{"id":143,"date":"2005-05-22T16:51:48","date_gmt":"2005-05-22T14:51:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/?p=143"},"modified":"2019-10-05T10:08:44","modified_gmt":"2019-10-05T08:08:44","slug":"el-otro-leonardo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=143","title":{"rendered":"El otro Leonardo"},"content":{"rendered":"<p><figure id=\"attachment_14116\" aria-describedby=\"caption-attachment-14116\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14116\" data-permalink=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?attachment_id=14116\" data-orig-file=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/05\/Leonardo-Torres-Quevedo.jpg\" data-orig-size=\"643,559\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Leonardo-Torres-Quevedo\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Leonardo Torres Quevedo&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/05\/Leonardo-Torres-Quevedo.jpg\" src=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/05\/Leonardo-Torres-Quevedo-300x261.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"261\" class=\"size-medium wp-image-14116\" srcset=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/05\/Leonardo-Torres-Quevedo-300x261.jpg 300w, https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/05\/Leonardo-Torres-Quevedo.jpg 643w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-14116\" class=\"wp-caption-text\">Leonardo Torres Quevedo<\/figcaption><\/figure>Cuando jugamos al ajedrez contra los desalmados contrincantes computerizados de nuestros ordenadores o juegos de mesa, estamos utilizando una versi\u00f3n muy mejorada de uno de los inventos m\u00e1s curiosos de un hombre genial. Al igual que da Vinci, tambi\u00e9n se llamaba Leonardo, e igualmente fue un inventor sobresaliente. Una de sus m\u00e1s afamadas m\u00e1quinas jugaba al ajedrez hace ya casi un siglo. Leonardo Torres Quevedo naci\u00f3 en la peque\u00f1a aldea de Santa Cruz de Igu\u00f1a, del c\u00e1ntabro municipio de Molledo, en 1852.<\/p>\n<p>Se form\u00f3 en Bilbao y Par\u00eds, instal\u00e1ndose con su familia en Madrid en el a\u00f1o 1870. Un a\u00f1o despu\u00e9s inici\u00f3 estudios en la Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, finaliz\u00e1ndolos en 1876. Durante pocos meses ejerci\u00f3 su profesi\u00f3n, abandon\u00e1ndola para dedicarse a viajar por Europa y regresar al valle de Igu\u00f1a, donde se cas\u00f3 con Luz Polanco Navarro en 1885. Poco tiempo despu\u00e9s se traslad\u00f3 con su esposa a Madrid, donde vivi\u00f3 ya hasta su muerte, acaecida en 1936, dedicado a la invenci\u00f3n. Su gran imaginaci\u00f3n aplicada a las m\u00e1quinas se vio recompensada a trav\u00e9s de m\u00faltiples patentes que abarcan desde la aerost\u00e1tica y los temas ferroviarios a los sistemas de comunicaci\u00f3n y ocio. Algunas de sus invenciones constituyeron novedades impactantes dentro de la ciencia mundial de su tiempo. Leonardo hizo muchas aportaciones en el campo de las m\u00e1quinas calculadoras anal\u00f3gicas. Estos mecanismos, a los que llam\u00f3 m\u00e1quinas algebraicas, fueron presentados en 1893 ante la Academia de Ciencias de Madrid. El suceso fue calificado como algo extraordinario en los anales de la ciencia espa\u00f1ola. Esta primera m\u00e1quina era capaz de resolver complejas ecuaciones num\u00e9ricas de varios grados.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s impresionante de las m\u00e1quinas algebraicas de Torres Quevedo es que, adem\u00e1s de funcionar perfectamente, las dise\u00f1ara y construyera al margen de la comunidad cient\u00edfica internacional, casi sin conocimiento de los detalles sobre m\u00e1quinas similares precedentes. En 1895 y 1900 present\u00f3 ante la Academia de Ciencias de Par\u00eds sus conclusiones acerca de las \u00abm\u00e1quinas para calcular.