{"id":532,"date":"2006-07-11T23:10:24","date_gmt":"2006-07-11T21:10:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/?p=532"},"modified":"2006-07-11T23:22:13","modified_gmt":"2006-07-11T21:22:13","slug":"huesos-radiactivos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=532","title":{"rendered":"Huesos radiactivos"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.flickr.com\/photos\/alpoma\/187561380\/\" title=\"Photo Sharing\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/static.flickr.com\/59\/187561380_0b97f1fbac_o.jpg\" width=\"199\" height=\"267\" alt=\"radithor\"  class=\"dch\"\/><\/a>Hace unos setenta a\u00f1os, <strong>Robley D. Evans<\/strong>, a la saz\u00f3n director em\u00e9rito del centro de radiactividad del <strong>Instituto de Tecnolog\u00eda de Massachussetts<\/strong>, decidi\u00f3 investigar una serie de extra\u00f1os casos acerca de enfermedades causadas por radiaci\u00f3n. Entre los pacientes que estudi\u00f3, estaban todos aquellos que profesionalmente hab\u00edan trabajado con productos qu\u00edmicos radiactivos, como las <strong>pintoras de relojes<\/strong>. Eran muy comunes en aquella \u00e9poca los relojes con n\u00fameros o <strong>manecillas impregnadas en pintura radiactiva<\/strong> que, naturalmente, brillaban en la oscuridad. Lo malo era que, como no pod\u00eda ser de otro modo, pintar d\u00eda tras d\u00eda esos relojes, conllevaba una exposici\u00f3n a la radiaci\u00f3n totalmente perniciosa. De entre todos los casos que llamaron la atenci\u00f3n del doctor Evans, los de <strong>personas \u00abmedicadas\u00bb con radio<\/strong> fueron las m\u00e1s sobresalientes. Aquellos estudios llegaron a la conclusi\u00f3n de que no todo el mundo tolera de igual forma la ingesti\u00f3n de radio, hab\u00eda quien enfermaba muy tempranamente y hab\u00eda quien lograba acumular, fijado en sus huesos, cantidades nada desde\u00f1ables de radiois\u00f3topos sin sentir ning\u00fan malestar durante a\u00f1os.  <strong>Los huesos de aquellas personas<\/strong> que hab\u00edan, por ejemplo, tomado medicamentos con radio, <strong>eran peligrosamente radiactivos<\/strong> y, lo que es m\u00e1s sorprendente, hoy d\u00eda siguen si\u00e9ndolo. En un interesante art\u00edculo publicado en Investigaci\u00f3n y Ciencia por el onc\u00f3logo <strong><a href=\"http:\/\/www.sciamdigital.com\/index.cfm?fa=Products.ViewIssuePreview&#038;ARTICLEID_CHAR=7BF8F182-2D4D-40D1-A59A-2A0FFDB401F\">Roger M. Macklis<\/a><\/strong><sup>1<\/sup>, se narra uno de los casos m\u00e1s extremecedores de mal uso de la radiaci\u00f3n aplicada a la medicina, fruto de la ignorancia y la codicia. Tras dieciocho meses deterior\u00e1ndose sin remedio, sin saber qu\u00e9 le estaba sucediendo, con los huesos quebradizos y su salud arruinada, el que en otro tiempo fuera un magnate de porte se\u00f1orial y gran aficionado a la pr\u00e1ctica de varios deportes, falleci\u00f3 finalmente. Corr\u00eda el a\u00f1o 1932 y <strong>Eben M. Byers<\/strong>, el finado, estaba a punto de convertirse en el ejemplo m\u00e1s horrible de lo que la ingesti\u00f3n de radio puede llegar a causar. En el momento de su muerte, casi parec\u00eda un monstruo. El otrora apuesto hombre de la alta sociedad, apenas llegaba a pesar cuarenta kilos, su rostro estaba desfigurado por las operaciones con las que se intent\u00f3 frenar la destrucci\u00f3n de sus huesos y su piel hab\u00eda tomado un misterioso y tenebroso tono amarillento a causa del fallo en la m\u00e9dula y los ri\u00f1ones. La investigaci\u00f3n del caso lleg\u00f3 a una conclusi\u00f3n inequ\u00edvoca: <em><strong>muerte por envenenamiento por radio<\/strong><\/em>. <\/p>\n<p>Es curioso que un hombre de tal posici\u00f3n compartiera