{"id":2426,"date":"2010-03-24T19:50:23","date_gmt":"2010-03-24T17:50:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/?p=2426"},"modified":"2013-09-06T12:01:01","modified_gmt":"2013-09-06T10:01:01","slug":"la-absurda-muerte-de-isadora-duncan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=2426","title":{"rendered":"La absurda muerte de Isadora Duncan"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/Isadora_Duncan_2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/Isadora_Duncan_2-203x300.jpg\" alt=\"\" title=\"Isadora_Duncan_2\" width=\"203\" height=\"300\" class=\"dch\" \/><\/a>Algunas muertes tr\u00e1gicas se han convertido en verdaderas leyendas, lugares imaginarios en los que la realidad poco tiene que ver con lo realmente sucedido. En otras ocasiones, las <strong>pinceladas fant\u00e1sticas<\/strong> s\u00f3lo han venido a incrementar cierto halo de excentricidad presente en el \u00f3bito. He aqu\u00ed uno de esos casos, sin duda entre los que m\u00e1s me intrigan: el ir\u00f3nico y, a la vez, <strong>terrible final de Isadora Duncan<\/strong>. <\/p>\n<p>Las cenizas de Isadora, que duermen ahora en el columbario del Cementerio de P\u00e8re-Lachaise en Par\u00eds, llegaron al mundo en forma de cuerpo mortal en la primavera de 1878. Vio la primera luz en San Francisco y, desde muy temprano, la peque\u00f1a Dora Angela, que pasar\u00eda a llamarse Isadora m\u00e1s tarde, tuvo que enfrentarse a graves problemas. Su familia estaba arruinada y su padre acab\u00f3 en la c\u00e1rcel acusado de fraude bancario, pero el ambiente musical promovido por su madre, que se encarg\u00f3 de educar a sus hijos y, de paso, intent\u00f3 ganar algo de dinero impartiendo clases de piano, hizo que a la futura bailarina se le colara el ritmo en lo m\u00e1s profundo de su alma. <\/p>\n<p>Y no voy a ir mucho m\u00e1s all\u00e1, pues semblanzas sobre su vida pueden encontrarse por todas partes sin mucho esfuerzo. Con la primera mirada ha sido suficiente, porque marca toda su carrera: surgi\u00f3 de la nada, aprendi\u00f3 sola, luch\u00f3 contra todo tipo de obst\u00e1culos y, finalmente, triunf\u00f3. <strong>Su estilo de danza era radical, novedoso, fresco y, precisamente por su descarada naturalidad, se convirti\u00f3 en uno de los iconos del siglo XX.<\/strong> S\u00ed, tuvo que aguantar cr\u00edticas destructivas, abucheos y hasta insultos, pero marc\u00f3 un toda una \u00e9poca y, si a los mojigatos amantes de la tradici\u00f3n m\u00e1s pura, aquellos bailes cargados de sensualidad y energ\u00eda les parec\u00edan m\u00e1s propios de un demonio que de una jovencita, no tardaron en encontrar en la vida personal de la estrella un nuevo campo de batalla para forjar sus ataques. <strong>Isadora era as\u00ed en todos los aspectos de su vida, imprevisible, libre y alejada de los convencionalismos.<\/strong> Se cas\u00f3 con un poeta ruso que era mucho m\u00e1s joven que ella, aunque el <em>affaire<\/em> no dur\u00f3 demasiado y el chaval termin\u00f3 suicid\u00e1ndose, o asesinado seg\u00fan otros, tras pasar varios meses recorriendo locamente Europa con su amada en un frenes\u00ed de alcohol, lujo y violencia de lo m\u00e1s surrealista. Para colmo, <strong>Isadora decidi\u00f3 ser madre soltera<\/strong> y, all\u00e1 donde iba, el esc\u00e1ndalo estaba asegurado, para gozo de los periodistas locales. Sus l\u00edos amorosos con poetas o actrices, destaparon su car\u00e1cter bisexual que termin\u00f3 por convertir su figura en algo singular, odiado e idolatrado a partes iguales. <\/p>\n<p><strong>\u00bfAcaso no se intuye ya un tr\u00e1gico final?