{"id":4302,"date":"2011-03-06T13:35:01","date_gmt":"2011-03-06T11:35:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/?p=4302"},"modified":"2011-03-06T13:35:01","modified_gmt":"2011-03-06T11:35:01","slug":"la-serpiente-marina-del-monongahela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=4302","title":{"rendered":"La serpiente marina del Monongahela"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.flickr.com\/photos\/alpoma\/5500994308\/\" title=\"Daedalus by alpoma, on Flickr\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/farm6.static.flickr.com\/5012\/5500994308_53b28ac462_m.jpg\" width=\"240\" height=\"173\" alt=\"Daedalus\" class=\"dch\"\/><\/a><strong>A mediados del siglo XIX se vivi\u00f3 toda una fiebre por los monstruos marinos<\/strong>. Cuando en los mapas ya iban quedando muy pocos espacios por rellenar con el cl\u00e1sico \u00abterra incognita\u00bb, lugares decorados con dibujos de monstruos marinos, los peri\u00f3dicos de medio mundo refer\u00edan historias sobre gigantescas serpientes que aparec\u00edan por sorpresa en lejanas aguas, como el <strong><a href=\"http:\/\/scienceblogs.com\/tetrapodzoology\/2009\/05\/phylogenetic_roulette_2009.php\">c\u00e9lebre caso del <em>Daedalus<\/em><\/a><\/strong> acaecido en 1848 y del que he aprovechado un grabado de la \u00e9poca para ilustrar este art\u00edculo. Hace tiempo que tengo archivado un recorte procedente del peri\u00f3dico <em>La Espa\u00f1a<\/em>, edici\u00f3n de Madrid, que vio la luz el jueves 8 de abril de 1852. Paso a continuaci\u00f3n a transcribir un art\u00edculo procedente de ese peri\u00f3dico, donde se menciona el caso del <em>Monongahela<\/em>. N\u00f3tese el tono jocoso, de escepticismo divertido, con el que es presentado el texto. No era la norma, por lo general estos relatos eran tomados bastante en serio, como si se deseara que todav\u00eda quedaran <strong>grandes monstruos <\/strong>capaces de hacer que la emoci\u00f3n de la exploraci\u00f3n y el descubrimiento no decayera. He aqu\u00ed mi transcripci\u00f3n, que acompa\u00f1ar\u00e9 al final del art\u00edculo con algunas apreciaciones sobre el caso.<\/p>\n<blockquote><p><strong>La gran serpiente de mar<\/strong>. La abundancia de materiales no nos ha permitido insertar hasta ahora la siguiente correspondencia que ha venido en uno de los n\u00famero de la <em>Independencia Belga<\/em>, y que contiene una narraci\u00f3n m\u00e1s detallada del descubrimiento de que ya hemos hablado en otra ocasi\u00f3n. Los anglo-americanos siempre han sido muy aficionados a entretener la curiosidad p\u00fablica con estas maravillosas relaciones, y la de la gran serpiente de mar se viene produciendo bajo diferentes formas hace m\u00e1s de veinte a\u00f1os. La presente relaci\u00f3n no deja de ser curiosa, y la insertamos por si logra proporcionar con su lectura alg\u00fan solaz a nuestros lectores:<\/p>\n<p><em>A bordo del Monongahela, 6 de febrero de 1852. Quiero comunicaros, para que lo publiqu\u00e9is en vuestro importante peri\u00f3dico, y llegue a noticia de los habitantes de los Estados Unidos, la existencia y la captura de la serpiente de mar, ese monstruo que se ha tantas veces tenido por quim\u00e9rico, y del que puedo afirmar la autenticidad, gracias al valor que es la cualidad distintiva del Yankee.<!--more--><\/p>\n<p>En la ma\u00f1ana del 13 de enero, por una longitud de 3 grados 10 minutos y una longitud oeste de 131 grados 50 minutos, el vig\u00eda del gran m\u00e1stil grit\u00f3 desde arriba: \u00a1Banco de arena!<br \/>\n\u2014\u00bfD\u00f3nde? Fue mi respuesta.<br \/>\n\u2014A doscientas brazas.