hablaba m\u00e1s que de la aventura de los portadores de la vacuna. Y, durante d\u00e9cadas, las juntas de vacunaci\u00f3n creadas por el equipo de Balmis a lo largo de medio planeta continuaron con su labor para acabar con la viruela, dando buen uso a lo aprendido de un grupo de sabios cuya \u00fanica meta fue la de combatir a tan terrible enemigo all\u00e1 donde se encontrara.<\/p>\n<p>_____________<br \/>\n<strong>Enlace recomendado<\/strong>:<a href=\"http:\/\/www.balmis.org\/\"> www.balmis.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Versi\u00f3n reducida del art\u00edculo que publiqu\u00e9 en el n\u00famero de junio de 2012 en la revista Historia de Iberia Vieja. 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