enfermedad con las pobres, y olvidadas por ello, pintoras de relojes, las que <strong>chupaban las puntas de los pinceles<\/strong> empapados con pintura de radio para lograr as\u00ed l\u00edneas m\u00e1s finas e ingiriendo de esa forma el mortal veneno. \u00bfAcaso Byers pintaba relojes de esa forma en sus ratos libres? Pues no, sus huesos acumularon el radiactivo elemento gracias a un \u00abmedicamento\u00bb. En el a\u00f1o 1927, <strong>el magnate se lesion\u00f3 un brazo<\/strong> y, a consecuencia del percance, qued\u00f3 con un <strong>molesto dolor cr\u00f3nico<\/strong> que, al parecer, no le dejaba jugar al golf. Total, que un amigo m\u00e9dico le coment\u00f3 sobre un gran invento, fabricado por los <strong>Laboratorios Bailey de Radio<\/strong>, localizados en Nueva Jersey, llamado <strong><a href=\"http:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Radithor\">Radithor<\/a><\/strong>. Se dec\u00eda que tal \u00abprimicia\u00bb era <strong>capaz de remediar m\u00e1s de cien enfermedades diferentes<\/strong> y que constitu\u00eda un avance de la \u00abnueva\u00bb medicina del futuro. \u00bfSer\u00eda verdad? En aquella \u00e9poca todo lo relacionado con el radio, la radiactividad y los \u00e1tomos era sin\u00f3nimo de \u00abfuturo\u00bb y \u00abprogreso\u00bb. \u00bfC\u00f3mo iba a pensar el incauto de Byers que caer\u00eda en una trampa mortal?<\/p>\n<p>Desde ese a\u00f1o, el millonario <strong>se hizo pr\u00e1cticamente \u00abadicto\u00bb al Radithor<\/strong>, tom\u00e1ndose varias dosis al d\u00eda. Al principio se sent\u00eda bien, dec\u00eda que le rejuvenec\u00eda y lo recomend\u00f3 a sus conocidos y amigos. Hasta 1931, se estima que consumi\u00f3 m\u00e1s de 1.000 botellitas del \u00abmedicamento\u00bb, o lo que es lo mismo, <strong>acumul\u00f3 una dosis de radicaci\u00f3n equivalente a la exposici\u00f3n a miles de radiograf\u00edas<\/strong>, una dosis que era hasta tres veces superior a la mortal si se hubiera tomado de una vez. \u00bfQu\u00e9 conten\u00eda el peligroso remedio creado por el \u00abdoctor\u00bb Bailey? El tal \u00abm\u00e9dico\u00bb, que por lo visto no lo era, era un buscavidas procedente de una familia muy humilde y que, a lo largo de sus innumerables negocios, se meti\u00f3 en muchos l\u00edos y asuntos de mala nota, incluidas varias acusaciones y juicios por estafa. A principios del siglo XX una teor\u00eda puesta en entredicho afirmaba que la <strong>diluci\u00f3n de radio y otros elementos radiactivos<\/strong> en agua era capaz de proporcionar un maravilloso remedio para muchas enfermedades. Dicho y hecho, muchos aventureros comerciales se dedicaron a sacar partido a tan peligros a idea. Uno de esos empresarios del radio fue Bailey, que se obsesion\u00f3 con la idea y desarroll\u00f3 su propio producto, el Radithor, una panacea fabricada disolviendo una min\u00fascula porci\u00f3n de radio en agua destilada. <strong>La publicidad hizo el resto y Bailey logr\u00f3, al fin, su m\u00e1s preciado deseo: ser millonario<\/strong>. Se estima que su empresa <strong>logr\u00f3 vender casi medio mill\u00f3n de frasquitos de Radithor<\/strong>, antes de que la muerte de Byers y de otras personas envenenadas por dicho producto hiciceran que se retirara del mercado. La radiactividad mostr\u00f3 as\u00ed su verdadera cara y paso de ser una panacea universal a convertirse en algo a controlar seriamente por las autoridades sanitarias.<\/p>\n<p>_____<br \/>\n<sup>1<\/sup> <strong>El gran esc\u00e1ndalo del radio<\/strong>, Roger M. Macklis. <em>Investigaci\u00f3n y Ciencia<\/em>, octubre de 1993.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Hace unos setenta a\u00f1os, Robley D. 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