<br \/>\nNo pude comprender la presencia del arrecife. Cre\u00ed que se trataba de una ballena. Deseoso por recoger aceite, mand\u00e9 ponerse al pairo y sub\u00ed al puente provisto de mi anteojo. Hac\u00eda muchos d\u00edas que no hab\u00edamos tenido mayor calma, y aquella precisamente al despuntar la aurora, el viento se hab\u00eda cambiado al S.S.O. Media hora hac\u00eda que me hallaba sobre el puente sin distinguir nada; mand\u00e9 entonces soltar todas las velas, y baj\u00e9 a desayunarme despu\u00e9s de haber recomendado la mayor vigilancia al segundo. No bien hube bajado, cuando oigo gritar de nuevo. Era la voz de Onnetu Vanjan, un isle\u00f1o de las Marquesas.<br \/>\n\u2014\u00a1Oh! Mirad, mirad, all\u00e1 abajo yo ver mucho, mucho.<br \/>\nVolv\u00ed a subir. Todos los ojos siguieron la direcci\u00f3n de las miradas del salvaje: distingu\u00ed una mancha negra sobre el agua. Cre\u00ed desde luego que era una ballena. El isle\u00f1o, fuera de s\u00ed, exclam\u00f3: \u00abNo, no ballena, muy grande, muy gruesa, muy larga. Yo jam\u00e1s ver semejante individuo, yo tener miedo\u00bb. <\/p>\n<p>No sabiendo hacia que parte se hab\u00eda dirigido el animal o el pescado, mand\u00e9 orzar e hice que los arponeros bajasen en las barcas, mientras que el equipaje se preparaba. En vano el horizonte fue explorado por espacio de una hora. Falto ya de esperanza, hice que el buque caminase de nuevo. Sin embargo, el salvaje persist\u00eda en mirar con aire de inquietud, hostigado a preguntas por los marineros, que pretend\u00edan que se les hab\u00eda enga\u00f1ado. Al cabo de algunos minutos arroj\u00f3 un nuevo grito m\u00e1s violento que el primero.<\/p>\n<p>Lanc\u00e9me sobre el puente, y a primera vista distingo, como a la distancia de una milla, al ser m\u00e1s extraordinario que jam\u00e1s he contemplado en el oc\u00e9ano. Ni avanzaba ni retroced\u00eda, dej\u00e1ndose traquear por las ondas cual si fuera una ballena. No ve\u00eda la cabeza, pero el cuerpo se remov\u00eda como una cuerda que se agita. Todas las miradas estaban fijas sobre el objeto, y todos guardaban un sepulcral silencio. No bien hab\u00edan pasado algunos minutos, cuando todo el cuerpo estaba fuera del agua, extendi\u00e9ndose sobre una enorme longitud. La cola se agitaba por intervalos, batiendo las olas, despu\u00e9s la cabeza se rodaba lentamente como en los tormentos de la agon\u00eda.<br \/>\n\u2014Es la serpiente del mar \u2014exclam\u00e9\u2014. \u00a1A las barcas!<\/p>\n<p>Todos vacilaron; el segundo quiso hacerme tambi\u00e9n algunas objeciones, y me puse a arengar a todo el equipaje. Les dije que quer\u00eda probar el valor individual: emple\u00e9 toda mi elocuencia para persuadirlos de que la serpiente del mar era considerada como un ser mitol\u00f3gico; que era una felicidad el que un ballenero se encontrase una; que si no la atac\u00e1bamos y refer\u00edamos su encuentro a nuestro regreso, iban a burlarse de nosotros; que la primera cuesti\u00f3n ser\u00eda: \u00bfpor qu\u00e9 no se atac\u00f3?<\/p>\n<p>Les dije que su mucho valor estaba puesto a prueba; que de aquel lance pend\u00eda el honor de la pesca americana, y conclu\u00ed por hacer llamamiento a si codicia, haci\u00e9ndoles entrever que podr\u00edamos llevarla y venderla en un puerto del Mediod\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014No mando a ninguno que vaya al mar \u2014a\u00f1ad\u00ed entonces\u2014 quiero que sea un acto voluntario.<br \/>\nDebo decirlo por dicha nuestra: todos los americanos que estaban a bordo descendieron a la vez, s\u00f3lo un isle\u00f1o y dos ingleses permanecieron sobre el puente.<\/p>\n<p>Las barcas estaban en orden, salt\u00e9 a mi canoa en el instante mismo en que la serpiente comenzaba a moverse r\u00e1pidamente y nos oblig\u00f3 a darle caza. El viento soplaba con fuerza y march\u00e1bamos a toda vela; perdimos de vista al monstruo. Al cabo de una hora volvi\u00f3 a aparecer a alguna distancia. Se hab\u00eda vuelto y su cabeza estaba dirigida del lado de nuestra proa. Hice virar de bordo. Apenas se hab\u00eda hecho la maniobra, cuando el monstruo se volvi\u00f3 de nuevo y comenz\u00f3 a caminar delante de nosotros, como a la distancia de una milla.