{"id":12136,"date":"2016-06-17T21:15:20","date_gmt":"2016-06-17T19:15:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/?p=12136"},"modified":"2016-06-17T21:42:29","modified_gmt":"2016-06-17T19:42:29","slug":"andrew-crosse-el-verdadero-frankenstein","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=12136","title":{"rendered":"Andrew Crosse, \u00bfel verdadero Frankenstein?"},"content":{"rendered":"<p>La figura de <strong><a href=\"https:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Andrew_Crosse\" target=\"_blank\">Andrew Crosse<\/a><\/strong> me intriga desde hace a\u00f1os. Escrib\u00ed sobre su vida <a href=\"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/?p=1099\" target=\"_blank\">en 2009<\/a> en este mismo blog y fue uno de los personajes fugaces que aparecen en mi novela <em><a href=\"http:\/\/alpoma.com\/argos\/\" target=\"_blank\">El viaje de Argos<\/a><\/em>. Ahora, en el verano de 2016, se cumplen 200 a\u00f1os de una noche m\u00e1gica. Hace dos centurias\u00a0Lord Byron y John Polidori, junto a Percy y Mary Shelley, vivieron una experiencia sin igual que marc\u00f3 la historia de la literatura fant\u00e1stica para siempre. En aquel <a href=\"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/?p=540\" target=\"_blank\">a\u00f1o sin verano<\/a> naci\u00f3 Frankenstein de la imaginaci\u00f3n de\u00a0Mary Shelley, pero en este relato de locura y desaf\u00edo hacia lo divino, aparec\u00edan elementos muy reales. La electricidad era algo que en 1816 se ve\u00eda como sumamente misterioso y, curiosamente, Andrew Crosse posiblemente tuvo bastante que ver en el proceso de nacimiento de Frankenstein.<\/p>\n<p class=\"otros3\">Ya de paso, no quiero perder la oportunidad de recomendar la visita a la exposici\u00f3n <em><strong><a href=\"https:\/\/espacio.fundaciontelefonica.com\/evento\/terror-en-el-laboratorio-de-frankenstein-al-dr-moreau\/\" target=\"_blank\">Terror en el laboratorio<\/a>\u00a0(jun-oct 2016)<\/strong><\/em>, sobre Frankenstein y sus colegas, en el Espacio Fundaci\u00f3n Telef\u00f3nica de Madrid, que si bien no he podido visitar todav\u00eda, seguro que es tan magn\u00edfica como otras muestras anteriores.<\/p>\n<p><em>He aqu\u00ed este art\u00edculo sobre Crosse, en el que recupero un texto que redact\u00e9 para el proyecto <\/em><em>iHstoria<\/em> y que acompa\u00f1o con dos recortes sobre este curioso personaje publicados en la prensa espa\u00f1ola.<\/p>\n<hr \/>\n<p><b>La chispa de la vida<\/b><\/p>\n<p>Una chispa el\u00e9ctrica y, <i>deus ex machina <\/i>mediante, <strong>\u00a1hemos creado vida!<\/strong> A principios del<strong> siglo XIX<\/strong> la <strong>electricidad<\/strong> parec\u00eda el fen\u00f3meno m\u00e1s indicado para poder explicar todo tipo de misterios de la vida y el universo. Adem\u00e1s, la fe en el progreso y en la ciencia como medio para alcanzar un futuro venturoso estaba despertando con fuerza en las incipientes sociedades industriales occidentales. Visto esto, no extra\u00f1ar\u00e1 que apareciera una chiquilla con mucho car\u00e1cter e ingenio capaz de arrojar unos cuantos calderos de agua fr\u00eda ante todo aquello.<\/p>\n<p>La historia es muy conocida, as\u00ed que no entrar\u00e9 en detalles. Baste decir que<strong> Mary Shelley,<\/strong> hija de la audaz <em>vindicadora<\/em> de los derechos de la mujer <strong>Mary Wollstonecraft<\/strong>, se encontraba pasando el rato en el lluvioso verano de 1816 junto con Percy Shelley, Lord Byron y el m\u00e9dico de \u00e9ste, John William Polidori. Y digo pasando el rato porque, poco pod\u00eda hacerse en aquella estancia en Suiza que dar paseos, pero con lluvias y mal tiempo la cosa pas\u00f3 a discusiones filos\u00f3ficas y a un reto, a saber, sobre la posibilidad de reanimar cuerpos muertos con electricidad, o bien