{"id":23,"date":"2005-09-19T18:40:10","date_gmt":"2005-09-19T16:40:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/?p=23"},"modified":"2019-10-05T10:57:34","modified_gmt":"2019-10-05T08:57:34","slug":"rudolf-fent-el-crononauta-que-nunca-existio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=23","title":{"rendered":"Rudolf Fent, el crononauta que nunca existi\u00f3"},"content":{"rendered":"<p><em>Nueva York, a las once y media de la noche en una fecha indeterminada hacia junio del a\u00f1o 1950. Hace calor, la gente aprovecha la bonanza veraniega para pasear por las calles o disfrutar de una de las muchas atracciones de la ciudad de los rascacielos. Esta t\u00edpica estampa americana se ve s\u00fabitamente alterada por un hecho ins\u00f3lito, algo fuera de lo com\u00fan. Entre la multitud destaca un personaje extra\u00f1o, con ropas elegantes pero anticuadas, como salido de un museo, alterado, distra\u00eddo, impresionado por lo que estaba contemplando. Este hombre ni siquiera siente el inminente peligro de caminar entre los veh\u00edculos que circulan raudos por las calles cercanas a Times Square. Lo inevitable sucede, el hombre ausente muere en el acto, atropellado.<\/em><\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed, podr\u00eda no ser m\u00e1s que la mediocre cr\u00f3nica de un suceso, por desgracia bastante habitual en algunos lugares. El fallecido parecer\u00eda un loco para algunos o un borracho, alguien drogado o un exc\u00e9ntrico. La cosa no pasar\u00eda de ah\u00ed, se perder\u00eda en las p\u00e1ginas de los peri\u00f3dicos, eso s\u00ed, tras haber despertado el morbo de algunos lectores incluyendo detalles escabrosos, generalmente inventados inocentemente por los testigos. Pero este atropello era diferente, tan fuera de lo com\u00fan que ha creado r\u00edos de tinta durante medio siglo porque \u00a1el peat\u00f3n distra\u00eddo apareci\u00f3 de la nada! Esta es la historia de Rudolf Fenz, el crononauta m\u00e1s famoso de todos los conocidos, un relato de intriga, investigaci\u00f3n y, por supuesto, \u00a1imaginaci\u00f3n! Porque, a pesar de toda la tinta vertida durante a\u00f1os, este personaje nunca existi\u00f3.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s del tr\u00e1gico suceso, lleg\u00f3 la polic\u00eda para realizar su ritual de costumbre, inspeccionando el cad\u00e1ver, abriendo acta del caso, avisando al forense. Nada m\u00e1s contemplar al finado, vieron cosas que no encajaban y que presagiaban algo m\u00e1s que una muerte accidental. El, hasta entonces an\u00f3nimo personaje, de unos treinta a\u00f1os de edad, yac\u00eda en el suelo vistiendo un largo abrigo negro, de tela gruesa poco apropiada para el caluroso verano, un chaleco inmaculadamente limpio y unos extra\u00f1os zapatos puntiagudos con hebillas de metal. Si no fuera por lo tr\u00e1gico del asunto hubiera sido motivo de risas porque aquel \u201cpayaso\u201d parec\u00eda salido de una fiesta de disfraces, sus ropas estaban sacadas de las brumas del tiempo pasado. Bueno, un loco exc\u00e9ntrico m\u00e1s que decide suicidarse entre los coches de la Gran Manzana. Todos pensaron eso, hasta que en el dep\u00f3sito de cad\u00e1veres se descubri\u00f3 algo inquietante, el inusual contenido de los bolsillos. Billetes de banco muy antiguos, pero en perfecto estado, tarjetas de visita a nombre de Rudolf Fenz y una carta dirigida al mismo nombre con una direcci\u00f3n de Nueva York, fechada en 1876. Aquello comenzaba a tomar un feo aspecto, \u00bfRudolf Fenz era el fallecido? \u00bfDe d\u00f3nde hab\u00eda salido? \u00bfQui\u00e9n era este personaje? La polic\u00eda intent\u00f3 localizar a sus familiares buscando en todos los registros de la ciudad el nombre que aparec\u00eda en las tarjetas de visita. <\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14704\" data-permalink=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?attachment_id=14704\" data-orig-file=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/09\/tiempo.jpg\" data-orig-size=\"1920,1280\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"tiempo\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/09\/tiempo.jpg\" src=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/09\/tiempo-678x381.jpg\" alt=\"\" width=\"678\" height=\"381\" class=\"aligncenter size-mh-magazine-lite-content wp-image-14704\" \/><\/p>\n<p>Nadie con ese nombre viv\u00eda en la ciudad, no apareci\u00f3 ni rastro en la direcci\u00f3n indicada por