<\/p>\n<p>Confieso francamente que ten\u00eda poca esperanza de apoderarme de \u00e9l y vacil\u00e9 un instante en perseguirlo. Pero la serpiente concluy\u00f3 por pararse, quedando nosotros como a una media milla de distancia. Hicimos aproximar nuestras barcas, y despu\u00e9s de haber yo mismo arrojado la sonda, dije al timonero James Willemore de Vermont, que arrojara el arp\u00f3n.<\/p>\n<p>No bien lo hab\u00eda dicho, cuando se levant\u00f3 con aire intr\u00e9pido, y arrojando dos arpones, fueron a clavarse en el terrible cuerpo del monstruo. \u00a1Atr\u00e1s! grit\u00e9, las cuerdas que sujetaban los arpones se tendieron, pero el animal no se meneaba. Un instante despu\u00e9s hizo un movimiento; su cabeza y su cola se levantaron al mismo tiempo; cabeza horrorosa que llen\u00f3 de espanto a la tripulaci\u00f3n. Tres hombres cayeron al mar. En cuanto a m\u00ed, me hallaba provisto de una lanza y la sumerg\u00ed en el ojo del reptil. Al momento ca\u00ed sobre la cubierta de la barca; sent\u00ed el agua saltar a borbotones a mi alrededor; me levant\u00e9 para caer de nuevo al mar. Me sacaron todo ensangrentado. Cuando me hall\u00e9 de pie, el monstruo hab\u00eda desaparecido. Mi primer grito fue: \u00ab\u00a1recoged las cuerdas!\u00bb<\/p>\n<p>M. Benson, uno de los contramaestres, cogi\u00f3 la que yo acababa de dejar, y tir\u00f3 la suya que se tendi\u00f3 al momento; la extremidad fue atada al buque. La serpiente se hund\u00eda y aconsej\u00e9 a los oficiales que no tirasen muy fuerte por temor de que se desprendieran los arpones. La cuerda fue sumergida hasta que qued\u00f3 sin moverse. Ten\u00edamos fuera en aquel momento cuatro cuerdas de 1.000 brazas, a seis pies por braza, o sea 6.000 pies. Era m\u00e1s de una milla y un octavo, profundidad enorme, y la presi\u00f3n a aquella distancia era extraordinaria. <\/p>\n<p>El viento soplaba de un modo espantoso, y apenas me atrev\u00eda a echar bastantes velas para mantenernos en pie; la barca estaba en peligro y tuve que volver a dar de nuevo la cuerda al nav\u00edo, a riesgo de desprenderse los arpones. As\u00ed fue que esperamos a que se levantara la serpiente; a las cuatro de la tarde disminuy\u00f3 el viento, para echarse de repente. A las ocho, calma completa, noche magn\u00edfica, cielo sereno, apenas un h\u00e1lito de brisa, mar soberbia, tersa como un cristal.<\/p>\n<p>Nadie durmi\u00f3 a bordo; todos contempl\u00e1bamos la presa. No hab\u00eda duda de que la serpiente estaba en el fondo. All\u00ed permaneci\u00f3 largo tiempo; la cuerda no comenz\u00f3 a doblegarse hasta el 14 a las cuatro de la ma\u00f1ana; en fin, \u00edbamos a desayunarnos cuando reson\u00f3 un grito un\u00e1nime: \u00a1ya est\u00e1 aqu\u00ed!<\/p>\n<p>En un abrir y cerrar de ojos todo el mundo se hallaba en pie. Le dimos tres lanzadas sin que diese se\u00f1al de vida. Entretanto se elev\u00f3 poco a poco sobre la superficie, y a su alrededor flotaban los restos de sus pulmones. Continuamos acribill\u00e1ndola a lanzadas para buscar la parte sensible; conmovi\u00f3se en fin, y fuimos testigos de las horribles convulsiones de su agon\u00eda. Nadie olvidar\u00e1 aquella escena; los movimientos del monstruo eran r\u00e1pidos como el rel\u00e1mpago; hubi\u00e9rase dicho ser el giro fant\u00e1stico de mil enormes ruedas negras sobre las olas. La cabeza y la cola aparecieron por intervalos entre la espuma ensangrentada y se escuch\u00f3 un ruido, un rugido f\u00fanebre del otro mundo, eco de un sufrimiento desconocido y gigantesco: un estremecimiento de horror se apoder\u00f3 de nosotros.