comentando narraciones de fantasmas. Lo de <strong>levantar a un muerto a golpe de chispazos<\/strong> no era algo raro como tema de conversaci\u00f3n, se trataba de un asunto fascinante muy comentado en la Europa de la \u00e9poca por ciertos experimentos famosos contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>Byron sugiri\u00f3, con un ambiente tan propicio, que los veraneantes pasaran a <strong>crear una historia sobrenatural para pasar el rato de forma m\u00e1s amena<\/strong>. Ya conocemos el resultado de sobra. De ah\u00ed surgi\u00f3 la primera novela de Mary Shelley, publicada en 1818, titulada<strong> <i>Frankenstein o el Moderno Prometeo<\/i><\/strong>. Lo que se convirti\u00f3 con el tiempo en la novela de terror por excelencia, tambi\u00e9n precursora de la ciencia ficci\u00f3n, beb\u00eda de las fuentes de la inquietud de toda una \u00e9poca. Y, desde entonces, han sido muchos los que han escrito verdaderos mamotretos intentando averiguar si el doctor Frankenstein, aficionado a reunir partes de cad\u00e1veres para crear vida con la chispa de la electricidad, existi\u00f3 realmente. No con ese nombre, claro est\u00e1, pero ciertamente alguien debi\u00f3 inspirar a Mary. Como el tema de la<strong> \u201celectricidad vital\u201d<\/strong> era algo comentado por doquier, posiblemente no fuera un solo caso el que sirviera de inspiraci\u00f3n para la novela. M\u00e1s bien cabe decir que <strong>rondaban por Europa un mont\u00f3n de doctores Frankenstein<\/strong>, junto a circenses experimentadores de la electricidad y alg\u00fan que otro \u201cresurreccionista\u201d asaltante nocturno de tumbas innominadas.<\/p>\n<p><b>Un ahorcado cualquiera<\/b><\/p>\n<p>Reci\u00e9n nacido el siglo XIX se pusieron de moda las <strong>experiencias con pilas de Volta<\/strong> y con otras que evolucionaban con rapidez a partir de aquella, proporcionando una fuente de \u201cfluido\u201d el\u00e9ctrico mucho m\u00e1s adecuado y, sobre todo, port\u00e1til, que los viejos generadores electrost\u00e1ticos y las botellas de Leyden. De las primeras experiencias en Tur\u00edn, cuando se comprob\u00f3 que tres <strong>cad\u00e1veres de ajusticiados reaccionaban ante descargas el\u00e9ctricas de manera sorprendente<\/strong>, la moda de los muertos vivientes o, mejor, temblorosos, se extendi\u00f3 con rapidez.<\/p>\n<p>As\u00ed llegamos al d\u00eda 4 de noviembre de 1818, justo el a\u00f1o en que vio la luz <em>Frankenstein<\/em>. Lo que se vio entonces no fue m\u00e1s que uno de los \u201cespect\u00e1culos\u201d m\u00e1s c\u00e9lebres de toda una serie que, durante a\u00f1os, hab\u00eda asombrado a las gentes y que, a buen seguro, hab\u00eda servido de alimento para las conversaciones de Byron y compa\u00f1\u00eda a orillas del lago suizo en el que surgi\u00f3 en Mary Shelley la idea de Frankenstein.<\/p>\n<p>El ritual ven\u00eda a ser siempre el mismo, y el ahorcado importaba m\u00e1s bien poco. Suced\u00eda en Glasgow, donde al parecer hac\u00eda cerca de una d\u00e9cada que no colgaban a nadie, por lo que la multitud estaba entusiasmada. Frente al edificio de la Corte Suprema <strong>fueron ahorcados un ladr\u00f3n llamado Simon Ross y un asesino, Matthew Clydesdale<\/strong>. Los dos cuerpos sin vida pendieron durante m\u00e1s de una hora hasta ser descolgados. A Ross le despacharon con rapidez, metido en una caja y enviado directo a una tumba. <strong>Para el cuerpo de Matthew, sin embargo, hab\u00eda preparada toda una ceremonia de macabros juegos.<\/strong> El tipo era bien parecido, alto, fornido, de unos treinta a\u00f1os, vamos, el ejemplar perfecto para experimentaci\u00f3n con electricidad. \u00a1El circo galv\u00e1nico ya estaba preparado!