\u00bb La comisi\u00f3n que estudi\u00f3 estos trabajos estaba formada por famosos hombres de ciencia, como J. Henri Poincar\u00e9, quienes reconocieron el genio del inventor y ordenaron la inserci\u00f3n de la obra de Torres Quevedo en la colecci\u00f3n de sabios extranjeros. Se comenz\u00f3 a construir entonces la exitosa m\u00e1quina para calcular las ra\u00edces de una ecuaci\u00f3n de ocho t\u00e9rminos, siendo terminada alrededor de 1920. Otros avanzados dise\u00f1os del inventor c\u00e1ntabro resolv\u00edan ra\u00edces imaginarias o ecuaciones de segundo grado con coeficientes complejos. Durante el a\u00f1o 1914, Torres Quevedo publica en la Revista de la Real Academia de Ciencias de Madrid su memoria titulada Ensayos sobre autom\u00e1tica. Es ah\u00ed donde funda una nueva ciencia, desconocida hasta entonces, que ser\u00eda la precursora de nuestros robots. Para construir sus nuevas m\u00e1quinas eligi\u00f3 cambiar los sistemas mec\u00e1nicos por los el\u00e9ctricos, ciertamente con un prometedor futuro. Para Leonardo, sus \u00abaut\u00f3matas\u00bb deber\u00edan tener sentidos para captar el ambiente, una fuente de energ\u00eda propia e independiente y capacidad para la decisi\u00f3n entre diferentes opciones. Gracias a sus ideas sobre la autom\u00e1tica, alumbr\u00f3 una serie de aparatos sorprendentes para las gentes de comienzos del siglo XX. El telekino era un aut\u00f3mata que realizaba las \u00f3rdenes recibidas por medio de radio.<\/p>\n<p>Fue el primer aparato de radiocontrol del mundo, introduciendo el concepto del mando a distancia para enviar se\u00f1ales de control a un aparato m\u00f3vil. Su idea se bas\u00f3 en la necesidad de probar aparatos voladores sin la intervenci\u00f3n de pilotos humanos, evitando as\u00ed los riesgos innecesarios. En 1903 present\u00f3 una memoria sobre el telekino en la Academia de Ciencias de Par\u00eds e hizo una demostraci\u00f3n pr\u00e1ctica. Aplic\u00f3 este mando a distancia para controlar un triciclo, en el front\u00f3n BetiJai de Madrid en 1904, una barca en la r\u00eda del Nervi\u00f3n en 1905, y un bote en el estanque de la Casa de Campo de Madrid en 1906. Otro de sus aut\u00f3matas fue el ajedrecista que, como su nombre indica, era una m\u00e1quina electromec\u00e1nica capaz de jugar al ajedrez. En realidad solamente era capaz de resolver una jugada, jaque de torre y rey contra rey, pero fue el primer ingenio en su clase de todo el planeta. Constituye el primer ejemplo de inteligencia artificial programable. El ingenio pensaba su jugada y mov\u00eda las piezas, ganando siempre. El contrincante humano, moviendo el rey negro, dentro de las normas del ajedrez, era presa de varios jaques por parte de la m\u00e1quina, hasta terminar en un jaque mate que se anunciaba autom\u00e1ticamente a trav\u00e9s de un gram\u00f3fono. Leonardo construy\u00f3 dos ajedrecistas, uno en 1912 y otro en 1920. El segundo modelo estaba mucho m\u00e1s perfeccionado, y ser presentado en el Congreso de Cibern\u00e9tica de Par\u00eds en 1922. Estos ingenios se basaban en sistemas mec\u00e1nicos de movimiento, por medio de tambores y engranajes, adem\u00e1s de un calculador electromec\u00e1nico para controlar al \u00abrobot\u00bb. Su siguiente proeza autom\u00e1tica se llam\u00f3 aritm\u00f3metro. En el centenario del primitivo aritm\u00f3metro de Thomas Colmar, celebrado en 1920, Torres Quevedo present\u00f3 el suyo. Esta original invenci\u00f3n, totalmente electromec\u00e1nica, autom\u00e1tica y f\u00e1cil de utilizar es el precursor de las calculadoras actuales. El genio de los valles c\u00e1ntabros utiliz\u00f3 tambi\u00e9n su intelecto para construir grandes obras de la ingenier\u00eda, como sus famosos, y todav\u00eda activos, transbordadores.