<\/p>\n<p>Las convulsiones duraron de diez a quince minutos. La cabeza se alz\u00f3 y volvi\u00f3 a caer, y el animal rod\u00f3 sobre las olas quedando inm\u00f3vil; estaba muerto. Me quit\u00e9 el sombrero, y nueve inmensas aclamaciones celebraron la conquista de la ansiada presa. El monstruo flotaba, pues, con el vientre al sol. Se trat\u00f3 de decidir lo que se deb\u00eda de hacer. Una corta discusi\u00f3n nos demostr\u00f3 que era imposible el conducirlo a puerto alguno; que todo lo que pod\u00eda hacerse era salvar la piel, la cabeza y los huesos. Ped\u00ed entonces a un escoc\u00e9s del equipaje, que dibujaba regularmente, me hiciera un croquis del monstruo y el segundo baj\u00f3 a medirlo. El tiempo en aquella hora estaba magn\u00edfico.<\/p>\n<p>Como preparo una descripci\u00f3n detallada de la serpiente, me limitar\u00e9 a daros sobre su exterior algunas nociones generales. Era un macho, ten\u00eda de longitud 103 pies y 7 pulgadas; de circunferencia 19 pies y una pulgada, por la parte del cuello, 24 por la espalda, 19 por la parte m\u00e1s desarrollada, por el medio. La cabeza era larga y aplastada a surcos; la lengua terminaba en coraz\u00f3n. La cola terminaba casi en punta, para presentar un cart\u00edlago aplastado y s\u00f3lido. El espinazo era negro, casi moreno y amarillo por los costados. Sobre el vientre se notaba una estrecha l\u00ednea blanca en los dos tercios de la longitud. Al examinar la piel, hallamos, no sin gran sorpresa, que era aceitosa como la de la ballena; pero solo de espesura tendr\u00eda unas cuatro pulgadas. El aceite era claro como el agua y ard\u00eda tan f\u00e1cilmente como la esencia de trementina.<\/p>\n<p>La serpiente fue destrozada, pero fue dif\u00edcil el desollarla. La piel se encog\u00eda a medida que era arrancada. Le cortamos la cabeza para poderla salar y conservarla. Todos los huesos han sido guardados, y nuestros hombres los limpian. Al abrir la serpiente nos hemos encontrado en el est\u00f3mago un gran pescado negro cuya carne se destaca inmediatamente de los huesos. Uno de los pulmones ten\u00eda tres pies m\u00e1s largo que el otro. La quijada ten\u00eda 94 dientes muy agudos, todos dirigidos hac\u00eda atr\u00e1s y de una pulgada de grueso. Ten\u00eda dos narices como la ballena, lo que hac\u00eda suponer que respiraba como ella; ten\u00eda tambi\u00e9n cuatro aletas. Durante tres d\u00edas hemos estado limpiando los huesos; son rectos, muy porosos y de color oscuro. He conservado el coraz\u00f3n y uno de los ojos en esp\u00edritu de vino. En cuanto a la cabeza, aun cuando expuesta al aire libre comienza a pudrirse, estando cerca la costa voy a tratar de acostumbrarme al olor por conservarla. Es tambi\u00e9n el deseo de todos los del equipaje. <\/p>\n<p>Stuyes, capit\u00e1n del Brik Gipsy, a ocho d\u00edas de Ponce, cargado de naranjas con destino a Bridgeport, me ha ofrecido el echar estas p\u00e1ginas al correo, tan luego como arribe. Cuando yo llegue, os podr\u00e9 proveer de m\u00e1s amplios detalles.<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Sobre el caso del <em><strong><a href=\"http:\/\/www.tomlytle.com\/\">Monongahela<\/a><\/strong><\/em> se escribi\u00f3 mucho en su \u00e9poca, aunque fue pr\u00e1cticamente olvidado con el paso de los a\u00f1os. Es un ejemplo t\u00edpico de su tiempo, donde se mezclaban elementos posiblemente reales con narraciones de tinte fant\u00e1stico que eran muy codiciadas por los editores europeos y norteamericanos. El protagonista de este texto, el capit\u00e1n Jason Seabury, del ballenero de New Bedford llamado <em>Monongahela<\/em>, fue citado a lo largo de 1852 en muchos peri\u00f3dicos como testigo sin igual de la caza de una monstruosa serpiente marina, tal y como muestra la transcripci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora bien, <strong>\u00bfqu\u00e9 sucedi\u00f3 con la cabeza y los huesos del monstruo?<\/strong> Como puede imaginarse, nunca los vio nadie. La leyenda cuenta que tanto el <em>Monongahela<\/em> como el ballenero <em>Rebecca Sims<\/em>, que navegaba en las cercan\u00edas, pusieron rumbo a puerto para mostrar la portentosa captura realizada. Sin embargo, del <em>Monongahela <\/em>nunca m\u00e1s se supo, desapareci\u00f3 en el oc\u00e9ano con la cabeza del monstruo. Un final muy apropiado para una historia fant\u00e1stica, que logr\u00f3 entretener a los lectores que se asomaban a trav\u00e9s de la letra impresa a aventuras trepidantes en lejanos oc\u00e9anos. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>A mediados del siglo XIX se vivi\u00f3 toda una fiebre por los monstruos marinos. Cuando en los mapas ya iban quedando muy pocos espacios por rellenar con el cl\u00e1sico \u00abterra <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=4302\" title=\"La serpiente marina del Monongahela\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":1,"featured_media":10638,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-4302","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-geo"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2011\/03\/5500994308_53b28ac462_m.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p93Dc1-17o","jetpack-related-posts":[{"id":4816,"url":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=4816","url_meta":{"origin":4302,"position":0},"title":"El d\u00eda que el oc\u00e9ano volvi\u00f3 a ser temible","author":"alpoma","date":"26 mayo 2011","format":false,"excerpt":"La tecnolog\u00eda actual presume de haber conquistado los mares o, al menos, su superficie. Grandes cat\u00e1strofes, como la casi centenaria del Titanic, sirvieron para mejorar la t\u00e9cnica naval hasta l\u00edmites antes no imaginados. Hoy surcan los oc\u00e9anos monstruosas naves capaces transportar miles de contenedores, inmensos petroleros y cargueros de todo\u2026","rel":"","context":"En \u00abGeo\u00bb","block_context":{"text":"Geo","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?cat=5"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/5761722583_9af70f6cab_o.jpg?resize=350%2C200&ssl=1","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/5761722583_9af70f6cab_o.jpg?resize=350%2C200&ssl=1 1x, https:\/\/i0.wp.com\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/5761722583_9af70f6cab_o.jpg?resize=525%2C300&ssl=1 1.5x"},"classes":[]},{"id":745,"url":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=745","url_meta":{"origin":4302,"position":1},"title":"Tierra de monstruos","author":"alpoma","date":"11 julio 2007","format":false,"excerpt":"Hace mucho, mucho tiempo, en las tierras de la vieja Europa, coment\u00e1base por las esquinas, en los mesones o al calor de la lumbre, la historia de un tal Col\u00f3n. Dec\u00edase que, navegando hacia donde muere el sol cada d\u00eda, hab\u00eda llegado a tierras ignotas y que, en ellas, hab\u00eda\u2026","rel":"","context":"En \u00abObsolescencia\u00bb","block_context":{"text":"Obsolescencia","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?cat=3"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2007\/07\/775772668_cf18861c9e_m.jpg?resize=350%2C200&ssl=1","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":11607,"url":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=11607","url_meta":{"origin":4302,"position":2},"title":"Ludger Sylbaris, el hombre que sobrevivi\u00f3 a la erupci\u00f3n del Monte Pel\u00e9e","author":"alpoma","date":"9 septiembre 2015","format":false,"excerpt":"En Atlas Obscura han publicado una peque\u00f1a lista de personajes afortunados que lograron sobrevivir a impresionantes cat\u00e1strofes. En esa lista aparece mencionado brevemente Ludger Sylbaris, que logr\u00f3 superar una situaci\u00f3n mortal de necesidad y que, curiosamente, vivi\u00f3 el resto de sus d\u00edas como fen\u00f3meno de circo gracias a aquella situaci\u00f3n\u2026","rel":"","context":"En \u00abObsolescencia\u00bb","block_context":{"text":"Obsolescencia","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?cat=3"},"img":{"alt_text":"superviviente_pelee_tecob","src":"https:\/\/i0.wp.com\/www.alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/superviviente_pelee_tecob.