la carta, ni en las gu\u00edas telef\u00f3nicas ni en los registros de los seguros m\u00e9dicos. Literalmente se puede decir que aquel hombre no exist\u00eda, ning\u00fan rastro se encontr\u00f3 para saber algo m\u00e1s de \u00e9l en Nueva York as\u00ed que, desesperados, los investigadores recurrieron a inmigraci\u00f3n. El nombre sonaba a algo germ\u00e1nico, \u00bfporqu\u00e9 no probar en Alemania? Tras la Segunda Guerra Mundial muchos alemanes emigraron al Nuevo Mundo, \u00bfser\u00eda Rudolf Fenz uno de aquellos reci\u00e9n llegados? Tras patearse muchos archivos y gastar bastante dinero en llamadas a consulados y funcionarios de Alemania, Suecia y Austria, no se logr\u00f3 absolutamente nada. Milagrosamente, pocas semanas despu\u00e9s del accidente, descubrieron el nombre de Rudolf Fenz Jr. en una a\u00f1eja gu\u00eda telef\u00f3nica de 1939. \u00bfSer\u00eda esta una buena pista? Lamentablemente, al acudir a la direcci\u00f3n marcada por la gu\u00eda de tel\u00e9fonos, les informaron que hab\u00eda fallecido hac\u00eda tiempo con m\u00e1s de setenta a\u00f1os de edad. Posiblemente se tratara del padre o alg\u00fan familiar del atropellado, pensaron con un destello de esperanza los sabuesos. A pesar de todo, la cuesti\u00f3n no avanz\u00f3 nada, hasta que el tenaz funcionario Hubert V. Rihn, del Departamento de Personas Desaparecidas, localiz\u00f3 a la viuda de Fenz Jr. La declaraci\u00f3n de \u00e9sta termin\u00f3 por descolocar todo el caso. Seg\u00fan la viuda, el padre de su difunto marido hab\u00eda desaparecido sin dejar rastro all\u00e1 por 1876, cuando sali\u00f3 a pasear y fumar un cigarrillo al anochecer, como sol\u00eda hacer habitualmente. Nunca m\u00e1s se supo de \u00e9l. Rihn revis\u00f3 los archivos policiales del a\u00f1o 1876 para confirmar esa pista y lo que descubri\u00f3 le puso muy nervioso. En un viejo informe aparec\u00edan los datos de la desaparici\u00f3n, tal y como la mujer la hab\u00eda relatado, pero hab\u00eda m\u00e1s. Una peque\u00f1a fotograf\u00eda mostraba la figura del desaparecido, alguien id\u00e9ntico al hombre atropellado en Times Square. A partir de aqu\u00ed, la historia de Rudolf Fenz se convirti\u00f3 en el caso de crononauta m\u00e1s \u201cdocumentado\u201d, la incre\u00edble odisea de alguien perdido en el tiempo que salt\u00f3 m\u00e1s de setenta a\u00f1os en el futuro para aparecer en medio de Nueva York y morir atropellado por un autom\u00f3vil, inaudita m\u00e1quina para alguien del siglo XIX.<\/p>\n<p>Impresionante \u00bfverdad? Lo ser\u00eda si la historia fuera cierta, una l\u00e1stima, result\u00f3 no ser m\u00e1s que un Hoax, curiosa palabra inglesa, que definir\u00e9 m\u00e1s adelante y que agrupa los bulos, patra\u00f1as, cuentos y rumores que abundan por doquier. La historia de Rudolf Fenz fue repetida innumerables veces en muchos medios de comunicaci\u00f3n, de diferentes formas, con fechas muy variadas, cambiando incluso el nombre del protagonista. Pero todas ellas daban por hecho que se trataba de una historia ver\u00eddica, totalmente contrastada, con infinidad de datos muy concretos que \u201calguien\u201d seguro que hab\u00eda investigado ya. Ese alguien nunca existi\u00f3, hasta que lleg\u00f3 un intr\u00e9pido londinense afincado en Madrid. Entonces todo se aclar\u00f3, el velo del misterio se rasg\u00f3 y la farsa fue desmontada. Rudolf Fenz nunca existi\u00f3, no hubo crononauta, s\u00f3lo la imaginaci\u00f3n de un mediocre escritor de ciencia ficci\u00f3n y los deseos ciegos de creer por parte de muchas generaciones de periodistas y lectores. El cazador de crononautas se llama Chris Aubeck y su implacable tenacidad sigue dando frutos. <\/p>\n<p>Chris, interesado en el fant\u00e1stico caso, dedic\u00f3 varios meses a recopilar toda la informaci\u00f3n disponible sobre el mismo. Logr\u00f3 encontrar, sobre todo en Internet, hasta diez versiones diferentes entre s\u00ed, pero que conservaban el armaz\u00f3n fundamental de la historia. En el papel impreso la b\u00fasqueda no fue tan fruct\u00edfera. Result\u00f3 que fuera de Espa\u00f1a el caso era casi desconocido, cuando por l\u00f3gica debiera de ser en los Estados Unidos donde m\u00e1s informaci\u00f3n se podr\u00eda localizar. Con un atropello, informe policial, fotograf\u00eda del desaparecido en 1876, autopsia y otros mil detalles, \u00bfc\u00f3mo era posible que el caso fuera tan poco conocido en tierras norteamericanas? Aubeck fue punzado por la intuici\u00f3n: posiblemente todo se trataba de un montaje. S\u00f3lo logr\u00f3 encontrar un art\u00edculo impreso en ingl\u00e9s, las dem\u00e1s referencias en ese idioma sobre el caso Fenz proven\u00edan de Internet. A partir de aqu\u00ed comenz\u00f3 la odisea de Chris para localizar la fuente original, cosa que no result\u00f3 nada f\u00e1cil. Desde el libro de Joaqu\u00edn G\u00f3mez Bur\u00f3n, Los Enigmas Pendientes, que vio la luz en 1979, fueron decenas las publicaciones espa\u00f1olas en las que se mostr\u00f3 el caso Fenz como algo indiscutiblemente real, con un mont\u00f3n de pruebas tras de s\u00ed, unas pruebas que nadie hab\u00eda visto jam\u00e1s. Bur\u00f3n bebi\u00f3 de una fuente francesa, un libro de Jacques Bergier y Georges H. Gallet publicado en 1975. Poco a poco, tirando del hilo, Aubeck fue desmadejando el ovillo, libro tras libro, art\u00edculo tras art\u00edculo. Unos se basaban en otros y, de esa forma, seguramente se podr\u00eda llegar a la fuente original. Como buen rumor que se precie de serlo, cuanto m\u00e1s atr\u00e1s en el tiempo investigaba, m\u00e1s se enrarec\u00eda la cuesti\u00f3n. En unos casos los apellidos cambiaban, de Fenz a Fentz, de Rihn a Rihm. Esto se pod\u00eda achacar a las traducciones. Pero es que, para m\u00e1s gracia, cada cual a\u00f1ad\u00eda peque\u00f1os ali\u00f1os a su gusto, como la hora de aparici\u00f3n de Fenz en medio de la calle, testigos que hablaban del atropello y que dec\u00edan que hab\u00eda aparecido de la nada o m\u00e1s datos sobre el sabueso Rihm y sus desvelos tras las esquivas pistas del crononauta. De Espa\u00f1a a Francia, de ah\u00ed a Italia, para continuar en Noruega. La cosa se pon\u00eda interesante, las fuentes saltaban de un pa\u00eds a otro como si se tratara de esp\u00edas internacionales. La fuente original parec\u00eda encontrarse en un art\u00edculo publicado en los Estados Unidos para The Journal of Borderland Research, en la edici\u00f3n mayo\/junio de 1972. Su autor, Vincent H. Gaddis relataba el caso en primera persona y adem\u00e1s se atrev\u00eda a comentar el significado oculto del caso, anotando que su fuente inicial hab\u00eda sido el difunto Ralph M. Holland, de la revista Collier\u00b4s. <\/p>\n<p>Para los redactores de Borderland Sciences, el salto en el tiempo protagonizado por Fentz, o Fenz si se prefiere, hab\u00eda sido cosa de la \u201ccuarta dimensi\u00f3n\u201d y, seg\u00fan les inform\u00f3 una m\u00e9dium, los extraterrestres, c\u00f3mo no, andaban por el medio. Aubeck se propuso descubrir qui\u00e9n era Ralph M. Holland. Este norteamericano naci\u00f3 en 1899, estudi\u00f3 periodismo y escribi\u00f3 muchas historias de ciencia ficci\u00f3n que se publicaron en varias revistas, incluida una fundada por \u00e9l mismo, The Science-Fiction Review. Era tambi\u00e9n un fantasioso \u201ccontactado\u201d que bajo el seud\u00f3nimo de Rolf Telano public\u00f3 varios libros en los que afirmaba relacionarse con un extraterrestre llamado Borealis. Sus tramas son delirantes, mezclando mitolog\u00eda pseudoufol\u00f3gica con relatos de la Atl\u00e1ntica o Lemuria. Con el caso Fentz, Holland y la Borderland intentaron atraer al p\u00fablico hacia sus fantas\u00edas sobre la cuarta dimensi\u00f3n, generando una leyenda perdurable. Aun as\u00ed, Holland no fue el iniciador del caso, sino que \u00e9ste se bas\u00f3 en una obra de ficci\u00f3n que un escritor m\u00e1s conocido llamado Jack Finney hab\u00eda publicado en 1951. Formando parte de un relato corto titulado <em>Estoy asustado<\/em> , la imaginaria historia de Rudolf Fentz, con casi todos sus detalles, surgi\u00f3 de la fantasiosa mente de Finney, nunca fue real. Este escritor, fallecido en 1995, no es un desconocido en el mundo de la ciencia ficci\u00f3n. Fue muy prol\u00edfico y su tema favorito era, como no pod\u00eda ser menos, el viaje en el tiempo. La famosa pel\u00edcula Invasi\u00f3n de los Ultracuerpos  se bas\u00f3 en uno de sus cuentos cortos publicado en Collier\u00b4s en diciembre de 1954. <\/p>\n<p><em>El texto de este post corresponde a un fragmento, a modo de \u00abadelanto\u00bb, de lo que ser\u00e1 mi segundo libro publicado: Crononautas, los viajeros del tiempo. Eso, si todo sale bien y las deidades editoriales no hacen de las suyas.<\/em>   <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Nueva York, a las once y media de la noche en una fecha indeterminada hacia junio del a\u00f1o 1950. 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