<\/strong> As\u00ed fue, pero todo sucedi\u00f3 por una simple casualidad, no fue el alcohol ni las fiestas locas, una simple pieza de seda se convirti\u00f3 en su cadalso. A\u00f1os antes de su muerte, en 1913, con el Sena parisino como tel\u00f3n de fondo, <strong>sus dos hijos fallecieron ahogados<\/strong> al caer el autom\u00f3vil en el que viajaban a las aguas. \u00bfSer\u00e1 \u00e9ste uno de esos macabros gui\u00f1os que, a veces, la historia se encarga de construir para alimentar los mitos modernos? Cada cual imagine lo que quiera, pero <strong>el 14 de septiembre de 1927<\/strong> otro coche se encarg\u00f3 de raptar a la gran Isadora de su fiesta perpetua y, adem\u00e1s, de una forma sobrecogedora. Algunos adornos han ido coloc\u00e1ndose a la tr\u00e1gica escena nocturna con el paso del tiempo. Para resaltar el ambiente decadente en que se desarroll\u00f3, se suele afirmar que el veh\u00edculo mortal fue un car\u00edsimo Bugatti, aunque realmente se trat\u00f3 de un <em>coche <\/em>m\u00e1s mundano. Tambi\u00e9n, en un intento de idealizar la situaci\u00f3n, se dijo que las \u00faltimas palabras de Isadora antes de partir hac\u00edan referencia a la gloria, cuando parece ser que se refer\u00edan a una peque\u00f1a escapada con un joven amante. Lo cierto es que, aquella noche, la gran bailarina ya en pleno descenso a los infiernos como artista, sin haber llegado a cumplir el medio siglo de vida, muri\u00f3 estrangulada. <\/p>\n<p>No fue mano humana la causante, ning\u00fan criminal rode\u00f3 con sus manos su fr\u00e1gil cuello. Isadora, <strong>la diosa del ritmo moderno<\/strong>, tal y como fue llamada por algunos, quien hizo revivir el clasicismo griego de una manera muy personal a trav\u00e9s de atrevidas escenograf\u00edas, se encontraba esa noche en Niza, acompa\u00f1ada de unos amigos. Uno de ellos, posiblemente uno de sus amantes, un atractivo mec\u00e1nico italiano, sugiri\u00f3 a dar un paseo en autom\u00f3vil. El coche, un <strong>Amilcar<\/strong>, a quien alegremente apodaba la bailarina como `Bugatti\u00b4, y posiblemente de ah\u00ed parte el error, no era ni siquiera un autom\u00f3vil en toda regla. Se trataba de un curioso veh\u00edculo a motor, t\u00e9cnicamente un <em>ciclocar<\/em> de los que estaban de moda en la \u00e9poca, de escasa potencia pero aspecto deportivo. Poco importa que no fuera un monstruo de la carretera, porque a pesar de su inofensivo aspecto, se convirti\u00f3 en su asesino. <\/p>\n<p>Alegremente, la pareja circulaba por el Paseo de los Ingleses en la citada ciudad del sur de Francia. Isadora vest\u00eda con su habitual lujo. <strong>Dando dos vueltas a su cuello, llevaba una largo <em>echarpe<\/em> de seda que se agitaba libremente al aire de la marcha. No hubo grito alguno, todo sucedi\u00f3 en apenas un instante. La pieza de seda, ondeando alegremente, top\u00f3 por casualidad con los radios met\u00e1licos de la rueda trasera, trab\u00e1ndose con ellos. El efecto fue inmediato, el <em>echarpe<\/em> se tens\u00f3 y estrangul\u00f3 violentamente el cuello de Isadora, que se fractur\u00f3 sin remedio<\/strong>. Y as\u00ed, de forma tan absurda, entr\u00f3 en el campo de los mitos modernos una de las transgresoras m\u00e1s deliciosas de la pasada centuria. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Algunas muertes tr\u00e1gicas se han convertido en verdaderas leyendas, lugares imaginarios en los que la realidad poco tiene que ver con lo realmente sucedido. 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