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/www.alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/superviviente_pelee_tecob.jpg?resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/www.alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/superviviente_pelee_tecob.jpg?resize=525%2C300 1.5x"},"classes":[]},{"id":7464,"url":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=7464","url_meta":{"origin":4302,"position":3},"title":"Janet Taylor y la calculadora para marinos","author":"alpoma","date":"5 noviembre 2012","format":false,"excerpt":"He aqu\u00ed una p\u00e1gina de la historia de la t\u00e9cnica muy poco conocida pero fascinante. Todo comenz\u00f3 el 22 de octubre de 1707, cuando la flota inglesa de Sir Cloudesley Shovell navegaba por las cercan\u00edas de las Islas Sorlingas, en el extremo suroeste del Reino Unido. Ese d\u00eda terminaron en\u2026","rel":"","context":"En \u00abObsolescencia\u00bb","block_context":{"text":"Obsolescencia","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?cat=3"},"img":{"alt_text":"calculadora_janet_taylor","src":"https:\/\/i0.wp.com\/farm9.staticflickr.com\/8348\/8158971172_c4959d9c72_o.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":7980,"url":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=7980","url_meta":{"origin":4302,"position":4},"title":"El Telefon H\u00edrmond\u00f3, un Internet del siglo XIX","author":"alpoma","date":"18 julio 2016","format":false,"excerpt":"Publiqu\u00e9 en 2013 una primera versi\u00f3n de este art\u00edculo. Hoy lo rescato, ampliado*, tras la petici\u00f3n especial de un lector. Una tecnolog\u00eda que merece ser recordada... Leer hoy d\u00eda un peri\u00f3dico en un tel\u00e9fono m\u00f3vil o en una tablet no es algo raro sino una actividad com\u00fan. Miremos ahora al\u2026","rel":"","context":"En \u00abObsolescencia\u00bb","block_context":{"text":"Obsolescencia","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?cat=3"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/Emisiones-del-Telefon-Hirmondo.jpg?resize=350%2C200&ssl=1","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/Emisiones-del-Telefon-Hirmondo.jpg?resize=350%2C200&ssl=1 1x, https:\/\/i0.wp.com\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/Emisiones-del-Telefon-Hirmondo.jpg?resize=525%2C300&ssl=1 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/Emisiones-del-Telefon-Hirmondo.jpg?resize=700%2C400&ssl=1 2x, https:\/\/i0.wp.com\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/Emisiones-del-Telefon-Hirmondo.jpg?resize=1050%2C600&ssl=1 3x"},"classes":[]},{"id":1022,"url":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=1022","url_meta":{"origin":4302,"position":5},"title":"Tres escenas sobre tesoros marinos. ACTO II &#8211; El criptograma de Levasseur","author":"alpoma","date":"29 octubre 2008","format":false,"excerpt":"Anteriormente: Tres escenas sobre tesoros marinos. ACTO I - El oro de Rande. ACTO II - El criptograma de Levasseur. Muchas historias sobre piratas y tesoros escondidos en remotos lugares surgen de una irresistible mezcla de realidad y ficci\u00f3n. Con el paso del tiempo la frontera entre lo mundano y\u2026","rel":"","context":"En \u00abObsolescencia\u00bb","block_context":{"text":"Obsolescencia","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?cat=3"},"img":{"alt_text":"","src":"","width":0,"height":0},"classes":[]}],"jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4302","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4302"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4302\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/10638"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4302"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4302"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4302"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}