<\/p>\n<p>Leonardo mejor\u00f3 los modelos anteriores al liberar un extremo del cable de soporte de la barquilla, pasando por una poleas hasta un contrapeso situado en una posici\u00f3n precisa. As\u00ed, las tensiones de los cables se manten\u00edan constantes independientemente del peso que transportara la barquilla. Con el sistema se gan\u00f3 en seguridad, pues ante la rotura de alguno de los cables, los dem\u00e1s mantendr\u00edan la estabilidad del conjunto. Los primeros modelos, presentados en Suiza en 1890, fueron ignorados. Pero su patente del transbordador a\u00e9reo se aplic\u00f3 con \u00e9xito en 1907 en el Monte Ur\u00eda de San Sebasti\u00e1n. Con el \u00e9xito de esta m\u00e1quina le ofrecieron un encargo inolvidable, dise\u00f1ar el Transbordador del Ni\u00e1gara, que se construy\u00f3 en 1916 y sigue funcionando como si el paso del tiempo no fuera con \u00e9l, sin ser testigo jam\u00e1s de ning\u00fan accidente. Las m\u00e1quinas voladoras entusiasmaban a las gentes de principios del XX y, c\u00f3mo no, tambi\u00e9n cautivaron a Torres Quevedo. El inventor centr\u00f3 sus esfuerzos a\u00e9reos en la estabilidad de los aerostatos. Su gran aportaci\u00f3n en este campo consisti\u00f3 en introducir el armaz\u00f3n de los dirigibles en el interior de los globos, reforzando el conjunto con estructuras triangulares que dieron a los globos una gran resistencia. Los aerostatos de Leonardo fueron apoyados por el gobierno espa\u00f1ol, comenzando su construcci\u00f3n en 1905. En el parque aerost\u00e1tico de Guadalajara se demostr\u00f3 la eficacia de la nueva nave durante 1908. La empresa francesa Astra compr\u00f3 la patente, construyendo el gran Astra-Torres con 8.000 metros c\u00fabicos de capacidad y una velocidad superior a los 80 kil\u00f3metros por hora. El modelo m\u00e1s asombroso fue el Astra-Torres XV, con 23.000 metros c\u00fabicos de capacidad, similar a los Zeppelin alemanes y capaz de volar a m\u00e1s de 100 kil\u00f3metros por hora. Pero, despu\u00e9s de toda esta gloria, sus invenciones cayeron por completo en el olvido, siendo tomadas en cuenta sobre todo en Alemania y Am\u00e9rica, pero ignoradas totalmente en su propio pa\u00eds.<\/p>\n<p>M\u00e1s info en: <a href=\"http:\/\/www.cs.us.es\/%7Eperer\/publicac\/ltq\/leonardo.html\">Ingenieros Ilustres<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Cuando jugamos al ajedrez contra los desalmados contrincantes computerizados de nuestros ordenadores o juegos de mesa, estamos utilizando una versi\u00f3n muy mejorada de uno de los inventos m\u00e1s curiosos de <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=143\" title=\"El otro Leonardo\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":1,"featured_media":14670,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4,10],"tags":[],"class_list":["post-143","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-innovacion","category-made_in_spain"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/05\/Leonardo-Torres-Quevedo-1.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p93Dc1-2j","jetpack-related-posts":[{"id":1029,"url":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=1029","url_meta":{"origin":143,"position":0},"title":"Las patentes de Torres Quevedo","author":"alpoma","date":"13 noviembre 2008","format":false,"excerpt":"Leonardo Torres Quevedo, uno de los m\u00e1s insignes inventores de la historia espa\u00f1ola, ha visitado TecOb en numerosas ocasiones. 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