<\/p>\n<p>Con el cad\u00e1ver conducido en una carroza a trav\u00e9s de las calles e Glasgow, seguido por la multitud, se form\u00f3 toda una procesi\u00f3n que termin\u00f3 sobre la <strong>mesa de disecci\u00f3n de un anfiteatro m\u00e9dico<\/strong>. All\u00ed estaban los dos maestros de ceremonias. Por un lado el doctor Andrew Ure, m\u00e9dico, qu\u00edmico, ge\u00f3logo y fil\u00f3sofo, muy conocido en su tiempo. Por otro, James Jeffrey, famoso m\u00e9dico, anatomista y bot\u00e1nico que tiempo antes hab\u00eda estado metido en ciertos l\u00edos acusado de tr\u00e1fico de cad\u00e1veres y tratos il\u00edcitos con <strong>resurreccionistas<\/strong>. Aquel d\u00eda los dos se convirtieron en el doctor Frankenstein y la fantas\u00eda de Shelley se convirti\u00f3 en realidad, al menos por un rato.<\/p>\n<p>Los<em> cient\u00edficos locos<\/em>\u00a0de turno <strong>aplicaron al cuerpo del infeliz ahorcado un electrodo comunicado con su m\u00e9dula espinal<\/strong>.<strong> El otro electrodo era m\u00f3vil, por lo que pod\u00eda ser aplicado a cualquier parte del cuerpo muerto<\/strong>. Ambos electrodos formaban parte de <strong>un circuito el\u00e9ctrico alimentado por una de las pilas m\u00e1s potentes de su tiempo, un modelo tipo artesa, del tama\u00f1o de un ba\u00fal grande, dotada de 270 grupos o elementos de pilas independientes<\/strong>. El juego dur\u00f3 bastante rato. All\u00e1 donde el cuerpo del ahorcado era tocado por el electrodo m\u00f3vil, <strong>se produc\u00edan espasmos y convulsiones<\/strong>. El cad\u00e1ver se agitaba furioso, las piernas se mov\u00edan como queriendo devolver la vida al ajusticiado, propinando golpes a los ayudantes. Las manos se abr\u00edan y cerraban con rabia, los dedos se mov\u00edan con rapidez. Matthew Clydesdale parec\u00eda haber vuelto a la vida, se mov\u00eda <em>respirando<\/em>, dilat\u00e1ndose y contray\u00e9ndose su pecho. Pero<strong> la cumbre\u00a0lleg\u00f3 cuando el electrodo se introdujo en una incisi\u00f3n realizada bajo una de las cejas<\/strong>. <strong>El inanimado rostro del ahorcado cobr\u00f3 vida, con gestos de todo tipo, enfado, alegr\u00eda o dolor. \u00a1Est\u00e1 vivo! Los gritos del p\u00fablico llenaron la sala y muchas gentes, no pudiendo soportar aquello, huyeron presa del terror, otros se desmayaron<\/strong>.<\/p>\n<p><b>El misterio de Andrew Crosse<\/b><\/p>\n<p>El caso de Matthew Clydesdale fue la culminaci\u00f3n de la<strong> moda de los experimentos el\u00e9ctricos con cad\u00e1veres<\/strong>, justo aquel a\u00f1o en que Frankenstein hab\u00eda visto la luz en papel. Pero no eran tan numerosos los experimentos de tanto calibre, es m\u00e1s, el tema de la electricidad y la vida era algo mucho m\u00e1s serio que todos aquellos circos. <strong>El debate sobre el \u201cfluido vital\u201d, la naturaleza de la materia, vitalistas y materialistas ven\u00eda de lejos y todav\u00eda durar\u00eda mucho tiempo<\/strong>. Sin embargo, <strong>existi\u00f3\u00a0un hombrecillo curioso que se empe\u00f1\u00f3 en crear vida de la nada, partiendo de la electricidad, y que bien pudo haber inspirado a Mary Shelley<\/strong>. No puede decirse que fuera un aventurero, ni nada parecido, pues durante sus m\u00e1s de setenta a\u00f1os de vida apenas se movi\u00f3 del lugar que le viera nacer. Era un propietario acomodado que viv\u00eda en un rinc\u00f3n del condado de Somerset conocido como Fyne Court, sin hacer ruido. Todo <strong>un caballero que atend\u00eda a su hacienda y sus negocios pero que ten\u00eda una afici\u00f3n un tanto extra\u00f1a<\/strong>. En su juventud hab\u00eda viajado a Francia y a diversos lugares de Inglaterra, pero poco m\u00e1s se puede decir de <strong>Andrew Crosse<\/strong>, adem\u00e1s de conocerse\u00a0que era un apasionado de la ciencia de su tiempo y que permaneci\u00f3 en el mencionado lugar casi toda su existencia. No era un ermita\u00f1o, pero tampoco sent\u00eda la necesidad de comunicar a los cuatro vientos lo que experimentaba en el laboratorio que hab\u00eda construido en su mansi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>La electricidad le volv\u00eda loco, as\u00ed que construy\u00f3 todo tipo de generadores electrost\u00e1ticos, pilas primitivas y artilugios para\u2026 \u00a1desvelar el secreto de la vida!<\/strong> Por alguna raz\u00f3n desconocida,<strong> a Crosse le asalt\u00f3 la obsesi\u00f3n desde su juventud acerca de una relaci\u00f3n \u00edntima entre la electricidad y la vida<\/strong>. Y no le faltaba raz\u00f3n, aunque lo que vino a continuaci\u00f3n no tuvo mucho de cient\u00edfico que pueda decirse. Crosse era impulsivo y apasionado, <strong>de d\u00eda se encargaba de su hacienda y ejerc\u00eda como pol\u00edtico local<\/strong>, record\u00e1ndose sus brillantes discursos y su pretensi\u00f3n de extender la educaci\u00f3n p\u00fablica a todo el mundo. Eso en la Inglaterra de aquel tiempo sonaba bastante extra\u00f1o, le miraban como a un bicho raro. Poeta, escritor aficionado y magistrado local, padre de familia numerosa fruto de dos matrimonios y con \u00e9xito en los negocios, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s se puede pedir? Pero,<strong> llegada la noche, el hombre respetable se convert\u00eda en un aprendiz de brujo, so\u00f1aba con desentra\u00f1ar los secretos de la materia encerr\u00e1ndose en su laboratorio<\/strong>. Aplicaba descargas el\u00e9ctricas en vegetales para observar si se modificaba la velocidad de su crecimiento y, para colmo, crey\u00f3 haber dado con la receta de para ser un dios.<\/p>\n<p>A saber, lo que Crosse se tra\u00eda entre manos, y que ten\u00eda mucho inter\u00e9s por mucho que sus contempor\u00e1neos le miraran con cierto reparo porque atentaba contra las buenas costumbres religiosas y morales, era<strong> descubrir el nexo de uni\u00f3n entre electricidad y materia viva<\/strong>. Aquel voluntarioso hacendado que con apenas veinte a\u00f1os hab\u00eda tenido que hacerse cargo de los negocios familiares, tras fallecer sus padres, no tuvo una formaci\u00f3n universitaria formal y, sin embargo, se carteaba con sabios de media Europa manteniendo conversaciones a distancia de lo m\u00e1s interesante. Su nutrida biblioteca, plagada de cl\u00e1sicos del pensamiento occidental junto a libros de ciencia y mec\u00e1nica, le sirvi\u00f3 de refugio.<\/p>\n<p>Tras los libros, llegaba la acci\u00f3n. Met\u00f3dico, aplicaba lo aprendido e iba m\u00e1s all\u00e1. <strong>Experiment\u00f3 con minerales para comprobar c\u00f3mo reaccionaban ante descargas el\u00e9ctricas.<\/strong> Realiz\u00f3 numerosas <strong>pruebas sobre cristalizaci\u00f3n de soluciones minerales con electricidad<\/strong>, experiment\u00f3 con electricidad atmosf\u00e9rica extendiendo grandes mallas de cable entre \u00e1rboles y obtuvo algunos resultados de cierto inter\u00e9s. En 1827 fue visitado por el gran <strong>Sir Humphry Davy<\/strong>, con el que colabor\u00f3 en la mejora de cierto tipo de pilas. El equipamiento el\u00e9ctrico construido por Crosse no era algo menor. <strong>Sus generadores electrost\u00e1ticos y los bancos de pilas le proporcionaban una considerable fuente de electricidad<\/strong>. Y, entonces, se acab\u00f3 la vida tranquila. Durante sus experimentos de cristalizaci\u00f3n con electricidad <strong>Crosse descubri\u00f3 que algo se mov\u00eda en la matriz mineral<\/strong>. Lo que al principio parec\u00edan simples motas blanquecinas, se convirti\u00f3 en <strong>una colonia de min\u00fasculos insectos que fueron llamados <i>Acarus crossii<\/i><\/strong>. \u00a1Hab\u00eda creado vida! Crosse <strong>estaba convencido de que las chispas el\u00e9ctricas hab\u00edan animado algo en la matriz mineral y que era imposible que las muestras se hubieran contaminado<\/strong>. Decide entonces publicar su gran descubrimiento. Lo que hasta entonces hab\u00eda sido silencio se convirti\u00f3 en toda una explosi\u00f3n medi\u00e1tica que parti\u00f3 de una simple memoria enviada a la<i> London Electrical Society<\/i>. Tuvo sus apoyos, claro est\u00e1, pero por lo general se convirti\u00f3 en objeto de burlas. \u00bfVida a partir de la nada? Aquellos peque\u00f1os bichos que aparec\u00edan en los minerales fueron el origen de su desgracia. Crosse hab\u00eda sido muy modesto a la hora de publicar sus resultados. Para \u00e9l, la electricidad hab\u00eda despertado algo incipiente que se hallaba en la matriz mineral y que no proced\u00eda de nada exterior, pero ni mucho menos hab\u00eda afirmado ser un dios con una chispa el\u00e9ctrica en la mano. De poco le sirvi\u00f3 aquello, <strong>qued\u00f3 marcado como genio loco<\/strong>. Fue tal la presi\u00f3n a la que fue sometido que, a pesar de publicar instrucciones detalladas para poder replicarse sus experimentos, nadie se atrevi\u00f3 a hacer tal cosa por miedo a ser tambi\u00e9n se\u00f1alados como brujos. La llama de Andrew Crosse fue apag\u00e1ndose poco a poco, continuando con sus experimentos en privado. Sin embargo, a\u00f1os antes hab\u00eda sucedido algo que llama la atenci\u00f3n. <strong>En 1814 Crosse viaj\u00f3 a Londres para ofrecer una conferencia acerca de sus teor\u00edas sobre el origen de la vida y la electricidad. Fue una de sus escasas apariciones p\u00fablicas lejos de sus lugar natal. Se sabe que varios conocidos y amigos de Mary Shelley asistieron asombrados a lo que aquel hombrecillo de provincias les contaba<\/strong>. <strong>Crosse mencion\u00f3\u00a0c\u00f3mo so\u00f1aba con recolectar la energ\u00eda el\u00e9ctrica de los rayos, c\u00f3mo tend\u00eda grandes cables desde el laboratorio situado en una torrecilla de su mansi\u00f3n hasta los \u00e1rboles, c\u00f3mo pensaba acumular esa energ\u00eda para descargarla sobre muestras biol\u00f3gicas y minerales y, as\u00ed, comprobar si la vida nac\u00eda de esos impulsos misteriosos. \u00bfAcaso Shelley recordaba todo aquello cuando comenz\u00f3 a redactar su c\u00e9lebre novela? \u00bfLlegaron a sus o\u00eddos aquellas historias?<\/strong> Apuesto a que Shelley conoc\u00eda lo que se dec\u00eda de Crosse. Si inspir\u00f3 la figura de Frankenstein, o no, es otro asunto que muy probablemente no se aclarar\u00e1 nunca, pero no deja de tener su intriga que el Crosse, el <em>electricista<\/em>, como era conocido, ofreciera aquella conferencia en el lugar y el momento oportunos.<\/p>\n<blockquote><p><em>El eco de Crosse lleg\u00f3 a Espa\u00f1a, donde sus experimentos fueron mencionados en diversas publicaciones. Para terminar con este <\/em><em>post<\/em>, nada mejor que incluir dos de esas referencias que, a buen seguro, sorprender\u00e1n a quien no conociera a este voluntarioso electricista&#8230;<\/p><\/blockquote>\n<hr \/>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>El Instructor o Repertorio de historia, bellas letras y artes.<br \/>\nAbril de 1838, Num. 52.<\/em><br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/crosse_alpoma_2.jpg\" alt=\"crosse_alpoma_2\" width=\"620\" height=\"1492\" class=\"otros\" \/>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Art\u00edculo sobre Crosse publicado en La Revista Blanca,<br \/>\n15 de marzo de 1926. Biblioteca Nacional.<\/em><br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"otros\" src=\"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/crosse_alpoma_1.jpg\" alt=\"crosse_alpoma_1\" width=\"620\" height=\"1078\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>La figura de Andrew Crosse me intriga desde hace a\u00f1os. 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